viernes, 2 de marzo de 2012

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | RÉQUIEM POR UN AMOR



Esa luz, esa llama que me encendía el alma,
esa luz que quemaba mi corazón,
ese fuego que ardía tan adentro,
esa pasión que consumía mis entrañas
se ha quebrado sobre las tinieblas,
sobre mis tinieblas.
Ha muerto; se ha extinguido lánguidamente
sobre el vaho de mi aliento...

... Y otra vez solo. Vuelvo a encontrarme
silenciosamente solo.
Solo, como siempre.
¡Qué sensación de angustia!
Darse cuenta de que mi camino, está aquí,
entre mis soledades perpetuas.

Mis espejos se rompieron en pedazos,
se quebraron para formar la suave y cálida
escarcha de la soledad que me acariciaba
tiernamente la cara, resbalando
hasta el gris plomizo y sin brillo.

Ahí, en el suelo opaco,
quedaron mis penas, manchando
de llanto la indiferencia de la gente al caminar...
Y yo, muriendo un poco más
por alguien que jamás
existió.

Mis venas se quemaron en el frío
de la noche. En el frío que ella me ha dejado,
en el frío que me ha dejado en el alma,
en el corazón, en los ojos escarchados...
Hastiados...
Solos...

Alguien respetó mi llanto; el silencio,
la bruma de la noche que me miraba
posándose a mi alrededor.
Los vahos que contuvieron su aliento
para verme llorar,
para verme morir solo.

Sí, alguien respetó mi funeral;
mi soledad, esa soledad que me ama y me abraza,
que me encadena y persigue,...
que me hiere y me mata.
Caminé solo, sumergido en mis noches
pobladas de agonías, angustias y reproches...

¡Corrí, lloré, grité...!
Y morí en mí
cuando comprendí
que estaba solo otra vez;
cuando miré al cielo, y vi,
que no tenía una sola estrella.
                                                                           


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 21 / 12 / 77


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