domingo, 25 de marzo de 2012

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | COMPAÑERA MÍA...



Porque tú eres, compañera mía,
parte de la bruma que hierve en el horizonte
enrojecido y de la agonía
de mi aliento,
de esta tarde que se me muere en silencio...
De mi lamento.

Porque formas parte de ese atardecer
cargado de versos,
de soledad... De mi cárcel de soledad,
de mis miradas errantes, vacías,
de mis lágrimas amargas, de mis gaviotas perdidas.
Y porque tú, compañera mía,
eres el destello sutil que ilumina mis días,
te amo.

Sí, te amo.
Te amo, porque eres mi playa
y yo tu gaviota herida.
Te amo porque eres incienso en la neblina.
Te amo porque eres el camino
de mi pluma peregrina.
Porque haces más tierna mi soledad con tu mirada,
con esa mirada profunda, lejana,
Inquieta, llena de rayos de luz.
Llena de un fuego
que abrasa mis dedos en celo.

Te amo. Te amo, compañera mía,
porque eres mi cielo más azul
y mi noche más ardiente
cuando me pierdo en tu piel,
cuando naufrago en tu piel...
lentamente.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 11 de septiembre de 1979


SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | SOMBRAS...



Sombras.
En esta tarde que se quema en el cielo,
siento sombras.
Sombras en esta tarde amarillenta.
Sombras que queman mis ojos.
Sombras en esta tarde cenicienta.
Sombras que hacen volar mis gaviotas
en esta tarde casi yerta
y polvorienta.







José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Figueras, 4 de agosto de 1979

SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | LA MÚSICA...



Esta música me hace tanto recordar,
que me lleva a naufragar en un mar
poblado de nostalgias de amarga sal...
Tu música, tu música,
tus ecos...
La profundidad de tus notas,
la melancolía de mis recuerdos.

Mi habitación;
en el tocadiscos, una canción
de Clifford T. Ward,
o Pink Floyd,
o Bee Gees,
o Barry White.

Una melancolía
flotando en el aire:
hipocondría.
Me invanden las notas.
Mi vista, perdida y rota,
en el cielo del techo.
En mi pecho,
una pena,
en mi arena...
en mi arena...
Dios mío, ¿en mi arena, qué?
¿Qué sentía? ¿Por qué moría?
¿Qué sombra me abrasaba?
¿Qué silencio me ahogaba?
¿Qué dolor crepitaba...?
Dios mío... ¿De qué moría?




José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Abril, 1979


SEGUNDOS DE MELANCOLÍA | TE AMO



Hoy voy a decirte que te amo.
Y voy a decírtelo sencillamente así: te amo.
Hoy necesito de ti.
A veces pienso, que eres para mí
como esa bellísima luz cálida al atardecer;
como esa luz pálida y bordada en oro
que hierve en el horizonte.
Y me marca, sin darme cuenta,
la silueta y el camino... Mi camino.

Te estoy amando.
Me conduces, sin darte cuenta,
por tus veredas,
y es que... te sigo amando.
Eres como esa playa blanca,
donde, sin darme cuenta,
me vas llevando;
como una ola perdida,
como una gaviota herida...
¡Qué más da...!
Me muero amando.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
19 de junio de 1978


MIS GAVIOTAS | EPÍLOGO



Ese mismo viento que me trajo, me arrastra.
Y lo hace lentamente, deshilando
las ilusiones de los fracasos.
Y yo, desde mi cárcel de soledad,
me elevo hacia la luz.
Las siento más leves,
siento alas en mis cadenas de plomo...




José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 13 de julio de 1978.

MIS GAVIOTAS | DE UN TIEMPO ANTIGUO...



Calles de piedra
ajusticiadas por el tiempo.
Viento antiguo,
muerto en sus callejas de hiedra.

Casas decrépitas,
infinitamente viejas,
amarillentas
hasta la médula sus tejas
por un tiempo antiguo
de tenues candilejas.

