jueves, 22 de marzo de 2012

MIS GAVIOTAS | CUATRO MALVAS



Las gaviotas del Este
bordaban el amanecer,
mientras un campanario
recortaba su rostro centenario
en un lebrel de alba...

Aquel árbol arañó la mañana
desde mi ventana
de la soledad.
Hirió con sus ramas
los colores violáceos y azules
que, como llamas,
incendiaron la aurora.

Gaviota del Oeste,
apagas
las últimas candilejas del cielo
con tu vuelo
triste.

Anochece.
Gaviotas verdes, azules y rojas,
dibujáis el cielo cuando oscurece.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


MIS GAVIOTAS | EL MERCADO



¡Vengan señores,
vengan ustedes..!
Tenemos de todo
en este mercado
de jueves a jueves:

Un cielo de lodo,
estrellas de barro,
y para cabrones
cuernos muy largos.
Tenemos paracas,
legionarios,
y fantasmones
legendarios.
También garrulos
y hampones;
chulos,
chorizos
y ladrones.
Y por el precio de dos duros,
¡verdaderos maricones!

Reprimidos,
frustrados,
retorcidos
y trastornados sexuales,
¡aquí, por dos reales!
Payasos, guasones
y gilipollas,
¡Por tres pesetas,
seis montones!

¡Vengan señores!
¡Miren qué suerte!
Tenemos de todo,
toda clase de lodo,
en este mercado
de la escoria y de la peste.
Aquí se compran y se venden
las personas como peleles,
¡a precio de cordeles!
Borrachos,
maricas y machos.
Pordioseros,
peloteros,
rateros
y escarabajos patateros.
Conservadores,
revolucionarios
y parásitos
sedentarios.
Radicales
con apego,
inconformistas,
y "altruistas
del ego".

¡No se preocupen, señores!
¡Cómprenlos sin temor!
Están vacunados contra esa terrible enfermedad...
¿Cómo se llama..?
¡Ah, sí...! Humildad.




José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.



MIS GAVIOTAS | TÚ, VACÍO



Tú. Tú, vacío.
Vacío como los demás.
Caminas, hablas,
vives vacío.

Giras en la órbita, en la órbita del silencio.
De la luz triste y enferma,
de la luz sin llama interna.

Te mueves por impulsos, vagos, sin vida.
Autómata. Nada, nada hiere tus heridas.
Tu mundo: paisaje yermo.
Sin árboles, sin vida.
Yerto.
Sin valor, no tienes el suficiente valor
de mirarte al espejo.
No, no verías nada.
Una profunda soledad.

Tu vida, tu estúpida vida... ¿Para qué vives?
¿Por quién vives? ¿Por quién...?
¿Por quién, si no tienes nada?
Tu vida está vacía.
Fantasma. Eres un pobre diablo,
un estúpido ser que quiere ser
y no es nada,
absolutamente nada.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


MIS GAVIOTAS | UNO A UNO...



Me das pena pero me callo.
Siempre me callo. Reventaré.
Demasiado bien ves tus cadenas,
te las diré;
eres un niño, sólo un niño,
con aires de triunfador,
de atleta, de guerrero, de luchador.
De galán,
de don Juan,
de místico pensador.
De jugador
y vencedor en el amor.
Presumes y te creces
de lo poco que sabes
y supones
de lo mucho que ignoras.

Eres un niño,
un niño que quiere sabérselas todas.
Que ha visto el mundo
muy fácil por un agujero,
pero...
No es así,
eres un charlatán,
un fanfarrón,
un Juan
sin don...

Me das pena,
aunque, en el fondo te aprecio,
eres buena persona.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.


MIS GAVIOTAS | ENCUENTROS...



Noches blancas
de angustias blancas.
El océano negro permanecía inmóvil.
Se contemplaba en su espejo blanco.
Tenues luces me marcaron el sendero.
mientras partía con el rostro
mil espadas de acero.

Un hospital.
Un hospital para leprosos moribundos,
enfermos, vagabundos...

