lunes, 9 de julio de 2012

PANDEMÓNIUM | EPÍLOGO



Has regresado de nuevo a la realidad. A la puta y cruel realidad.

A esa lacerante y desalmada realidad que te envuelve y te amenaza. Ya no te queda más qué recordar, tu memoria finaliza fatalmente aquí, en este nauseabundo callejón. El mismo callejón en el que, del mismo modo me encuentro yo. Sumergido. Agazapado. Escondido. También asustado.

Toda una vida no será suficiente para escapar del miedo, del terror que sentimos, lo mismo que me sucede a mí. Bienvenido.

Todo lo que fuiste, todo tu pasado, todos tus sueños, todas tus ansias, todos tus amaneceres y tus crepúsculos, todas tus lunas y tus paisajes. Toda tu esperanza se encuentra aquí, atrapada, amordazada. Maniatada. Oculta. Todo ha terminado. Has llegado, como yo, al presente.

El final, tu final está escrito. También tu triste destino. Ahora, como una sombra, te desvanecerás en la infinidad de túneles que serpentean la ciudad. Te esfumarás, para siempre, entre los miles de pasadizos claustrofóbicos y siniestros que habitan este endemoniado pandemónium. Esta maldita metrópoli.

Desde ahora deambularás como un fantasma, como un espectro, recorriendo esta otra jungla. Esta otra jungla infectada de oscuros demonios que, como me acontece a mí, intentarán por todos los medios a su alcance terminar con tu existencia al menor descuido. Sabes con certeza que nunca volverás a ver la luz del sol, no al menos como la recuerdas. Aquello terminó. Todo se convertirá en una quimera para ti. Tu vida, a partir de ahora, será sólo una penumbra, una eterna penumbra, en la que tendrás que sobrevivir sin saber qué puede sucederte en cualquier instante.

Pese a todo, recuerda Ulises, no lo olvides nunca, que de esta inaudita manera, en la oscuridad sempiterna y lacerante, en la oscuridad que azota indeleblemente el alma vivimos los dos.


                                 
                                 
José Hernández Meseguer
Pandemónium
Murcia, 16/03/2016



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