viernes, 20 de abril de 2012

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | A ELLA


Y ahora, al evocar aquellos años, pienso sin temor
a equivocarme que, desde casi el principio, la odié.
La odié a muerte; con la frialdad que todo ello conlleva.
Odiaba su mente infantil y embustera,
odiaba su tremenda ignorancia
y su escasa ambición…

Odiaba su superficialidad; no había
detrás de ella más que un profundo vacío.
Vivía al día, sin pensar en actos o consecuencias.
Su tarea estaba destinada por dedicación
exclusiva al cultivo del ego para, únicamente,
aparentar y presumir.

Su aspecto, no era exactamente su conciencia,
sino una furcia barata que la endiosaba por momentos
para la cual vivía por entero, retocándose
y adornándose como una estatua griega.
Todo, en ella, era un profundo cansancio:
mimada hasta la saciedad. Sin medidas.
Era la triste consecuencia de una mujer vacía.
De una pobre mujer de espíritu.
                                                                              



José Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 20/ 6/1985

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | ¿QUÉ VOLVERÉ A SER?



¿Qué volveré a ser cuando toda esta monotonía
 termine conmigo?
¿Tendré la oportunidad de acariciar un sueño,
o me hundiré de nuevo entre la niebla de la frustración?
Siento cómo me golpea la sangre en las venas.
Siento cómo me golpea la impotencia.
Estoy harto de ser un muñeco en el desván.
Necesito sentir la luz…
¿Qué volveré a ser cuando toda esta monotonía
termine conmigo…
Acaso, otra vez,
un payaso sin niños?
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 3/ 7/ 84

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | TIEMPO INDECISO



Continúa este tiempo indeciso
de dudas y frustraciones.
¿Por qué negar que mi cielo no es azul
y que me encuentro vacío
dentro de algo que, en realidad,
no es nada?

Los días pasan. Simplemente desfilan
ante mí, como sombras. No aportan
nada, o casi nada; apatía y malestar.
No me apetece ser parte del juego
de otros. Parte de una máquina absurda
y mecánica.
Me hundo. Irremediablemente.

No sé ser hipócrita, ni acariciar
cuando no siento más que asco…
Y fingir, y volver a hacerlo,
como un dogma que yo aborrezco
y cambiar automáticamente
por un mundo que mi corazón no siente.
                                                                              


José Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 3/ 7/ 84



CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | GANAS DE TI



Tengo ganas de hacerte el amor
y correr por tu piel blanca,
sin complejos, ni obstáculos,
sin tabúes que frenen
mi enorme carrera desde tus pechos
hasta tu vientre.

Tengo ganas de amarte
aún más de lo que lo intento;
amarte incansablemente,
amarte hasta desconectar mis sentidos.
Tengo ganas de ti… ¡Tantas ganas!
¡Beber, vivir en ti!
¡Vivir de tu ilusión, de tu fe en mí!

Te siento, te amo… ¡Tanto!
Que al hacerte el amor
me encuentro a mí mismo
y me siento libre –como el viento–.
Tengo ganas de hacerte el amor
aún más de lo que lo siento,
morir de amor en ti
y revivir de la monotonía.
Renacer. Volver a morir, a vivir en el intento.
                                                                              



José Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 14/ 12/ 83

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | TODO ES COMO SIEMPRE



Todo vuelve a ser como antes;
como si nada hubiera ocurrido,
como si nada hubiera pasado,
todo está en calma...

Como si nadie se hubiera marchado,
como si nadie se hubiese ido.
Nada altera esta calma;
como si nadie hubiese existido.
                        



Desde aquí, Francisco Javier, desde las sombras...
                                                                                   


José Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 19/7/83

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | AL BORDE DEL ABISMO



Estoy aquí…
al borde del abismo
por una causa nueva…
Por algo tan antiguo
como el viento,
como el tiempo.
Que se apodera de mí
y ahorca mis sentidos,
destruye mis latidos
y sólo me deja una honda frustración
que me recorre el cuerpo, de punta a punta,
desde el cerebro hasta el corazón.

