jueves, 5 de enero de 2012

NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | DE REGRESO A ÍTACA



I
No he encontrado ningún poema para ti…
He buscado inútilmente frases y palabras
que hablen de ti,
de lo que siento por ti…
Pero sólo me nace un hondo silencio.
Y una sensación de quietud
y de paz que me inunda el alma
porque tú eres mi poema más perfecto.

II
No he encontrado ningún poema para ti…
y, tampoco, ninguna fórmula
que exprese mejor lo que pretendo decir,
que decir: te amo.
Que decir: soy tanto de ti
que no me queda nada.

III
No he encontrado ningún poema para ti…
pero no importa;
te he encontrado a ti
que eres mucho más
que unas palabras
tratando de expresar
lo que sólo un beso es capaz de dar
con el roce sutil
de una caricia.

IV
No he encontrado ningún poema para ti…
Pero da igual. No me preocupa,
porque he encontrado en ti
mi momento más perfecto:
mi faro. Mi puerto.

V
No he encontrado ningún poema para ti…
¡Qué más da!
Estoy de nuevo en casa.
De regreso en Ítaca.
En los años que estuve lejos
tuve mucho temor,…
nunca supe si llegaría,…
nunca supe cuánto faltaba.
Ahora sé que estoy en casa.
De regreso en Ítaca.
Vuelvo a ver brillar el sol
y el cielo
que me atrapa entre sus halos
cristalinos.
Y arribo mi bandera
que ondea
en la suavidad de la tarde.
Y el cielo azul
me envuelve.
¡Y ahora sé que estoy en casa!
de regreso en Ítaca.
Allí estás tú…
Siempre fiel.
Siempre esperándome incansable.

VI
No he encontrado ningún poema para ti…
¡Qué importa! Sólo son palabras y retazos
de experiencias vividas.
De imaginaciones soñadas para ser leídas
por tus ojos garzos.
No he encontrado ningún poema para ti.
No traigo nada para ti.
Todo se me quedó en el pasado.
En los años que navegué perdido
en el tiempo.
Sólo soy un pájaro herido
que vuelve a casa
de regreso a Ítaca.
No traigo nada para ti,…
mi querida Penélope, te lo juro.
No tengo nada,…
sólo puedo ofrecerte desde hoy,
todo mi FUTURO.
                                                                         
                                      

José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 14/ 2/ 1.983



NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 9ª CARTA



I
Mar. Tú eres mi mar.
Eres mi poema más perfecto.
Respuestas en la oscuridad. Luz y ocaso.
Camino. Eres mi camino. Mi meta.
Estrella en la noche. Atalaya de mi puerto.
Desde el silencio y la penumbra surges con tu luz.
Eres luz. Sigues siendo luz.
Siempre. Eterna. Infinita.

II
Marino en el océano de tu vientre.
Esquivo tus olas. Lo intento. Siempre naufrago.
Resuena en mi cuerpo tu grito suave.
Cuando te inundo leve.
Estallo en fuego cuando te toco. Lo sabes.
Después soy tan sólo la neblina extraña de tu cabello.
Eres todo aquello:
Sueño. Poema. Amor. Música,… todo lo que quiero.

III
Magia. Extraña; híbrida lejanía en la profundidad de tus ojos.
Eres yedra. Eres azul.
Retuerces tus tallos en mi cuerpo.
Confundo mi Dios y mi norte
En tu vientre.
Descubro mi cielo azul.
Entonces, la noche que me ahorcaba se vuelve luz.
Solo. Estaba solo. Ahora estás tú.

IV
Magia. Sigues siendo magia.
Extraña. Lejana. Ausente. Distante. Presente.
Refugio de mi soledad. De mi hipocondría.
Cuando me hundo
En la angustia
De mi mundo.
Espectro. Fantasma. Quimera sombría.
Soledad amante. Soledad querida.

V
Mándame tu luz.
Estoy aquí en la oscuridad. En las sombras de mi alma.
Roto. Destrozado.
Cayéndome a borbotones, al abismo. Siento vértigo y miedo.
Estoy aquí. En el fondo de esta soledad.
Dame tu mano y galoparé hacia la claridad.
Es difícil. Lo sé.
Sólo por ti, intentaré llegar.

VI
Marino en tus mares.
Estoy, sigo navegando incansablemente en tu oleaje.
Retuerzo mi esperanza. La amarro
Contra la mesana de mi barco de
Escasa eslora; irascible e hipocondríaca.
Desprovista de fe y de sueños,…
Estás ahí; sigue cómo hasta ahora. Guiándome con tu luz.
Sólo por ti, intentaré arribar.

VII
Mañana volaré,… seguiré volando.
Estuve volando ayer. He sido una gaviota. Soy una gaviota.
Revoloteando siempre a la altura del suelo.
Cabalgando de mar en mar,… de luna en luna;
Estíos, primaveras, otoños,
                                 …Siempre errante en el ocaso,… en la bruma.
                                                                                          
Desnudando, destruyendo sueños. Noches. Versos. Cielos
Encendidos,… estrellas sin vida
Sobre olas hastiadas. Cansadas. Fugitivas. Suicidas.

VIII
Mañana, como cada amanecer, seguiré surcando el cielo
Extraño y gris. Monótono. Vacío. Frío.
Recurro a mi huida: intento volar. Tomar altura. Alejarme.
Caigo. Indefectiblemente. Inevitablemente.
Estoy cayendo. No tengo fe. Y mis alas están destrozadas. Rotas.
Dame la mano; veo tu luz que me rapta del miedo de la noche.
Estoy volando por llegar a tu playa.
Siento la brisa. Es mi aliada; me lleva. Me acerca a ti.

