martes, 3 de abril de 2012

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | EL ÁRBOL Y EL CREPÚSCULO



La tarde comenzó a dormirse
mientras, las calles en penumbra,
dejaron escapar un poco de soledad.
Y tú, entretanto, surgiste como un dios
de sangre negra.

Tus brazos se elevaron a un cielo
marchitado y frío
para pedir clemencia,
y tu cuerpo quedó rígido
mas no muerto.

Y así cabalgaste al cielo;
hasta que tú, tu soledad y el crepúsculo
fuisteis uno solo.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 31 de enero de 1980

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