domingo, 20 de mayo de 2012

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | POEMA PARA UN MOMENTO



Es sólo un poema.
Poema para un momento de silencio.
Para este preciso momento
o para el olvido en el tiempo.
Este poema... ¿Cómo decírtelo, mi amor?
Debe ser tan sutil y tan amable
con mi pluma y con mi mente
que ni se note,
que siga su curso suave
sin un segundo de duda.
Es, también, diario de un día
que nace lento y perezoso.
Sin ninguna prisa.
Un día gris.

Oigo, desde mi cuarto de la pensión,
las campanas de la iglesia.
¡Ya son las ocho!  —bostezan—
Y aboco la mirada hacia la plaza
que es de piedra. Una plaza detenida
en el tiempo. Condenada a la existencia.

Y camino calle abajo del brazo
de una mañana profundamente gris
y oscura, y cae suavemente
la llovizna como una cortina
casi inapreciable.
Incluso cómoda y agradable.
Voy mirando como un niño;
anonadado.
No quiero perder ni un sólo instante
de este maravilloso momento
que me ofrece, en exclusiva, mi sensibilidad.

Los suelos parecen espejos,
y la niebla se enreda, espesa, en las calles
como hiedra.
Y mientras camino y me llego al paseo,
noto bajo mis pies la hojarasca rojiza
de los chopos deshojados por el invierno.
Mi amor, si estuvieras aquí, si estuvieras...
Verías este invierno dormido
bajo los árboles desnudos...
Verías este inmenso invierno cargado de primavera.
Me detengo un momento
para aprenderme este instante.
Para hacer este poema...

Tomo aliento: se me inunda el corazón
de aire limpio, de olor a tierra mojada,
de leña húmeda,
de hoguera encendida,
de madera quemada.
Miro el reloj  —eterno enemigo—
y sigo caminando calle abajo,
contando los segundos
que aún me faltan para estar contigo.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Albacete, 22 de noviembre de 1983




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