IX
Monto a la grupa de un sueño por ti y me hago a la mar.
Es difícil llegar. Sólo poseo un velero: mi poca fe.
Renunciar no quiero. Prefiero morir en el intento
Cuando no me quede nada con qué llegar a tu puerto.
El mar de la vida. La tempestad de mi alma.
                                       El miedo y la locura intentarán
Destrozar y destruir mi rumbo, pero, … soy marino
                                       de tus mares. Lo sabes.
Estoy firme. Sin embargo,… si perdiera mi norte,… ¡por Dios!
                                       échame una amarra.
Sólo sé llegar a ti. Sólo navego para el mar de tus ojos…
                                       Sólo soy marino en tus mares.
                                                                           



José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 25/1/ 1.983

NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 8ª CARTA



He sido una gaviota
errante y perdida.
Sin nadie con quien volar.
Sin nadie con quien soñar.
Pero ahora,
has aparecido tú.
Mágicamente tú.
Y mi vuelo
se eleva hacia la luz.
Siempre tú.

Tú eres…
simple y llanamente todo.
Todos mis colores,
toda mi vida,
toda mi estancia,
todos los huecos de mi alma.
Todas mis metas,
todos mis proyectos,
todos mis esquemas,
todos mis sueños,
todas mis ansias de vida,
toda mi locura,
toda mi fantasía,
toda mi ternura,…
Y, porque eres así:
simple y llanamente tú;
eres para mí,
simple y llanamente
toda mi luz.

                                                
José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope.
Murcia, cualquier atardecer de 1982


NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 7ª CARTA




Si no fuera por ti…
si no fuera
porque estás a mi lado
proyectando mi vida,
destruyendo el pasado…
Si no fuera por ti…
si no fuera
porque me sigues fiel
sin un gesto de amargura,
ni un momento de rencor,
ni siquiera
una mirada de duda
aunque, a veces,
te cause dolor.

Si no fuera por ti…
si no fuera
porque con paciencia
aquietas mis fracasos
y mis horas de angustia
y mis melancolías
y mis noches de hipocondría
y mis días
hastiados…
Si no fuera
porque con tus silencios
hilvanas mis escasos sueños
y mis momentos de amor
y mis intentos
por sobrevivir…

Si no fuera por ti…
que navegas a mi lado
sin cansancio.
Que me empujas a la lucha
diaria de la monotonía
sin un sólo gesto de flaqueza…
Si no fuera…
porque eres mi Dios,
mi camino,
mi posada,
mi destino,
mi fortaleza…
el trazo sutil
de mi pluma peregrina,
mi cielo de abril…
Si no fuera por ti…
realmente no sé
qué sería de mí…
Me hundiría
en el miedo de las sombras
y no sería
capaz de luchar.
Me vería inútil.
Inútil e impotente.
Solo ante el mundo
caminando entre la gente.

Si no fuera por ti…
si no fuera
porque vas delineándome los pasos
en las tinieblas.
¿Si no fuera por ti,
qué sería de mí,
después de los fracasos?
¡Ah! mi amor,
si no fuera por ti…

Si no fuera
porque haces más tierno
mi camino,
más dulce mi frustrada acera…
Si no fuera así,
creo, que jamás hubiera
dejado de ser ave
taciturna, buscando
el tibio calor de la primavera;
seguiría siempre solitaria.
Siempre errante y pasajera.
                                                                          

José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 28/ 3/ 1.982


NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 6ª CARTA



I
Cuando te sientas sola
seré tu refugio,
tu mar,
la ola
de tu playa solitaria.
Cuando te encuentres triste
seré para ti, el aire,
la brisa …
El húmedo y cálido
aliento que se enrede
en tus labios.
Seré tu almohada.
Tu sombra.
Tu abrigo.
Tu amante por nada…
a cambio de nada,
tu mejor amigo.
El reloj de tus horas,
la luz de tus miedos.
–candil de tus tinieblas–
Caballo de tus sueños
cuando te sientas gaviota.
Hoguera
si me tiemblas;
gladiador en tus quimeras.
Diario de tus poemas.


II
Cuando te sientas sola
sabes que seré tu amante
y tu amigo.
Tu mejor secreto.
Tu mejor poema.
Y caminarás conmigo
y yo contigo.
Y si tienes ansias de volar
te llevaré en mis alas
porque ya no tendré miedo
de alzarme sobre el cielo
surcando el mar,
surcando la tarde…
Y te daré el más bello atardecer
que se rompa en el vientre
del horizonte
y el cielo más azul.
Y la noche más ardiente
mientras camino
tus caminos apasionadamente.
Mientras devoro,
pliegue a pliegue,
cada poro
de tu cuerpo
y se extingue en tu gruta
el fuego que me abrasa
la piel y la boca,
y las manos sedientas.
Cuando te sientas sola
seré tu cuerpo.
Tu cuerpo y el claro faro
que te guiará.
Y en las noches frías,
tu duende
y la magia
de tus grises días.


III
Cuando te encuentres triste,
mi vida,
cuando te sientas triste
seré el amargo color
que en tus ojos flotará mágico
y errante…
casi naufrago.
Y cuando llores
seré el sabor
salado y cristalino
de tus lágrimas furtivas…
casi fugitivas.
Cuando te encuentres así
sabes que seré tu refugio.
El suave color
que dará calor
a tus ojos claros.
Y cuando por las noches,
en tu habitación,
sientas miedo y vértigo
de la soledad,
no llores…
Sabes que estoy contigo
para ser calma en tu mirada
y quietud en tus sueños.
Y guardián
y compañero
y amante
y atalaya
y vigía en tu errante
vagar en el espacio
y en el tiempo
a través de las estrellas.


IV
Cuando te encuentres agotada
y cansada
seré tu apoyo. Tu posada
y tu camino blando.
La yerba que besará tus pies;
el tibio lecho
que acariciará tu cuerpo
y el tibio aliento.
Y seré el momento
en que seré sólo boca,
sólo manos,
sólo llama
que andará tus pechos.
Y cuando sientas
la inevitable necesidad
de caminar bajo la noche…
con la noche...
Entre las calles solitarias
y mojadas
por la llovizna breve,
recuérdame.
Recuérdame y seré
para ti la suave canción
que navegue en tu cabello
y la suave espuma
que flote en la atmósfera
como una quimera…
 Ausente
y presente.
Tan lejos
y tan cerca.
Recuérdame; seré esa espuma
vagabunda, imprecisa y náufraga.


