viernes, 2 de marzo de 2012

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LOS SILENCIOS DE MIS NOCHES



Noche de agonía...
noche de mis días cansados,
frustrados...
Hambrientos de ese amor
que nunca encontré,
que siempre perdí...

Noches de tibio carmesí
inflamadas de locura,
de pasión, de ternura,
de odio hacia mí,
por aquello que no fui,
por aquello que perdí...

Noches de fuego
de amargo gozo
que terminan luego,
al clarear el día,
en luna de agonía...
en un canto,
o en un sollozo.
Llanto callado,
sangrante,
mudo, inútil,
casi absurdo e imbécil.

Noche de recuerdos presos...
condenados
a no morir y caminar
en mi alma presa
de un ayer presente en cuerpo,
y ausente en alma.
Me queda un amor
efímeramente eterno,
pasajeramente perpetuo.

Noche que revelas mis silencios
a la luna
y le cuentas, una a una,
todas mis penas
de poeta. Cansado poeta
de cortas lunas.

Noche que me haces quebrar la voz
para hacer gritar el alma
y perder la calma...
que luego ahogo en alcohol.
                                                                             


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 28 / 6 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA VIDA



La vida,
una sucesión continua de fracasos,
de vacíos y de silencios.
Un montón de preguntas sin contestar.
Un montón de soledades preñadas de frustraciones.

La vida,
una ironía de nuestros propios fracasos,
una aberración de la persona.
Todo esto me hace vivir borracho de hastío.
¿Por qué soy un solitario taciturno y perenne hipocondríaco?
¿Por qué? ¿Por mi sensibilidad? Quizá.
¿Por qué no encuentro nada en mí, que me merezca la pena?
¡Debo encontrarle pronto un sentido a mi vida, a mi absurda vida!
Mis soliloquios son verdaderas luchas interiores
para calmar la tempestad que llevo en mí.
¿Por qué puedo sufrir tanto por nada, si nada merece la pena?

¿Dónde te encuentras?
¿Dónde te hallas,
que llevo veinte largos años detrás
de ti y no consigo encontrarte?
Me pregunto, si podré encontrarte algún día,
o si acaso, mi vida,
está destinada y condenada a la búsqueda
de algo que sólo es producto de mi imaginación.
Producto de mi necesidad material y espiritual
¿Acaso estoy condenado por Dios a una búsqueda
sin encuentro, a una búsqueda, que es más agonía que otra cosa?
¿Estoy condenado a la mortificación de mi alma?
¿O tal vez tiene que ser así, irremediablemente?
¿Tan preso de mi soledad estoy?
¿Tan preso de mi tristeza estoy
que todo me parece absurdo y trivial?
¿Estoy condenado,
destinado a seguir el brillo de una estrella que no logro ver?
Quizá, sólo estás en mi imaginación
y no eres más que una ilusión.
¿En qué recodo debo hallarte, si es que debo?
O, ¿es tan sólo la búsqueda de lo inexistente?
Estoy roto por dentro;
rasgado como una vieja cortina de terciopelo
carmín y azul cobalto.

Dime:
¿Qué es mi vida?
¿Hacia dónde voy?
Seguramente es la búsqueda de mí mismo.
Pero, dime:
¿Dónde están ambas cosas?
                                                                              




José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 11 / 6 /77
                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | DESIERTO DE GENTE



No sé cómo evitar este asqueamiento
que me recorre el cuerpo, de arriba abajo.
Quizá no debiera mostrarme así y quejarme tanto,
pero no puedo remediar el que todo
me deprima mortalmente, sin ver nada a cambio
que merezca la pena a mi alrededor
y me haga sentir un poco de ilusión.

Hay momentos,
en los que me hubiera ido lejos de todos para no volver.
Para, de nuevo,
comenzar en un lugar, muy lejos de aquí.
Aunque, creo, que yo estaré empezando toda la vida,
porque nada de lo que realmente
me importa, me dura lo suficiente
como para continuarlo.

¿Es posible que en medio de tanta gente,
gente que me rodea, día tras día,
me encuentre tan solo
y desesperado,
como para creer que me encuentro
en un desierto de gente?          
                                                                           



José Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 8 / 6 / 1977


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | OTRAS VECES...



