lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 42


42

Los visitantes, aterrorizados por la tremenda rapidez con la que el simio había atenazado a su presa, corrieron sin dirección sin saber dónde meterse. Aquél, mientras, completamente inhabilitado para esgrimir una sola palabra de auxilio, se retorcía como una culebra en su desesperado pero inútil intento por zafarse de la bestia que le sujetaba el cuello, impidiéndole respirar. Su cara, pronto se amorató como una lila y unos espumarajos se asomaron a sus violáceos labios. Desde tu acomodada y privilegiada posición mantenías al hombre sujeto. No estabas dispuesto a soltarle; gritabas furioso, exhibiendo altivo tus poderosos colmillos en la misma y tumefacta oreja de Haserwood, mientras sus ojos perdían la órbita yéndose hacia el interior.

Una voz firme y segura detuvo el inminente proceso de estrangulación. 

— ¡Ulises, suéltale, vas a matarle!

El mono la miró. Sus ojos redondos se hundieron en ella.

¡Te he dicho que le sueltes!

Un momento después dejaba de hacerle presa y Haserwood caía al suelo tosiendo como un leproso.

— Vamos a tener muchos problemas —confirmó Logan horas más tarde con visible preocupación ante todo el equipo de ingenieros, reunidos en la mesa ovalada e interminable de la sala de juntas—. Lo que ha sucedido hoy no debía haber sucedido de ninguna forma. Va a costarnos muy caro. Los informes que este tío dará ante el Consejo de Investigación pueden cortarnos, también a nosotros, la respiración. No hubiera imaginado jamás que Ulises pudiese reaccionar de una manera tan violenta. Ha estado a punto de ahogarlo. Ha faltado poco.

Hizo una breve pausa, pensativo. Luego continuó.

— ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Qué ha fallado en las pruebas? Este tipo de reacciones no eran ni mucho menos las esperadas; creo, honestamente, que hemos fracasado con estrépito en nuestro programa de investigación; Ulises no debía de ninguna manera de haber reaccionado del modo en que lo ha hecho, se ha comportado simplemente como lo que es, un simple animal. Los meses de investigación llevados a cabo en este espécimen, las distintas pruebas a las que ha sido sometido no han logrado transformaciones de relevancia en la conducta de Ulises. Creo,  honestamente, que hemos perdido nuestro tiempo en ilusiones imposibles. Posiblemente hemos jugado a ser Dios y hemos perdido. La experiencia que hoy hemos vivido es la prueba más evidente…—expuso al equipo de investigación resoplando con desilusión—. Esto, por desgracia, viene a confirmar que el tal Haserwood, a su manera, tiene razón, que el Proyecto Ulises, ha sido un error, un fracaso. Así mismo lo haré constar en el informe que presente mañana a primera hora.

Natacha, contra todo pronóstico, sonrió. No estuvo tan segura como el director.



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