miércoles, 27 de octubre de 2010

MANUAL REDUCIDO PARA NO SOÑAR, NO MONTAR UN LOCAL DE COPAS Y DEJARSE DE GILIPOLLECES (El Precio de los Sueños).




1°   Soñar no es gratuito.

2°   Los pobres tenemos prohibido soñar.

3°   Los sueños pueden quitar el sueño y el apetito.

4°   Los sueños pueden sufrir mutaciones y convertirse con tremenda facilidad en la basura más pestilente y nauseabunda.

5°   Los sueños anhelantes no debieran existir de ninguna manera, ni tener color alguno. Habría que suprimírnoslos del disco duro del cerebro a aquellos que tenemos la estúpida capacidad de soñar. Dichos efluvios metafísicos y paranoicos enferman la mente y la intoxican. Son nocivos para la salud.

6°   Casi siempre conviene ser apático, abúlico e indolente. Se sufre mucho menos y cada uno se conforma con lo que tiene. Ante cualquier ataque de este tipo, es preferible entretener las manos en asuntos menos serios y más gratificantes. El soñador, es de esa extraña raza que sufre por naturaleza, aunque casi nunca consigue lo que se propone.

7°  El precio de los sueños, por el contrario, puede ser altísimo y tener pagar por ellos facturas humillantes, injustas y desproporcionadas. Aparte de que conducen con tremenda facilidad a hipotecar todo cuanto hay alrededor.

8°  Ventajas muy pocas: las justas. Entre ellas, la de conocer al ser humano en toda su mezquindad sin el menor asomo de piedad desde la oscuridad de sus propias miserias, mostrándolo, tal como es; sin maquillaje: miserable, vil y cabrón. Monstruoso y depredador. Permite, asimismo, entreabrir en los demás la sigilosa puerta de la envidia con lo que, felizmente, uno pierde falsos amigos. Envidiosos patológicos, simpáticos “hijoputas” y charramamas parasitarios que esperan insaciables el hígado de su víctima. En este sentido, no hay nada más aconsejable que montar un local de esta clase: enseguida, salen como hongos. Por cualquier rincón. Con cualquier excusa. Con cualquier pretexto. Por generación espontánea.

9° Es altamente peligroso sentir, aunque sea de lejos, crisis de identidad. O la crisis de los cuarenta. O rondar la sensación de hastío. O que el ánimo se alimente de la desesperación. Que el trabajo que se realiza no guste o que el sueldo raye en lo ridículo. Que los días se desarrollen mecánicamente. Que se esté deseando terminar la jornada para esconderse. Que no se tengan alicientes. Y, principalmente, que se convierta en una urgencia insalvable tener que creer necesariamente en algo para no terminar la puta existencia con un tiro en la boca.

10°  Hay que estar preparado para darle a la vida un giro de 180° rumbo al infierno. A enfrentarse sin reservas a la esposa. Tener los santos huevos de pedir en el Banco veinticinco kilos. Venderle el alma al diablo y poner una vela a Dios. Y a cantar con frecuencia “El Largo y Curvo Camino” de The Beatles. Y por supuesto, no montar un local de copas de 200 m2 en el centro de la ciudad, con dos barras, ni pretender traer música en directo. Ni tener encima, en el primero “C”, un vecino funcionario e impotente, calvo, con gafas y cara de esparteña, ni una vecina mal follada e histérica.

11°  Estar dispuestos a someterse al bloqueo más recalcitrante por parte de los vecinos, que nunca verán con buenos ojos los proyectos. Y tener mucha imaginación ante la adversidad para intentar, cada día, llenar el local de gente y pagar así, a trancas y barrancas, a los proveedores.

12° Tener en la caja registradora un apartado especial y voluminoso para pagar las denuncias de todos tamaños que vayan llegando. Otro de igual volumen, para camareros con las manos demasiado largas. Y no tropezar bajo ningún concepto, ¡por Dios!, con la Santísima Regencia de las Extorsiones, Acojonamientos, Pero Paga Religiosamente Que Te Fulmino Cabrón, Inquisiciones, Acosos, Derribos, Vividores y Otras Yerbas. Ni con su Papa en la Tierra, el impresentable “Torquemada”, alias “Borrachín Borrachón, el Decretazos”. 

13°  No pensar que un local de copas, es un local de copas, aunque aparentemente pueda parecer eso; no deja de ser una puñetera cáscara de nuez en el Pacífico, dispuesta a hacer aguas en el primer descuido.

14°  Disponer de oído de indio navajo para poder escuchar la música a 50 decibelios, tal y como mandan las Santas Ordenanzas. Encontrarse dispuesto a realizar trabajos extras en el Malecón, juegos malabares en los Bancos y explicar a los amigotes, por qué un local de copas es un negocio como otro cualquiera y no una delegación de “Caritas Parroquial”.

15°  Tener previsto, después de soltar el local, si es que se puede, al menos, dos préstamos que joderán con tremendo placer la economía del infortunado durante varios años más.     

16° Y finalmente, no haber leído nunca o a tiempo, los versos de D. Pedro Calderón de la Barca, donde decía el hombre, con muy buen criterio, que “Los Sueños, Sueños Son”.   

                                                  

José Hernández Meseguer


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