domingo, 8 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt.17


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Tras una inexplicable e inefable sensación de desorientación y pérdida de control, en la cual resultaría imposible evaluar con claridad las sensaciones y los conceptos, te aproximarían junto con la sonda espacial “Cassini”, a unos diez millones de kilómetros del planeta gigante, convirtiéndote, de esta forma, en el bicho viviente más cercano a Júpiter. Después de un primer estudio, consistente en analizar los anillos, así  como las lunas, pasarías a la siguiente labor; a investigar con todo detenimiento la atmósfera de Júpiter y lo que los técnicos de la agencia espacial han denominado como “Tormentas casi perfectas”. De hecho, la gran mancha roja del planeta más grande del Sistema Solar, no es sino una tormenta de un tamaño tres veces superior al de la Tierra que, en continua evolución, se desplaza de un sitio para otro a una velocidad no inferior a los cuatrocientos ochenta kilómetros por hora. Aunque, seguramente, lo más extraordinario sea, que lleva así, en esa constante, trescientos años. A partir de ahí, de enviar una pormenorizada información, medio billón de metros de película y una infinidad ilimitada de datos codificados, habría concluido el trabajo allí. Por lo que aprovechando la gravedad de este gigante serías impulsado a Saturno, al que llegarías en un tiempo previamente calculado de tres o cuatro años.

Lógicamente la mordaz estrategia empleada por la Organización y Fundación IPCICCEX (Instituto de Proyectos para la Cibernética Cósmica y Comportamiento Experimental) estaba bien definida; desde el hecho inicial de lo que ellos denominaban “E.A.C.” (Elección Adecuada del Candidato), que invariablemente pasaba por una rigurosa y ardua selección de individuos bajo determinados parámetros hasta los sofisticados y elaborados sistemas técnicos. Todo ello, como en una gran obra de teatro, se completaba con una amplia y compacta infraestructura de medios y avanzados laboratorios una vez se habían provisto de cierta cantidad de números, “E.A.C.’s”. A continuación, en los meses siguientes, se configuraban con tremenda precisión los objetivos para los que éstos habían sido designados, y que, por lo general, casi nunca tenían que ver unos con otros, ya que, algunos de vosotros seríais enviados al espacio en diferentes misiones. Pero otros, por el contrario, seríais expuestos a diferentes y terribles experimentos de toda índole mientras resultasen o financiados o interesantes.

Llegado el trágico hecho de que ninguna de las dos condiciones se cumpliese, el individuo en cuestión sería automáticamente eliminado por decreto.

En las sombras, como asesinos, andarían las manos invisibles y el apoyo incondicional de ciertas Compañías Multinacionales que, desde hacía algunos años, habían trazado un glorioso pacto I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) en estrecha colaboración con la NASA, para enviar expedicionarios, forzosamente suicidas, a lo que calificaban como “L.C.P. F.” (Lugares con Cierta Posibilidad en el Futuro) Estas empresas puestas al dudoso servicio de la investigación y la ciencia, escamotearían, de paso, ante la Hacienda Pública, sus no siempre diáfanas cuentas de resultados y sus turbios movimientos financieros.



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