Otras veces quisiera irme así; en silencio,
como algo que, en realidad, no existió jamás.
Como algo sin valor, que surcó el cielo
con sus versos en un atardecer dorado.
Sin más palabras que mis ojos mirando los suyos.
Todo queda así dicho, con una mirada que entrega el alma.

Me encuentro aquí,
callando mis silencios
a golpes de soledad.
Manchando tu ingenuidad y tu pureza,
con mis agonías.
No hay ninguna razón.
No tengo, ni me queda ningún motivo
por el que seguir mi oscuro camino.
Sé, que aunque encuentre otra luz,
una parte de mí, ésta, quedará
siempre en penumbra.
Únicamente alumbrada
por unos versos, por unas palabras,
por unos llantos que me estremecen con sus agonías.

Siento tanto el vacío,
que parece que todo
mi ser y mi alma se encuentra igual.
¿Qué puedo decirte después de tanto tiempo?
Lo mismo que te dije en otras ocasiones;
me encuentro tan solo, …


                                                                          

José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios.
Murcia, 24/ 5 / 1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | NENA...



Nena;
si tú supieras cómo te estoy amando.
Cómo jamás pude amar.
Cómo jamás pude soñar amar.
Qué difícil es de explicar,
y, sin embargo, que fácilmente
se deja sentir en el alma.
Es, como un pequeño fuego,
que comienza leve, para terminar luego
abrasándome los labios.
Si supieras esto, comprenderías, por qué,
aun sin morir de amor, se muere.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios.
Murcia, 1/ 1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | FUEGOS DE NEÓN


Fuegos de neón
queman mi vista ausente, rota y hastiada,
de palabras de viento y de azul perla
que, al caer la tarde, se transforman
en escarcha fundida.
Camino solo, dando fuego a la noche
que me desnuda lentamente
la verdad del alma,
casi sin yo desearlo.

Paulatinamente me voy confesando.
Me voy rompiendo.
Los ecos me acompañan
de una forma ciega y confusa.
El brillo de mis ojos
cae desplomándose al suelo.
Con vértigo. Con miedo.

Brama el océano,
que triste llora la ausencia
de la grama. Del fuego
de tu piel. Y sigo.
Todos callan. Me contemplan
y van durmiendo el alma
a golpes de silencios.

Súbitamente
me enciendo
en tu imagen fugaz.
Me crispo.
Clavo la vista
en la bruma…
Y va cayendo
hasta romperse
en el suelo.
¿Quién me ahoga?
El final de cada página,
me voy diciendo,
es sangrar lo puro y lo incierto,
para seguir como cada agonía
muriendo…
                    
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios.
Madrid, 12 / 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA NOCHE



La noche te acerca a mí, lentamente.
Sin querer, con miedo.
Y te dan forma y fuego.
Y, ahora que el cielo está llagado de astros;
ahora, te siento más que nunca.
Me enciendes el alma ciega de tu luz.
Candente. Trémula. Extraña. Fugaz.
El fuego de mi aliento se funde en la noche
y deja un sabor a ti. A tu ausencia.

No siento dolor; mi cuerpo
se ha convertido en sangre ardiente.
En la lava de un volcán histérico.
En la espuma de un mar embravecido y frenético.
En el huracán de un viento salvaje…
Pero me duele el alma de tus ausencias…


                                                                        

José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 28/ 11/ 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | QUIZÁ...



Quizá, ha pensado sin miedo
en aquel, que cada noche, rompe el cielo
a golpes de impotencia.

En aquel que, cada día,
rompe el cielo a golpes de ira,
en aquel que, cada atardecer,
rompe el cielo a golpes de impaciencia.

En aquel que hace amigos a sus monólogos,
a su Diario y a su guitarra.
A la noche, a la soledad y a su quimera,
fiel compañero de mis agonías…
                                                                        



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 14/ 11/ 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA AGONÍA DE LA ESPERA, MI DIARIO, MI SOLEDAD...



