sábado, 30 de octubre de 2010

ERA LA INFANCIA... [Textos Escogidos]



La tarde, en aquel huerto,
caía como por encanto sin darnos cuenta.
Como un soplo único y bendito.
Pero, a la vez, nos ofrecía en silencio
una tranquilizadora y reconfortante brisa.
Los colores intensos, luminosos y metálicos,
iban difuminándose lentamente en el cañar.
El sol, aparecía quebrado y herido
entre sus lanzas, mientras sus cilindros
amarillos agonizaban violáceos.
Después, se dormían despacio
y todo quedaba atrapado por el silencio,
al intermitente canto de los grillos
y el croar de las ranas.

El espontáneo y opaco chapoteo de los anfibios
en la acequia era la llamada.
Era la contraseña. Era la señal. Era el relevo.
La tarde azul y candente caía finalmente en los amables brazos
de la noche, que mágica, se poblaba
de luminosas e inquietas lucecitas.
Era el momento. Era el suspiro intenso
y vivificante de la noche. Era el tiempo
del olor a Azahar y a Galán de Noche.
Era el instante irrepetible.
Era la extraña comunión del silencio conmigo.
Era la infancia...                                                      




José Hernández Meseguer


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