lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt. 54


54

— Una tarjeta magnética de acceso al Centro… ¿Y qué significa eso? —refunfuñó otra vez, Haserwood.
— Que esta tarjeta estaba dentro de jaula —indicó el agente. Y las muescas, examinadas, coinciden que ésta ha sido utilizada para abrir el pestillo de la cerradura desde dentro.
— ¿Cómo puede estar tan seguro? —interpeló Logan.
— Ya le estoy diciendo que, tanto la tarjeta como el pestillo, han sido analizados microscópicamente. Existe, en ambos elementos, partículas de plástico y acero que no dejan lugar a dudas. Además, qué necesidad habría tenido cualquier otro que no haya sido él, de ejecutar una maniobra así si las aperturas se pueden accionar de modo automático e individual desde la cabina. ¿Por qué la única cerradura forzada es ésta? Y algo más. Las huellas analizadas no corresponden a ningún ser humano...
Ah, ¿no?
— No. Son de simio.
— Eso —increpó Haserwood con escepticismo— no significa nada. O mejor dicho, dos cosas —procedió a desarticular la exposición de investigación llevada a cabo por el representante de seguridad—. La primera; sigo creyendo a pies juntillas que esto es un claro acto de sabotaje. Ese mono ha sido ayudado a escapar. Porque, suponiendo y ya es mucho suponer, que ese simio hubiera logrado escapar de su jaula sin ayuda, no hay nada que justifique cómo y de qué forma han podido abrirse el resto de las celdas que, según usted, se controlan desde la cabina. Dos: el mono pudo, en cualquier distracción, robar la tarjeta de algún empleado. De ahí las huellas. ¿No es suficientemente lógico? Ese argumento, amigo, no se sostiene. No seamos tan estúpidos —exclamó dirigiéndose al resto de los visitantes.
— Eso no es todo —interrumpió Morrison—; hemos encontrado también esto.

El jefe de seguridad exhibió un minúsculo y casi imperceptible objeto cuadrado. Era un microchip.

—  Sinceramente —dijo— no creo que nadie en su sano juicio haya tenido la osadía de arrancarle este aparato a un mandril de sesenta kilos. A menos que...
— ¿A menos…?
— A menos que se lo haya arrancado él mismo para impedir ser detectado.
— ¿Está usted insinuando que ese animal podría haber adquirido la insólita capacidad desenvolverse como si fuera un ser humano? —interrogó con asombro un miembro del Comité.
— Si toda esta historia ha sido obra tal y como parece de ese simio, puede que incluso más. El resto de sus reacciones podrían ser increíbles. Eso por lo menos es lo que pienso yo. Y de igual manera podría justificar muy a pesar nuestro lo demás. No deben olvidar que ese mandril llevaba meses sujeto a todo tipo de experiencias. Aunque la señorita Zinsky y el señor Scópulos podrán aclarárselo mejor que yo, sin duda.
— Ya les advertí —apuntó Andrea arqueando las cejas— que estábamos precipitándonos al juzgar por adelantado el Proyecto y no quisieron escucharnos. Ni siquiera —reprochó— se dignaron a ojear los informes. No sé si de todas formas esto hubiese sucedido. Probablemente sí. De lo que no me cabe la menor duda es que, de esta manera, hemos precipitado los acontecimientos.

La gente guardó un hondo silencio. Después se produjo un extraordinario cuchicheo entre los asistentes. Había aún muchas piezas que no terminaban de encajar en el extraño rompecabezas. La historia no dejaba de ser inverosímil. Aunque ninguno de los allí presentes pudo evitar una mirada a Haserwood fusilándolo. Éste enmudeció. Los cojones, en ese instante, se le habían caído al suelo. Logan no se encontraba mucho mejor, se había quedado completamente lívido maldiciendo su puta estampa y no sabía dónde meterse.



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