Aquí, entre cuatro paredes mudas,
impasibles
y absortas,
me confieso lentamente.
Con agonía, pero sin prisas, voy vomitando
todo lo que aprieta y quema mi pecho.
Entre estas paredes ciegas de sentimientos
y mudas de lágrimas, voy muriendo
un poco más. Mi sombra está casi ausente
y sólo queda el fuego de mi aliento
que se irá extinguiendo.
Se irá fundiendo
en los minutos, que son horas…
Y mientras los minutos se consumen,
también yo, me consumo con ellos.
En esta pausa triste y mortificante.
Me duele el alma.
Me abrasa el aliento.
Me quema tu ausencia.
Me consumo en el viento.
¡Maldita calma!

Sigo desnudando sombras
en pensamientos lejanos.
Sigo desnudando recuerdos, palmo a palmo.
Y me consumo...
¡Me enciendo, escupo!
Y clavo mi vista en el océano flagelado
para seguir callando
y dejando mis silencios,
con cierto sabor a lágrimas.
Inevitablemente, compañero,
voy manchando de sangre tu pureza.
Te voy castigando a golpes de silencios
que son gritos del alma.
Ecos del viento.
Miro los vértices suspirando…
Preguntándome: ¿Cuándo?
¡Oh! ¡Dios! Dios, Dios…
¿Hasta cuándo?
¿Por qué esta condena?
Sin cárcel. Con cadenas.
Muero en el aire que me asfixia.
¡Oh, Dios!…¡Qué larga agonía!…
Y allí, más lejos que yo de la noche, duerme
quizá entre otras agonías,
“El sosiego de mi alma”, “La quietud de mi espíritu”
agonizante e inquieto.



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 1976


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | DUDAS DEL ALMA



Está agonizando bajo mi pluma
una noche más. Un día menos nos queda…

Una noche más sin ti, mi amor,
una noche menos para nuestro encuentro”.

Esas palabras vinieron de mi luz inalcanzable.
De mi verdad.
¡Oh, Dios! Ardo en deseos de encuentro.
¡Ayúdame!
¿Debo conformarme con este doble silencio impuesto?

La atmósfera de mi mundo, con el paso de los días,
se irá preñando, cada vez más, de dudas.
Hasta que reviente:
O para darme la luz, o para escupirme
a la cara este feto de ilusiones
que no llegó a ser verdad.
Feto envuelto entre mi propia sangre.
                                                               


José Israel Hernández Meseguer                                                                        
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 12/ 11/ 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | TE VOY SINTIENDO...



Te voy sintiendo en mi alma,
luz muda de llama viva
y vas quemándome la vista
con tus halos de tibia calma.
Con vergüenza y melancolía
vas rompiendo la bruma
y la escarcha perfumada
de noche, silencio y agonía.

Te voy sintiendo como un beso;
pequeño tenue...
casi un latido, casi un lamento.
¡Cabalgas alazán!
Entre mares rojos de llanto...
Destruyendo la quimera,
devolviéndoles su canto.

Lames, lengua de escarlata,
los árboles duros y quebrados
que marchitó el invierno,
mientras los haces brillar
en su grito casi ausente.
Y ahí, con ese color mortecino
y amarillento,
parpadean en silencio,
uno a uno, todos mis llantos.



José I. Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
12/1976.



SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | ME VAS COMIENDO EL ALMA...



Me vas comiendo el alma,
y vas sembrado de escarcha
los ojos que te hablan.
La noche ha llegado
a mi cuerpo.
Siento el frío de tu ausencia
entre mis dedos,
siento que apagas mi fuego
y luego...
callas para sentirte más alma.
Más pura,
más iris de mi ocaso,
más piel...
¡Eterna piel de mis labios...!



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio

Desde un rincón de nuestro bar...

Madrid, 4/01/1977




SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | ANOCHE...



Anoche,
mientras la quietud y el sosiego del espíritu
se iban fundiendo en uno, me sentí triste.
Mientras mi habitación iba ahogándose
en el silencio y la penumbra, pensé en ti.
Recordé,
con la nostalgia
de un poeta frustrado,
y ciego de la luz de esperanza que tanto necesita,
los momentos en los que me he sentido dichoso.
Mis ojos se ciegan de felicidad.
De lágrimas mudas y amargas
que desaparecen más tarde
bajo el monólogo inquieto del subconsciente.
En esos momentos en los que desfila por mi mente
el valor nítido de la felicidad.
—Quimera que me abraza—.
Y pienso en ti, porque tú has sido mi felicidad.
Mi Dios.
Mi vino.
Mi sueño no hecho realidad.
Mi dolor patente bajo mi pluma.
Mi razón de existir.

