martes, 26 de agosto de 2014

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | HACE AÑOS PREGUNTÉ AL AMOR UNA TONTERÍA [2]



Hace años pregunté al amor si había llegado ya.
Únicamente el silencio respondió.
Subí al vértice más alto de mi universo, a mi atalaya.
Pero sólo la soledad callada se manifestó.
Busqué entre los restos de mi naufragio: en mis poemas.
Examiné mis pasiones, mis errores. Bajé a mi playa.
Exploré en su extraña marea, que es el tiempo; elemento
que, sin duda, nos devuelve siempre a la orilla los restos
de tiempos pasados, de experiencias, de amores siniestros...
Y, una vez más, sólo el silencio respondió con voz de silencio...

De eso, claro, hace ya algunos años.
Ahora sé que fue una tontería.
Lo fue, porque entonces, aún soñaba, aún pretendía.
Lo fue, porque entonces, ingenuo de mí, aún concebía
con ansia la espera; la llegada del amor a mi isla, a mi vida.
Una vida en erupción que mantenía incandescente la llamarada.
Pero mi alma, incauta, en su loco afán por amar, no sabía nada.
Aún no había sido suficientemente traspasada.
Aún no había sido víctima suficiente de la felonía y el desengaño.
De eso, claro, hace algunos años.

Todo eso, sin embargo, quedó muy atrás; latiendo si tú quieres,
pero de forma imperceptible. Adormecida.
Pasó. Pasó como pasa la fiebre, la calentura.
Pasó como pasa casi todo aquello que pretendemos olvidar.
Como pasan, fugaces y breves,
los buenos instantes.
También la larga sombra de la desventura...
Ahora... ahora sólo quedan rescoldos.
Invocaciones del pasado. Sólo evocaciones. Cenizas.

Fantasías, ilusiones, reflejos falsos de las tardes cobrizas.
De las tardes de juventud que ardían como un volcán dentro de mí,
en las tardes en las que ambicionaba creer en ti...
Pedazos de sueños convertidos en remiendos, en jirones.
Pequeños trozos transformados en poemas, en canciones.
En recuerdos. A veces indelebles. A veces insoportables.
Intangibles. Fatalmente indestructibles...

Ahora que sé que sólo me queda este día a día,
hasta la llegada del ocaso
y toda mi memoria. Ahora que más sabio que ingenuo repaso.
Ahora que creo que mi vida sólo ha sido una dolorosa utopía,
me dirijo a ti sin odio, sin rencor, sin tristeza ni melancolía.
Más, también, sin amor ni sangre en las venas.
Me enfrento a ti, sí, te invoco sin miedo apenas.
Me rindo sereno, aunque triste, a la realidad.
Con la mochila repleta, llena
de historias que contarme y que contar...

Os presento: aquí, mis sueños convertidos,
mis delirios desmedidos,
mis angustias más obstinadas e irreverentes: mis Poemas.
Aquí, mi Verdad...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
13/15 de enero de 2008

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