domingo, 25 de marzo de 2012

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | COMPAÑERA MÍA...



Porque tú eres, compañera mía,
parte de la bruma que hierve en el horizonte
enrojecido y de la agonía
de mi aliento,
de esta tarde que se me muere en silencio...
De mi lamento.

Porque formas parte de ese atardecer
cargado de versos,
de soledad... De mi cárcel de soledad,
de mis miradas errantes, vacías,
de mis lágrimas amargas, de mis gaviotas perdidas.
Y porque tú, compañera mía,
eres el destello sutil que ilumina mis días,
te amo.

Sí, te amo.
Te amo, porque eres mi playa
y yo tu gaviota herida.
Te amo porque eres incienso en la neblina.
Te amo porque eres el camino
de mi pluma peregrina.
Porque haces más tierna mi soledad con tu mirada,
con esa mirada profunda, lejana,
Inquieta, llena de rayos de luz.
Llena de un fuego
que abrasa mis dedos en celo.

Te amo. Te amo, compañera mía,
porque eres mi cielo más azul
y mi noche más ardiente
cuando me pierdo en tu piel,
cuando naufrago en tu piel...
lentamente.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 11 de septiembre de 1979


SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | SOMBRAS...



Sombras.
En esta tarde que se quema en el cielo,
siento sombras.
Sombras en esta tarde amarillenta.
Sombras que queman mis ojos.
Sombras en esta tarde cenicienta.
Sombras que hacen volar mis gaviotas
en esta tarde casi yerta
y polvorienta.







José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 4 de agosto de 1979

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | LA MÚSICA...



Esta música me hace tanto recordar,
que me lleva a naufragar en un mar
poblado de nostalgias de amarga sal...
Tu música, tu música,
tus ecos...
La profundidad de tus notas,
la melancolía de mis recuerdos.

Mi habitación;
en el tocadiscos, una canción
de Clifford T. Ward,
o Pink Floyd,
o Bee Gees,
o Barry White.

Una melancolía
flotando en el aire:
hipocondría.
Me invanden las notas.
Mi vista, perdida y rota,
en el cielo del techo.
En mi pecho,
una pena,
en mi arena...
en mi arena...
Dios mío, ¿en mi arena, qué?
¿Qué sentía? ¿Por qué moría?
¿Qué sombra me abrasaba?
¿Qué silencio me ahogaba?
¿Qué dolor crepitaba...?
Dios mío... ¿De qué moría?




José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Abril, 1979


SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | TE AMO



Hoy voy a decirte que te amo.
Y voy a decírtelo sencillamente así: te amo.
Hoy necesito de ti.
A veces pienso, que eres para mí
como esa bellísima luz cálida al atardecer;
como esa luz pálida y bordada en oro
que hierve en el horizonte.
Y me marca, sin darme cuenta,
la silueta y el camino... Mi camino.

Te estoy amando.
Me conduces, sin darte cuenta,
por tus veredas,
y es que... te sigo amando.
Eres como esa playa blanca,
donde, sin darme cuenta,
me vas llevando;
como una ola perdida,
como una gaviota herida...
¡Qué más da...!
Me muero amando.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
19 de junio de 1978


MIS GAVIOTAS | EPÍLOGO



Ese mismo viento que me trajo, me arrastra.
Y lo hace lentamente, deshilando
las ilusiones de los fracasos.
Y yo, desde mi cárcel de soledad,
me elevo hacia la luz.
Las siento más leves,
siento alas en mis cadenas de plomo...




José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 13 de julio de 1978.

MIS GAVIOTAS | DE UN TIEMPO ANTIGUO...



Calles de piedra
ajusticiadas por el tiempo.
Viento antiguo,
muerto en sus callejas de hiedra.

Casas decrépitas,
infinitamente viejas,
amarillentas
hasta la médula sus tejas
por un tiempo antiguo
de tenues candilejas.

Me voy. Os dejo:
mis sueños de vencejo
me exigen volar...
Gorrión amante de cielo.
Gaviota amante del mar.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda (Jaén), 1978


MIS GAVIOTAS | DE MIS HORAS HACIA EL SILENCIO...



Yo sé que tú,
pintas de azul,
la alborada
y también, de violeta y encarnado,
ese cielo casi apagado
que declina.
También sé
que das tiempo a la neblina
que lame los campos
mientras el sol se inclina
y la escarcha aproxima
sus gélidos mantos.

Y sé
que dejaste
enredado en tus horas
mi infancia,
y en el viento mis ansias
de volar.
Y un día, sobre el mar,
la melancolía
de mi primera poesía;
allí, en la arena,
mi primer verso,
mi primer poema.

Yo sé que tú
me diste la luz
cegadora,
gaviota voladora,
y un candil
para mis noches de abril,
y también una turbia edad
donde equivocar mi verdad...

También sé,
que con los años,
me diste unos peldaños,
que nunca llegué a terminar
y por eso, quizá,
las horas se me pusieron al revés
y me invitaron a volar,
de mar en mar,
para no volver.

Y sé, y supe desde el primer momento,
lo que era luchar contra el viento.
Y el vuelo absurdo
y un poco curvo
que tomé.

Yo sé,
que tú,
me guías,
me conduces,
me lastimas
y me produces
soledad.
Y también,
algunas veces,
llanto,
canto,
agonía,
alegría
y felicidad.

También sé,
que algún día,
encorvarás mi figura,
llenarás mi rostro de arrugas,
y me llamarás
cuando creas
que ha llegado mi hora...
Y sé que me encontrarás
con la mirada errante y perdida,
ausente y vacía,
en el fuego de unos leños,
quemando, uno a uno, todos mis sueños.

Llegará el silencio.
Las paredes se cubrirán de sombras.
Y todo habrá terminado;
un viejo péndulo parado
marcará cualquier hora
en el reloj...

Y a continuar:
yo sé,
que tú,
pintas de azul
el cielo y el mar...



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.

MIS GAVIOTAS | SOLO...



Solo.
Solo y sepultado entre las sombras
que se proyectan
a las estrellas.

Solo.
Solo naufragando
entre las crines del viento
hacia el firmamento.

Solo.
Solo bajo esa luna de gélidas miradas
que araña tus murallas
e ilumina tus lanzas olvidadas
por la ansiedad y el pulso aceleradas.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978

MIS GAVIOTAS | LUZ DE SOLEDAD...



En aquel mar de silencios,
aquella tenue, triste y trémula luz,
robaba un poco de agonía
a la oscuridad
que inundaba
todas las galerías.

Sólo flotaba, en medio
de ese océano de sombras,
un intenso rubí que cantaba
silencios por bulerías.
Luz. Luz de mis noches frías.
Luz, que con tus halos amarillentos,
das caballo al viento.
Melancolía...

Rompes la ventana en un beso
e iluminas el metal
hasta el fuego.
Luz de sal
que me duerme luego.

Ladrón de oscuridades.
Espía de mis soledades.
Conocedor de mis verdades...





José Hdez. Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


MIS GAVIOTAS | CAMPOS...



                                                                     Campos... Antonio Machado.


Campos cubiertos de melancolía.
Antonio, tus campos traslucen agonía.
Antonio: tus campos y los míos.
Los tuyos, un día,
los míos, todavía.

En tus campos terriblemente yertos
para los demás,
terriblemente muertos,
vuelan mis gaviotas.
Son como un mar;
dulce, quieto.
Son olas ocres y azules,
desnudas para los demás,
para mí, vestidas de sedas y tules.
Son como un océano;
infinita laguna.
Para los demás, sólo campos con nubes,
para mí, islas de espuma.





José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


jueves, 22 de marzo de 2012

MIS GAVIOTAS | CUATRO MALVAS



Las gaviotas del Este
bordaban el amanecer,
mientras un campanario
recortaba su rostro centenario
en un lebrel de alba...

Aquel árbol arañó la mañana
desde mi ventana
de la soledad.
Hirió con sus ramas
los colores violáceos y azules
que, como llamas,
incendiaron la aurora.

Gaviota del Oeste,
apagas
las últimas candilejas del cielo
con tu vuelo
triste.

Anochece.
Gaviotas verdes, azules y rojas,
dibujáis el cielo cuando oscurece.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


MIS GAVIOTAS | EL MERCADO



¡Vengan señores,
vengan ustedes..!
Tenemos de todo
en este mercado
de jueves a jueves:

Un cielo de lodo,
estrellas de barro,
y para cabrones
cuernos muy largos.
Tenemos paracas,
legionarios,
y fantasmones
legendarios.
También garrulos
y hampones;
chulos,
chorizos
y ladrones.
Y por el precio de dos duros,
¡verdaderos maricones!

Reprimidos,
frustrados,
retorcidos
y trastornados sexuales,
¡aquí, por dos reales!
Payasos, guasones
y gilipollas,
¡Por tres pesetas,
seis montones!

¡Vengan señores!
¡Miren qué suerte!
Tenemos de todo,
toda clase de lodo,
en este mercado
de la escoria y de la peste.
Aquí se compran y se venden
las personas como peleles,
¡a precio de cordeles!
Borrachos,
maricas y machos.
Pordioseros,
peloteros,
rateros
y escarabajos patateros.
Conservadores,
revolucionarios
y parásitos
sedentarios.
Radicales
con apego,
inconformistas,
y "altruistas
del ego".

¡No se preocupen, señores!
¡Cómprenlos sin temor!
Están vacunados contra esa terrible enfermedad...
¿Cómo se llama..?
¡Ah, sí...! Humildad.




José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.



MIS GAVIOTAS | TÚ, VACÍO



Tú. Tú, vacío.
Vacío como los demás.
Caminas, hablas,
vives vacío.

Giras en la órbita, en la órbita del silencio.
De la luz triste y enferma,
de la luz sin llama interna.

Te mueves por impulsos, vagos, sin vida.
Autómata. Nada, nada hiere tus heridas.
Tu mundo: paisaje yermo.
Sin árboles, sin vida.
Yerto.
Sin valor, no tienes el suficiente valor
de mirarte al espejo.
No, no verías nada.
Una profunda soledad.