He recordado momentos que se quedaron para siempre
en la grama del césped,
y tras los ficus enamorados
de la oscuridad que nos vieron
y callaron.
También vomito aquellos momentos
preñados de incertidumbre y miedo.
Solos. Solos, tú y yo.
Y como únicos testigos de nuestro amor,
las nubes blancas como el nácar,
que ondeaban tímidamente en un océano de cristal,
repleto de luz y belleza.

Ayer mientras me consumía
como una vela, veía
pasar todas mis felicidades, una a una, ante mí.
¿Producto de qué?
¿Por qué recuerdo constantemente lo mismo? ¿Por qué?




José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 10/ 11/ 1.976



SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | A VECES, ESCRIBO...



Vivo en esta muerte
lenta que me mata.
A veces, escribo,
para decir que estoy vivo
en esta muerte
y, a veces, para decir que sigo
muerto en esta muerte.

Pero hay momentos
en los que muero tanto
de mi llanto,
que en mi muerte
aún busco más muerte.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Sevilla, 18/01/1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | EL MAR, ELLA Y YO...



Yo, rompiendo mi vista en el horizonte azul.
Pensando no sé qué.
Ella, mirando la tristeza de mis ojos.
Al momento, unir nuestras miradas por un deseo loco
e inconsciente y unirlas en una dulce sonrisa
que, muy bien, pudieran ser besos de dos almas solitarias.

Yo, testigo de sirenas locas de amor
que gimen mientras romper color.
Que mueren cayendo el lechos,
que mueren lamiendo otros pechos
en los silencios, bajo el Sol.
Yo, testigo de sirenas locas de amor.

Sirenas verdes y azules que se suicidan en la playa,
ante mí.
Yo, prisionero de una piel inflamada
de pasión, al contacto con la suya.
Yo, buscando el misterio de sus ojos.
Ella, tratando de ocultarlo.

Yo, tratando inútilmente de no enamorarme.
Ella, tratando inútilmente de no enamorarse.
Los dos, ardiendo en deseos de amor y de pasión.
Los dos, sumidos en un sueño que acaba en adiós.
Y yo, y no sé ella, joven poeta muriendo de amor...



José Hernández Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 19/07/1977


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | SOLEDAD...



Soledad...
Me encuentro solo,
en este morir lento,
silencioso y acaparador que me está apagando.
Necesito luz.
¿Por qué no puedo?
Camino solo.
Envuelto en mis soledades, que son cadenas de dolor.
Que están impregnadas de llanto.
De versos.
De mi vida solitaria.
De música, dulce como sus miradas.

Y sigo caminando entre versos y días tristes.
Apartando mis “yo”, a patadas.
Busco la quietud en mis sueños frustrados.
No hallados. Perdidos, quizá.
Disputo mi vida con mis soliloquios monótonos.
Arranco mis lágrimas con palabras que son versos.
Que es música. Melancolía. Que es sangre. Que son sueños.
Y caen al suelo y son… Hojas de Otoño.
                                                                          


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 6/ 11/ 1.976


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | SI ME FUERA HOY...



Si me fuera hoy
con la escarcha entre mis dedos,
desnudando lentamente la mañana,
con el rocío de la alborada, despuntando el día.
En esos momentos,
en los que se sienten los latidos
del sol brillando con trémula vergüenza
sobre el horizonte cargado de penumbra aún…
Si me fuera hoy, con las primeras luces...
Con ese centelleante rosa pálido sobre mis ojos,
sabría apreciar el valor de la ida…
Sería mi último amanecer. Él me brindaría
sus últimos rayos con pañuelos
de cirros burbujeantes de espuma cándida.
Blanda. Suave. Blanca.