V
Y cuando tengas
deseos de cantar,
seré tu voz.
Y si sientes ganas de gritar
seré tu eco.
Y si quieres saltar
seré tu vuelo.
Y si quieres, acaso,
olvidar,
seré consuelo.
Y tu copa de vino
y tu pañuelo
y tu silencio.
Y si pretendes ser niña
seré tu mimo,
tu carantoña.
Si prefieres reír
seré tu payaso,
tu bufón, tu arlequín.
Si quieres pensar y meditar
seré la voz del tiempo,
la amarga experiencia.
El eterno llorar,
el alma ajada
pero cargada de sabiduría.
el eterno saber. La vida.
Hipocondría.
La llaga en carne viva.


VI
Si quieres viajar sin rumbo
seré tu guía, tu capitán,
tu norte…
Y si quieres dejar volar
tu imaginación,
pero piensas en mí,
seré tu héroe,
tu quijote…
…Pero si alguna vez
sientes deseos de ser
tan sólo una MUJER
al fin,
ese maravilloso día,
seré solamente un hombre.
Tan sólo eso:
sencillamente… un HOMBRE.
                                                                          


José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 14/ 2/ 1.982



NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 5ª CARTA



Vuelvo a ti.
Siempre. Siempre inevitablemente;
con una necesidad
que me araña el alma.
Como un poeta a sus versos.
Como un caminante al camino.
Como un suicida al acantilado.
Siempre con extraña necesidad.
Siempre con cierto sabor amargo en la boca.
Quisiera contarte tantas cosas
y hablarte sin temor de mis quimeras
y mis miedos, …
y de mis silencios,
y de mis sueños,
y de mis noches vacías y eternas,
y de mis días hastiados, …
y de mis largos otoños …

Sé, que contigo,
mi soledad será más tierna,
más amable.
Hace un año,
en un atardecer como éste,
en un atardecer frío y seco,
te llamé.
Te evoqué.
Te convoqué. Casi desesperadamente.
Pero mi voz se rompió en el vaho
de mi infinita soledad y sólo
acudió un largo silencio
que se posó inerte ante mis ojos
que se acristalaron
de suave sal.
Estaba solo.
¡Dios, Santo Dios, cómo duele
esa soledad: es mortal!
Te llamé.
¿Dónde estabas?
¿Por qué no acudiste a mi llamada?
A mi llamada de angustia. Me estaba
muriendo a borbotones.
Me moría por los ojos.
Por segundos.
¿Dónde estabas?
¡Por Dios, … pude morir!
…morir de soledad.
Entonces, metí mis dedos
en mis enormes llagas
y caminé errante.
Era una tarde fría
de llanto y agonía.
Un intenso y gélido azul pálido
perdía la batalla en el cielo.
La oscuridad se comía
lentamente los últimos chorros de luz.

Y de pronto, como un fogonazo,
como un dios, como un inmenso dios
de sangre negra y calcinada,
con aullidos
que helaron mi alma,
alguien se elevó en silencio
con los brazos
yertos y quebrados
sobre el mundo,
gritando.
Suplicando sin piedad,
se alzó mudo
sobre el mundo.
Con los brazos hastiados
y desgarrados, …
Mas nadie le oyó.
Nadie le escuchó.
Nadie le sintió morirse.
Nadie.
Nadie, excepto yo,
que también agonizaba.

Fue un momento de angustia
que no puedo olvidar.
Su ramaje era duro y seco.
Quebrado.
No tenía un sólo tallo,
sí, a cambio, una inmensa soledad.
Su cuerpo era una herida
profunda y salvaje.
Quise decirle
que yo también
estaba solo, … pero no pude;
cuando llegué hasta él,
había muerto.
Y… sólo era eso;
un árbol deshojado
y yerto por el invierno.
Hubiera querido morir con él,
pero fui cobarde
y seguí caminando entre la gente
más harto que nunca.
Más asqueado que nunca.
Y volví a sumergirme
en un lodo de gente
que no me importaba
una mierda,
para seguir muriendo
a mi manera.
Siempre igual.
Siempre a mi modo.
Y seguí, seguí caminando
sin saber
exactamente adónde, ni por qué.
Nadie me esperaba
en ningún lugar.
Brotaban a mi alrededor
palabras huecas
e ininteligibles,
pero tampoco me esforcé un momento
por entenderlas.
Estaban muy lejos de mí.

Eran como lejanos ladridos
en la noche.
Oía risas nerviosas
y estúpidas
que me producían más soledad.
Hubiera querido
ser una ola suicida
o una gaviota
para estrellarme en la noche
que me nació a fuerza de versos.
A fuerza de soledad.
La gente caminaba encerrada
en sus mundos hartos de días
y aun noches monótonas. Y me hastiaban
sus pasos
cerca de mí y sus palabras vagas
y llenas de odio.
Aunque yo también estaba
odiándoles con más fuerza que nunca.

Todo comenzó a llenarse
de soledad y, por un momento,
me sentí mejor. No sé por qué,
o mejor dicho; harto de saberlo.
Aquellas
lucecitas
amarillentas
guiaron mis pasos
perdidos
a mi coche
que me exigía
como una religión
volar.

Era principios de Navidad.
Aquello me ordenaba fingir alegría
pero fue imposible.
Decidí entre mi soledad
y otra mayor.
Quise la mía.
Era inútil hablar de amor
cuando tanto me repugnaban
sus presencias hipócritas.
Fue imposible.
Los que se decían míos
me daban tanto y tanto asco,
que se me enredaba en el cuello
como una horca.