Tu vida, tu estúpida vida... ¿Para qué vives?
¿Por quién vives? ¿Por quién...?
¿Por quién, si no tienes nada?
Tu vida está vacía.
Fantasma. Eres un pobre diablo,
un estúpido ser que quiere ser
y no es nada,
absolutamente nada.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


MIS GAVIOTAS | UNO A UNO...



Me das pena pero me callo.
Siempre me callo. Reventaré.
Demasiado bien ves tus cadenas,
te las diré;
eres un niño, sólo un niño,
con aires de triunfador,
de atleta, de guerrero, de luchador.
De galán,
de don Juan,
de místico pensador.
De jugador
y vencedor en el amor.
Presumes y te creces
de lo poco que sabes
y supones
de lo mucho que ignoras.

Eres un niño,
un niño que quiere sabérselas todas.
Que ha visto el mundo
muy fácil por un agujero,
pero...
No es así,
eres un charlatán,
un fanfarrón,
un Juan
sin don...

Me das pena,
aunque, en el fondo te aprecio,
eres buena persona.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.


MIS GAVIOTAS | ENCUENTROS...



Noches blancas
de angustias blancas.
El océano negro permanecía inmóvil.
Se contemplaba en su espejo blanco.
Tenues luces me marcaron el sendero.
mientras partía con el rostro
mil espadas de acero.

Un hospital.
Un hospital para leprosos moribundos,
enfermos, vagabundos...

Primera puñalada:
un inmenso corredor vacío,
con cientos de tumbas verdes.
Primer hastío.
Agonía: me abrasa la garganta
en el frío de esta noche enferma.
Diez, veinte, treinta, cuarenta...
¡Cien,... mil siglos! ¡Mil soledades!
¡Un millon de manos macilentas
quiebran mis cervicales...!

Segunda puñalada:
la alborada.
Bajo un cielo mortecino
pasean mil cadáveres sin destino.
Caras amarillentas.
paso lento,
ojos sin fondo,
opacos. No brillan.
En el suelo blanco nos encontramos.
Y nos miramos sin vernos.
Sin vernos, nos odiamos.
Gritos, amargos gritos de mi alma.
Risas huecas, vacías.
Vacías como sus vidas.

Calles infinitas, vacías.
El cielo y el suelo son del mismo color.
La gente es del mismo color.
Brama el océano
y quedan sólo miradas errantes
y vacías.
Nadie. No hay nadie. No habrá nadie.
Aunque haya mucha gente. Nadie.

Cien mil rayos queman la noche.
Cien mil espadas de acero
asesinan la noche.
Los vahos escupen soledad.
Y lo único primitivo es un vaho,
menos pestilente,
que el vaho de sus huecos.

Corredores en las sombras.
Soledades en las sombras.
Vacíos en las sombras.
Detrás de los cristales
empiezan a resbalar las ilusiones;
se han roto bajo mis pies
los intentos de luchar.
Muertes.
Sólo hay almas condenadas. Gentes.

Llega el silencio. Única agonía soportable
en un cementerio.
Oscuridad. Llanto en la oscuridad.
Muerte, áun más muerte.
Y yo, en medio de la muerte, agonizo.
En medio de las sombras, me pierdo.
Rompo en mi llanto
la última esperanza
y no siento
más que deseos de llorar.

Se abren mis noches
con un día
que me castiga.
Un día oscuro y vacío;
primer, segundo,
tercer hastío.
Y creo que ya son mil.
He dejado de vivir
y no me siento.
Se ha perdido
mi mirada en un firmamento
sin sentido,
absurdo.
Las aguas estancadas
empiezan a pudrirse en el lodo.
Empiezan a dibujarse en sus patéticos rostros
risas histéricas,
esquizofrénicas,
trastornadas,
risas amargas,
sin vida.

Comienza mi muerte.
Mis terribles reflexiones.
Continúa mi agonía:
llaga que ya no acierto a sentir
en mi cuerpo.
Mi cuerpo ya no es mi cuerpo,
es llaga.
Llagas. Sólo llagas.
Llagas sin sangre,
llagas de mi alma.
Llagas de gente.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.

MIS GAVIOTAS | SOLEDAD, SOLEDAD, SOLEDAD...



Se quiebran las palabras en mi garganta
cuando trato de explicar, lo solo y hastiado que me encuentro.
En medio de una euforia cargada de lágrimas, siento
como me hierve esta piel enferma que me abraza
y me produce tanta soledad…
Soledad, soledad, soledad,…
Me haces beber el cáliz de amargura.
Me haces vomitar versos.
Me haces vomitar soledad.
Me haces tomar sueños que anulan el miedo
que me produce la gente.
Y en el miedo de las quimeras, navego
y naufrago.

Y se rompe el silencio,
y se ahogan las palabras.
Sólo quedan las brumas
para aquellos que las buscan.
Y hablan los ojos para darme su indiferencia,
mientras los míos,
hierven entre colores,…
¿Cómo explicar esta agonía?
Envidio al payaso y al que se hunde
en el alcohol,…y me dan asco.
Danzando tristemente se sumergen por miedo…
¿Me uno a ellos?
...Tengo, siento tanto miedo en este carnaval de angustia...



José I. Hernández Meseguer
Úbeda, Jaén, 1978


MIS GAVIOTAS | LA EXTRAÑA NOSTALGIA



Un cementerio.
Un profundo, oscuro y solitario cementerio.
Un cementerio con cuatro malvas:

Las gaviotas del este,
un árbol crucificado
que arañaba el sol al amanecer.
Las gaviotas del oeste: atardecer.
Y este
paisaje yerto
y yermo
que me ha devuelto
la extraña nostalgia
de llamarme Israel.




José Hernández Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978.

domingo, 18 de marzo de 2012

MIS GAVIOTAS | VIENTO DE ENERO



I

Unos fingen,
otros callan.
Unos ríen
y otros ensayan...
Y otros no saben cómo decir,
ni con qué voz;
"Hasta luego, bueno,
adiós...".

Se me consumió
el tiempo en las manos.
Viento de enero.
Nuevo camino,
nuevo sendero.
Llanto.
El llanto es sincero
cuando brillan los ojos.
El llanto es puro
cuando hablan los ojos.

El tiempo se quema
como una vela
en el reloj.
He de marchar.
Volar.
He de volar las sierras,
he de buscar nuevas playas.
Nuevas tierras.
Nuevos amaneceres,
nuevas soledades
mirando las estrellas
entre los cañaverales.

II

Mi habitación,
mi guitarra,
las paredes que arañan,
que vieron tu desnudez.
Mi ironía,
mi infancia,
mi estupidez.
Mi soledad,
mi verdad,
mi niñez.
Tus cartas de abril,
mi llanto infantil,
mi desesperación,
mi canción.
Mis cadenas,
mis penas,
las miserias
de mi corazón.
Los momentos de gozo,
de amargo sollozo.
Los momentos de amar,
de conversar con Dios.
De sufrir,
de sentir,
de saber que éramos dos;
unas veces mujer,
otras canción.
Besos de miel,
u oscuro rincón.

Todo queda atrás;
mis agonías,
mis tristezas... y mis alegrías.
Me marcharé detrás
de esas nubes de color de miel.
Deshilando la tarde,
dejando en el aire
mis besos de hiel.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Murcia, diciembre 1979.

MIS GAVIOTAS | VOLANDO AL ALBA



Uno, dos, tres,
y así, hasta diez.
Soy feliz,
quiero olvidar mi ayer.
Ríos de risas.
Ríos de espumas
y entre mí, brumas.

Quiero encadenarme
volando al alba.

Son las once y cuarto
pero el cielo está rojo.
Rojo de sangre.
Rojo de muerte.
Rojo de cuarzo
rojo.

Divina bóveda
de mi soledad.
Tardes enteras
en el más infinito silencio.
Noches de fuego
estallan
en el oro negro
de mi guitarra
la soledad.

Los ecos quiebran el silencio de las bóvedas
con un trueno de queja amarga
que la noche alarga
hasta las estrellas.

Palabras.
Gente.
Murmullo.
Barullo.
Ojos que espían,
ojos que asedian,
ojos que critican,
ojos que envidian.
Y ojos que llevan
en su iris la nostalgia
y la melancolía.

Canto.
Canto y llanto
queman el silencio
helado
de la noche.
Broche
de soledad.
Silencio.
Oscuridad.
Todos se han ido.
Silencio.
Silencio,
sólo se oye la voz
del silencio.
que ahoga el cielo.

Los ojos,
los labios,
las manos
se buscan en silencio.
Se hallan en silencio.
Y se aman en silencio.

Yo alcanzo el alba
solo.
En una vaga esperanza.
En el fuego de un sueño...
En un sueño de agua.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Murcia, diciembre 1977.

MIS GAVIOTAS | GORRIÓN AL VIENTO



Gorrión cautivo.
Gorrión herido.
Sólo gorrión.
Gorrión solo. Sin nido.
Sin un amigo
con quién volar,
con quién llorar.
Sin un aliento,
sin una brisa,
sin un mal viento
al qué seguir.
sin una nube qué alcanzar.
Sin un amor al que decir:
Volemos hacia el mar.

Gorrión triste
de mirada triste.
Errante.
De mirada errante.
De mirada ausente.

... Llega el invierno.
Atardeceres rojos
manchando de sangre
el horizonte.
Solitaria barca navegando el cielo
en el crepúsculo.
Tu vuelo, gorrión,
se te hace curvo
y el reloj del tiempo
quiebra tu vuelo.
Solo.
Cae al suelo, solo.

No preguntes
por qué
ni al mar,
ni al cielo,
ni al solitario alero
que te vio nacer.
Ni a mí.
Ni tan siquiera a mí.

Si preguntas al tiempo
te dirá; lo siento.
tú quisiste ser
solitaria barca navegando el cielo
al atardecer
... Gorrión al viento.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, diciembre 1977


viernes, 16 de marzo de 2012

MIS GAVIOTAS | GAVIOTAS DE OTRO MAR



Melancolía,
soledad,
agonía
de saber la verdad.
Gaviotas de otro mar,
olas de otras playas...
¡Calla!
¡Déjalas volar!
No es este su cielo al clarear,
ni su mar,
ni su arena,
ni su pena
si su dicha es volar.
Navegar,
surcar el cielo navegando,
volando
por el mar.
¡Déjalas! ¡Déjalas marchar!
No es este ni su cielo ni su mar.



