martes, 26 de agosto de 2014

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | DILE, AMIGO...



Dile, amigo, si algún día la ves, que deje de sufrir.
Que el verano pasó. Que también se deslizó al otoño.
Que un cielo frío y rojo trajo el invierno. Que ha pasado un año.
Que, muerto el amor,...
¡Corta vida al rencor!
Toca sin más remedio vivir...

Dile, que un viento gélido se fue llevando poco a poco
las heridas, los llantos, las milongas de este loco.
Los trozos, las tragedias, el recuerdo, los malos sorbos del pasado.
Que este mismo viento, golpea ahora con fuerza
la ventana de mi soledad, mi verso derrotado.
Que este mismo viento trajo, con paso lento, una inacabable tristeza.

Dile, que yo también me siento, a menudo, en el derrocadero.
En el abismo donde se liberan de golpe los cobardes, los suicidas,
los que han perdido la esperanza por culpa de sus heridas...
Que me siento tan agobiado como un pez en un maletero.
Tan indefenso como la oveja ante la mirada sádica del carnicero
en este inhumano atolladero que tanto me ha comido la cabeza.

Y que, únicamente, cuando llevo más de una cerveza
y su regusto amargo humedece mis ojos de patética plañidera;
o me gana la partida finalmente la melancolía,
o la euforia que me provoca hasta justifica con cantos su felonía,
la puñalada, la estocada, la traición de sus caderas...

Dile que me siento como un náufrago sin isla.
Que sólo me quedan pedazos, fragmentos, esquirlas
de lo que fue un corazón. Que me siento como un bombero
sin manguera en este frenético incendio.
Que, a veces, me consume. Y otras, consumiendo lo apago,
a tragos, mientras naufrago
perdido en mi propio vilipendio.

Dile, que en ocasiones, la he buscado en el fondo de los vasos,
creyendo que todo fue un mal sueño o una pesadilla.
Que he buscado su rostro, su imagen, en el alba, en el ocaso...
Pero que, enseguida, la realidad atroz, como una feroz cuchilla,
me devuelve veloz de nuevo a mi fracaso.

Pero dile, también, que ya no lloro como un idiota, como un gilipollas.
Que eso se acabó, que no me quedan lágrimas para ella.
Que ya no me aboco al abismo de mi angustia ni persigo su huella.
Que he encerrado mi corazón en un oscuro calabozo.
Que he tirado la llave al fondo de la indiferencia, al pozo.
Al océano de la rutina. Que he calcinado mis emociones a lo bonzo.

Que he amurallado de una vez mis sentimientos.
Que me he vacunado contra esa necia fiebre.
Que he circuncidado con la maestría y la destreza de un orfebre
esta estúpida víscera, si puedo, desde ahora, hasta siempre...

Que ahora sólo sobrevivo como un "Rambo" en el día a día.
Sin preguntas en esta jungla de asfalto, en esta jaula de locos.
Sin ocuparme ni preocuparme de esta sociedad, de esta cofradía.
De este lienzo falso y deslucido. De este pañuelo lleno de mocos.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
22 de febrero de 2008



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