viernes, 6 de julio de 2012

CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA | PORTBOU Y EL MAR EN MI RECUERDO




Vi llegar la primavera flotando sutil
en el ambiente…
Y al sol filtrando sus cálidos ramilletes de luz
entre las espesas nubes, para estrellarse
en un suelo gris y vacío, lleno de soledad.
Y la vi llegar y marcharse igual.
No podía decirme nada;
me había estancado
en una soledad forzada,
que abrasaba mis ansias
y sólo dejaba escapar gaviotas y sueños apaleados.

Pronto, sin darme cuenta, se deslizó
en la atmósfera toda la amable intención
del verano, para sucumbir como un fantasma
de nuevo ante un otoño impávido y frío,
que raudo, se apresuró a extender hojas
muertas con un suave manto cargado
de agonía…

Me gustaba andar bajo aquellos árboles
moribundos por el paseo hasta llegar frente a él:
era un dios gigantesco y embriagador.
Pasaba horas interminables viendo su rebelión.
Golpeando, suicida, las duras y afiladas aristas
de sus guardianes grises e inamovibles
que le impedían, por poco, hacerse dueño
de aquel pueblo.
Le  admiraba alucinado.

Era maravilloso conectar con sus legiones
que por inmensas que fueran, iban cayendo
una tras otra con sus enormes arietes de cristal…
Y era triste, porque todo me decía que estaba solo.
Tremendamente solo, al igual que yo. Hundido
en las tinieblas y al borde de una muerte cierta.

Y a pesar de eso, yo le envidiaba
porque seguía luchando
con la fuerza de su fe y de su nombre.
Y sabía,
que llegará el día,
en esa batalla establecida de miles y miles
de siglos en que, por fin, su constancia,
será estandarte de su victoria.


                                                                              
José Israel Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma
Murcia, 20/ 6/ 85


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