José Hdez. Meseguer.
De mi libro Memorias de un Naufragio.
Murcia, diciembre 1977

MIS GAVIOTAS | AGUA ESTANCADA EN MI CÁRCEL DE SOLEDAD

                                             Era penumbra todavía;
                                             silencio y agonía...
                                             Entonces se rompieron mis palabras...
                                             y volaron mis gaviotas.

                                             José Hdez. Meseguer.
                                             Úbeda, enero de 1978.




Mi soledad comenzó
a pintarme paredes de cal
que, entre llanto y llanto,
fui manchando de suave sal.

Penumbra.
Sombras.
Agonía entre las sombras
de mi cárcel de soledad.
Y, entre huidas,
la trémula y pálida
búsqueda del silencio.
Que, entre sombras,
recorta
la finísima luz yerta
que ilumina
mi cárcel de angustia.
Y, entre todas las tinieblas, la flor mustia
que adormece el agua muerta.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, enero de 1978


... DE TU MELANCOLÍA | CAMPOS DE JAÉN



Desnuda está la tierra, y el alma aúlla en el horizonte pálido... (Antonio Machado)



Hoy he visto los campos de Jaén y me he sentido triste.
Hoy comprendo más que nunca el grito
amargo que abrasó la garganta del poeta.
Ese grito que rompió su alma
a golpes de versos
que también rompieron el aire,
a golpes de llantos
que encendieron su alma.

Hoy contemplo los campos yermos cubiertos de agonía
y siento ese llanto que se escapa,
como un murmullo,
entre las colinas.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978



... DE TU MELANCOLÍA | MADRE



Lejos de tu jardín quema la tarde inciensos de oro... (Antonio Machado)

Madre:
Necesito a menudo
robar el beso tenue y suave
que se posa en estos campos
yermos, cubiertos
de bruma y melancolía,
cuando el sol se quema
en el horizonte
y los colores
languidecen,
para mandártelo
a ti, en un suspiro.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978

miércoles, 14 de marzo de 2012

... DE TU MELANCOLÍA | MIS GAVIOTAS




La aurora asomaba lejana y siniestra... (Antonio Machado)



Nos sorprendió el albor, a mi niñez
y a mí, con la mirada
errante y vacía...
Nos sorprendió ese albor
hipocondríaco, cargado
de azules y violetas
que recortó en el cielo
un campanario yerto.
Era penumbra todavía;
silencio y agonía.
Entonces... se rompieron mis palabras
y volaron mis gaviotas.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


... DE TU MELANCOLÍA | EL SUTIL MILAGRO...



Otro milagro de la primavera... (Antonio Machado)



Aquella tarde de lánguidos resplandores
se apagó entre los alcores
de azulados y grisáceos colores.
Y recortando su figura
inerte, con un ramaje yerto,
arañaba al crepúsculo, casi muerto,
una solitaria higuera.
Una higuera envejecida, verdecida y postrimera,
a la cual dio un beso el sutil milagro de la primavera.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978

... DE TU MELANCOLÍA | SE ME HACEN ALMA...



Fuera, la luna platea, dentro mi alma pasea... (Antonio Machado)



Entre callejas
sombrías
dibujaba su vieja
melancolía
una luna hastiada
que deslizaba
como una sombra fugitiva
sus tibios halos de luz amarga y verdecida.
Y en la penumbra de los paredones
el silencio ahorcaba los colores
que la noche muda perseguía.

Y es entonces, y sólo entonces,
cuando la soledad que me lleva,
al mismo tiempo que me enciende
y me hiere, me aquieta.
Y mi silencio, como mi agonía,
como mi soledad umbría,
se me hacen alma,...
verso, poesía.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


... DE TU MELANCOLÍA | ATARDECER



En la hora de arrebol... (Antonio Machado)



La tarde se envolvió serena
en un tenue manto de neblina
y los pechos azules
que el albor dibujó
ahora, la bruma difumina.
Y solo, y herido,
te dejas arañar
por los álamos del río.
Y te vas muriendo ante mis ojos,
ensangrentado;
manchando el horizonte
de rojo
en tu agonía...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978

... DE TU MELANCOLÍA | MIRADAS DE AYER



Algunos lienzos del recuerdo tienen luz de jardín y soledad... (Antonio Machado)



Ese cielo de labios pálidos
hiere mis latidos...
Y mis recuerdos.
Me hace volver,
con las miradas llenas de ayer,
a una bóveda
poblada
de ecos... de nada.
De llantos,
de cantos,
de tristeza
y tibieza
en la mirada.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978



... DE TU MELANCOLÍA | HOY, HACE CUATRO AÑOS...


Lágrimas vertidas
     por un amor juvenil,
              cual frescas lluvias caídas
                sobre los campos de abril...
                                       
  (Antonio Machado)



Hoy, hace cuatro años.
Hoy, hace cuatro otoños.
Yo aún era un crío
que soñaba y creía en el amor.
Que lanzaba mis gaviotas bajo el cielo
rojizo al atardecer
y mientras se fundían
retozando en el horizonte,
bebiéndose
sorbo a sorbo los halos de luz amarga,
creía y amaba.

Y mis ojos tristes, hoy apagados,
perseguían
en su locura de volar
lo que hoy es sólo fantasía.
Yo era un crío todavía,
con una sonrisa dibujada
en los labios
y un alazán en el alma.
Y un viento de primavera
que se quemó en su carrera

Y por ser algo, fue murmullo;
una quimera.
Y por no tener,
y por no quedar,
no me quedó
un dios en el que creer...
Ni qué amar
que no fuera tuyo.

Y me quedé solo y vacío
con el llanto entre las manos.
Comiéndome a pedazos
los últimos retazos
de lo que fue nuestro...
Y se borró mi sonrisa.

Y buscaron otro mar mis gaviotas.
Y fueron pasando los años.
Y fueron pasando otoños.
Y te buscaron mis manos
que te hallaron en mis sueños.
Sólo en mis sueños.

Y hoy, después de tanto tiempo,
después de tantas ilusiones como arrastró el viento.
Hoy, que sé que soy viejo
sin mirarme al espejo;
hoy que mi futuro
se fue marchando detrás de tu pasado
y mis poemas de amor
quedaron enredados
en tus cabellos...

Hoy, aún hoy,
vivo aquellos
besos de miel
que abrasaron mi piel
para ser tan helados.



José Hernández Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 7 de abril de 1978



... DE TU MELANCOLÍA | MI LIBERTAD NO SALVÓ...



Es una tarde cenicienta y mustia... (A. Machado)


Mi libertad no salvó aquel suelo sembrado de bruma,
ni aquellos pechos azules que me desnudó la mañana,
ni siquiera esa curva ventana;
quedó revoloteando.
Golpeando en los cristales, intentando
escapar de la oscuridad que abrasa mi voz
y ahoga mi llanto.
Intentando escapar de las muecas burlonas
de estas paredes blancas y vacías.

Y ahí fuera, bajo el cielo plomizo, se recorta
una enorme soledad,
quebrando el horizonte en su agonía,
manchando el gris un negro
enmohecido que rompe
el cielo opaco.

Y no... ¡No puedo volar! ¡No puedo...!
Y mi libertad sigue muriendo.
Y los ojos que te hablaron
y el aliento que bañó tu cuerpo
siguen callando.
Siguen caminando
solos, vacíos.
Perdieron su brillo,
su color.
Sólo queda un ámbar de tonos
pálidos
y un frío
en su fuego.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


... DE TU MELANCOLÍA | LA TARDE Y YO



Las ascuas de un crepúsculo morado... (Antonio Machado)



La tarde murió en los brazos de la esperanza,
en los brazos del silencio.
Y tú y yo, tarde que rompiste
tus colores en los brazos de la añoranza,
estábamos solos.
Solos tú y yo.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978

... DE TU MELANCOLÍA | SI SUPIERAS...



Tus ojos me recuerdan las noches de verano... (Antonio Machado)


Si supieras cómo te estoy amando,
si pudieras saberlo...
Es como un pequeño fuego
que comienza leve
para terminar luego
abrasándome los labios.

Sé que cuando te encuentre
se romperán las palabras
de mi boca
y volarán mis gaviotas
como locas
surcando mi cielo gris
hasta las playas de ti.

Hasta el pálido mar
de tus ojos, que emiten destellos de azul...
Mientras se rompe la espuma
en la arena,
y la bruma
envuelve
la tarde en un suave
manto de tul.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia / Úbeda, 11/1/77 - 3/4/78


... DE TU MELANCOLÍA | MI INFANCIA SON RECUERDOS...



Mi infancia son recuerdos... (Antonio Machado)


Mi infancia son recuerdos
de un día
azul que se estrellaba en el cielo
mientras corría
entre cañaverales
y sendas.

Mi infancia son recuerdos
de un olor a huertos
y una carpintería,
y de un perro viejo
que me seguía
por los puentes de las acequias.

Mi infancia son recuerdos
de ese olor a tierra mojada
que me traía
el viento al pasar
en las tibias tardes
de estío.

Mi infancia son recuerdos
de aquellas tardes bordadas
de carmín que se quemaban, en su agonía,
en el cañal,
mientras en dulce alarde,
las tibias tardes,
morían un poco más.

Mi infancia son recuerdos
de las noches perfumadas
y sembradas de estrellas.
Y de un coro de grillos
que cantaban como chiquillos

Mi infancia son recuerdos
de mis primeros cigarrillos.
De mis primeras soledades,
de un colegio de curas
y de mis últimos "Padrenuestro...".

Mi infancia son recuerdos
de un canario amarillo
que robó mis primeras verdades
y de las frutas verdes
que robaba del huerto.

Mi infancia son recuerdos
de una calle llena de charcos
y de una tarde plomiza.
De aquellos barcos
de papel
y los domingos en misa.

