sábado, 7 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 1


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La noche se ha apoderado definitivamente de la ciudad.

Sigues escuchando el sonido de las sirenas de la policía que continúan registrando todos los rincones de la urbe. Sientes la presencia de los humanos muy cerca ya. Pero la ciudad es grande y tardarán un tiempo en hallarte. Sabes que están por aquí. Los hueles, puedes apreciar cómo van cercándote. Van armados, son conscientes de que no vas a rendirte con facilidad. Eres un guerrero y morirás matando. Pero no por capricho como ellos; conoces suficientemente a los humanos como para saber que éstos matan por matar. Por placer. Por diversión. Por deporte. Por capriho. Incluso por capricho se aniquilan entre sí. Son asesinos por definición.

El laborioso registro de todo este laberinto de callejones les llevará algún tiempo, también lo sabes. Ese es el motivo por el que te encuentras precisamente donde estás. Éste, además, es un lugar demasiado oscuro y profundo. Es como un túnel. Sólo hay cubos de basura, desperdicios y restos orgánicos. Cubos y montañas de basura almacenada a ambos lados del callejón. Muchas de estas bolsas han ido lentamente reventando como consecuencia de los mordiscos de los roedores que ahora te acechan y, a través de sus hendiduras, brotan sus nauseabundos contenidos como las tripas tumefactas de un animal muerto.

Hay decenas de ratas que, en la oscuridad, te observan. Sus profundos ojos escarlatas te examinan inquietos y agitados. Son virulentas luces púrpura al alrededor que van acercándose hacia ti y se excitan al olor de tu sangre. Te asedian y tienes que quitártelas de encima. Su extraño lenguaje va reuniéndolas en torno a ti. Tienes que espantarlas como puedes. No sabes por cuánto tiempo; cada vez son más y saben que estás herido. Parecen buitres al alrededor. Debes recuperar el aliento para poder continuar. Si tan sólo pudieras cerrar los ojos unos minutos; lo necesitas tanto…

Ahora comienza a llover y tratas inútilmente de refugiarte debajo de esos cartones malolientes y putrefactos. Te encuentras tan fatigado; tan exhausto… Aun así, aun a pesar del cansancio, no puedes evitar acordarte de tus días en la selva, cuando estabas en casa...







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