martes, 26 de agosto de 2014

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | LA MIRADA DEL ESPEJO [EL MOTIVO].



Tengo un espejo oculto entre la multitud
que aúlla en silencio afónicas palabras de angustia
a la sombra de mi sombra.
A la sombra de mi Sol, a la sombra de mi luz.

Un espejo de ojos ocultos para los demás. Miradas de sal.
De llamadas antiguas que se asoman a mi pluma.
De miradas heridas que caminan de puntillas en mi bruma.
Un espejo que destella como el filo de una navaja en la oscuridad.
Que galopa como un alazán de crines níveas en la serenidad.
Que se aquieta en la revuelta y se subleva irónico en la debilidad.

Un espejo inalcanzable para la gente superficial y anodina
que nace, vive y muere sin más. Gente gris que camina
por el mundo a lomos rucios de su propia estupidez,
enfundada en el insoportable traje de su memez.
Sin nada que transferir.
sin nada que aportar, sin nada que añadir.

Tengo un espejo que me mira y se burla. Que arranca
pedazos de mi alma y los tiende sobre hojas blancas
en una peregrina liturgia de agonía y danza.
Un espejo que se rompe gritando silencios y sangra
poemas malheridos en este naufragio sin apenas esperanza.

Un espejo que devora sin clemencia mi sosiego, mi calma.
Un espejo suicida
que me asesina, que me arrebata la vida.
Que mata
al hombre que soy para hacer emerger desde la tiniebla al poeta.

Tengo un espejo que se agrieta en mi mirada
cuando ya no queda nada.
Un espejo absurdo que me advierte
del vértigo, de la inquietante soledad que me produce la gente.

Un espejo que me persigue,
que me hostiga,
que languidece,
que se retuerce bajo mis dedos.
Que se divierte
con mis heridas,
mientras gotea despacio, sin prisa,
desde el fondo más hondo de mis entrañas,
un imparable exceso
de melancolía.
Un espejo que me araña
versos,
mecido en los hipocondríacos brazos de la hipocondría.

Que brota silente en la noche como un ladrón.
Que trepa suave hasta el balcón
de mi recuerdo herido y maltrecho. Que se desliza
ante mí, sobre mí, con piel de seda y corazón de hiena,
en un vuelo de tristeza.
Y yo, casi siempre, cautivo de mi torpeza,
me dejo llevar, me dejo ir.
Es así, como preso de mí,
comienzo a crear, hermano mío, comienzo a escribir...



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
Diciembre 2007




4 comentarios:

  1. Está muy claro que sí... Un fuerte abrazo.

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  2. Todos tenemos esa clase de espejo, aquel que nos devuelve esa imagen nuestra que ocultamos a los demás y a veces incluso a nosotros mismos- Esa imagen que no queremos ver. Gracias me ha encantado

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    1. Muchas gracias, Scherezade, por tus amables palabras. Coincido plenamente con tu opinión. Abrazos.

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