Mi infancia son recuerdos
de un maestro enjuto y una escuela,
de unos libros que nunca aprendí a leer,
de unos sueños que nadie quiso ni pudo entender
y de mi primer amor, una niña cargada de viruela.

Mi infancia son recuerdos
de aquel niño que entre cortinas
durmió su aliento
empujando su primer sueño al viento.
Mirando, entre los cristales
mojados, al suelo los grises retales.
En el cielo, las golondrinas.

Mi infancia son recuerdos
de una estación de trenes olvidada
que se hizo vieja
del ocaso a la alborada
jugando a los soldados...
Mi infancia son recuerdos,
sólo recuerdos,
ya apenas casi nada.

Cuando quise darme cuenta de algo
me habían vestido de largo;
me habían quitado
aquel día azul que se estrellaba en el cielo,
el olor a tierra mojada,
las tardes bordadas,
el olor a azahar,
el viento al pasar,
aquellos rosarios
y los días festivos en mi calendario.
Mi vieja y querida estación,
mis sueños de abril
y mi dulce canción infantil...

Cuando quise darme cuenta
habían pasado los años
y mi infancia sólo eran recuerdos.
Cuando me di cuenta
ya me iba de casa por primera vez
y mi infancia sólo eran recuerdos
que no habrían de volver...




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 1979



jueves, 8 de marzo de 2012

...DE TU MELANCOLÍA | PRELUDIO AL POETA MACHADO




Entre la soledad de este cuarto y la soledad de mi alma
se quema mi vida en silencio...
Sin apenas un reproche.
Será, quizá, porque cada noche
me siento más poeta y más solo.

Antonio: ¿Por qué? ¿Por qué estoy tan condenado?
¿Tan condenado a esta soledad...?
Hoy quiero hablar de ti, de tu soledad que es la mía,
de tu melancolía que es la mía y de tus silencios
que, inevitablemente, son los míos...

Pero no quiero hacerlo sin hablar también de tus campos.
Esos campos desnudos y terriblemente muertos
que incluso a ti te hicieron morir un poco más.
Ni de esos árboles duros y quebrados,
ni de esas hojas que vio caer el otoño,
ni de esos días plomizos,
ni del ritmo de la lluvia al golpear en tu ventana,
ni de aquellas tardes que, enrojecidas,
se rompieron entre tus manos
para convertirse en poemas...
Ni de tantas cosas más
que te hicieron sentir solo.

Y voy a empezar a hablar de ti,
imaginándote...

Me gusta imaginarte
como a ese niño igual, pero distinto a los demás,
que correteaba en un patio sevillano, en las tibias
tardes de estío, donde, sin darte cuenta, empezaste a soñar...

Me gusta imaginarte
cuando ya, las gaviotas
de tu infancia y adolescencia,
volaron a tus recuerdos
y a tus versos.
Me gusta imaginarte
en la penumbra de una habitación
preñada de silencios, sentado en un sillón,
con la mirada ausente
mientras la tenue luz recorta tu figura inerte.

Ahí; sentado frente al ventanal,
sintiendo la soledad de la tarde... y su muerte.
Sintiendo, golpe a golpe,
cómo se te escapa la tarde plomiza
de entre los dedos
y se desliza la suave caricia
de la noche por los aleros.

Me gusta imaginarte
con la mirada lejana y distante
que siempre te acompañó,
oscura melancolía que arañó
tus versos; quimera lacia, sombría...
Ausente en la lejanía.

Me gusta imaginarte
paseando en la oscuridad de tu cuarto,
donde estás solo y estás contigo,
trenzando silencios pensativo.

Me gusta imaginarte
en la ventana. Viendo caer la lluvia
sobre los campos yermos
y los árboles deshojados
por el frío y el cruel otoño rojo
que se aproxima de reojo.

Me gusta imaginarte así
y sé que a ti
también te gusta
ver caer la lluvia sobre los pardos tejados
y las callejas que dan a la vieja plaza.

Me gusta imaginarte
caminando solo con la noche.
Solo. Pensativo y sombrío.
Recortando tu silueta entre los callejones
como un fantasma. Recorriendo lentamente,
paso a paso, cada rincón de ése
viejo y olvidado pueblo que se te muere
día a día, entre la soledad de su calles,
y sus centenarios caserones.

Me gusta imaginarte
en las lánguidas tardes de otoño, en el parque,
sentado en un banco,
con un libro entre las manos...
O, tal vez, paseando bajo los álamos desnudos
sintiendo quebrarse la hojarasca bajo tus pies.

Me gusta imaginarte
por los campos al amanecer
cuando la neblina aún revolotea
cargada de noche
entre los chopos lejanos del camino
y los plomizos peñascales heridos
de escarcha, soledad y olvido.

Me gusta imaginarte
solo. Solo, ante la agonía de una tarde
bordada de bruma y carmín,
mientras las nubes enrojecidas
detienen y apagan sus colores
dándoles tonos de lacio gris.

Pero también me duele el alma al imaginarte
sombrío y triste,
con una lágrima rebelde que quiere
escapar de tus ojos...
Leonor, tu dulce Leonor,
se te ha ido en un amargo silencio.
Como un murmullo...
Como un lamento del viento...

Hasta casi parece dormida.
Su clara voz de niña
aún aletea por las paredes y pasillos de la casa
hoy, inevitablemente, hoy, sembrada de silencio y agonía.
Una agonía tan cruel que te abrasa la garganta.
Y no, no puedes hablar.
Y callas para dejar
gritar el alma embravecida.
Mortalmente herida.

Antonio; otra vez solo...
"Dios te ha quitado lo que más querías...".
Y sólo te ha dejado un poco de ella:
su recuerdo. Y toda tu melancolía.

Me duele el alma al imaginarte
anciano,
con la mirada apagada y perdida,
apoyando
tu curva figura
en un bastón... Caminando
lentamente.
Y de repente,
te detienes y miras esas barcas
que mece el agua.

Y continúas tu camino
por el paseo marítimo,
bajo ese cielo grisáceo de febrero
que parece que quiere llover...
Y nuevamente, al mirar los árboles deshojados,
te acuerdas de tus campos de Castilla
y de los olivares, en tierras de Jaén y Sevilla...
Y te preguntas durante un instante:

"... ¿Cuándo volveré a veros?
¿Cuándo os veré...?"

Súbitamente te sientes
viejo y continúas...

"...Quizá ya es muy tarde.
Quizá no volveré..."


...

Mi querido Antonio:
Ahora duermes. Descansa por fin.
Tus gaviotas volaron hacia otros mares.
También hasta mis playas...
Quisiera, algún día,
dormirme en los versos que escribiste
y la noche que te llevaste
cargada de melancolía.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 12 de marzo de 1979


CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | OJOS DE VUELO HIPOCONDRÍACO



Plumas con el vientre distinto
por los años,
mas no por los ojos
de vuelo hipocondríaco.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, diciembre de 1979

martes, 6 de marzo de 2012

CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | EN COULLIURE...



I

Ayer me preguntaron por ti.
Tímidamente. Inseguros. Con torpeza.
Ni siquiera dijeron bien tu nombre.
Yo tampoco sé, en realidad, cómo se dice.
Ni cómo se llega.
Ni por dónde se va.
Pero sé que existes en mi corazón sin conocerte.
Simplemente te imagino.
Algún día te veré.
Sé que velas incansablemente su sueño
en tu pequeño cementerio.

II

Algún día iré. Será un verano cualquiera.
Estará atardeciendo. El cielo se pintará
de rojo y violeta en su vientre.
Creeré, por un momento, que la tarde
se esté quemando
mientras la veo hundirse en el horizonte.
En silencio.
Desde ahí mismo veré el mar.
Al fondo.
Perdiendo su color. También los montes
serán sólo inertes figuras.
Se oirá el rumor del mar
como una canción de cuna;
SUAVE.
Y los lejanos ladridos de unos perros
abrirán quimeras en la noche
BREVE.
Se esparcirá LEVE
un agradable olor a grama.
Olor a tierra mojada: húmeda
por el lugar solitario y sombrío.

III

Entonces te buscaré con todas mis ansias,
con todas mis fuerzas de poeta,
con toda mi soledad,
con todos mis veintitantos años vacíos...
Y me diré a mí mismo: nada vale nada.
Todo es vano e inútil, una mierda.
Contemplaré en silencio la noche
que extenderá sus alas de oscura bruma,
mientras la vieja y cenicienta luna
enciende, ilumina,
navega y olvida
caminos.

IV

Ayer me preguntaron por ti.
Tímidamente. Inseguros. Con torpeza.
Ni siquiera dijeron bien tu nombre.
Yo tampoco sé, en realidad, como se dice.






José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou / Coulliure, 3 de mayo 1980


CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | ATARDECER



Atardecer,
tú también te mueres en mi alma perezosamente,
sin prisas.
Te hundes conmigo. En silencio.
En mis agonías.
Siento en ti la melancolía.
Una melancolía cargada de llanto y pena.
Una tristeza que hiere cada tarde
el cielo cuando oscurece.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 1 de mayo 1980

CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | DIME...



Dime, poeta:
¿Han marchado todas mis gaviotas?
Dímelo y me sumergiré en la vida.
Estoy cansado.
No tengo luz, ni mar, ni sueños.
Sólo monotonía. Aún más: hastío.

Dime, poeta;
sé sincero.
No trates de engañarme,
no trates de hacerme más fácil el sendero.
Dime si han muerto mis gaviotas.
Dime si el mar sólo es el mar
y el atardecer
una hoja al caer
del calendario.
Dime si mi viejo corazón marinero
se ha quedado encallado
en algún extraño mar,
sin playa ni arena,
y me sumergiré en la vida.
Y cabalgaré en la vida
vacío y solo, pero montaré en la grupa
por ellos. Sólo por ellos.

