martes, 26 de agosto de 2014

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | COLGADO DE UN BARRANCO, DECÍA LA CANCIÓN...



Este pueblo está colgado, pero no es precisamente de un barranco.
Sino de la caterva de tarugos y babancos
que pululan sin más destino que tomar vinos en los bares.
Este pueblo tampoco es blanco,
ni derrama lágrima alguna
por no ver el mar.
Aquí, en estas latitudes, en estos lares,
en este criadero de lerdos, en esta laguna
de gañanes, en esta fauna de patanes,
el ansia de curro se calma, enseguida, mirando al bar.

Por sus callejas de polvo y piedra, no sé si pasó guerra o cruzada.
Yo creo, que ni el mismo olvido se acordó de pasar por aquí.
Pero los pastores de hoy, eso sí,
conducen unos BMW que te cagas...
Al cura no lo conozco, no voy por su casa, no me va el protocolo.
Al cabo, tampoco, menos mal...
Pero al sacristán, a ese que echaron por hincarse la mistela del altar,
le veo cada tarde, cuando me sirve los cubatas, en casa de Manolo.

De la siega a la siembra. Y de siembra a la siega.
Los días, henchidos de tedio, se calcan cansinos,
del Casino al parque, del parque al Casino.
Al atardecer, emerge el verbo más ácido; la crítica, la venganza
soterrada. Reunión de zorras, asamblea de lenguas viperinas;
comienza la matanza,
perdición de gallinas...
Lenguas erguidas, dispuestas, afiladas como lanzas.
Ha llegado la hora
sin demora.
Escupir veneno
se hace ameno.
Se inicia el desmadre
de las comadres.
Se desata
el látigo de tabas.
La sátira de espino.
A unas les arrancan la piel.
A otras les morderían, si pudieran, la hiel.
Y a otras las meterían, sin más mención, en un traje de pino.
Llega el holocausto pedáneo, el desastre local, la escabechina.
No dejan títere con cabeza entre Aljucer y China.
Sólo se respira, tras el aire, envidia. Puta envidia y adrenalina.

También llega devastador, como una bomba de neutrones,
como el filo de una navaja, con la insensibilidad de un reptil;
frívolo como un vodevil,
servil y homicida como un proyectil,
la hora del escalofrío.
"¿Te acuerdas de mi primo, Fulano de Tal...?
Pues no, no es mi primo (ríe lasciva), se llama Pascual...
A ver —justifica—, de alguna forma he de llevar este hastío..."

En este pueblo, de verdad, todo es mentira;
los enanos llevan zancos.
Los loteros, pantalón corto, zapatos negros y calcetines blancos.
La desdentada, también vende cupones de cuando en cuando.
Mientras ejerce en secreto, o no tanto,
sus favores de yira.
La Sagrada Orden de los Colombófilos, en otra esquina,
se reúne esotéricamente para salvar al mundo.
Zafia y groseramente se despiojan infacundos.
Y Abundio,
el más listo de todos, vende el coche para comprar gasolina.

Las urracas, ocultas tras las cortinas,
se retuercen en sus nidos; van colocando a la gente etiquetas.
Así, entre la horqueta de su crítica y sus chismes a la vinagreta,
no queda, desde el jardín a la replaceta,
alma alguna que no pase de una u otra forma por su guillotina.

Los gitanos con sus guitarras
y los macarras con sus motocicletas,
desde el parque desgarran
cada tarde, sin piedad, la quietud y la calma.
La hacen trizas.
Cuando por fin concluye la locura y la farra,
de madrugada, el silencio, hecho cenizas,
suplica tregua... también mi torturada alma.

Escapad de Aljucer,
no esperes mañana lo que no te dio ayer;
aquí el precio de los pisos está por las nubes. Los bobos sin paga
se multiplican, deambulan como zombis, son una plaga.
Los colombófilos, en clausura, como frailes en cofradía,
veneran a San Palomo Torcaz. Las urracas, entre letanía y letanía,
se devoran unas a otras como lobas en jauría;
se destrozan, se encarnizan arrancándose la piel...
Y yo, entre todos, como un gilipollas; aturdido como un cabo furriel
en día de permiso, sentadito en el andén,
con mi bolso de piel marrón, sigo esperando a mi Penélope, aunque sé
que no vendrá. Cuando supo dónde vivía, dijo: ¡Anda y que te den...!

Y si me toca llorar,
a falta de pan lo hago,
ya que no puedo tomar las de Villadiego,
poniéndome ciego,
en cualquier bar.
Porque ésta es tierra de secano mental.
Imperio del vilipendio.
Seminario de ordinarios.
Reducto de necios sin oficio.
Escribas de la santa diatriba.
Lugar de santos sin grial...

Misa de domingo. Niños. Tedio en el parque. Ruido de motos.
Monotonía.
Un día, por fin, cierra otro día.
Sueños rotos...
... Pero al llegar el crepúsculo, se activa el corpúsculo;
los homúnculos, lejos del fóculo, en grupúsculos,
se reúnen sin falta para ver el partido de fútbol, en un ángulo
del bar de Manolo, en el Triángulo.

Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas
sin que se enterasen los colombófilos estos,
¡Joder si me iría...! A veces no resisto este lugar, lo detesto.
Pero los poetas, aunque no estemos del todo muertos,
sí estamos un poco, o mucho, en cautiverio:
A mi masoquista soledad le divierte este perturbado monasterio.
Así que, mientras se depila con mis poemas,
se enjuaga las penas;
se mofa, sin disimulo, de esta farisaica comunidad nazarena.
Y, entre vituperio y vituperio,
se lava el chichi con sus patrañas, en este ridículo baptisterio.




José Hdez. Meseguer
A Joan Manuel Serrat
Álter Ego
17 de mayo de 2008


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