¡Qué soledad más cruel!
Y volví a recordar aquel
árbol que, cargado
de impotencia, se suicidó
en los brazos de un atardecer
aquella triste Navidad.
Y me sentí aún más solo
mientras mi coche cortaba con su luz
la noche enferma de soledad.
Y llegué a una pequeña aldea,
que un día fuera
parte de mis poemas
y de mis tardes
de larga hipocondría.
Y a tientas,
caminando entre aquellas
oscuras,
torcidas
y empinadas
callejas
llegué a una sucia taberna
infectada de años;
repleta
de una larga
espera
hacia la muerte.
Y también, a tientas,
con los ojos acristalados,
busqué a gritos
el trasluz de una botella.

Y a contraluz de mi noche,
que se esparcía como una tormenta
sobre mi piel y mi alma,
bebí aquella luz artificial,
enfermando mi boca con un hondo
sabor amargo
que me llegó al cerebro
como un hachazo.
Y pasaron los minutos,
burlones espectadores del tiempo,
colgados de un reloj tan viejo
que pasando de la media
se las veía
putas para llegar al doce.
Y que sólo conseguía
su propósito
a fuerza de soñar
que un día
le dejarían
caer desde lo alto
al suelo
estrellándose de una maldita vez.

Y pasaron
los minutos con esfuerzo.
También las horas.
Y yo, continuaba allí, ahogando
toda la amargura
en un litro de alcohol.
Ya no pensaba en ti
porque tú no eras más que un sueño
que se apagó rápidamente, bajo el peso
del alcohol.
Ni en Dios.
Ni en mi hijo.
Ni en mí.
Me estaba suicidando.
No quería pensar en nada.
Ya no lloraba.
Ni reía.
Ni vivía.
Ni sufría.
Ni moría.
Todo se pobló de noche.
De más noche aún, … y de sombras
imprecisas.

Y borracho,
totalmente borracho
de alcohol y soledad,
salí a una calle muerta
y el viento fue en mi cara,
la única caricia
en muchas horas
hasta que vi un nuevo amanecer
en el horizonte enrojecido
y, …y comprendí
que aún no había muerto;
que tenía que morir
aún mucho más inevitablemente.
Siempre inevitablemente.
                                                                          


José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 2/ 12/ 1.981

NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 4ª CARTA



Vuelvo a ti.
Como una ola a su playa.
Necesito el silencio que invade
esta habitación para dejar escapar
como una terrible necesidad mis gaviotas …
hoy por ti, azules,
tan azules,
como esa mirada
infinita y lejana
que inunda
tus ojos infantiles, tan llenos de luz, …
…tan llenos del alma mía …
¡Eres mía!
¡No lo niegues!
por lo menos hoy, …
mañana, podrás no serlo si quieres, …
pero hoy, …has sido mía
porque te has estremecido
de pasión entre mis manos.
Entre mis brazos.
Porque he navegado
y naufragado,
y perdido mis dedos
y mi norte
entre
tus pechos
y tu vientre.
Porque hoy me has necesitado.
Porque hoy hemos volado
juntos a un poema
de amor olvidado.

Porque hoy hemos arrancado,
un poco más, esa pena
de mi alma
que estrangula mis sueños,
mis ya pocos sueños.
Porque hoy, como un nuevo color,
has inundado mi alma
de gaviotas
que retozan en mi horizonte
sin nada qué olvidar
porque… he aprendido a amar.
Sí, decididamente,
he perdido mi norte
en tu horizonte,
pero no importa;
tú eres mi playa
y yo, tu gaviota.
Eres tú mi playa,
yo, tu ola rota.

Y busco refugio en ti,
porque sé que tú me atiendes
y me das sosiego.
Escuchas en silencio,
mi silencio.
Y luego, …
me acaricias, y sé,
que me estás amando
y me estás dando
fuerzas para luchar,
para seguir luchando...
                                                                          



José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 4/ 10/ 1.981

NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 3ª CARTA



Esta noche.
Ahora. En este momento, me encuentro
totalmente hundido. Hundido y solo.
Siento una inmensa agonía
que me atenaza la garganta
y tengo ganas de llorar.
Unos inmensos deseos de llorar.
Si estuvieras conmigo, …
si estuvieras …

¡Dios mío!
siento una angustia
terrible que se apodera de mí
por momentos, …
si estuvieras conmigo, …
si estuvieras …
Me cogería con fuerzas a tu cuerpo
hasta hacerte daño, vida mía, …
porque tú eres mi refugio,
la habitación de mi alma
que nadie ha violado aún, …
y te amaría con todo mi ser,
y después
me refugiaría como un niño
entre tu pecho, para que me dieras
el calor que hasta ahora
se me ha negado como una religión.
Si estuvieras conmigo esta noche …
si estuvieras …

Hoy te necesito más que en toda mi vida, …
pero estoy solo.
Completamente solo.
Ahora siento, amor mío,
una terrible necesidad de ti.
De estar entre tu cuerpo, …
de estar entre tus ojos …
Pero estoy solo.
Hoy he perdido, en algún lugar,
la risa, … la fe, … mi Dios, …
tus ojos infantiles
llenos de gaviotas y cielos
intensamente azules.
Sin poder evitarlo,
de repente,
me he encontrado
con la más absurda oscuridad …
                                                                              

José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Madrid, 4/ 9/ 81

NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 2ª CARTA



Vuelvo a pensar en ti.
Dentro de unas horas volveré
a mirarte en silencio,
y en secreto.
Mis ojos, van a recorrer
tu cuerpo muy lentamente.
Lo sabes.

Acariciaré tus pechos y tu vientre
con la más infinita ternura
de que mis dedos son capaces de amar …
Pero siempre en silencio.
Pero siempre amándote.
También lo sabes.
En esta noche de soledad
estoy amándote:
a cada latido de mi corazón
te voy deseando más …
Inevitablemente.
                                                                              

José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Madrid, 28/ 8/ 81


NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 1ª CARTA



Estoy pensando en ti.
Inevitablemente.
Me esfuerzo por fugarme
en el silencio de mis gaviotas.
A través de este
gran ventanal y de la gente
que habla entre sí, de cosas
que no puedo comprender
porque lo le importa
a mi Israel, ni un segundo
de esta conversación.
Vuelvo a intentar volar.
Siempre hasta tus playas.
Hasta tu mirada infantil
que tanta luz le da
a mi cárcel de soledad.