Me voy. Os dejo:
mis sueños de vencejo
me exigen volar...
Gorrión amante de cielo.
Gaviota amante del mar.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda (Jaén), 1978


MIS GAVIOTAS | DE MIS HORAS HACIA EL SILENCIO...



Yo sé que tú,
pintas de azul,
la alborada
y también, de violeta y encarnado,
ese cielo casi apagado
que declina.
También sé
que das tiempo a la neblina
que lame los campos
mientras el sol se inclina
y la escarcha aproxima
sus gélidos mantos.

Y sé
que dejaste
enredado en tus horas
mi infancia,
y en el viento mis ansias
de volar.
Y un día, sobre el mar,
la melancolía
de mi primera poesía;
allí, en la arena,
mi primer verso,
mi primer poema.

Yo sé que tú
me diste la luz
cegadora,
gaviota voladora,
y un candil
para mis noches de abril,
y también una turbia edad
donde equivocar mi verdad...

También sé,
que con los años,
me diste unos peldaños,
que nunca llegué a terminar
y por eso, quizá,
las horas se me pusieron al revés
y me invitaron a volar,
de mar en mar,
para no volver.

Y sé, y supe desde el primer momento,
lo que era luchar contra el viento.
Y el vuelo absurdo
y un poco curvo
que tomé.

Yo sé,
que tú,
me guías,
me conduces,
me lastimas
y me produces
soledad.
Y también,
algunas veces,
llanto,
canto,
agonía,
alegría
y felicidad.

También sé,
que algún día,
encorvarás mi figura,
llenarás mi rostro de arrugas,
y me llamarás
cuando creas
que ha llegado mi hora...
Y sé que me encontrarás
con la mirada errante y perdida,
ausente y vacía,
en el fuego de unos leños,
quemando, uno a uno, todos mis sueños.

Llegará el silencio.
Las paredes se cubrirán de sombras.
Y todo habrá terminado;
un viejo péndulo parado
marcará cualquier hora
en el reloj...

Y a continuar:
yo sé,
que tú,
pintas de azul
el cielo y el mar...



José Hdez. Meseguer.
Memorias de un Naufragio.
Úbeda, 1978.

MIS GAVIOTAS | SOLO...



Solo.
Solo y sepultado entre las sombras
que se proyectan
a las estrellas.

Solo.
Solo naufragando
entre las crines del viento
hacia el firmamento.

Solo.
Solo bajo esa luna de gélidas miradas
que araña tus murallas
e ilumina tus lanzas olvidadas
por la ansiedad y el pulso aceleradas.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978

MIS GAVIOTAS | LUZ DE SOLEDAD...



En aquel mar de silencios,
aquella tenue, triste y trémula luz,
robaba un poco de agonía
a la oscuridad
que inundaba
todas las galerías.

Sólo flotaba, en medio
de ese océano de sombras,
un intenso rubí que cantaba
silencios por bulerías.
Luz. Luz de mis noches frías.
Luz, que con tus halos amarillentos,
das caballo al viento.
Melancolía...

Rompes la ventana en un beso
e iluminas el metal
hasta el fuego.
Luz de sal
que me duerme luego.

Ladrón de oscuridades.
Espía de mis soledades.
Conocedor de mis verdades...





José Hdez. Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978


MIS GAVIOTAS | CAMPOS...



                                                                     Campos... Antonio Machado.


Campos cubiertos de melancolía.
Antonio, tus campos traslucen agonía.
Antonio: tus campos y los míos.
Los tuyos, un día,
los míos, todavía.

En tus campos terriblemente yertos
para los demás,
terriblemente muertos,
vuelan mis gaviotas.
Son como un mar;
dulce, quieto.
Son olas ocres y azules,
desnudas para los demás,
para mí, vestidas de sedas y tules.
Son como un océano;
infinita laguna.
Para los demás, sólo campos con nubes,
para mí, islas de espuma.





José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Úbeda, 1978