Si me fuera hoy, en plena faena,
cuando aún los segadores no han acabado su jornada,
cuando aún no han levantado su espalda encorvada
y harta para decir: “bueno va”.
Cuando los zagales juegan ignorantemente felices
en su santa ingenuidad, en su “primera inocencia”
aún, y se puede apreciar el ruido sonoro
de los pájaros cantando entre los olivares…
Sólo entonces,
si me fuera así,
sabría apreciar lo que cuesta un amanecer. Un nuevo día.

Si me fuera hoy, al caer la tarde,
con el sol agonizante.
Sangrante en mi alma.
Si me fuera hoy, cuando los cirros espumosos
se convierten en espadas al rojo vivo,
cuando el sol parece ahogarse entre las colinas,
o tal vez, entre un azul lacónico
y un gris mortecino…
Cuando todo se hunde en la soledad.
Cuando el trino de las aves ha cesado.
Cuando el cielo parece que va a reventar
harto de su embarazo de rojos y violetas.
Cuando el viento levanta los trigales para llevar
ese olor de estío hasta mi alma
que se funde con el aroma a hierba fresca y se mezcla
entre mis dedos.
Cuando se encuentra la quietud del espíritu
en un atardecer de verano...
O quizá, si me marchase con la tarde,
cerca del mar,
cuando sus olas van mansas a la orilla
emitiendo destellos indeciblemente maravillosos.

Si me fuera hoy,
con este atardecer estival entre mis cabellos,
dejando sobre las espaldas este pueblo fláccido y sin valor,
cargado de siestas sobre sus tejas
amarillas, viejas.
Y en el horizonte, agónico, brillase
la silueta recortada de esa mujer a la que siempre amé,
y sólo pude hallarla, amarla, soñarla y desearla
entre los cristales de mi habitación...
Sólo, si me fuera hoy, dejaría parte de mi vida, rompiendo
lo que escribo, dejándome de sentimentalismos estúpidos.

Si me fuera hoy,
con la brillante escarcha de estrellas.
Con esos simpáticos tenores que cantan a la luna
en cualquier recodo del camino.
En cualquier remanso, en cualquier arroyo.
Si me fuera despacio.
Sin prisas. Sin temor.
Viviendo, palmo a palmo, el océano mudo y negro
salpicado por gotas de azahar.
Observando la pureza de la noche, cuajada de estrellas y rocío.
Viendo la luna platónica de los poetas,
y el cielo jironado por mantos blancos,
brillantes y fugaces,
respirando ese olor a tierra mojada,
a noche oculta,
a tranquilidad.
A sosiego del alma.
A grama.
Sólo si me fuera hoy,
podría dar a la vida más sentido.
Más valor. Más belleza…

Si me fuera hoy,
cambiaría desde la mañana a la noche,
sólo por mirar tus ojos.
Renunciaría a mis últimos, a todos mis versos.
A todos mis sentimientos.
Tan sólo por mirar y besar con delicada pasión tus labios…
Por acariciar tus cabellos...
Por… no sé... No sé, qué diera,
por un suspiro sincero
que de tu corazón viniera...
                                                                          

José I. Hdez. Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Madrid, 18/ 9/ 1.976


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | PRÓLOGO A MIS SILENCIOS


Sé, que harto de embarazos, mis silencios
algún día reventarán y caerán como escarcha suave
cuando me sentí triste,
y fulminantes
cuando mi extraña actitud
se convirtió en ira.
De cualquier forma,
siempre reflejarán un llanto en mis ojos,
y un dolor inextinguible en mi alma.

Sé, que algún día,
alguien se identificará conmigo
y amará lo que hoy, callo,
porque sentirá como yo,
y porque, mis silencios, serán los suyos.
                                                                            

José Israel Hdez. Meseguer
Soledades y Otros Silencios
5 de octubre de 1.976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LOS SENOS DE MIS NOCHES



En esta noche, quisiera,
crucificar tu boca
en mi boca sedienta
de tus pechos en flor...
En esta noche, quimera,
quisiera,
morir de amor.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 26/07/1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | CON EL VUELO EN DUELO



Abrí la mañana
con mi vuelo
y con mi fuego.
Cubrí el lecho
de guirnaldas
de besos y llanto...
Y callé mi canto
para morir luego.

