domingo, 4 de marzo de 2012

HOJAS DE OTOÑO (1978) | FUEGO PROHIBIDO



Tú eres ese fuego prohibido.
Ese fuego que quema la piel con la mirada...
Con esa mirada azul de fuegos trémulos.
Tú eres ese aliento,
esa bocanada,
ese fuego suave que, en mis sueños,
excita mi cuerpo.

Sí, tú eres mía y no lo eres,
aun estando tan cerca de mí.
Sí, aunque tus sueños y los míos
se fundan en uno solo;
aunque tus miradas
sean cómplices de las mías
y aunque mi silencio
esté de acuerdo con el tuyo.
Y aunque, sin hablarnos,
tus respuestas sean lo mismo que yo pregunto.
Porque, tú fuego prohibido,
sientes la necesidad, la inevitable necesidad,
de amar en silencio
y negarlo con tus palabras.
¡Aun cuando tus ojos te traicionen
y estén de acuerdo con tus pensamientos...!

Te acercas y me huyes a un mismo tiempo,
me invitas a comerte con miedo...
¿Con miedo...?
No, realmente no lo sé.
Quizá algún verso me dé la respuesta.
Quizá alguna noche helada.
Quizá no me la de nada...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 1978


HOJAS DE OTOÑO (1978) | CORAZÓN ADOLESCENTE



Quiero dejarte escapar entre mis dedos, en silencio,
como un beso que olvidase la noche,
o quizá como una caricia que olvidó la piel.
O tan sólo como un poema tan dedicado a ti,
que olvidé firmar...

Desde mi cuarto, ahorcado en la penumbra
de una hoguera que se consume sin apenas quejarse,
quiero hablarte de mis quimeras,
de mis otoños, de mis primaveras.
De cómo nace un verso herido,
de cómo muere un gorrión cautivo,
de cómo la noche se me viste de espumas
y me hace ser marino en mis brumas...

Y navego,
y naufrago.
Y me devuelve burlona a la orilla
con el aliento quemado.
Porque no es fácil querer ser poeta
ni romper la hiel de los ojos
para hacer un poema
cargado de llanto.

No, no es fácil romper un pasado
tan encadenado al alma que cuando evoque
nombres y fechas, surjan besos.
Y cuando quiera decir nombres
tan sólo se escape un silencio que abrase
mis palabras y forme un nudo en mi garganta
quebrando espejos
en lágrimas amargas.

No, no es fácil ver partir dos barcas
una tarde plomiza de una playa desierta
llevándose mis versos, mi fe, mi Dios;
ni mirar al cielo y comprender
que no me queda una sola estrella
y que, a cambio de todo ello,
sólo me dan su olvido.

Sí, corazón adolescente, yo sé bien
cúal es el juego del olvido
porque nadie más que él me lo ha enseñado
a golpes de versos que me han ido
saliendo del corazón herido.
Tengo, de penas, doctora el alma
y viejo el alba
de soledades que, al fin y al cabo,  sólo sé yo,
viendo desde mi ventana
atardeceres y mañanas
morir naciendo
como tantas veces lo hice yo.

No, no es fácil querer ser poeta
ni llegar a la conclusión
de que estás solo, aunque te encuentres
rodeado de todos ellos,
porque sólo ellos hacen de ti
un gorrión cautivo
que trina herido
y acaba por morir.

Escuchame, corazón adolescente:
¡Huyamos, escapemos
en un vuelo de gaviotas...!
O en la soledad de un poema,
o quizá, en las plumas
de unas alas rotas.
O en las espumas
de una ola...
a la playa lejana
de una caracola.

¡Vayamos y olvidémonos
de que son incapaces de remontar
el vuelo!
De que sólo saben revolotear
a la altura del suelo.
De que prefieren la realidad
y su pobre prosa
y de que son lo que son
porque no saben ser otra cosa.
No saben soñar...
¡No pueden volar!

Ven a mí, corazón adolescente.
Tú, sí puedes,
diles adiós con tu pañuelo
y vuela conmigo sobre las nubes
surcando el cielo.
Sí, quizá sea demasiado duro,
o tal vez, demasiado soñador...
Quizá el suelo sea su meta,
pero yo prefiero soñar.
¡Soñar, sí, soñar...!
Yo prefiero ser poeta...



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, navidades de 1978