jueves, 21 de febrero de 2013

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO: CUANDO EL AMOR ACABA


El amor acaba. Lo sé. Ahora lo sé, aunque siempre lo supe.
He visto la sombra del odio posándose sobre mí.
Dejándome abierta esta herida. Esta honda herida.
He notado, con espanto, la enorme tragedia
que ha calcinado mi vida
hasta perder su valor.


He sentido cómo la angustia atravesaba, sin compasión, mi alma.
Pero, tú, también me lo has dicho.
Me lo has dicho con tu silencio.
Me has hablado con esa mirada azul
que, en otras ocasiones, tanto me dijo.
Que, en otras ocasiones, me llenase con su luz.
Ahora, fría, gélida e indiferente.
Distante, autosuficiente. Indolente.
Me lo has dicho. Me lo has repetido, una y otra vez, con tu olvido
que se encuentra situado
en otro mundo. En otra dimensión.
En un lugar desconocido
y extraño, donde sólo habita tu invariable decisión
mucho más allá del intento.



Ahora debería ser yo.
Ahora deberían ser mis apaleados sentimientos
los que tendrían que participar de lleno en el cruel
y despiadado juego del desamor.
Ahora debería ser yo el que quisiera dejar de amarte,
pero no puedo garantizártelo aunque lo intente
y fracase de nuevo con la misma fuerza.
Ahora debería ser yo el que tuviese la fortaleza
para salir.
Para dejar de latir.
Para mirarte y no sentir.
Para huir...
Para rechazar tu boca...
Para volar en silencio, desde tu vida
hasta mi soledad que se ha vuelto loca.


Ahora sé que debería,
al menos, intentar escapar de toda la angustia que me atenaza,
que me consume y se enreda en mi alma con ironía.
Tendría que ser capaz, lo sé, conozco la teoría.
Tendría que, al igual que tú, que vestirme de silencio.
De olvido.
Tendría que, al igual que tú, tensar hasta el límite la invisible
e irascible
cuerda de los celos.
De esos celos que, por tu meditada indiferencia,
me han hecho ser un perdedor.
Tendría que ser capaz de ignorar tu dolor
después del fracaso.
Tendría que ignorar que sigues viviendo en mi corazón.
Tendría que ignorar todo eso...


Pero me siento incapaz.
Estoy tan dañado que no puedo pensar.
Me siento atrapado en esta oscuridad.
Estoy atrancado, sin poder evitarlo,
en esta indeseable esquina de mi existencia.
Se me han borrado las aceras.
Se me han cerrado las ventanas
y las puertas.
De repente, ha anochecido en mi vida,
de repente...
De repente, me siento solo en la calle, en los bares, entre la gente.
                                                                    



José Hdez. Meseguer
De mi Libro Memorias de un Naufragio
Murcia 2002

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