Y veré amanecer y anochecer
diariamente, en silencio.
Ya no sentiré su fuego.
Y veré el mar con melancolía
desde el embarcadero,
mas no sentiré su fuerza
por mis venas calladas, amargas.
Y vomitaré, día tras día,
todo el asco que me produce
mi jaula de cristal,
viendo cada mañana alejarse un poco más
mis sueños.
(Como esas barcas
que se hacen a la mar, cada aurora)

Hasta que un día, triste día,
otearé el horizonte y comprenderé
que mis sueños están lo suficientemente lejos
cómo para no verlos.
Se habrán marchado.
Un temporal los derribará
como barcos de papel
o irán a morir a cualquiera
de esas playas
de donde nada vuelve,
ni siquiera la esperanza.
Y cabalgaré en la vida
vacío y solo, pero montaré en la grupa
por ellos. Sólo por ellos.

Por eso, dime poeta:
¿Adónde irán a parar mis días de lluvia?
¿Y mis chopos deshojados por el otoño?
¿Y mis rebeldías?
¿Y la trémula luz de mis días
por querer ser poeta?
Ellos me necesitan. Tengo... ¡Debo
beberme de un solo trago
mis sueños, para esclavizarme
sin el menor reproche!
De por vida.
Y mirar el calendario como el único reloj
de mis días absurdos
y monótonamente vacíos.
Cabalgaré en la vida
hastiado y solo, pero montaré a la grupa
por ellos. Sólo por ellos.
Ellos me necesitan.
Y yo, supongo, a ellos...




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 19 de abril de 1980




CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | FEBRERO Y EL MAR



Esta mañana fría y gris de febrero
se esparce como un río
sobre mi cuerpo.
El viento azota las calles de este pueblo
y me siento a solas con mi quimera
que brota como un fuego
lento que me abrasa. Otoño de mi primavera.
Primavera de mi otoño.
No quiero recordar, no quiero.

Necesito verte, mar, para sentir tu inmensidad,
tu grandeza sobre mi soledad.
Necesito verte esta mañana fría y gris de febrero,
levantándote ante el mundo.
Levantando tus crestas de olas nacarinas
sobre el pequeño muelle.
Y golpear las rocas con la fuerza
de una primavera sin nada que olvidar;
levantando tu inmenso ejército
como un dios cargado de odio
y sangre.

Te esparces.
Te hundes pero te creces
sobre el pueblo que te olvida;
golpeas esta parte del mundo
porque odias. Porque has amado.

Rompe tus cadenas,
levanta tu carne de siglos,
levanta tu inmensa cabellera
y azota este pueblo,
azota el puerto.
... Azota mi quimera
para sentirla más alma
en este otoño de mi primavera...




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 20 de febrero de 1980



CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | MAR



Mar: Camino de mis gaviotas.
Camino de mis soledades,
de mis penas...
Camino de fantasía y sueño
cuando te evoco,
cuando te siento,
cuando te toco
con mi aliento
o mi tristeza poco a poco.

Lentamente, sin prisa,
mientras pierdo mi sonrisa
en tu cuerpo azul pálido.
Pero, tú mar... Pero vosotras, mis gaviotas;
sois el único sentido de esta absurda
monotonía. Lo único grande.
Lo único que me mueve
y también lo único que me hiere.

Mar: Eterno amigo
de mis gaviotas.
Baúl insondable de mis secretos
lleno de mis penas.
Inseparable compañero
de mi hipocondría y mis quimeras.

Mar: Compañero.
Reflejo
de mis agonías.
Espejo
de mis melancolías...
No lo digas
a nadie, pero me siento viejo.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 9 de enero 1980


lunes, 5 de marzo de 2012

CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | EL POETA Y EL MAR



Sé que caminabas por la playa
al atardecer
como una sombra que apenas tiene sentido.
Sumido
en no sé qué poema.
Y al caminar,
el monocorde sonido
del mar,
te llenaba el alma de soledad.

Porque tus ojos son recuerdos
de antiguos besos que queman la piel
Y sigues caminando,
ahogando tus recuerdos de hiel,
entre la bruma este atardecer
lánguido.
Y comienzas a trenzar silencios...

"... En este atardecer de otoño,
otoño de mi vida,
otoño de mis sueños,
otoño de mi otoño,
otoño de mi alma herida,
quiero mirarte, mar,
y a esa luna vieja y polvorienta
que abre llagas de cristal
en mi viejo corazón de poeta
y en tus largos caminos de sal...".

Quiero sentir el último grito
de las olas que mueren
odiando su destino...
Quiero sentir,
en esta tarde gris,
la vieja melancolía de mi amigo, el mar...
Tan cerca, tan ausente.
Tan presente, tan distante.

Quiero sentir en mi alma
la queja amarga de su llanto
que se enreda en la soledad que amo tanto
y que, a cambio, sólo me da soledad;
fantasma de mi cuarto,
de mi noche, de mi lecho, de mi llanto.
De mi casa, de mi paso lento
y de cuanto
hago.
De mis ojos, de mis manos y de mis cantos
—vagos canturreos mal sonantes
sin ritmo ni compás,
no forma alguna de hacerlos entonar—.

Quiero sentir, una vez más,
cómo las olas se rompen violentas
entre las piedras.
O por el contrario, con qué sumisión,
terminan su dulce canción,
en esta playa desierta,
esta lánguida y absurda
tarde de invierno...

Deseo sentir, con todas mis ansias,
esta tarde que se escapa
sin poder evitarlo...
Y sólo me deja un pasado presente
y un futuro acabado.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, diciembre de 1979




CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | RELOJ DE BRUMA



Me gusta morir en tu recuerdo
como algo que he conocido
eternamente.
Como algo que, sin saber cómo ni por qué,
viene hiriéndome desde siempre...
Como algo que jamás tuvo preludio ni antes.

A veces pienso que entre tú y yo
nunca ha existido el tiempo,
porque tu alma y la mía han sido
calzadas para el mismo camino.
Y nuestros poemas son sangre de las mismas
soledades y las mismas tristezas.

Las gaviotas del tiempo
vuelan sin detener su reloj de bruma,
pero el pequeño surco que nos separa
está trenzado por la melancolía
de nuestros poemas,
tejidos en las noches claras de luna.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, diciembre 1979

HOJAS DE OTOÑO | RECUERDOS EN LAS TARDES Y LAS NOCHES



Esta tarde que se quema en el cielo
me dice que estoy solo.
Solo y triste.
Esta tarde que sangra melancolía,
sol de fuego, sangre y agonía,
me susurra que el recuerdo
me hierve en la piel.
Mientras en el alma, un verso herido,
se me escapa como un lamento
buscándome el ayer.
Aquellas tardes fueron como una suave melodía
trenzadas por un silencio que ardía
como una llama... Y me herían.
¡Dios mío, cómo me herían...!

... Y ahora me invade la noche
con sus gélidas y burlonas miradas celestes
y siento cómo se rompen mis sueños
en el brillo de una lágrima que no quise
mientras las pálidas caricias
de un sol marchito y enfermo
se me muere en un grito de silencio.

Y camino sumergido en el vaho de mi aliento
que se funde con la noche.
Y mis miradas se pierden
en el océano infinito
para luego caer en pedazos
que se hacen versos.
Versos que fueron noches tibias
o domingos en la tarde,
o tardes de verano,
o pensiones.
Versos que fueron cartas de amor,
y también llanto y soledad,
amargura y vacío...
Sólo eso, pedazos de sueños...
Versos que fueron mis diecisiete años.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 1978


HOJAS DE OTOÑO (1978) | A CONTRALUZ...



Hoy necesito arrancar de mi alma
la sangre más amarga.
Hoy necesito, más que nunca,
vomitar estos versos heridos
a golpes de soledad.

A contraluz de esta botella
tan cargada de cárcel como yo,
se quiebran mis palabras
para navegar entre mis brumas,
para que mis vientos
acaricien otros pechos
y mis mares otras lunas...

Hoy necesito apagar mi voz
para manchar tu pureza
con la tristeza más inmensa
de mis Hojas de Otoño...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 1978


domingo, 4 de marzo de 2012

HOJAS DE OTOÑO (1978) | FUEGO PROHIBIDO



Tú eres ese fuego prohibido.
Ese fuego que quema la piel con la mirada...
Con esa mirada azul de fuegos trémulos.
Tú eres ese aliento,
esa bocanada,
ese fuego suave que, en mis sueños,
excita mi cuerpo.

Sí, tú eres mía y no lo eres,
aun estando tan cerca de mí.
Sí, aunque tus sueños y los míos
se fundan en uno solo;
aunque tus miradas
sean cómplices de las mías
y aunque mi silencio
esté de acuerdo con el tuyo.
Y aunque, sin hablarnos,
tus respuestas sean lo mismo que yo pregunto.
Porque, tú fuego prohibido,
sientes la necesidad, la inevitable necesidad,
de amar en silencio
y negarlo con tus palabras.
¡Aun cuando tus ojos te traicionen
y estén de acuerdo con tus pensamientos...!

Te acercas y me huyes a un mismo tiempo,
me invitas a comerte con miedo...
¿Con miedo...?
No, realmente no lo sé.
Quizá algún verso me dé la respuesta.
Quizá alguna noche helada.
Quizá no me la de nada...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 1978


HOJAS DE OTOÑO (1978) | CORAZÓN ADOLESCENTE



Quiero dejarte escapar entre mis dedos, en silencio,
como un beso que olvidase la noche,
o quizá como una caricia que olvidó la piel.
O tan sólo como un poema tan dedicado a ti,
que olvidé firmar...

Desde mi cuarto, ahorcado en la penumbra
de una hoguera que se consume sin apenas quejarse,
quiero hablarte de mis quimeras,
de mis otoños, de mis primaveras.
De cómo nace un verso herido,
de cómo muere un gorrión cautivo,
de cómo la noche se me viste de espumas
y me hace ser marino en mis brumas...

Y navego,
y naufrago.
Y me devuelve burlona a la orilla
con el aliento quemado.
Porque no es fácil querer ser poeta
ni romper la hiel de los ojos
para hacer un poema
cargado de llanto.

No, no es fácil romper un pasado
tan encadenado al alma que cuando evoque
nombres y fechas, surjan besos.
Y cuando quiera decir nombres
tan sólo se escape un silencio que abrase
mis palabras y forme un nudo en mi garganta
quebrando espejos
en lágrimas amargas.

