viernes, 20 de abril de 2012

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | A ELLA


Y ahora, al evocar aquellos años, pienso sin temor
a equivocarme que, desde casi el principio, la odié.
La odié a muerte; con la frialdad que todo ello conlleva.
Odiaba su mente infantil y embustera,
odiaba su tremenda ignorancia
y su escasa ambición…

Odiaba su superficialidad; no había
detrás de ella más que un profundo vacío.
Vivía al día, sin pensar en actos o consecuencias.
Su tarea estaba destinada por dedicación
exclusiva al cultivo del ego para, únicamente,
aparentar y presumir.

Su aspecto, no era exactamente su conciencia,
sino una furcia barata que la endiosaba por momentos
para la cual vivía por entero, retocándose
y adornándose como una estatua griega.
Todo, en ella, era un profundo cansancio:
mimada hasta la saciedad. Sin medidas.
Era la triste consecuencia de una mujer vacía.
De una pobre mujer de espíritu.
                                                                              



José Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 20/ 6/1985

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