Me siento hastiado.
Asqueado por todo
lo que me hace ser distinto
de mí mismo.
Y fingir, tener que fingir,
y soportar continuamente esta angustia
que me pudre el alma
y destruye cada átomo de mí.
Monotonía absurda,
de una vida monótonamente absurda.
Sin sentido.
No sé qué será de mí,
ni cómo voy a terminar.
Sólo me asusta pensar,
que no pueda continuar fingiendo
por más tiempo,
un segundo más.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 20/ 5/ 83

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | A MI PRIMER AMOR



Gracias por todo.
Por lo malo y por lo bueno.
Porque gracias a ti
descubrí que existían otros mundos
y me elevé sin tener en cuenta
la altura ni la medida.
Vagaba solo
y pronto comprendí
que éramos dos. Creí.

Naufragaba en la oscuridad
víctima del miedo y el vértigo
de la noche; perdiendo las fuerzas
por segundos,
caminando entre el bien y el mal,
rozando el abismo.
Y de pronto, apareciste tú,
inundando mi alma;
rescatándome de las sombras
y las quimeras
que se enredaban en mis diecisiete años
como la hiedra al muro.
Y supe que Dios no me abandonaba.

Y gracias a ti
toqué puerto y llegué a un mundo
nuevo y desconocido.
Fascinante: era el amor.
Y sentí la necesidad de enamorarme
y de amar. Mas también de ser amado.
Y me enamoré de ti.
Porque, gracias a ti, no estaba solo.
Y emprendimos la marcha juntos.
Y supe que Dios estaba conmigo.

Gracias a ti
supe que el cielo tenía otro color
y la brisa otras fragancias.
Todo era distinto.
La vida me sonreía
porque tú me sonreías.
Y caminaba sin miedo
porque tú estabas a mi lado
y me alzaba sobre el cielo
sin temor a caer
porque tú me protegías.
Y luchaba contra la adversidad
y los problemas eran fáciles
porque tú me esperabas...
Todo era maravilloso.
Era el amor.
Y supe que Dios estaba a mi lado.

Gracias a ti,
un día, miré alrededor y estaba solo;
te llamé y sólo el eco contestó
a mi grito amargo y desesperado.
Te busqué y sólo encontré silencio.
Revisé uno por uno todos mis fallos
tratando de hallar una respuesta...
Y te lloré... Y te supliqué...
Me arrodillé ante ti, tratando
de pedir perdón por nada.
Y me arrastré con la agonía
y la esperanza de recuperarte
a cambio de cualquier cosa.
Eras todo para mí; la sangre de mis venas,
el pulso de mi equilibrio,
el eje de mi vida...
Todo fue inútil;
un grito de angustia en el vacío.
Y creí firmemente que Dios me olvidaba.

Gracias a ti
aprendí a llorar
con la más infinita amargura.
Y todo perdió su color.
Y la vida su valor.
Y caí destrozado al suelo
con las alas rotas.
Ya no me importaba nada...
Estaba solo otra vez.
Y quedé sumergido en la tiniebla
largos y duros otoños...
Y solo y vencido
seguí caminando;
monté a la grupa de los años
odiando mi existencia y tus recuerdos
porque me impedían luchar
y olvidar
que hubo un tiempo feliz
en no sé qué absurdo momento
de mi vida.
Y creí que Dios me odiaba.

Gracias a ti
mis llagas se fueron endureciendo
y también, gracias a ti,
me sumé a la estúpida comba de la vida
sin ambición ni ilusión por nada.
Y... ni te olvidé, ni acepté mi destino,
pero sí me refugié en mis gaviotas
que nacieron con más fuerza que nunca,
buscando con urgencia la necesidad
de nuevos sueños.
Y cada vez fueron más hermosas
y, cada vez, más fuertes y capaces
de volar con menos temor
hacia nuevos cielos
y hacia nuevos mares.
Y creí que Dios me ignoraba.