La tarde se está rompiendo
suavemente en la insólita agonía
de la inmensa y gigantesca
bruma amarillenta
que envuelve continuamente
a este extraño y confuso Madrid.
Quisiera, nuevamente,
evadirme.
En silencio.
Sin que nadie se dé cuenta
de que estoy pensando en ti.
Sería demasiado bonito
que, en este preciso momento,
tú, también, estuvieras volando
hacia mí.
Sería maravilloso.
Me da miedo
pensar y volar
demasiado rápido
hasta tus ojos. Y no, no puedo.
No debo
decirte
lo que mi corazón apaleado
siente.
Tú no lo sabes.
Quizá no lo sepas nunca.
pero podría morir
aunque esté acostumbrado a oír,
que de esas cosas
ya no se muere.

Los halos de la tarde
son cada vez más suaves.
Sé que la tarde está muriendo.
Igual que yo.
Pero ella no siente miedo;
su corazón continúa su ritmo monótono
e inalterable.
Yo, sí.
Ahora.
Pero éstos siguen
sin descanso, su estúpida
charla.
Ahora ya no hablan.
Se toman un descanso para
quitarse la máscara.
Son carroña.
Los odio a muerte.
Mentes vacías
como sus vidas.
Necesito pensar en ti, …
una vez más.
Siempre en silencio.

Estoy tratando de imaginarte
con esa mirada llena de azules.
De cielos azules.
De interminables cielos azules.
Y tu cabello suelto,
que se esparce
como ríos de oro
sobre tu espalda y tus pechos.
Eres linda. Créeme.
Y tus quince años solamente,
son el eje
y el centro
de mi vida y mi mente.
Sigo teniendo miedo.
Miedo de un millón de cosas
que revolotean en tus playas
y en mis gaviotas.
Siempre existe esa tormenta
que me amenaza
en silencio. Burlona.
Me encuentro terriblemente solo.
Rodeado de un montón de gente
que se da cuenta, que deseo
esquivarlos con todas mis fuerzas,
para encontrarme bien.

A veces, sigo siendo
infiel a Israel y me uno
a la comba absurda
de la conversación
para darme cuenta enseguida,
de que me encuentro
como un payaso triste … y vuelvo
a volar.
Pero siempre a ti.

Hoy, eres mi refugio.
Mi nido.
A lo lejos, zumba el sonido
metálico de un tren que desgarra el silencio.
Y también, el estridente y opaco grito
de un camión que parece
que el cabrón no quisiera alejarse
para joder mi tranquilidad.
Ahora un avión, …luego, una moto …
y otro avión.
Y ahora, nuevamente, otro camión
que parece que no anduviera
porque siempre le oigo
en el mismo sitio.

He estado paseando hace un rato.
Y me he dejado envolver
en el aire caliente de este Madrid,
que, creo, que no duerme jamás.
Y, también hoy, miro por última vez,
este cielo misterioso e hipocondríaco,
lleno de mis penas
que me esconde nuevas cosas, …
para verlo sólo como un cielo
cargado de diminutas
e imprecisas estrellas.
Y ahora, al mirarlo,
deseo enviarte
el más dulce de mis besos,
para que se enrede en la noche,
luego, en tu boca …
y más tarde, en tus sueños.
                                                                           

José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Madrid, 27/ 8/ 81


miércoles, 4 de enero de 2012

CANCIONES (2002): HOY, POR TI...

Despacio, muy despacio...
Deprisa, muy deprisa,
vas colándote en mi vida,
vas robándome el espacio,
envolviéndote en la brisa...
Deprisa, muy deprisa,
un poco cada día,
vas robándome la calma,
te voy entregando el alma.
Y Ya es tuya, vida mía...

Y hoy, por ti,
mi mundo es azul.
Y hoy, por ti,
mi mundo eres tú;
el sol, el mar,
la noche... Todo es un bello azul.
Y mientras tú me quieras,
mientras tú me ames,
y siempre que me sueñes
será azul...

Despacio, muy despacio,
de prisa, muy deprisa,
vas colándote en mi mente
sin aviso y, de repente,
me siento tuyo...



José Hdez. Meseguer. A Begoña.
De mi Libro Memorias de un Naufragio.
Murcia, 2002.

martes, 3 de enero de 2012

CANCIONES (1995): ESTÍBALIZ

Porque me das
la fuerza para caminar,
sin saberlo tú,
alumbras con tu luz,
mi vida...
Mi pequeña,
mi querida,
mi pequeña vida mía.

Sólo por ti
mi mundo gira y quiero vivir;
sin saberlo tú,
alumbras con tu luz,
mi soledad.
Y puedo caminar
sin miedo a nada
y no temo a soñar
cada mañana...

Sí, canto para ti,
mi pequeña Estíbaliz...



José Hdez. Meseguer. A mi hija Estíbaliz.
De mi Libro Memorias de un Naufragio.
Murcia, 1995.

lunes, 2 de enero de 2012

CANCIONES (1981): SOY...

Soy la lágrima amarga de un recuerdo
que no murió.
Soy el beso que la noche le regaló
al amor.
Soy un secreto de amor,
una carta de adiós.
Soy distancia,
soy camino,
soy esperanza
y olvido...

Soy un poema, mil poemas,
que se estrellan cada noche
en tu mar.
Soy esa sombra en tu alcoba
que se escapa hasta tu cuerpo
sin hablar...

Soy silencio en la mirada
cuando ya no queda nada
qué amar.
Soy el verso que no acaba
entre la noche y el alba...



