domingo, 8 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM Capt.5


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Encabezabas el pelotón seguido por Nukk, que era tu amigo más fiel. El resto, os seguía desordenadamente aunque con cierta precaución. Erais jóvenes y, por lo tanto, presas relativamente fáciles de los predadores. Debes recordar con cierto orgullo, que, aunque hasta entonces nunca habías entrado en combate extraespecífico, gozabas del respeto del grupo por tu carácter agresivo, además de por tu exagerada y precoz corpulencia física que, indudablemente, te hacían destacar con cierta diferencia.

No tardasteis más de dos de horas en llegar a la ciénaga, a juzgar por la posición del sol. De camino, fuisteis observados en silencio pero, meticulosamente, por uno de vuestros peores enemigos, las águilas coronadas, que posadas en un voluminoso islote de euforbios esperaban un descuido por vuestra parte. Aunque no hubiese ocasión, ya que ribeteasteis con prudencia el sotobosque sin adentraros en la desnuda planicie. No podían exponerse a atacaros sin la completa seguridad de éxito. Pese a su absoluta precisión en la caza no gozaban por vuestra posición de semi camuflaje de una garantía total, y un ataque tan irreflexivo podía costarle caro aun a sabiendas de su extraordinaria destreza entre los troncos y las ramas de los árboles; aun practicando, con verdadera maestría, vuelos en ángulo recto en pleno picado o giros sobre sí mismos.

No, un fallo así podía suponer su propia muerte. Si por desgracia, en el impulso de la captura se enganchaba entre los arbustos o el mono, desde su privilegiada posición selvática, lograba agarrar cuatro o más de sus rémiges primarias en el intento por defenderse, condenaba para el resto de sus días al intrépido rapaz. Un águila con tales plumones quebrados sería incapaz de un vuelo rápido y sostenido por lo que le resultaría imposible cazar y con toda probabilidad moriría de hambre.

Ya había cruzado la llanura, por primera vez, una bandada de aves esteparias por lo que sabíais con seguridad que era temprano. Al atardecer regresarían de nuevo las gangas y esto indicaría, junto con la posición del sol, que el tiempo quedaba ajustado.



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