lunes, 5 de marzo de 2012

CARTAS A MACHADO —DESDE PORTBOU— | EL POETA Y EL MAR



Sé que caminabas por la playa
al atardecer
como una sombra que apenas tiene sentido.
Sumido
en no sé qué poema.
Y al caminar,
el monocorde sonido
del mar,
te llenaba el alma de soledad.

Porque tus ojos son recuerdos
de antiguos besos que queman la piel
Y sigues caminando,
ahogando tus recuerdos de hiel,
entre la bruma este atardecer
lánguido.
Y comienzas a trenzar silencios...

"... En este atardecer de otoño,
otoño de mi vida,
otoño de mis sueños,
otoño de mi otoño,
otoño de mi alma herida,
quiero mirarte, mar,
y a esa luna vieja y polvorienta
que abre llagas de cristal
en mi viejo corazón de poeta
y en tus largos caminos de sal...".

Quiero sentir el último grito
de las olas que mueren
odiando su destino...
Quiero sentir,
en esta tarde gris,
la vieja melancolía de mi amigo, el mar...
Tan cerca, tan ausente.
Tan presente, tan distante.

Quiero sentir en mi alma
la queja amarga de su llanto
que se enreda en la soledad que amo tanto
y que, a cambio, sólo me da soledad;
fantasma de mi cuarto,
de mi noche, de mi lecho, de mi llanto.
De mi casa, de mi paso lento
y de cuanto
hago.
De mis ojos, de mis manos y de mis cantos
—vagos canturreos mal sonantes
sin ritmo ni compás,
no forma alguna de hacerlos entonar—.

Quiero sentir, una vez más,
cómo las olas se rompen violentas
entre las piedras.
O por el contrario, con qué sumisión,
terminan su dulce canción,
en esta playa desierta,
esta lánguida y absurda
tarde de invierno...

Deseo sentir, con todas mis ansias,
esta tarde que se escapa
sin poder evitarlo...
Y sólo me deja un pasado presente
y un futuro acabado.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, diciembre de 1979




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