lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 52


52

— Yo no he insinuado eso.

La estrategia, ante la premura de tiempo, se le vio enseguida y reculó.

— Pero lo digo yo que lo estoy viendo. Usted, reconózcalo, no siempre ha sido cristalino —dijo con media sonrisa dibujada en los labios, el ingeniero, haciéndole ver con descaro que había visto desde su primera pregunta su sucio movimiento de piezas—. Del mismo modo que es conocedor que en veinticuatro horas, sino hoy mismo, van a darnos la cuenta. De manera que ha que encontrar inexorablemente, o, en su defecto fabricar un causante, un chivo expiatorio, para no poner a estas alturas del camino en riesgo su trayectoria profesional. Pues mire usted, lo lamento —prosiguió—, pero en esa situación me temo no poder ayudarle. Al menos yo.
— Por supuesto, yo tampoco —coincidió Natacha—. Haremos lo que tengamos que hacer pero no vamos a cargar con las incorrecciones que no nos corresponden. Intentaremos aclarar esto, pero, no por usted, no se equivoque, sino por nosotros mismos.

Logan se encontró desarmado y dio media vuelta airado. Ambos habían visto su juego a un kilómetro de distancia. Por ese camino, Logan, no debía continuar, no tenía pruebas en su poder con las que acusarles directamente; únicamente un desorbitado pavor a las consecuencias. Lo que tampoco significaba que pensase que pudieran estar libres de culpa en el embrollo. Sólo era cuestión de seguir indagando.

Lo peor de la gente indecisa es que siempre hay que procurar tenerlos al lado, no de cara ni mucho menos de espaldas. Suelen ser muy peligrosos; son excesivamente egoístas y traicioneros por la cobardía que arrastran. El caso de Logan era el ejemplo perfecto. Logan no tenía más opciones que elegir entre su puesto de trabajo y dos colaboradores que, de todas formas, tenían el tiempo contado en la empresa. Y lo que comenzase siendo un simple argumento para defender su propia postura al final había tomado cuerpo y empezó a creérselo él mismo. ¿Por qué no? ¿Qué les importaba a estos tipejos montar un sarao de aquel tamaño?

Y pensando más allá. Podía resultar también que el fiasco hasta les viniese conveniente tan sólo por el hecho de joderles cualquier tipo de descubrimiento que no tardarían en vender a la competencia.



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