José Hdez. Meseguer.
De mi Libro Memorias de un Naufragio.
Murcia, 1981.

CANCIONES (1980): ME DIJO...


Me dijo: no puede ser, no puede ser, y se marchó...
Y vistió de sombras mi casa
y de quimeras mis sueños
y mis quince años, de angustias y miedos.

Me dijo: no puede ser, no puede ser, y se marchó...
Y naufragué en la noche
y en mi almohada
tan cargada
de ausencias de ti,
me dijo...

Me hablaba de amor,
me hablaba, me hablaba.
Me hablaba de amor
y yo soñaba.

Me dijo: no puede ser, todo acabó, y se me fue...
Se me perdió en silencio,
en los dedos,
en mi cuarto,
en mi llanto,
en mis versos...

Y ahora, a contraluz de un montón de otoños,
aún la hiere,
aún la llama
a mi vieja alma
desgastada,
me dijo...

Me hablaba de amor,
me hablaba, me hablaba.
Me hablaba de amor
y yo soñaba.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Figueras/Portbou, 1980

CANCIONES [1983]: LLÁMAME, ACUDIRÉ...



Cuando sientas esa soledad
que en la noche invade tu piel,
y los duendes de la oscuridad
se enreden en la espuma de tu pelo...
Llámame, acudiré,
con mis alas de mar,
de luna,
de bruma,
de cristal;
de un suave azul,
donde todo es luz,
infinito azul,
y te amaré...

Cuando sientas vértigo en la piel
y la angustia ahorque tu voz
y tu único refugio sea el alcohol,
para lograr sobrevivir y caminar,
llámame, acudiré...
Con mis alas de mar,
de luna,
de bruma,
de cristal;
de un suave azul,
donde todo es luz,
infinito azul,
y te amaré...


José Hdez. Meseguer
De Libro Memorias de un Naufragio
Murcia, 1983


domingo, 1 de enero de 2012

CANCIONES (1977): NO PUEDO CREER...

No, no puedo creer
que tan sólo ayer
jugabas rayuela
al salir de misa,
y que tu mundo
era de papel.
Y si no había escuela,
a las "veintiuna",
de nueve a una
y de tres a diez.

No, no puedo creer
que tan sólo ayer
tu mundo de muñecas, era tu piel,
y tu almohada tu amiga fiel;
tu compañera
en las quimeras
y en cada sueño de tu niñez...
Y hoy te vas, te vas con él...

Y vuelas del nido
oyendo al oído
promesas de amor,
oyendo bajito:
"Te quiero, mi amor..."

No, no puedo creer
que tan sólo ayer,
tu primer secreto,
tu primer diario,
tu primer poeta
para soñar y creer...
Y que, sin darnos cuenta,
apenas cuenta,
el calendario
te hizo mujer...



José Hdez. Meseguer. A mi hermana Encarna.
De mi Libro Memorias de un Naufragio.
Figueras, 1978

CANCIONES (1977): ¿PERO QUIÉN SE CREE, SEÑORA...?

¿Pero quién se cree que es usted, señora...?
¿Es que nunca tuvo un sueño en la mente,
o tan mala cree que es la gente...?
No me haga caso
pero un fracaso
pudo ser la razón.
No me busque las cosquillas
ni me saque de las casillas,
no busque tres pies al gato
que me sale más barato
darle en el corazón...

... Y puede suceder,
que en su reloj den las diez,
y ella siga sin aparecer.
Y no, no me pida explicación,
aquí manda el corazón...



José Hdez. Meseguer.
De mi Libro Memorias de un Naufragio.
Murcia, 1977

CANCIONES (1977): OLVIDAR MI LIBERTAD

Prefiero estar entre tu pelo
y rasgar el velo
de tu timidez.
Prefiero ser tu prenda de abrigo
para estar contigo
al anochecer.
Prefiero estar entre tu ropa,
entre tu boca,
en tu soñar.
Prefiero ser gorrión cautivo
y olvidar que he sido
paloma torcaz...
y olvidar mi libertad.

Prefiero estar entre tu risa
y morir deprisa
de felicidad.
Prefiero ser sombra de tu vuelo
y olvidar mi cielo
al clarear...
y olvidar mi libertad.



José Hdez. Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio.
Murcia, 1977

CANCIONES (1977): AMORES...

Amores que el viento arrastra
como hojas de laurel.
Amores que fueron besos,
caricias, pasiones...
Y hoy sólo están como versos
en mis canciones.

Amores que el destino
me brindó en copa de salón
para mi suerte.
Amores en un viejo rincón
de cualquier pensión
para mi muerte...
Amores que no borró el camino,
que no ahogó el vino...
¡Amores de mis amores!

Amores que yacen en un papel,
sin primavera, sin presente,
y amores que invaden mi mente...
¡Quimeras, musas, de mis versos siguientes...!



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 1977


CANCIONES (1977): ME ACOSTUMBRÉ



Me acostumbré a vivir sin ti
por la vida.
Y a odiar a los demás
por mis heridas.
Y sólo encontré la noche y mi soledad...

Me acostumbré a llorar en silencio.
A vivir y a caminar sin aliento.
Me encuentro tan solo,
tan lejos de ti,
no me olvides...



José Hdez. Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Murcia, 1977

CANCIONES (1977): DEJARÉ MIS CAMPOS



Dejaré mis campos en flor.
Dejaré mi gente, mi mundo, mi adiós.
Dejaré mi casa y mi guitarra con dolor,
dejaré mis versos, si me lo pides, Señor...

Marcharé despacio, con la yerba entre los pies,
me iré cantando, un amanecer.
Quedarán los días que pinté en mi voz,
quedará el recuerdo de un poeta soñador.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 1977

CANCIONES (1974): ALICANTE, ÚLTIMO MES...




Sin pausa pero sin prisa
voy dejando mi última sonrisa
a la mañana;
a ella que me vio nacer.
A ella que me vio sufrir.
A ella, que me verá también morir...