No, no es fácil ver partir dos barcas
una tarde plomiza de una playa desierta
llevándose mis versos, mi fe, mi Dios;
ni mirar al cielo y comprender
que no me queda una sola estrella
y que, a cambio de todo ello,
sólo me dan su olvido.

Sí, corazón adolescente, yo sé bien
cúal es el juego del olvido
porque nadie más que él me lo ha enseñado
a golpes de versos que me han ido
saliendo del corazón herido.
Tengo, de penas, doctora el alma
y viejo el alba
de soledades que, al fin y al cabo,  sólo sé yo,
viendo desde mi ventana
atardeceres y mañanas
morir naciendo
como tantas veces lo hice yo.

No, no es fácil querer ser poeta
ni llegar a la conclusión
de que estás solo, aunque te encuentres
rodeado de todos ellos,
porque sólo ellos hacen de ti
un gorrión cautivo
que trina herido
y acaba por morir.

Escuchame, corazón adolescente:
¡Huyamos, escapemos
en un vuelo de gaviotas...!
O en la soledad de un poema,
o quizá, en las plumas
de unas alas rotas.
O en las espumas
de una ola...
a la playa lejana
de una caracola.

¡Vayamos y olvidémonos
de que son incapaces de remontar
el vuelo!
De que sólo saben revolotear
a la altura del suelo.
De que prefieren la realidad
y su pobre prosa
y de que son lo que son
porque no saben ser otra cosa.
No saben soñar...
¡No pueden volar!

Ven a mí, corazón adolescente.
Tú, sí puedes,
diles adiós con tu pañuelo
y vuela conmigo sobre las nubes
surcando el cielo.
Sí, quizá sea demasiado duro,
o tal vez, demasiado soñador...
Quizá el suelo sea su meta,
pero yo prefiero soñar.
¡Soñar, sí, soñar...!
Yo prefiero ser poeta...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, navidades de 1978



sábado, 3 de marzo de 2012

HOJAS DE OTOÑO (1978) | PEQUEÑO GORRIÓN



Pequeño gorrión.
Pequeño sueño.
Pequeño amor;
tú tampoco aprendiste a volar...

Te recordaré en mi vuelo
y en mi soledad,
en mi cárcel
y en mi oscuridad
cuando rompa mi alma
en versos de libertad...



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Figueras, 7/03/1978.


HOJAS DE OTOÑO (1978) | MARINO EN MIS BRUMAS



Esta noche me encadena...
Romper de nuevo el silencio
para apuñalar mi alma
a golpes de hiel,
a golpes de espejo.
Volver de nuevo a los vacíos,
al hastío,
por soñar rasgar otros vientos,
otros mares,
otros atardeceres,
otros amaneceres,
otros firmamentos.

Voy a romper este vuelo
contra el cielo,
un amanecer.
De oscuridad en oscuridad,
quiero quebrar mis alas,
a golpes de noche.
Y revolotear herido
en el aire absurdo
mientras mis heridas
hacen mi vuelo más curvo...
Y caer, caer, querer caer,
morir por no querer ser
prisionero de otro viento,
de otro lamento,
de otra hiel.

Envidio tus noches
y tus amaneceres,
y tu casa cubierta de versos,
y mis silencios.
Y envidio tus manos y tu guitarra,
y tu canto de cigarra,
y mi olvido.
Y envidio la sangre de tus poemas
y los llantos de tus madrugadas,
y las sombras de tus veredas
en los cañaverales
jugando a las quimeras
los otoñales

Envidio el fuego de tus sueños
y el reloj de tu tiempo,
y tu muerte en el empeño
por tu camino; labrador
de nubes y cielos marchitados.
Y el poema de tus ojos
y el arado de tus días
y el estanque de tu espejo,
y tus lunas rotas de agonía
y el aliento de tu mirada...
Pero también conozco esa sensación
de libertad acuchillada,
acribillada, flagelada, torturada,
maniatada, despreciada y olvidada,
porque tu camino es el mío.
Y también tu mirada,
y tu llanto,
y tu canto...
y hasta tu almohada.
Te conozco si verte;
tú trinas tu canto
en una cárcel de alambre,
yo lloro poemas
en esta cárcel de gente.

Dame un poco de tu vida,
de tu barca, de tu playa,
de tu arena, de tu día,
de tus alas,
de tu viento,
de tu alborada,
de tu estío...
... Y toma mi lamento,
mis quimeras,
el otoño de mis primaveras,
y la cera
de mis versos.


2


Noches de fuego
que se escapan y se estrellan
en el cristal azul del cielo,
mientras los espejos
de mis ojos
vuelan para ahogarse en otro mar.

Noches donde el aliento
se convierte en el viento
más fugaz...
para volar
al compás
del pensamiento...

Noches, en que las sombras
me envuelven en su suave sueño
de pasos de pasos lejanos que se alargan
y se duermen,
o se pierden,
hasta convertirse
en tenue murmullo
de reloj que no comprendo.

Noches, donde el camino más opaco
brilla quebrado en su piel,
y comienza a latir con la escarcha
de un cielo ametrallado de estrellas.

Noches, dentro de mis noches,
donde camino herido
por cientos de vuelos
que abren a la bruma
mis sentidos
y a la pluma
mis latidos.
Mientras, forcejea en su cárcel
una estrella condenada,
que grita a golpes
de una débil claridad marchitada.

Noches, en las que los recuerdos
me hieren y me llevan
a desnudar amaneceres
cubiertos de llanto y agonía
entre cuatro paredes y un techo
donde reventó contra mi pecho,
mi primer poema, mi primer verso...

Noches, en las que me siento tan preso de mí
que al tomar un sorbo de bruma,
me elevo
y me convierto
en la suave espuma
que aletea en los aleros
de las lánguidas noches bajo el cielo.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Figueras, enero / febrero 1979.


viernes, 2 de marzo de 2012

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LOS SILENCIOS DE MIS NOCHES



Noche de agonía...
noche de mis días cansados,
frustrados...
Hambrientos de ese amor
que nunca encontré,
que siempre perdí...

Noches de tibio carmesí
inflamadas de locura,
de pasión, de ternura,
de odio hacia mí,
por aquello que no fui,
por aquello que perdí...

Noches de fuego
de amargo gozo
que terminan luego,
al clarear el día,
en luna de agonía...
en un canto,
o en un sollozo.
Llanto callado,
sangrante,
mudo, inútil,
casi absurdo e imbécil.

Noche de recuerdos presos...
condenados
a no morir y caminar
en mi alma presa
de un ayer presente en cuerpo,
y ausente en alma.
Me queda un amor
efímeramente eterno,
pasajeramente perpetuo.

Noche que revelas mis silencios
a la luna
y le cuentas, una a una,
todas mis penas
de poeta. Cansado poeta
de cortas lunas.

Noche que me haces quebrar la voz
para hacer gritar el alma
y perder la calma...
que luego ahogo en alcohol.
                                                                             


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 28 / 6 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA VIDA



La vida,
una sucesión continua de fracasos,
de vacíos y de silencios.
Un montón de preguntas sin contestar.
Un montón de soledades preñadas de frustraciones.

La vida,
una ironía de nuestros propios fracasos,
una aberración de la persona.
Todo esto me hace vivir borracho de hastío.
¿Por qué soy un solitario taciturno y perenne hipocondríaco?
¿Por qué? ¿Por mi sensibilidad? Quizá.
¿Por qué no encuentro nada en mí, que me merezca la pena?
¡Debo encontrarle pronto un sentido a mi vida, a mi absurda vida!
Mis soliloquios son verdaderas luchas interiores
para calmar la tempestad que llevo en mí.
¿Por qué puedo sufrir tanto por nada, si nada merece la pena?

¿Dónde te encuentras?
¿Dónde te hallas,
que llevo veinte largos años detrás
de ti y no consigo encontrarte?
Me pregunto, si podré encontrarte algún día,
o si acaso, mi vida,
está destinada y condenada a la búsqueda
de algo que sólo es producto de mi imaginación.
Producto de mi necesidad material y espiritual
¿Acaso estoy condenado por Dios a una búsqueda
sin encuentro, a una búsqueda, que es más agonía que otra cosa?
¿Estoy condenado a la mortificación de mi alma?
¿O tal vez tiene que ser así, irremediablemente?
¿Tan preso de mi soledad estoy?
¿Tan preso de mi tristeza estoy
que todo me parece absurdo y trivial?
¿Estoy condenado,
destinado a seguir el brillo de una estrella que no logro ver?
Quizá, sólo estás en mi imaginación
y no eres más que una ilusión.
¿En qué recodo debo hallarte, si es que debo?
O, ¿es tan sólo la búsqueda de lo inexistente?
Estoy roto por dentro;
rasgado como una vieja cortina de terciopelo
carmín y azul cobalto.

Dime:
¿Qué es mi vida?
¿Hacia dónde voy?
Seguramente es la búsqueda de mí mismo.
Pero, dime:
¿Dónde están ambas cosas?
                                                                              




José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 11 / 6 /77
                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | DESIERTO DE GENTE



No sé cómo evitar este asqueamiento
que me recorre el cuerpo, de arriba abajo.
Quizá no debiera mostrarme así y quejarme tanto,
pero no puedo remediar el que todo
me deprima mortalmente, sin ver nada a cambio
que merezca la pena a mi alrededor
y me haga sentir un poco de ilusión.

Hay momentos,
en los que me hubiera ido lejos de todos para no volver.
Para, de nuevo,
comenzar en un lugar, muy lejos de aquí.
Aunque, creo, que yo estaré empezando toda la vida,
porque nada de lo que realmente
me importa, me dura lo suficiente
como para continuarlo.

¿Es posible que en medio de tanta gente,
gente que me rodea, día tras día,
me encuentre tan solo
y desesperado,
como para creer que me encuentro
en un desierto de gente?          
                                                                           



José Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 8 / 6 / 1977


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | OTRAS VECES...



Otras veces quisiera irme así; en silencio,
como algo que, en realidad, no existió jamás.
Como algo sin valor, que surcó el cielo
con sus versos en un atardecer dorado.
Sin más palabras que mis ojos mirando los suyos.
Todo queda así dicho, con una mirada que entrega el alma.

