lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 39



39

La bióloga Natacha Zinsky y el ingeniero genético Andrea Scópulos, eran las dos personas responsables del Proyecto Ulises; un espléndido proyecto del que oías hablar desde cualquier rincón de aquel calabozo. Mientras no entendiste una palabra, nada pudo trastornar tu imaginación; tu vida pasaba lenta y descoloridamente entre la angustia de la soledad y la angustia que te producía vivir encerrado; pero una vez que obtuviste la capacidad de entender a los humanos la situación cambió radicalmente.

La mañana, como siempre, se despertó rabiosamente cárdena e igniscente. El día comenzaba agitado. Un encrespado y continuo ir y venir de personal delataba la excitación.

Por lo que pudiste detectar desde tu rincón, una Comisión Especial de Investigación de la Compañía IPCICCEX, con sus inversores al mando, venía en misión oficial. La descomunal inversión económica, requería, invariablemente, resultados inmediatos. Después de visitar los puntos más relevantes y estratégicos de las instalaciones, le tocó el turno al laboratorio. Éste se convertía en un larguísimo corredor repleto de jaulas adosadas, situándose en el centro, diversa y complicada aparatología de laboratorio. La comisión fue insensible y pausadamente pasando revista, mientras cada responsable explicaba a éstos, en grado de disertación académica, los avances y novedades alcanzadas en cada sujeto. Cada animal tenía un historial que aportar y un destino que ocupar. Ahí comenzaste a oír las primeras atrocidades.

Al llegar hasta donde te encontrabas, el comité se detuvo. Tú eras, una vez más, la estrella.

—  ¡Qué magnífico ejemplar de “mandrillus sphinx”! —exclamó alguien.

Andrea respondió orgulloso:

—   Ciertamente —debutó el joven ingeniero carraspeando—. Es, posiblemente, el mejor ejemplar que hayamos tenido nunca.
— Y díganos, señor Scópulos… —inquirió uno de los anónimos visitantes en tono desabrido, tras consultar su nombre en la tarjeta de identificación que llevaba cosida en el pecho— ¿Qué puede aportarnos del inmediato “Proyecto Ulises”? Sabe, supongo, que nuestro viajero debe encontrarse perfectamente dispuesto en el plazo máximo de dieciséis semanas... ¿Evoluciona el Proyecto según lo previsto? —insistió. 

Andrea Scópulos devolvió una mirada un tanto sorprendida. Antes de responder hizo un ademán de cortesía intentando cederle la palabra a su compañera pero Natacha no intervino. Le dejó la iniciativa.

—   Aún es pronto para poder asegurarlo —expresó—. Hasta ahora las pruebas efectuadas han resultado favorables. De hecho, el espécimen, ha respondido bien a los ensayos que se han realizado. Diría más —rebuscó en su vocabulario las palabras adecuadas—, si la mutación que se ha ejecutado en su estructura molecular concluye con éxito, paso que todavía se encuentra en proceso, estaremos en condiciones de afirmar que, Ulises, podrá ser catapultado sin problemas.

El interlocutor le miró fijamente. La respuesta del científico no le gustó, no era para nada lo que el inversor perseguía oír. Tampoco tuvo la intención de identificarse delante de los investigadores. El invitado, un individuo alto, sobradamente retraído y adusto en sus maneras, se hacía llamar Haserwood. 

— Óigame atentamente; aquí, no hemos venido a perder el tiempo. Sus respuestas son absolutamente imprecisas —advirtió el visitante—. Si lo que usted quiere es dilatar los experimentos para garantizarse el puesto de trabajo, hágalo en otra parte. Aquí, en IPCICCEX, no. Esta Compañía no quiere permitirse el lujo de pagar becarios con resultados a largo plazo.

Natacha salió al paso como un rayo, con actitud desafiante.

— Señor... como se llame, ni el señor Andrea Scópulos ni yo pretendemos robarle ni su dinero ni su tiempo. Puede estar tranquilo. Pero le ruego una cosa encarecidamente, haga usted lo mismo con nosotros: déjenos trabajar. Creo que mi compañero no le ha brindado una respuesta difusa. Al contrario. Precisamente le ha confirmado que sólo estamos a la espera de que el proceso de transformación genética cubra su ciclo. Después, Ulises, será todo suyo. Ustedes están pagándonos para eso, ¿no? ¿O quiere, acaso, mandar un mono al espacio sin las debidas garantías?



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