domingo, 8 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt.11


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A partir de aquel instante ya no le quitarían la vista de encima a aquel maltrecho guerrero que, antes o después, caería fatalmente vencido. Esperarían lo que hiciera falta hasta que aquél fuera abandonado por sus ya diezmadas fuerzas. Entonces sería pasto definitivo de las hienas o los perros salvajes del desierto. Y por último, de los inquietos carroñeros.

Por desgracia, o no, así sucede; la vida en la selva no tiene previsto un lugar para mutilados, débiles o enfermos. La depuración natural del sistema elimina instintivamente a éstos para que, con su vida, contribuyan al ciclo establecido por la naturaleza.

Así que ninguna muerte por cruel que parezca en la selva es en definitiva inútil. Las cadenas alimenticias que clásicamente se describen con una serie de eslabones; el vegetal, el fitófago, el predador y el superpredador, pueden alcanzar en las estepas africanas grados de complicación muy notables. La energía atesorada por el vegetal, pasa a través de la langosta, la mantis, el camaleón, la serpiente, la mangosta y el águila marcial, cuyo cadáver podría, teóricamente, ser devorado por una hiena. Y ésta, último consumidor del ejemplo de la cadena, cede finalmente a los microorganismos destructores la energía atesorada a la vez que el nitrógeno y otros elementos minerales de sus tejidos retornan al suelo para ser utilizados nuevamente por las plantas, cerrándose así el ciclo de la materia y de la energía.



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