Gracias a ti
fui rompiendo oscuridades
y dejando tan sólo penumbras,
que arrastré como cadenas
tras mis pasos por los versos.
Y fue creciendo en mí
otra persona incapaz de olvidar
y de amar;
enferma de profundo odio y realismo.
Un ser, embrión de mi angustia
y de mis noches pobladas de recuerdos,
que me encadenaba sin descanso
al alba brumoso e hipocondríaco.
Y pensé que Dios se burlaba.
Porque, gracias a ti,
descubrí otra persona
dolida y sola...
Taciturna e introvertida
que, al borde del abismo,
deshiló lentamente sus recuerdos
para convertirlos en gaviotas,
más tarde en poemas,
y más tarde en vino...
Y pensé que Dios me castigaba.

Gracias a ti
nada pudo hacerme más daño,
ni abrir más mis heridas.
Ni siquiera
la extraordinaria locura
de perder a la persona más pequeña.
Más pequeña y querida.
Aunque, otra vez, la angustia
sacudió mi cuerpo.
Y pensé que Dios era injusto.

Gracias a ti
dejé de creer y pensé que el amor
sólo había sido un espejismo. Un error
que sólo había deambulado en mi cerebro
como una borrachera.
Y mis gaviotas se fueron lejos
y se olvidaron de volver por primavera
y vinieron tormentas que inflamaron mi vacío
haciendo aún más insoportable mi hastío.
Y los colores, ya escasos,
se ahorcaron en la más profunda oscuridad
y la tarde lenta se apresuró
a hundirse, como cada tarde, en el silencio.
Me mente se pobló de burlas y ecos
que abrieron quimeras en mi cerebro
y los sentidos me abandonaron
para desbocarse, una vez más, al barranco del vértigo.
Y pensé que Dios era cruel.

Gracias a ti
cuando ya nada era posible, desperté;
un rayo furtivo de luz blanca
había entrado en mi ventana
robando la náusea que inundaba mi cuarto.
Y miré al alba crecer despacio
emergiendo como un dios
desde el vientre del horizonte,
cargado aún de penumbra y sangre.
Y supe que habían pasado nueve
años. ¡Dios mío!, me dije,
qué largo se hace el tiempo
que se pretende olvidar.
Y pensé que Dios jugaba.

Gracias a ti
llegó el estío como un alazán dorado;
pintando de oro y encarnado
el azul pálido y quebrado
de la tarde. Estaba solo.
Solo y hundido.
Y de pronto la encontré: me miraba.
De pronto, mi estado de apatía
saltó al abismo como un caballo desbocado
y la languidez de mi pulso
se convirtió en un oleaje indómito
que recorrió y sacudió
mi cuerpo violento.
Y los colores se hicieron claros y limpios
y empecé a conocerlo todo;
sin darme cuenta había vuelto.
Y sé, y supe, que Dios y la vida
tan sólo me enseñaban.

Gracias a ti,
sé. Quiero querer como quiero;
con un amor sereno. Entero.
Equilibrado. Realista y a la vez soñador.
Lanzando, desde el suelo,
mis gaviotas al cielo,
sin temor...
Y dar un beso o hacer el amor,
a cada cosa de ellas, le doy, hoy,
su exacto valor.
Poque soy capaz de navegar
lejos, sabiendo que sé quién soy,
hasta dónde voy
y, sobre todo, que puedo regresar.


Epílogo...

Gracias. Gracias por todo.
Por lo malo y por lo bueno.
Gracias por enseñarme,
sin darte cuenta,
sin pretenderlo,
sin querer hacerlo,
a perder,
a llorar,
a naufragar
en el océano de la vida...
Pero gracias también
por enseñarme
a valorar,
a comprender,
a distinguir,
a deshilar los sueños de la realidad...
Pero, y por encima de todas las cosas, a amar.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 6 de junio de 1983


jueves, 12 de abril de 2012

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | EL PRINCIPIO DE LA MELANCOLÍA



¿Dónde empieza esta melancolía
profunda
que me inunda,
que se esparce,
que me ahoga,
que crece
como un inmenso mar
dentro de mi alma sola?