Me encuentro aquí,
callando mis silencios
a golpes de soledad.
Manchando tu ingenuidad y tu pureza,
con mis agonías.
No hay ninguna razón.
No tengo, ni me queda ningún motivo
por el que seguir mi oscuro camino.
Sé, que aunque encuentre otra luz,
una parte de mí, ésta, quedará
siempre en penumbra.
Únicamente alumbrada
por unos versos, por unas palabras,
por unos llantos que me estremecen con sus agonías.

Siento tanto el vacío,
que parece que todo
mi ser y mi alma se encuentra igual.
¿Qué puedo decirte después de tanto tiempo?
Lo mismo que te dije en otras ocasiones;
me encuentro tan solo, …


                                                                          

José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios.
Murcia, 24/ 5 / 1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | NENA...



Nena;
si tú supieras cómo te estoy amando.
Cómo jamás pude amar.
Cómo jamás pude soñar amar.
Qué difícil es de explicar,
y, sin embargo, que fácilmente
se deja sentir en el alma.
Es, como un pequeño fuego,
que comienza leve, para terminar luego
abrasándome los labios.
Si supieras esto, comprenderías, por qué,
aun sin morir de amor, se muere.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios.
Murcia, 1/ 1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | FUEGOS DE NEÓN


Fuegos de neón
queman mi vista ausente, rota y hastiada,
de palabras de viento y de azul perla
que, al caer la tarde, se transforman
en escarcha fundida.
Camino solo, dando fuego a la noche
que me desnuda lentamente
la verdad del alma,
casi sin yo desearlo.

Paulatinamente me voy confesando.
Me voy rompiendo.
Los ecos me acompañan
de una forma ciega y confusa.
El brillo de mis ojos
cae desplomándose al suelo.
Con vértigo. Con miedo.

Brama el océano,
que triste llora la ausencia
de la grama. Del fuego
de tu piel. Y sigo.
Todos callan. Me contemplan
y van durmiendo el alma
a golpes de silencios.

Súbitamente
me enciendo
en tu imagen fugaz.
Me crispo.
Clavo la vista
en la bruma…
Y va cayendo
hasta romperse
en el suelo.
¿Quién me ahoga?
El final de cada página,
me voy diciendo,
es sangrar lo puro y lo incierto,
para seguir como cada agonía
muriendo…
                    
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios.
Madrid, 12 / 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA NOCHE



La noche te acerca a mí, lentamente.
Sin querer, con miedo.
Y te dan forma y fuego.
Y, ahora que el cielo está llagado de astros;
ahora, te siento más que nunca.
Me enciendes el alma ciega de tu luz.
Candente. Trémula. Extraña. Fugaz.
El fuego de mi aliento se funde en la noche
y deja un sabor a ti. A tu ausencia.

No siento dolor; mi cuerpo
se ha convertido en sangre ardiente.
En la lava de un volcán histérico.
En la espuma de un mar embravecido y frenético.
En el huracán de un viento salvaje…
Pero me duele el alma de tus ausencias…


                                                                        

José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 28/ 11/ 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | QUIZÁ...



Quizá, ha pensado sin miedo
en aquel, que cada noche, rompe el cielo
a golpes de impotencia.

En aquel que, cada día,
rompe el cielo a golpes de ira,
en aquel que, cada atardecer,
rompe el cielo a golpes de impaciencia.

En aquel que hace amigos a sus monólogos,
a su Diario y a su guitarra.
A la noche, a la soledad y a su quimera,
fiel compañero de mis agonías…
                                                                        



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 14/ 11/ 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA AGONÍA DE LA ESPERA, MI DIARIO, MI SOLEDAD...



Aquí, entre cuatro paredes mudas,
impasibles
y absortas,
me confieso lentamente.
Con agonía, pero sin prisas, voy vomitando
todo lo que aprieta y quema mi pecho.
Entre estas paredes ciegas de sentimientos
y mudas de lágrimas, voy muriendo
un poco más. Mi sombra está casi ausente
y sólo queda el fuego de mi aliento
que se irá extinguiendo.
Se irá fundiendo
en los minutos, que son horas…
Y mientras los minutos se consumen,
también yo, me consumo con ellos.
En esta pausa triste y mortificante.
Me duele el alma.
Me abrasa el aliento.
Me quema tu ausencia.
Me consumo en el viento.
¡Maldita calma!

Sigo desnudando sombras
en pensamientos lejanos.
Sigo desnudando recuerdos, palmo a palmo.
Y me consumo...
¡Me enciendo, escupo!
Y clavo mi vista en el océano flagelado
para seguir callando
y dejando mis silencios,
con cierto sabor a lágrimas.
Inevitablemente, compañero,
voy manchando de sangre tu pureza.
Te voy castigando a golpes de silencios
que son gritos del alma.
Ecos del viento.
Miro los vértices suspirando…
Preguntándome: ¿Cuándo?
¡Oh! ¡Dios! Dios, Dios…
¿Hasta cuándo?
¿Por qué esta condena?
Sin cárcel. Con cadenas.
Muero en el aire que me asfixia.
¡Oh, Dios!…¡Qué larga agonía!…
Y allí, más lejos que yo de la noche, duerme
quizá entre otras agonías,
“El sosiego de mi alma”, “La quietud de mi espíritu”
agonizante e inquieto.



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 1976


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | DUDAS DEL ALMA



Está agonizando bajo mi pluma
una noche más. Un día menos nos queda…

Una noche más sin ti, mi amor,
una noche menos para nuestro encuentro”.

Esas palabras vinieron de mi luz inalcanzable.
De mi verdad.
¡Oh, Dios! Ardo en deseos de encuentro.
¡Ayúdame!
¿Debo conformarme con este doble silencio impuesto?

La atmósfera de mi mundo, con el paso de los días,
se irá preñando, cada vez más, de dudas.
Hasta que reviente:
O para darme la luz, o para escupirme
a la cara este feto de ilusiones
que no llegó a ser verdad.
Feto envuelto entre mi propia sangre.
                                                               


José Israel Hernández Meseguer                                                                        
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 12/ 11/ 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | TE VOY SINTIENDO...



Te voy sintiendo en mi alma,
luz muda de llama viva
y vas quemándome la vista
con tus halos de tibia calma.
Con vergüenza y melancolía
vas rompiendo la bruma
y la escarcha perfumada
de noche, silencio y agonía.

Te voy sintiendo como un beso;
pequeño tenue...
casi un latido, casi un lamento.
¡Cabalgas alazán!
Entre mares rojos de llanto...
Destruyendo la quimera,
devolviéndoles su canto.

Lames, lengua de escarlata,
los árboles duros y quebrados
que marchitó el invierno,
mientras los haces brillar
en su grito casi ausente.
Y ahí, con ese color mortecino
y amarillento,
parpadean en silencio,
uno a uno, todos mis llantos.



José I. Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
12/1976.



SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | ME VAS COMIENDO EL ALMA...



Me vas comiendo el alma,
y vas sembrado de escarcha
los ojos que te hablan.
La noche ha llegado
a mi cuerpo.
Siento el frío de tu ausencia
entre mis dedos,
siento que apagas mi fuego
y luego...
callas para sentirte más alma.
Más pura,
más iris de mi ocaso,
más piel...
¡Eterna piel de mis labios...!



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio

Desde un rincón de nuestro bar...

Madrid, 4/01/1977




SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | ANOCHE...



Anoche,
mientras la quietud y el sosiego del espíritu
se iban fundiendo en uno, me sentí triste.
Mientras mi habitación iba ahogándose
en el silencio y la penumbra, pensé en ti.
Recordé,
con la nostalgia
de un poeta frustrado,
y ciego de la luz de esperanza que tanto necesita,
los momentos en los que me he sentido dichoso.
Mis ojos se ciegan de felicidad.
De lágrimas mudas y amargas
que desaparecen más tarde
bajo el monólogo inquieto del subconsciente.
En esos momentos en los que desfila por mi mente
el valor nítido de la felicidad.
—Quimera que me abraza—.
Y pienso en ti, porque tú has sido mi felicidad.
Mi Dios.
Mi vino.
Mi sueño no hecho realidad.
Mi dolor patente bajo mi pluma.
Mi razón de existir.

He recordado momentos que se quedaron para siempre
en la grama del césped,
y tras los ficus enamorados
de la oscuridad que nos vieron
y callaron.
También vomito aquellos momentos
preñados de incertidumbre y miedo.
Solos. Solos, tú y yo.
Y como únicos testigos de nuestro amor,
las nubes blancas como el nácar,
que ondeaban tímidamente en un océano de cristal,
repleto de luz y belleza.

Ayer mientras me consumía
como una vela, veía
pasar todas mis felicidades, una a una, ante mí.
¿Producto de qué?
¿Por qué recuerdo constantemente lo mismo? ¿Por qué?




José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 10/ 11/ 1.976



SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | A VECES, ESCRIBO...



Vivo en esta muerte
lenta que me mata.
A veces, escribo,
para decir que estoy vivo
en esta muerte
y, a veces, para decir que sigo
muerto en esta muerte.

Pero hay momentos
en los que muero tanto
de mi llanto,
que en mi muerte
aún busco más muerte.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Sevilla, 18/01/1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | EL MAR, ELLA Y YO...



Yo, rompiendo mi vista en el horizonte azul.
Pensando no sé qué.
Ella, mirando la tristeza de mis ojos.
Al momento, unir nuestras miradas por un deseo loco
e inconsciente y unirlas en una dulce sonrisa
que, muy bien, pudieran ser besos de dos almas solitarias.

Yo, testigo de sirenas locas de amor
que gimen mientras romper color.
Que mueren cayendo el lechos,
que mueren lamiendo otros pechos
en los silencios, bajo el Sol.
Yo, testigo de sirenas locas de amor.

Sirenas verdes y azules que se suicidan en la playa,
ante mí.
Yo, prisionero de una piel inflamada
de pasión, al contacto con la suya.
Yo, buscando el misterio de sus ojos.
Ella, tratando de ocultarlo.

Yo, tratando inútilmente de no enamorarme.
Ella, tratando inútilmente de no enamorarse.
Los dos, ardiendo en deseos de amor y de pasión.
Los dos, sumidos en un sueño que acaba en adiós.
Y yo, y no sé ella, joven poeta muriendo de amor...



