lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 48


48

Scópulos movió la cabeza asintiendo. Sabía que Natacha no iba descaminada. Sabía que tenía razón, llevarlo hasta el bosque era sólo una salida pero no la solución. La solución, posiblemente, no se encontraba en ningún lugar, tal vez, porque no existía. Para empezar ninguno de ellos disponía de los costosísimos medios que supondría retornar a Ulises a África. Aún menos sin documentación; se encontrarían automáticamente fuera de la ley. Además de que, de ser cierto que el mandril se hallaba en el proceso irreversible de mutación genética, seguramente ni el viejo continente africano era ya su lugar; sería como transportar a un ejecutivo de la Bolsa Nueva York hasta el paleolítico.

Andrea se levantó del borde de la cama donde se encontraba hablando con Zinsky y encendió un cigarrillo del paquete que la bióloga había dejado apoyado en la ventana. Llevaba intentando no fumar cuatro meses, pero, maquinalmente, se introdujo el pitillo en la boca. El aroma y el humo del Camel sin filtro invadieron de un extremo a otro sus pulmones; las circunstancias le restaron importancia a la penitencia sabiéndole a gloria en ese momento de tensión.

— Es posible —señaló el ingeniero lamentándose— que no queden salidas para Ulises en este mundo. Puede que sea una equivocación dejarlo en el bosque. Pero dejarlo aquí nos convertiría en auténticos cómplices de asesinato. Lo sabes. Demasiado daño le hemos causado ya. No es tan sólo un animal, y también lo sabes. Ulises es algo más. Sabes que de un tiempo a esta parte, su mirada escrutadora va mucho más allá de la simple y primitiva mirada de un animal.

Natacha seguía sentada en el extremo de  la cama. Asintió en silencio intuyendo que la escasez de posibilidades, les empujarían a una salida poco ortodoxa. El joven griego continuó fumando de espaldas a ella, de pie, frente a la ventana. No estaba seguro de cómo salir de la situación. Cualquier iniciativa iba a resultar seguramente inútil. Pero, desde luego, sí sabía que no estaba dispuesto a seguir contribuyendo ni un segundo más en aquella barbarie. Bastante mal había hecho ya las cosas. Los remordimientos de conciencia, a partir de ese momento, serían completamente inevitables tomase la decisión que tomase. Éstos aullarían en las sombras, rondarían su memoria como un cobrador de morosos; golpearían, iracundos, en sus horas bajas, e incluso, tendría que aprender a vivir con ese espectro el resto de sus días. Pero eso era suficiente. Quizá demasiado. No necesitaba más vapuleos.

— ¿Conoces —preguntó— la teoría de Okam?
— No.
— Pues según él —expuso pensativo—, la solución más sencilla es, casi siempre, la más probable. No nos queda ni demasiado tiempo ni demasiadas alternativas y debemos actuar ya, ahora. Mañana puede ser tarde. Tenemos muy poca ventaja sobre ellos, en el momento que lleguen nuestros despidos, y no dudes que van a llegar, nos impedirán la entrada al laboratorio y entonces sí que Ulises dejará de contar con las escasas posibilidades que ahora mismo tiene.
Andrea se dirigió hacia la puerta. Ella le retuvo por un brazo. Preguntó.

— ¿Estás seguro de lo que quieres hacer?
— Y tú, ¿lo estás tú?

Andrea y Natacha se miraron en silencio un instante. Sus miradas trataban de asegurarse la una sobre la otra por lo que habían decidido efectuar, poner en libertad a Ulises. Liberar al mandril con el riesgo que ello suponía, tanto para ellos si eran descubiertos, como para el propio animal, que a partir de su liberación quedaría brutalmente sometido y expuesto a los sucesos que pudieran surgirle. Aun así, intentarían dejarlo en libertad.

¿Le dejarían en libertad o por el contrario le estaban arrojando sin más a un destino cruel atestado de sorpresas? Posiblemente había que reconocer que ambas cosas. La idea resultaba a todas luces descabellada. No iba a tener nada fácil sobrevivir en aquel inmenso bosque por muchos cientos y cientos de hectáreas que tuviera, pero al menos tendría una posibilidad entre un millón. Lo que dejándole allí, en la celda, ambos sabían que ni siquiera gozaría de esa ínfima probabilidad y simplemente sería catapultado al espacio para ser historia.



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