¿En qué noche
o en qué sombra?
¿En qué siglo de mi infinita
existencia?
¿En qué senda
de mi andar tan largo
e interminable?

Pierdo la cuenta de los siglos,
que parecen miles,
en mi piel hastiada,
castigada y enferma.
Y pierdo la cuenta
de mis soledades
profundas y eternas
como mi Dios.

¿Qué angustia
ahorca mis ojos
desde que empezaron a naufragar
en un mar
sucio, oscuro y turbio,
desde que vieron la luz;
desde la eternidad,
desde el alfa
hasta el omega
de mis pasos estúpidos
e inoportunos;
increíblemente imbéciles?

Me pierdo, me pierdo irremediablemente
en mis vacíos,
en mis angustias,
en mis viejas hipocondrías.
Tan viejas, como el alma
de mi pluma.
De mi errante pluma.
Hastío. Un insoportable hastío
me muerde el alma.
Me desangra. Sé que voy a morir.
Lo sé.

Sé que mi alma quiere libertad.
No rejas de vida.
Debo morir aunque, en realidad,
ese niño que jugaba a ser mayor,
sin querer crecer, murió ya.
¿Dónde he equivocado mi vida, Señor?
¿Qué quieres de mí?
Me lo has quitado todo.
No me queda nada,
excepto este río de soledad.
Un gran río que ahoga mi alma.

¿Dónde empieza mi muerte,
dónde empiezo a morir en mí?
¿Desde cuando?
Sé, que desde la eternidad.
Desde el principio
del universo.
Mi alma está desgastada
y oscurecida
por un tibio sol
que me alumbró una vez,
pero siempre
con rayos débiles,
confusos,
extraños,
temblorosos
e imprecisos.

Me ahogo en un presente
eterno y absurdo.
Alguien sufre por mí,
pero nadie puede evitar
la espada impasible,
insensible
y sin rostro, del destino.
Lo entiendo
y me resigno.
Pero no dadme la mano,
porque nadie puede
quitarme del camino.


José I. Hernández Meseguer
Murcia, 6/81


CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | DESTINO



Poseo mi tiempo
en los dedos. Es inalterable.
Inamovible.
Tengo la intuición del destino.
Lo siento en mi mente infantil
y embustera.
También en mi pluma,
caminante y gaviota
de pasos vagabundos
y cielos perdidos
en los atardeceres
y alboradas
que no comprendo
ni distingo bien...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 16 de junio de 1981

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | EL ESPEJO DE MI VIDA



Me miro en el espejo
de mi vida y sólo veo
dos inmensos ojos
castigados y vencidos
por tan sólo veinticuatro años.

He perdido la batalla más fácil de mi alma
entre mentiras y promesas,
entre vacíos y hastíos,
entre soledades
y realidades...

...Entre todo este inmenso
montón de mierda,
de asquerosa y puta mierda,
que rezuma soledad
por las paredes de mi mundo.
Son las cinco y cuarto.

Debo callar para seguir fingiendo,
para seguir tragando el maldito polvo
de este camino ceniciento
y yerto que no acaba nunca.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 16 de junio de 1981


martes, 3 de abril de 2012

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | EL SUICIDIO DE LA TARDE...



Esta tarde que se suicida
en los brazos del silencio,
me devuelve a golpes
a bóvedas confusas,
mientras la brisa fresca me trae
olor a otras tardes
de honda y larga hipocondría...








José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Un momento de principios de verano...
Figueras,1980

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | ME DIJO...



Me dijo: no puede ser, no puede ser...
Y se marchó.
Y vistió de sombras mi casa
y de quimeras mis sueños,
y mis quince años
de angustias y miedos.