Para irme, abriendo la mañana,
con mi vuelo en duelo,
en silencio. Siguiendo el sendero
por el que más muero.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Sevilla, 17/01/1977

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | CAERÁ LA TARDE, VENDRÁ EL SILENCIO...



Caerá la tarde ante mis ojos
y con ella vendrá la melancolía;
dos bocas, dos fuegos,
se buscarán ciegos
en la noche fría.
Y sólo encontrarán sus silencios
y agonías.

Contemplo fríamente el vacío que me dejas,
el vacío que me causas;
y sólo puedo sangrar mi alma.
Me visto con esfuerzo de indiferencia
y me desnuda fácilmente,
para cubrirme el pecho nuevamente,
tu ausencia.

No callarán los ecos
de fuego,
que romperán mis ojos
en pedazos de cristal
y convertirlos luego,
en versos,
y otra vez, en agua de manantial.

Por ese sendero
hoy vino la noche callada,
entre lágrimas de romero
y promesas de alborada...


José Hdez. Meseguer.
Con melancolía desde nuestro rincón...

Memorias de un Naufragio.
Madrid, 4/01/1977


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA AGONÍA DE LA ESPERA



Sigo desnudando sombras y ecos
en pensamientos lejanos.
Sigo desnudando mis recuerdos, palmo a palmo.
Y me consumo...
¡Me enciendo...!
Clavo mi vista en un océano de estrellas flagelado
para seguir callando,
para seguir dejando en mis silencios
cierto sabor a lágrimas y besos olvidados...


José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio.
Murcia, 14/11/1976

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | AUSENCIAS...



No han muerto las pasiones
que me arrastran y me ciegan.
No ha muerto la oscuridad
que me hace ver la luz de tu cuerpo
cómo la única estrella en el océano, negro y mudo,
tan lleno de tus ausencias,
tan pleno de mis melancolías,
tan preñado de agonías
entre mis noches y mis días.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Madrid, 1976.

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | RÉQUIEM POR UN AMOR



Esa luz, esa llama que me encendía el alma,
esa luz que quemaba mi corazón,
ese fuego que ardía tan adentro,
esa pasión que consumía mis entrañas
se ha quebrado sobre las tinieblas,
sobre mis tinieblas.
Ha muerto; se ha extinguido lánguidamente
sobre el vaho de mi aliento...

... Y otra vez solo. Vuelvo a encontrarme
silenciosamente solo.
Solo, como siempre.
¡Qué sensación de angustia!
Darse cuenta de que mi camino, está aquí,
entre mis soledades perpetuas.

Mis espejos se rompieron en pedazos,
se quebraron para formar la suave y cálida
escarcha de la soledad que me acariciaba
tiernamente la cara, resbalando
hasta el gris plomizo y sin brillo.

Ahí, en el suelo opaco,
quedaron mis penas, manchando
de llanto la indiferencia de la gente al caminar...
Y yo, muriendo un poco más
por alguien que jamás
existió.

Mis venas se quemaron en el frío
de la noche. En el frío que ella me ha dejado,
en el frío que me ha dejado en el alma,
en el corazón, en los ojos escarchados...
Hastiados...
Solos...

Alguien respetó mi llanto; el silencio,
la bruma de la noche que me miraba
posándose a mi alrededor.
Los vahos que contuvieron su aliento
para verme llorar,
para verme morir solo.

Sí, alguien respetó mi funeral;
mi soledad, esa soledad que me ama y me abraza,
que me encadena y persigue,...
que me hiere y me mata.
Caminé solo, sumergido en mis noches
pobladas de agonías, angustias y reproches...

¡Corrí, lloré, grité...!
Y morí en mí
cuando comprendí
que estaba solo otra vez;
cuando miré al cielo, y vi,
que no tenía una sola estrella.
                                                                           


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 21 / 12 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | ES ELLA...



Es ella, siento que está envenenándome el alma de amor;
que está envenenando de mí, lo más profundo.
Está haciendo de mí un gorrión cautivo...
¡Acostumbrado a volar tan alto,
a surcar tantos cielos al clarear!...
Ahora, con las alas rotas por el amor,
tan sólo podré revolotear
a la altura del suelo.

