lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 53


53

En el tiempo de discusión, los agentes de seguridad y demás personal del Centro había logrado con éxito abrirse camino hasta el laboratorio, narcotizando a las distintas fieras con las que se habían ido topando. Los especialistas, a partir de ahí, aun cuando alguno de ellos estuviese bajo la sombra de la sospecha de deshonor y espionaje científico-industrial, como era el caso de Scópulos y Zinsky, debían determinar con la mayor objetividad posible cuál era la consecuencia por la que se había producido aquel enorme desmán. Si podían. Es más, hasta incluso les interesaba más que cualquier otra cosa desmontar de raíz la despreciable patraña y el tambaliche que el director les estaba preparando. Siempre se ha dicho que es mejor y más recomendable escupir para un lado que sobre uno mismo, y Logan, en este asunto, lo tenía claro; quería escupir sobre alguien antes que sobre él mismo.

A última hora de ese mismo día, mientras los helicópteros y las numerosas fuerzas del ejército iban sistemáticamente dando caza a los animales que vagaban de un lado para otro, en el interior del laboratorio los técnicos y los encargados del sistema de seguridad habían llegado a conclusiones sorprendentes para casi todos. Haserwood y su Comité, entretanto, había estado reunido con Logan, a puerta cerrada, todo ese tiempo. No era problemático deducir de qué habían estado hablando, aparte del responso y la cantidad de amenazas que le habían llovido al director. Las intenciones quedaban perfectamente dibujadas; si no lograban encontrar una procedencia lo suficientemente creíble, los dos científicos iban a tener serios problemas. Ninguno de ellos poseía una coartada que les incluyese pero tampoco que les excluyese de las sospechas ya que habían salido de la residencia sin ser vistos. Nadie podía testificar en contra pero tampoco a su favor. De hecho, desde la urgente necesidad de encontrar víctimas necesarias, una invisible tela de araña se tejía a su alrededor, iban a ser inculpados.

Todo el Comité, añadiendo a Haserwood y Logan, habían sido citados; existían novedades que anunciar. Cuando entraron en el laboratorio, Haserwood, miró inquisitoriamente al griego y a Zinsky. Aunque no se le veía, llevaba la espada delineada en la mirada debidamente afilada.

— Señores —expuso el responsable de seguridad dirigiéndose directamente a la jaula vacía de Ulises—, hemos encontrado algunos datos de interés que, quizá, puedan ofrecernos una explicación concluyente. No descartamos, en absoluto, la idea de un sabotaje, pero...
— ¿Pero qué? —preguntó un asistente.
— Sabemos que esta jaula ha sido habitada por un simio de gran tamaño, un mandril concretamente. Este animal ha sido sometido durante tiempo a  experimentos de transformación...
— ¿No sé que cojones tiene eso que ver con lo que está sucediendo? —protestó en tono airado Haserwood.
—  Esa es la misma pregunta que yo me he estado haciendo todo el santo día —alegó Bud— hasta que...
A ver, continúe… —insistió otro.
Hasta encontrar esto.

El agente de seguridad mostró una tarjeta magnética. Los presentes la examinaron de uno en uno.



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