Primera puñalada:
un inmenso corredor vacío,
con cientos de tumbas verdes.
Primer hastío.
Agonía: me abrasa la garganta
en el frío de esta noche enferma.
Diez, veinte, treinta, cuarenta...
¡Cien,... mil siglos! ¡Mil soledades!
¡Un millon de manos macilentas
quiebran mis cervicales...!

Segunda puñalada:
la alborada.
Bajo un cielo mortecino
pasean mil cadáveres sin destino.
Caras amarillentas.
paso lento,
ojos sin fondo,
opacos. No brillan.
En el suelo blanco nos encontramos.
Y nos miramos sin vernos.
Sin vernos, nos odiamos.
Gritos, amargos gritos de mi alma.
Risas huecas, vacías.
Vacías como sus vidas.

Calles infinitas, vacías.
El cielo y el suelo son del mismo color.
La gente es del mismo color.
Brama el océano
y quedan sólo miradas errantes
y vacías.
Nadie. No hay nadie. No habrá nadie.
Aunque haya mucha gente. Nadie.

Cien mil rayos queman la noche.
Cien mil espadas de acero
asesinan la noche.
Los vahos escupen soledad.
Y lo único primitivo es un vaho,
menos pestilente,
que el vaho de sus huecos.

Corredores en las sombras.
Soledades en las sombras.
Vacíos en las sombras.
Detrás de los cristales
empiezan a resbalar las ilusiones;
se han roto bajo mis pies
los intentos de luchar.
Muertes.
Sólo hay almas condenadas. Gentes.

Llega el silencio. Única agonía soportable
en un cementerio.
Oscuridad. Llanto en la oscuridad.
Muerte, áun más muerte.
Y yo, en medio de la muerte, agonizo.
En medio de las sombras, me pierdo.
Rompo en mi llanto
la última esperanza
y no siento
más que deseos de llorar.

Se abren mis noches
con un día
que me castiga.
Un día oscuro y vacío;
primer, segundo,
tercer hastío.
Y creo que ya son mil.
He dejado de vivir
y no me siento.
Se ha perdido
mi mirada en un firmamento
sin sentido,
absurdo.
Las aguas estancadas
empiezan a pudrirse en el lodo.
Empiezan a dibujarse en sus patéticos rostros
risas histéricas,
esquizofrénicas,
trastornadas,
risas amargas,
sin vida.

Comienza mi muerte.
Mis terribles reflexiones.
Continúa mi agonía:
llaga que ya no acierto a sentir
en mi cuerpo.
Mi cuerpo ya no es mi cuerpo,
es llaga.
Llagas. Sólo llagas.
Llagas sin sangre,
llagas de mi alma.
Llagas de gente.



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.

MIS GAVIOTAS | SOLEDAD, SOLEDAD, SOLEDAD...



Se quiebran las palabras en mi garganta
cuando trato de explicar, lo solo y hastiado que me encuentro.
En medio de una euforia cargada de lágrimas, siento
como me hierve esta piel enferma que me abraza
y me produce tanta soledad…
Soledad, soledad, soledad,…
Me haces beber el cáliz de amargura.
Me haces vomitar versos.
Me haces vomitar soledad.
Me haces tomar sueños que anulan el miedo
que me produce la gente.
Y en el miedo de las quimeras, navego
y naufrago.

Y se rompe el silencio,
y se ahogan las palabras.
Sólo quedan las brumas
para aquellos que las buscan.
Y hablan los ojos para darme su indiferencia,
mientras los míos,
hierven entre colores,…
¿Cómo explicar esta agonía?
Envidio al payaso y al que se hunde
en el alcohol,…y me dan asco.
Danzando tristemente se sumergen por miedo…
¿Me uno a ellos?
...Tengo, siento tanto miedo en este carnaval de angustia...



José I. Hernández Meseguer
Úbeda, Jaén, 1978


MIS GAVIOTAS | LA EXTRAÑA NOSTALGIA



Un cementerio.
Un profundo, oscuro y solitario cementerio.
Un cementerio con cuatro malvas:

Las gaviotas del este,
un árbol crucificado
que arañaba el sol al amanecer.
Las gaviotas del oeste: atardecer.
Y este
paisaje yerto
y yermo
que me ha devuelto
la extraña nostalgia
de llamarme Israel.




José Hernández Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978.