Prefiero ser
gorrión cautivo
y olvidar que he sido
paloma torcaz.
Prefiero ser
sombra de tu vuelo
y olvidar mi cielo
al clarear...
                                                                           



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 22 / 11 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | DOS CUERPOS DESNUDOS



Inflamada el alma de locura; ciega de pasión,
se estremecía su cuerpo de fuego, contra la llama de mi corazón...
Mis manos, llenas de mar en lava,
daban vida a sus músculos tensos por amarrar mi cuerpo.
Dos cuerpos desnudos se retorcían en la dicha infinita
del amor que hiere el alma
y condena el cuerpo...
Bajo el silencio de la música,
dos cuerpos desnudos se contemplan sin más palabras que las manos
y la boca muda; voz, ausente de palabras...
Palabras silentes que quiebran el fuego
de dos cuerpos desnudos.

Vosotras, impasibles espectadoras
de dos cuerpos desnudos que se sumergen bajo el frenesí
de sus propios cuerpos desnudos;
cayeron ante vosotras mis lágrimas tantas otras veces
que no conocéis, ahora, mi alegría...
Pero el mismo silencio que antes me ahogaba,
ahora, me besaba
susurrándome canciones al oído.
Susurrándome melodías ininteligibles
para dos cuerpos desnudos
que no oyen más latidos,
que los latidos de sus propios corazones,
que no entienden más lenguaje
que el lenguaje de las manos en celo,
de la boca insaciable, o de los gemidos
que se escapan prestos del alma volcada
y ahogada de pasión...

En fin, simplemente, dos cuerpos
que se buscan y se hallan bajo el silencio
de una habitación, a media tarde, un agosto
cualquiera, en cualquier rincón...
de cualquier ciudad...
                                                                             


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 24 / 8 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | TESTIGOS DE UN RÍO DE PASIÓN



Esta noche, el silencio
y la oscuridad me llenan, aunque no te diga nada.
Hoy, mi mundo interior está en calma,
en una profunda calma,... casi dormido.

Hoy, no me duele el silencio, ni la oscuridad,
ni la trémula luz que me acompaña;
hoy, las paredes de mi habitación callan
para ser testigos de mi pasión y mi locura...

Hoy, han sido testigos de un río de pasión, de un volcán de amor.
Al igual que, en otros días, lo fueron de mi llanto y mi soledad.
Hoy, han sido testigos de dos cuerpos desnudos,
abrazados, heridos de pasión...
¡Inflamados de fuego!... Al igual que, en otros días,
lo fueron del hielo de mi corazón.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 19/8 /77

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | QUISIERA HABLARTE DE ELLA...



Ayer me encontré mal,
hoy, me encuentro simplemente.
Y, mañana, ya veremos si me encuentro.
Empiezo a clavar, de nuevo,
mis primeros silencios en tu corazón puro y nítido;
tú vida junto a mí no será alegre, pero sí sincera.
Sincera e inocente...
Quisiera hablarte mucho de ella, pero no puedo...
Sólo me brota un silencio de bienestar interior que me aquieta.
Prefiero
contemplar esta noche revestida de átomos tristes que trae el silencio
a mi habitación,
mientras siento en mi boca,
el calor de su boca,
y en mi cuerpo el calor de su cuerpo.
                                                                             



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 19 / 8 / 77



SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA NOCHE



La noche me está llamando con la tibia calma de su oscuridad...
Pero sólo descubro silencios o ecos lejanos
bajo el monólogo que sostengo
continuamente entre Israel
y otro al que no acabo de conocer.

Este silencio me trae paz y tranquilidad.
Este silencio, me hace contemplar
mi mundo oscuro con más claridad.
Este silencio, me devuelve algo
que perdí hace muchos años.

Aquí, entre cuatro paredes,
contemplo mudo,
escucho absorto,
el océano mudo y negro
que me habla con clara voz
y me sonríe con halos trémulos de luz centelleante.
                                                                             



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 13 / 8 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | MIS SOLEDADES...



