jueves, 22 de agosto de 2013

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | EL ENEMIGO EMBOSCADO



Eres extraño. Oculto.
Poliédrico. Camaleónico.
Bestial. Infame. Cruel.
Despiadado con los hipocondríacos.
Aliado de los gilipollas como yo.
Comparsa del juego.
Cómplice de la bobada.
De la farándula.
De la estupidez sin fundamento.
De la sombra sin recuerdo.
De la lágrima inoportuna.
Del llanto sin remedio.
Del olvido sin fondo.
De la oscuridad del alma.
De los necios metafísicos.
De los idiotas que vivimos a contraluz de los sueños.
De los poetas rotos.
De los escritores que vivimos invadidos
por los fantasmas que pueblan el recuerdo.
De los seres solos porque solamente éste es nuestro destino:
la soledad.
La soledad, porque ella es nuestra musa inalterable
y porque ella misma llena nuestro vaso de soledad.


Eres socio de nuestros fracasos.
Espectador mudo de nuestras historias de desamor.
Biógrafo silente de nuestros naufragios.
Compañero de viaje imprevisto y desconocido.
Tan absolutamente falso
como una moneda de madera.
Tan absolutamente disfrazado de amigo
como la serpiente del Paraíso.
Tan estúpidamente necesario
que me da miedo pensarlo cuando me encuentro solo.
Cuando estoy solo.
Cuando me siento solo.
Entonces, emboscado, mimetizado,
me miras entre las sombras.
Me abocas al vértigo.
A la autocompasión.
Me acechas. Me espías
y casi siempre me traicionas.
Me observas en el más hondo de los silencios.
Esperas a que caiga.
A que me encuentre, una vez más, en tu punto de mira
hecho pedazos
o por el recuerdo,
o por el olvido.
Para, entonces, recogerme como un trapo.
O como un fardo.
O como el despojo de un perro
atropellado en la carretera.


Eres frío.
Agazapado
esperas mi caída.
Casi siempre me encuentras
en el camino hecho una mierda.
Y, entonces, me aplastas sin piedad.
Pero sucede que también, a veces,
vestido de humo; de luces
azules y amarillas,
cuando estoy solo y me siento mi propia isla,
cuando dibujo mi propia soledad,
apareces entre mis brumas y me llamas,
...y me atrapas.
Te vistes de amigo y me invitas.
Después me asesinas sin pudor. Lo sé.
Más tarde, cuando todo ha pasado,
mis recuerdos y mis miedos continúan; siguen flotando.
Yo, sigo estando solo y tengo una enorme resaca.
Y tú, tú te has marchado a buscar a otro imbécil
tan triste y acabado como yo...




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002

2 comentarios:

  1. Esplendido trabajo, me embrujo la riqueza del lenguaje que utilizas.
    Mi aplauso.
    Reme.

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    Respuestas
    1. Gracias por tus amables palabras, mi estimada Siloe Sombra. Un placer ser leído por vos. Un fuerte abrazo.

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