Desde mi cuarto,
a cada parto
de mis versos, voy preguntándome, ¿cuánto?
¿Cuánto, campesinos, cuánto...?
¿Cuánto conozco yo todos vuestros cantos,
cuándo vais a segar?
¡Y cuánto conozco la aurora
tumbado sobre las amapolas,
cuando empieza a clarear...!

¡Y cuánto conozco la sierra
que voy a ser,
antes de un mes,
polvo en la tierra...!



José Hdez. Meseguer.
De mi Libro Memorias de un Naufragio. A Miguel Hernández, poeta.
Madrid, 1974

CANCIONES (1976): QUISIERA OLVIDAR

Quisiera olvidar
las tardes de infancia, yo, y mi soledad
todos presos en el mismo desván.
Quisiera olvidar
mi inocencia infantil
y por olvidar, ojalá pudiera olvidarte a ti.
Quisiera olvidar todos mis amores,
quisiera olvidar este mundo de papel
que día tras día me revuelve más la hiel
con sus falsos cantores.

¡Ah! ...Sí, quisiera olvidar
a cada instante un poco más.
Sí, quisiera pensar
que todavía existe el verbo amar.
Quisiera olvidar que todo mi ayer
voló en torno de una piel
y que aún hoy, mañana y después,
lo hará igual sin desaparecer.

Y no, no quisiera creer
que fuiste, tú, mujer,
mi Dios y mi vino,
la senda y el camino,
y también mi perder.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Madrid, 31/ 7/ 76

CANCIONES [1974]: TARDES DE INVIERNO


Recuerdo, después de llover,
siete críos correr
jugando a la vida.
Y mi alegría;
al llegar navidad, parecía,
todo ilusión y fantasía.

Tardes de invierno,
que no vendrán;
unos críos jugando
a la guerra
sobre la hierba.

¡Recuerdo tantas cosas,
tantos momentos que no han de volver...!
La tarde, desde mi ventana, caer...
¡Qué recuerdos...!
Tardes de invierno
que no han de volver.



José Hdez. Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Madrid, 1974


CANCIONES (1976): EPITAFIO



Breve epitafio
con el pelo largo, lacio.
Ausencia del mañana.
Soledad y vacío en mi cama.

Escarcha que creyó quedar
y no quedó en nada.
Se marchó, se fue con la alborada,
dejando un suave olor a madrugada.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Madrid, 1976

CANCIONES (1974): MI HABITACIÓN



Es casi blanca, blanca,
color de miel.
De luz muy tibia y clara
sobre mi piel.
Es condifente
de los recuerdos de mi niñez
y pensamientos de mi mente
de hoy y ayer.
Mi habitación;
mi refugio, mi calor,
impasible espectador,
de mi llanto y mi dolor.

Y aunque parece muda,
no lo es.
No es tampoco una locura,
no lo es.
A mí me habla con gran ternura
y el jovial
y también sentimental.

Tiene una gran ventana
a la Estación
donde yo, cada mañana,
con ilusión,
veo despertar el Sol con su esplendor
y me devuelve ese perdido amor...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 1974


CANCIONES [1976]: YO SÉ...



Yo sé
que tu poema preferido
es el amanecer,
¿para qué
nos vamos a engañar?

Yo sé
que tus versos más bonitos
los trenzaste un atardecer,
en la soledad de un camino,
o bajo la lluvia al caer.

Por esa razón, tú y yo,
somos poetas;
tú escribes de la tierra
y del laurel.
También de la alborada.
Yo, en un papel
o en la almohada,
por un querer.
                                                                           



José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Madrid, 1976


CANCIONES (1976): TODO LO QUE SÉ

Todo lo que sé y he aprendido
fue, ha sido
a amar.
Todo lo que he sido,
aparte de árbol podrido,
fue ser
gusano y lamer,
palmo a palmo, tu piel.
Juro, hoy veintitrés,
del presente mes,
con el alma en la mano...
Y en este papel
dejo llover
mis lágrimas otra vez.

El viento se lleva mi voz,
el viento se lleva mi canción,
la ilusión...
Todo.

Si alguna vez fui marinero
dejé mi barca por ti.
Si alguna vez fui leñador
dejé mi hacha por ti,
y te seguí...
Me hice gaviota
y construí para ti
mi mejor rincón,
y te di calor...
como a un gorrión.


                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Madrid, 23/ 2/ 76



CANCIONES [1974] | POEMA DE AMOR



Mi cálida voz
te envía este poema de amor
a ti;
sueño e ilusión
en una canción
que el viento arrastra hasta tu cabello
y te dice aquello
que te dije yo.

Mi cálida voz
te envía su calor
a ti...
Te envía una flor
sedienta del amor
que nunca encontré,
que siempre perdí;
confieso que sí,
una vez lo sentí...

Y si pudiera volar
y echar el tiempo hacia atrás,
serías mi alborada,
serías tú la amada
de mi ilusión.
Serías como la roca,
que el agua besa en la boca,
con su canción.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 1974


CANCIONES [1975]: CAMINANTE OTRA VEZ


No hay tiempo para lamentos,
pronto me marcharé
en busca de otros vientos
¿Dónde iré? No lo sé.

No tengo tiempo para nada,
aún menos para ser feliz,
lloraré cerca de mi almohada
donde nadie me pueda oír...

No te preocupes, paloma,
buscaré otro monte, otra loma.
Otra tierra,
otra sierra,
un lugar donde poder morir.

Vuelvo a ser caminante,
caminante errante,
que bebió en tu estanque
al pasar...

No hay tiempo para tristezas,
tampoco nada por qué llorar,
si ayer fuiste mi grandeza
hoy no la quiero olvidar.

El tiempo marchará
y yo me iré detrás
envuelto en el olvido,
para ti, quizás...