Me siento tranquilo y sereno.
Tengo una sensación de quietud interior
que me alivia y me calma.
Me siento casi contento.
Es la primera vez, creo,
que tengo esta especie
de medio euforia interior
y me atrevo a confesártelo.
Mis buenas horas apenas tienen importancia;
me recreo más en las difíciles,
no puedo evitar mi masoquismo.
Creo en el destino ciegamente y también creo, que el mío,
está aquí; entre mis cartas, entre mis poemas y mis poesías,
entre mi música, entre mi mundo,
entre mis soliloquios y... entre mis soledades.
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 3 / 7 / 77



SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LA PASIÓN DE MIS NOCHES



Quisiera abrasarte el vientre
con mi aliento en llamas,
una y otra vez, sin descanso.

Mi boca, siempre insaciable
del calor del fuego que produce
un vientre en lava.

Mis manos en celo,
descubriendo beso a beso
la geografía de tu cuerpo;
hallando el fuego que quema al fuego.

Quisiera abrasar con mi lengua
el bosque de tu vientre desnudo.
Quisiera mezclar mi saliva
con la de tu vientre...

Y, quisiera así, pintar de dos colores;
con la saliva de mi boca y la saliva de tu vientre,
las cuevas de tu vientre.
                                                                             


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 26 / 7 / 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | EL VIENTRE DE MIS NOCHES



Quisiera que mi boca
perdida y cansada
encontrara posada
entre tus piernas...
Que mi lengua,
fuera protagonista
de las profundidades
de tu vientre.
                                                                              


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 26/ 7/ 77

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LOS CAMINOS



Quisiera dejar que mi boca
descubriese los caminos de tu cuerpo;
palmo a palmo,
beso a beso,
pliegue a pliegue,
¡que mis labios no despeguen
hasta encontrar bajo su peso
un vacío de roca!...




José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 7/77

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | LOS DESEOS DE MIS NOCHES



Quisiera, en esta noche,
fundir el fuego de mi aliento
entre tu cuerpo...
En esta noche de silencios
o de ecos lejanos, me siento
flama...
¡Fuego en llamas!
¡Me siento arder!


José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 7/77

SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | SIRENAS LOCAS DE AMOR



Quiero mancharte el alma
de penas.
Quiero beberme tu pureza
trago a trago...
Quiero sangrar
gota a gota mis venas,
para que veas
que no miento:
soy y me siento
leve brisa, más que viento.

Y este silencio...
¡Quisiera gritar con otro
aún mayor!
y romper este tedio
callando mi voz.

Sirenas locas de amor,
inflamadas en sus pechos
de blanco albor,
que gimen rompiendo su color,
que mueren cayendo en lechos,
que mueren lamiendo otros pechos
en los silencios, bajo el sol.
                                                                              



José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 24 / 7/ 77


SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS (1976/77) | TAN SÓLO EL TIEMPO...



Voy callando mis silencios
pero no puedo esquivar uno que me rompe
y, aunque lejano, me mueve y me hiere.
Hoy, sus ojos, no eran los mismos.
Tenían un leve semblante de tristeza y melancolía.
Su profundo silencio,
sé que grita algo ininteligible que duele al que ha tenido esa herida
o al que aprecia ese silencio.
Un trago amargo que quema el estómago y lo hace arder.
¿Qué puedo decir?
¿Qué puedo hacer?

Esa amargura que se deja escapar  por los ojos y la voz,
también yo la sentí,...
y no pude evitarlo, ni tampoco sobreponerme.
Tan sólo el tiempo devuelve la primavera a los campos yertos.
Él ha sido una de las pocas personas que, por ser parecido a mí,
me ha comprendido y entendido...
Yo le aprecio, a pesar de nuestras diferencias.
Siempre, por encima de todo, existe una amistad sincera,
o al menos, más sincera que otros muchos que dicen tenerla.
Él ha sido de esas pocas personas que han puesto en mi vida
un punto de alegría; un punto de luz en mi noche
o una sonrisa en mis labios.
Le aprecio por demasiadas cosas,
compañero, pero no se lo digas nunca.
Él, amigo y poeta, irá en mis silencios
y en mis versos como el perfume de dama de noche,
en este tibio atardecer.
                                                                              




José Israel Hernández Meseguer
Soledades y Otros Silencios
Murcia, 13 / 7/77