domingo, 8 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt.18


18

En este evento, no te engañes, te mantendrían con vida únicamente el tiempo justo que fueses capaz de soportar dentro de aquella minúscula cápsula modular sin que el pánico y la claustrofobia se apoderasen de ti. No dejas de ser un animal y las reacciones en determinados estados de tensión son aún demasiado imprevisibles pese a la dilatada y costosa instrucción recibida. Aunque para eso habías sido debidamente adiestrado durante largo tiempo; para soportar situaciones de extremo riesgo. Para eso, y para que tu extraña y nueva inteligencia te hiciesen autosuficiente. Recibirías órdenes precisas y concretas que sabrías ejecutar sin dudas desde la cabina de control. Sabrías, además de nutrirte controladamente, llevar a cabo las instrucciones recibidas así como aportar e improvisar soluciones a situaciones inesperadas. A fin de cuentas, tu cerebro, actuaría en cierta manera como un ordenador terminal que recibiría, procesaría y remitiría información al Servidor Principal que, en realidad, son los humanos y sus máquinas.

Pero es cierto que todo podría fallar fácilmente si tu angustia y tu falta de control llegasen a ser irreversibles, y, entonces, a partir de ahí, comenzaras a destrozarlo todo en una frenética e incontenible histeria por escapar del habitáculo. Ese aspecto, naturalmente, también se hallaba cubierto. Se había dispuesto un complejo sistema informático de retorno, gracias al cual, accederían sin problemas por sus propios medios. Rescatarían y procesarían la máxima información antes de desactivar la “U.C.U.”  (Unidad de Cordón Umbilical) o medio de asistencia por el que, hasta entonces, habrías estado conectado a la Base Central. Después sólo te quedaría esperar que la falta de oxigeno hiciese el resto.

Al principio, cuando te capturaron, no dejabas de ser un ejemplar más pero el fin al que estuviste destinado, “Proyecto Ulises”, y las pruebas a las que fuiste sometido por largos periodos de tiempo hicieron de ti lo que hoy eres. Aquellas interminables jornadas, enganchado a extrañas máquinas y las drogas desconocidas y experimentales que te inyectaron repetidamente, fueron dándote una nueva identidad y una insólita inteligencia. Seguramente mucho mayor de lo que aquellos individuos tenían calculado. Y como resultado, surgieron los imprevistos; lo único con lo que los asquerosos bípedos no contaban. Conseguiste escapar de aquel laboratorio y liberar a otros animales que, como tú, se encontraban sujetos a diversos experimentos.

Reconoce que las ansías enfermizas que tienen estos otros animales de dominar el mundo, violando la naturaleza en sí misma, incluso por encima de Dios, te beneficiaron en ese aspecto. Tu inteligencia destacó de forma inmediata; te considerabas capacitado para establecer claramente conceptos e ideas. Incluso para tener tu propia opinión y discutirla; lo único de lo que no eras capaz era articular el sonido humano aunque poseyeras el privilegio de entenderlos cuando hablaban.

Esta es la ventaja que tienes que aprovechar hasta el final, sabes que no tendrás demasiadas oportunidades. Una vez que te introduzcas en los alcantarillados de la ciudad, tendrás un laberinto infinito de túneles que retrasarán tu caza, pero sólo eso. Tampoco tú te encuentras convencido de querer prolongar por más tiempo esta agonía. Esta locura debe terminar en algún punto y tienes la angustiosa sensación de saber cómo. Estás malherido y te fallan las fuerzas. No crees que puedas burlar por mucho más tiempo a tus perseguidores; sabes que cuando eso se produzca no podrás implorar por tu vida y rogar que no te maten.


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