domingo, 24 de agosto de 2014

ÁLTER EGO | LA ESTÚPIDA DEMENCIA DE LOS MUERTOS [1]



... Y al observar sus cadáveres flotando,
amontonados, en los márgenes del desprecio
o la felonía,
la verdad se me arrodilla
y descubro sin acritud, ni lágrimas, ni sangre, ni hipocondría...
sólo desde mi silencio, casi de puntillas,
todas las causas...

Y es que, en realidad, los besos que se creían olvidados,
cuando las caricias eran deliberadamente evitadas,
sencillamente ya se han derramado,
suaves, pero en otras camas
cuando la liturgia del amor, ahora aletargada;
ahora, mustia y paralizada,
ha cobrado ríos de lujuria desenfrenada
en lechos furtivos de noche apresurada.

Pero yo no, yo no estoy muerto. He sobrevivido
a la traición, y a ti, amigo, te lo digo.
No han podido
quitarme lo intacto, lo cierto.
Sólo, si acaso, cierta estable rutina.
Sólo, si acaso, de mis pasos cierta huella.
Sólo, si acaso, de la mañana cierta bruma.
Sólo, si acaso, de la tarde cierta neblina.
Sólo, si acaso, de mi noche cierta estrella.

Por eso os veo muertos.
Muertos por fuera,
por dentro tan muertos.
Como si el motivo pareciera
que vale más que ellos
o que ellas.
De todos, ése es sin duda, tu mayor error;
tu mayor equivocación, tu mayor deslealtad:
dejar de quererte,
dejar de creerte,
dejarte dejar...
Dejarte de amar.

Y atiéndeme bien: si sus cadáveres flotan
¡Por Dios, no los escuches, no los sigas!
Porque sus angustias, sin embargo,
van a tirar de tu apaleada voluntad
como sirenas locas,
como ecos enloquecidos y dementes
hacia el foso donde se amontonan sin piedad
los perdedores. Los que sin saberlo ya perdieron,
sólo porque equivocaron
besos en busca de besos
y bocas en busca de bocas...



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
In Memoriam de Pedro González Lorca




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