Me dijo: no puede ser, no puede ser...
Y se marchó.
Y naufragué en la noche,
y en mi almohada,
tan cargada
de sus ausencias...

Me dijo, me hablaba de amor,
me hablaba, me hablaba.
Me hablaba de amor
y yo soñaba...

Me dijo: no puede ser, todo acabó...
Y se me fue.
Se me perdió en silencio.
en los dedos,
en mi cuarto,
en mi llanto,
en mis versos...

Y ahora, a contraluz
de un montón de otoños...
Aún la hiere,
aún la llama,
a mi vieja alma
desgastada...




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio


SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | TE ARRASTRARÉ...



Te arrastraré por mis versos
y por mis besos...
También por estas paredes blancas
que hoy son testigo de mi soledad.
Te arrastraré sin poder olvidarte,
mas tampoco sin poder odiarte,
pero te arrastraré como una cadena,
como una queja, como una pena...
Como un sueño imposible,
como una quimera.

Te llevaré enredado
en mis manos,
en mi pluma,
entre mis silencios
como al fantasma
que llevo dentro de mi alma.

Te ahogaré en mi llanto
y en mis vacíos.
Te llevaré surcando cielos de cobalto
y tardes encendidas.
Te hablaré de mis penas
mientras la luna llena
araña sus gélidos mantos.
Y veremos la bruma
devorar el alba,
mientras me tiemblas
con miedo en el alma.
Y me pides sosiego...
mientras me pides calma.

Sé que te arrastraré
como un jinete vencido
por la batalla herido...
También sé que morirás algún día;
cuando mis ojos no vean sus gaviotas,
y el mar sólo sea el mar.
Y, cuando mis sueños,
sólo sean soledad.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 12 de febrero de 1980




SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | OTRA VEZ, LA MÚSICA EN MI RECUERDO



Se pierde mi recuerdo
entre la música que me acompaña
y el acero de mi compañera.
Y recuerdo otras compañeras
que brillaban tanto
pero no hacían ríos de sangre
y, a cambio, me hacían volar
hacia cosas que ya no recuerdo,
hacia cosas que he olvidado...
Hacia mi infancia.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Portbou, 7 de febrero de 1980

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | EN PENUMBRAS ESTÁ MI CASA



En penumbras está mi casa,
en soledad está mi alma inquieta: sola.
Todo pasa.
Pero la soledad de mi alma
no pasa ni vuelve, siempre queda.
Esta tarde triste y apagada,
y el aliento amargo
que muerde el cristal de mi ventana,
me hacen sentirme aún más solo.

En silencio está mi casa,
en un silencio forzado y tenso.
Allá mi compañera,
embrión de mis sombras,
aquí yo, del mar y mis gaviotas preso.

Mar: mi camino eterno. Inalcanzable.
Tu vida: mi muerte.
Mi muerte: mi vida.
Mi muerte: vivir cada día
irremediablemente.





José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras / Portbou, 9 de enero, 1980


SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | EL ÁRBOL Y EL CREPÚSCULO



La tarde comenzó a dormirse
mientras, las calles en penumbra,
dejaron escapar un poco de soledad.
Y tú, entretanto, surgiste como un dios
de sangre negra.

Tus brazos se elevaron a un cielo
marchitado y frío
para pedir clemencia,
y tu cuerpo quedó rígido
mas no muerto.

Y así cabalgaste al cielo;
hasta que tú, tu soledad y el crepúsculo
fuisteis uno solo.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 31 de enero de 1980

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | EL ÁRBOL Y EL OCASO



Le robé un minuto a la vida
para hablar de ti y de tu melancolía,
porque te vi elevarte mudo
sobre el mundo
y creciste sobre una ciudad
que quería sonreír para olvidar su tristeza.

Te elevaste con tus lanzas rotas,
arañando un cielo pálido
que quiso llorar pero no pudo...
Y el ocaso, que olvidó
que era navidad,
murió en silencio.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 31 de enero de 1980