sábado, 3 de marzo de 2012

HOJAS DE OTOÑO (1978) | MARINO EN MIS BRUMAS



Esta noche me encadena...
Romper de nuevo el silencio
para apuñalar mi alma
a golpes de hiel,
a golpes de espejo.
Volver de nuevo a los vacíos,
al hastío,
por soñar rasgar otros vientos,
otros mares,
otros atardeceres,
otros amaneceres,
otros firmamentos.

Voy a romper este vuelo
contra el cielo,
un amanecer.
De oscuridad en oscuridad,
quiero quebrar mis alas,
a golpes de noche.
Y revolotear herido
en el aire absurdo
mientras mis heridas
hacen mi vuelo más curvo...
Y caer, caer, querer caer,
morir por no querer ser
prisionero de otro viento,
de otro lamento,
de otra hiel.

Envidio tus noches
y tus amaneceres,
y tu casa cubierta de versos,
y mis silencios.
Y envidio tus manos y tu guitarra,
y tu canto de cigarra,
y mi olvido.
Y envidio la sangre de tus poemas
y los llantos de tus madrugadas,
y las sombras de tus veredas
en los cañaverales
jugando a las quimeras
los otoñales

Envidio el fuego de tus sueños
y el reloj de tu tiempo,
y tu muerte en el empeño
por tu camino; labrador
de nubes y cielos marchitados.
Y el poema de tus ojos
y el arado de tus días
y el estanque de tu espejo,
y tus lunas rotas de agonía
y el aliento de tu mirada...
Pero también conozco esa sensación
de libertad acuchillada,
acribillada, flagelada, torturada,
maniatada, despreciada y olvidada,
porque tu camino es el mío.
Y también tu mirada,
y tu llanto,
y tu canto...
y hasta tu almohada.
Te conozco si verte;
tú trinas tu canto
en una cárcel de alambre,
yo lloro poemas
en esta cárcel de gente.

Dame un poco de tu vida,
de tu barca, de tu playa,
de tu arena, de tu día,
de tus alas,
de tu viento,
de tu alborada,
de tu estío...
... Y toma mi lamento,
mis quimeras,
el otoño de mis primaveras,
y la cera
de mis versos.


2


Noches de fuego
que se escapan y se estrellan
en el cristal azul del cielo,
mientras los espejos
de mis ojos
vuelan para ahogarse en otro mar.

Noches donde el aliento
se convierte en el viento
más fugaz...
para volar
al compás
del pensamiento...

Noches, en que las sombras
me envuelven en su suave sueño
de pasos de pasos lejanos que se alargan
y se duermen,
o se pierden,
hasta convertirse
en tenue murmullo
de reloj que no comprendo.

Noches, donde el camino más opaco
brilla quebrado en su piel,
y comienza a latir con la escarcha
de un cielo ametrallado de estrellas.

Noches, dentro de mis noches,
donde camino herido
por cientos de vuelos
que abren a la bruma
mis sentidos
y a la pluma
mis latidos.
Mientras, forcejea en su cárcel
una estrella condenada,
que grita a golpes
de una débil claridad marchitada.

Noches, en las que los recuerdos
me hieren y me llevan
a desnudar amaneceres
cubiertos de llanto y agonía
entre cuatro paredes y un techo
donde reventó contra mi pecho,
mi primer poema, mi primer verso...

Noches, en las que me siento tan preso de mí
que al tomar un sorbo de bruma,
me elevo
y me convierto
en la suave espuma
que aletea en los aleros
de las lánguidas noches bajo el cielo.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Figueras, enero / febrero 1979.


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