José Hernández Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 19/07/1977


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | SOLEDAD...



Soledad...
Me encuentro solo,
en este morir lento,
silencioso y acaparador que me está apagando.
Necesito luz.
¿Por qué no puedo?
Camino solo.
Envuelto en mis soledades, que son cadenas de dolor.
Que están impregnadas de llanto.
De versos.
De mi vida solitaria.
De música, dulce como sus miradas.

Y sigo caminando entre versos y días tristes.
Apartando mis “yo”, a patadas.
Busco la quietud en mis sueños frustrados.
No hallados. Perdidos, quizá.
Disputo mi vida con mis soliloquios monótonos.
Arranco mis lágrimas con palabras que son versos.
Que es música. Melancolía. Que es sangre. Que son sueños.
Y caen al suelo y son… Hojas de Otoño.
                                                                          


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 6/ 11/ 1.976


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | SI ME FUERA HOY...



Si me fuera hoy
con la escarcha entre mis dedos,
desnudando lentamente la mañana,
con el rocío de la alborada, despuntando el día.
En esos momentos,
en los que se sienten los latidos
del sol brillando con trémula vergüenza
sobre el horizonte cargado de penumbra aún…
Si me fuera hoy, con las primeras luces...
Con ese centelleante rosa pálido sobre mis ojos,
sabría apreciar el valor de la ida…
Sería mi último amanecer. Él me brindaría
sus últimos rayos con pañuelos
de cirros burbujeantes de espuma cándida.
Blanda. Suave. Blanca.

Si me fuera hoy, en plena faena,
cuando aún los segadores no han acabado su jornada,
cuando aún no han levantado su espalda encorvada
y harta para decir: “bueno va”.
Cuando los zagales juegan ignorantemente felices
en su santa ingenuidad, en su “primera inocencia”
aún, y se puede apreciar el ruido sonoro
de los pájaros cantando entre los olivares…
Sólo entonces,
si me fuera así,
sabría apreciar lo que cuesta un amanecer. Un nuevo día.

Si me fuera hoy, al caer la tarde,
con el sol agonizante.
Sangrante en mi alma.
Si me fuera hoy, cuando los cirros espumosos
se convierten en espadas al rojo vivo,
cuando el sol parece ahogarse entre las colinas,
o tal vez, entre un azul lacónico
y un gris mortecino…
Cuando todo se hunde en la soledad.
Cuando el trino de las aves ha cesado.
Cuando el cielo parece que va a reventar
harto de su embarazo de rojos y violetas.
Cuando el viento levanta los trigales para llevar
ese olor de estío hasta mi alma
que se funde con el aroma a hierba fresca y se mezcla
entre mis dedos.
Cuando se encuentra la quietud del espíritu
en un atardecer de verano...
O quizá, si me marchase con la tarde,
cerca del mar,
cuando sus olas van mansas a la orilla
emitiendo destellos indeciblemente maravillosos.

Si me fuera hoy,
con este atardecer estival entre mis cabellos,
dejando sobre las espaldas este pueblo fláccido y sin valor,
cargado de siestas sobre sus tejas
amarillas, viejas.
Y en el horizonte, agónico, brillase
la silueta recortada de esa mujer a la que siempre amé,
y sólo pude hallarla, amarla, soñarla y desearla
entre los cristales de mi habitación...
Sólo, si me fuera hoy, dejaría parte de mi vida, rompiendo
lo que escribo, dejándome de sentimentalismos estúpidos.

Si me fuera hoy,
con la brillante escarcha de estrellas.
Con esos simpáticos tenores que cantan a la luna
en cualquier recodo del camino.
En cualquier remanso, en cualquier arroyo.
Si me fuera despacio.
Sin prisas. Sin temor.
Viviendo, palmo a palmo, el océano mudo y negro
salpicado por gotas de azahar.
Observando la pureza de la noche, cuajada de estrellas y rocío.
Viendo la luna platónica de los poetas,
y el cielo jironado por mantos blancos,
brillantes y fugaces,
respirando ese olor a tierra mojada,
a noche oculta,
a tranquilidad.
A sosiego del alma.
A grama.
Sólo si me fuera hoy,
podría dar a la vida más sentido.
Más valor. Más belleza…

Si me fuera hoy,
cambiaría desde la mañana a la noche,
sólo por mirar tus ojos.
Renunciaría a mis últimos, a todos mis versos.
A todos mis sentimientos.
Tan sólo por mirar y besar con delicada pasión tus labios…
Por acariciar tus cabellos...
Por… no sé... No sé, qué diera,
por un suspiro sincero
que de tu corazón viniera...
                                                                          

José I. Hdez. Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 18/ 9/ 1.976


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | PRÓLOGO A MIS SILENCIOS


Sé, que harto de embarazos, mis silencios
algún día reventarán y caerán como escarcha suave
cuando me sentí triste,
y fulminantes
cuando mi extraña actitud
se convirtió en ira.
De cualquier forma,
siempre reflejarán un llanto en mis ojos,
y un dolor inextinguible en mi alma.

Sé, que algún día,
alguien se identificará conmigo
y amará lo que hoy, callo,
porque sentirá como yo,
y porque, mis silencios, serán los suyos.
                                                                            

José Israel Hdez. Meseguer
Soledades y Otros Silencios
5 de octubre de 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LOS SENOS DE MIS NOCHES



En esta noche, quisiera,
crucificar tu boca
en mi boca sedienta
de tus pechos en flor...
En esta noche, quimera,
quisiera,
morir de amor.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 26/07/1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | CON EL VUELO EN DUELO



Abrí la mañana
con mi vuelo
y con mi fuego.
Cubrí el lecho
de guirnaldas
de besos y llanto...
Y callé mi canto
para morir luego.

Para irme, abriendo la mañana,
con mi vuelo en duelo,
en silencio. Siguiendo el sendero
por el que más muero.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Sevilla, 17/01/1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | CAERÁ LA TARDE, VENDRÁ EL SILENCIO...



Caerá la tarde ante mis ojos
y con ella vendrá la melancolía;
dos bocas, dos fuegos,
se buscarán ciegos
en la noche fría.
Y sólo encontrarán sus silencios
y agonías.

Contemplo fríamente el vacío que me dejas,
el vacío que me causas;
y sólo puedo sangrar mi alma.
Me visto con esfuerzo de indiferencia
y me desnuda fácilmente,
para cubrirme el pecho nuevamente,
tu ausencia.

No callarán los ecos
de fuego,
que romperán mis ojos
en pedazos de cristal
y convertirlos luego,
en versos,
y otra vez, en agua de manantial.

Por ese sendero
hoy vino la noche callada,
entre lágrimas de romero
y promesas de alborada...


José Hdez. Meseguer.
Con melancolía desde nuestro rincón...

Memorias de un Naufragio.
Madrid, 4/01/1977


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA AGONÍA DE LA ESPERA



Sigo desnudando sombras y ecos
en pensamientos lejanos.
Sigo desnudando mis recuerdos, palmo a palmo.
Y me consumo...
¡Me enciendo...!
Clavo mi vista en un océano de estrellas flagelado
para seguir callando,
para seguir dejando en mis silencios
cierto sabor a lágrimas y besos olvidados...


José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio.
Murcia, 14/11/1976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | AUSENCIAS...



No han muerto las pasiones
que me arrastran y me ciegan.
No ha muerto la oscuridad
que me hace ver la luz de tu cuerpo
cómo la única estrella en el océano, negro y mudo,
tan lleno de tus ausencias,
tan pleno de mis melancolías,
tan preñado de agonías
entre mis noches y mis días.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Madrid, 1976.

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | RÉQUIEM POR UN AMOR



Esa luz, esa llama que me encendía el alma,
esa luz que quemaba mi corazón,
ese fuego que ardía tan adentro,
esa pasión que consumía mis entrañas
se ha quebrado sobre las tinieblas,
sobre mis tinieblas.
Ha muerto; se ha extinguido lánguidamente
sobre el vaho de mi aliento...

... Y otra vez solo. Vuelvo a encontrarme
silenciosamente solo.
Solo, como siempre.
¡Qué sensación de angustia!
Darse cuenta de que mi camino, está aquí,
entre mis soledades perpetuas.

Mis espejos se rompieron en pedazos,
se quebraron para formar la suave y cálida
escarcha de la soledad que me acariciaba
tiernamente la cara, resbalando
hasta el gris plomizo y sin brillo.

Ahí, en el suelo opaco,
quedaron mis penas, manchando
de llanto la indiferencia de la gente al caminar...
Y yo, muriendo un poco más
por alguien que jamás
existió.

Mis venas se quemaron en el frío
de la noche. En el frío que ella me ha dejado,
en el frío que me ha dejado en el alma,
en el corazón, en los ojos escarchados...
Hastiados...
Solos...

Alguien respetó mi llanto; el silencio,
la bruma de la noche que me miraba
posándose a mi alrededor.
Los vahos que contuvieron su aliento
para verme llorar,
para verme morir solo.

Sí, alguien respetó mi funeral;
mi soledad, esa soledad que me ama y me abraza,
que me encadena y persigue,...
que me hiere y me mata.
Caminé solo, sumergido en mis noches
pobladas de agonías, angustias y reproches...

¡Corrí, lloré, grité...!
Y morí en mí
cuando comprendí
que estaba solo otra vez;
cuando miré al cielo, y vi,
que no tenía una sola estrella.
                                                                           


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 21 / 12 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | ES ELLA...



Es ella, siento que está envenenándome el alma de amor;
que está envenenando de mí, lo más profundo.
Está haciendo de mí un gorrión cautivo...
¡Acostumbrado a volar tan alto,
a surcar tantos cielos al clarear!...
Ahora, con las alas rotas por el amor,
tan sólo podré revolotear
a la altura del suelo.

Prefiero ser
gorrión cautivo
y olvidar que he sido
paloma torcaz.
Prefiero ser
sombra de tu vuelo
y olvidar mi cielo
al clarear...
                                                                           



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 22 / 11 / 77