miércoles, 27 de octubre de 2010

CRÓNICAS DEL DESAMOR | LOS CUARENTA Y TANTOS...




El otro día me preguntaba con cierto humor ácido mi mujer que si alguna vez pensaba dedicarle unos párrafos, a mi cinturita de avispa, como ella misma la calificó. Le contesté que quizá lo hiciese y ahí quedó todo por el momento. Pero para ser sincero, y en honor a la verdad, tendría que decir con voz alta y clara, que el tiempo no pasa en balde. Y que, el que más o el que menos, necesitaría tirar a la basura lo que le sobra —que empieza a ser mucho—, y comprar lo que le falta —que ya es demasiado—.

No hace tanto tiempo, un día, me miraba al espejo y me examinaba en silencio. Siempre, intentando ser lo más parcial posible, todo hay que decirlo. Y llegaba a la conclusión de que, sin ser ningún Adonis, a la vista de lo que circula a diario por la calle, no estaba tan mal. Y a pesar de tener el pelo con ciertas entradas, aún no eran los aparcamientos del PRYCA. Por otro lado, o sea, de perfil, sin llegar a tener los abdominales de “Rambo”, todavía se me podía hacer sin esfuerzos “un favor”... Pero claro, lo que decía antes del tiempo; “el tiempo que tengo”, quiero decir.

Ahora, unos cuantos años más tarde, cuando quiero tomarme un disgusto a gusto, sólo tengo que hacer lo mismo: me miro en el espejo y observo con total desolación unas piernas delgaduchas y famélicas y una barriga “biafreña”, que se acerca peligrosamente a los ocho meses.

En ocasiones, adopto la postura involuntaria de las preñadas y me asusto. No sé qué pariré. El pelo, como digo, aún lo conservo pero cada vez —y no me engaño—, es menos pelo para ir a pelusilla. Un asco, de verdad. Y es que los cuarenta y tantos, son una mierda como el sombrero de un “picaor”; dejas de cuidarte y, poco a poco, vas entrando en un estado lamentable y patético del que ya no saldrás por muchos motivos. La falta de ganas, de tiempo y un largo etcétera, todo revuelto, va amontonándose en la desidia como facturas en un cúmulo interminable de sólo buenas intenciones.

Es cierto que el “Bombay” con tónica es un excelente aliado, además de un gran digestivo tras cenar con la parienta, en Ricote, un pedazo de cochinillo que no se lo salta ni el Yago Lamela. Y si para regar toda esa liturgia gastronómica se propone y después se pone un buen Rioja o un Ribera del Duero, de esos que quitan el “sentío”, procurando por todos los medios no dejar una sola gota en la botella, pues ya ves... Con tentaciones así es muy difícil, por no decir imposible, andar por el buen camino. Ya te digo...

Los que, como yo, no tenemos demasiados medios económicos ni demasiadas ambiciones ya, vamos conformándonos con estos pequeños placeres mundanos que, por otra parte, son cojonudos. No tienes chacha que te cuide los críos así que, inevitablemente, vas cargado con ellos por ahí, armando el escándalo padre. Ni tampoco perro que te ladre —según por dónde vayas—.

Pero aun así.

A pesar de todos estos inconvenientes, estoy convencido que esos momentos son, sin duda, los mejores; aunque casi siempre, termine maldiciendo en hebreo y atacado de los nervios.

Lo de ser un figurín está muy bien, pero no existe. Eso sólo sucede en las películas. Al igual que lo de las “tiazas”: son de mentira. De revista Play Boy. Yo, cuando salgo a la calle, de eso, veo cero pelotero. Hombre, de vez en cuando, aparece algo que merece la pena. Pero en general, caca de la vaca Paca, y si no, vente por mi barrio que te vas a cagar…

Así que tranquilamente voy aceptándome y conformándome con mi realidad y mis ya escasos sueños. Después de todo, ni me encuentro tan mal, ni me privo de nada absolutamente.
                                              
                                                            

José Hernández Meseguer


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