No sufras, mujer,
si alguna vez tengo sed
pararé en el camino
para beber mi ayer.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Madrid, 1975


CANCIONES (1974): PODER VIVIR O MORIR DE AMOR

Qué tibia es la tarde
bajo un fuego de luz,
dos bocas que arden
bajo el cielo azul.
La dicha más grande
fue vivir nuestro amor;
encontralo una tarde,
sentir... sentir tu cuerpo junto a mí
en esa noche de abril.
Soñar y así, poder vivir,
o morir de amor.

Qué clara es la noche,
qué claro está el mar;
dos cuerpos pasean
sin dejarse de mirar.
En las noches de estío
las estrellas nos ven
y alumbran el sitio
donde te besé...



José Hdez. Meseguer.
Murcia 1974.

CANCIONES (1976): ELEGÍA A JUAN DE DIEGO


Ese es su mundo;
siempre el mismo paisaje,
como un cuadro de papel.

Ese es su mundo;
versos con sabor a miel
y elegías para aquel
que lucha por su libertad.

Sus poemas, su guitarra...
le hicieron poeta de verdad.
Le hicieron más tierno en realidad.

Ese es su mundo;
una fría habitación
con barrotes por canción.

Ese es su mundo;
entre su soledad
y nuestra amistad.

                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Madrid, 18/ 5/ 76



CANCIONES (1975): MUJER MENDIGO

Está quemada y no es del sol,
está asfixiada y no es del calor,
está hastiada
y corrompida
por lo que anida en su corazón.

Fue turuta en un grupo blues
y prostituta en un puticlub.
Fue de todo y no fue nada,
excepto hada
de su canción.

Y se quedó tumbada allí,
en el olvido.
Sola en su ayer sin olvidar
que ha sido
lamento del viento.

Una lucha en su interior,
resistencia con su pudor,
para no vender su cuerpo
como tantas veces lo vendió.

Un forcejeo que no llegó,
un intento que no alcanzó.
Una vaga ansiedad
que cae y rompe su verdad.

Y se quedó tumbada allí,
en el olvido.
En un rincón,
sin su canción,
sin un amigo...
mujer mendigo.
                                                                              

José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Madrid, 2/12/ 1975


CANCIONES (1975): ABUELO



Viejo bronce que enmohecido
gime herido
a los golpes del badajo...
¡Ding! ¡Dong!
Arriba y abajo,
con trémulo sonido.
Y a ti, abuelo querido,
dicen adiós.

Campanario,
centenario,
entre dos olmos y un ciprés,
que te dan sombra en verano
y en otoño hojas al caer...
Cuando empieza a atardecer
el campanario
se queda solo y sombrío.

¡Ding! ¡Dong! Doblan las campanas.
¡Ding! ¡Dong! Y a su son,
vuela un gorrión sobre mi balcón.

Las campanas tocan preludio
a ese albor enrojecido,
a esas cigüeñas que se han ido
de su nido,
por volar
y surcar
el cielo azul...
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Murcia, 23/ 5/ 75


CANCIONES (1975): EXTRAÑA MUJER

Mujer que sola caminas,
y te ocultas de los demás,
buscas la noche como amiga
de tu triste soledad.
Un llanto que el viento
se lleva al pasar,
un cálido aliento
sobre las olas del mar.

Mujer, así eres tú, mujer...
Eres tú, esa extraña mujer
con sonrisas de miel
sobre mí...
Eres tú, esa extraña mujer
que todos alguna vez
tuvimos y dejamos después.

Mujer que velaste mis sueños
y cuando desperté,
al no hallarte conmigo,
te juro que lloré.
Y ahora marcharás muy sola
y entre la bruma,
como un mar de espuma,
con la noche, tú te irás...
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Murcia, 31/ 5/ 75



CANCIONES (1975): INFANCIA AZUL


Recuerdos de niño,
infancia de ayer,
jugando felices en el huerto aquel.
Tardes de antaño
jugando con los años,
aprendices de hombres,
ignorantes en desengaños.

Todo pasó, ingenuamente pasó.
Y luego, cuando el tiempo me hizo mayor,
comprendí la vida,
lo comprendí todo.
Por eso, me pregunto,
¿No es mejor tener una infancia azul?
¿Dónde quedó mi infancia azul
y aquellos años de juventud?

Días de verano
correteando ya bien temprano.
Y siempre, detrás de alguna,
de nueve a una.
Juerguistas y gamberros,
apedreando a los pobres perros.
Sinvergüenzas, comilones,
éramos únicos robando membrillos y limones...
                                                                           



José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Murcia, 26/ 4/ 75

CANCIONES (1975): YO QUEDARÉ EN TI


Yo quedaré como esa ola
que va a la playa para morir.
Así, quedaré yo en ti.
Yo quedaré como una sombra en tu alcoba,
como una voz que a cada hora
has de escuchar
y martilleando tu ser,
te hará enloquecer.

Tú echarás a correr
hasta el umbral
de tu portal.
Y a escondidas, de rodillas,
a medias con la noche,
te hará llorar.
¡Quedaré! ¡Quedaré! ¡Quedaré!
Yo quedaré en ti
como las huellas de un pescador.
Huellas, huellas de amor
en la arena de la pasión y del dolor...

Y aunque el tiempo ponga en sus manos
muros de sexo y olvido,
yo, seguiré contigo.
Y aunque la distancia vuele en el viento
mi alma es sentimiento
e irá contigo
rompiendo ese olvido
y volviéndote a renacer
los momentos del ayer.
                                                                            




José Israel Hernández Meseguer
Canciones
Murcia, 10-11/ 3/ 75


CANCIONES (1976): SABOR A TIERRA



Cartas de amor,
me saben a un seductor,
embustero y soñador.
Una mujer,
me sabe a agua
que no debes beber.
Y mi camino y mi tiempo,
me saben a lamento.

Una hoja al caer,
me sabe a mi mañana que es mi ayer.
Las olas del mar,
me saben al sueño que no pude alcanzar.
Y mi cantar...
Mi cantar me sabe a vago predicar.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid,19/ 2/ 76