miércoles, 14 de marzo de 2012

... DE TU MELANCOLÍA | MI LIBERTAD NO SALVÓ...



Es una tarde cenicienta y mustia... (A. Machado)


Mi libertad no salvó aquel suelo sembrado de bruma,
ni aquellos pechos azules que me desnudó la mañana,
ni siquiera esa curva ventana;
quedó revoloteando.
Golpeando en los cristales, intentando
escapar de la oscuridad que abrasa mi voz
y ahoga mi llanto.
Intentando escapar de las muecas burlonas
de estas paredes blancas y vacías.

Y ahí fuera, bajo el cielo plomizo, se recorta
una enorme soledad,
quebrando el horizonte en su agonía,
manchando el gris un negro
enmohecido que rompe
el cielo opaco.

Y no... ¡No puedo volar! ¡No puedo...!
Y mi libertad sigue muriendo.
Y los ojos que te hablaron
y el aliento que bañó tu cuerpo
siguen callando.
Siguen caminando
solos, vacíos.
Perdieron su brillo,
su color.
Sólo queda un ámbar de tonos
pálidos
y un frío
en su fuego.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


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