jueves, 22 de agosto de 2013

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | ES AHORA, ES ENTONCES...



Es ahora, cuando la tarde va cayendo en el sueño,
cuando las sombras acuchillan sin piedad lentamente la tarde.
Es ahora, cuando la soledad en mi alma crece,
cuando los sueños de niño desaparecen,
cuando el día bosteza, cuando la esperanza se adormece.
Es ahora, cuando todo parece que termina,
cuando la tarde ajada se difumina
ocultándose en los brazos de la melancolía,
cuando los recuerdos, en pie, me asedian, me espían.
Es entonces cuando llego vencido a mi refugio
y el silencio me atenaza y me muerde, me quema las entrañas.
Es ahora, cuando oigo con espanto los gritos del silencio
encaramarse por mi alma
y recorrer con burla las paredes de mi casa sola.
Es ahora, cuando me miro en el espejo de otros días.
De días pretéritos, repletos de sonidos,
y me precipito por el pasillo…

Y abro la habitación
y la soledad me abofetea
y se ríe de mí, mostrándome sus camas vacías.
No, no están, me digo,
con la mente confusa y el corazón encogido…
Y cierro de nuevo la puerta con desaliento, con cuidado,
como si estuvieran, ahí, durmiendo.
Es ahora, al recordarlo, cuando se electrifican mis sentidos.
Es entonces cuando el alma se me enloquece
y el rostro se me oscurece.
La sangre, inquieta y agitada, me golpea;
hierve indómita y torva,
y la vida deja de importarme, me da igual, incluso me estorba.
Es ahora cuando miro sin pasión por la ventana.
Con cansancio.
Y comprendo muy despacio
que la vida va y viene
pero nunca, jamás se detiene.

Es ahora, cuando el viento arrecia en las calles solitarias
y la oscuridad se cuelga en los aleros,
cuando la mirada se me agrieta en los ojos y en la noche
buscando un solo motivo para seguir caminando, sin desfallecer.
Es ahora, cuando la soledad vomita soledad
y los semáforos me guiñan sus colores,
cuando tiemblo y siento frío. Y miedo.
Es ahora, en un temblor de desesperanza,
cuando el calendario mágicamente se despliega
inmenso como un océano ante mí
y me muestra su catálogo gris.
Me arranca, me arrastra, me captura
y me devuelve, a empujones, a las confusas bóvedas del pasado.
Me secuestra de un presente en el que apenas sobrevivo
para zarandearme con violencia.
Me enseña con irreverencia
sus días preñados de miedo y vértigo,
me hurga con descaro en las heridas
de mi noche poblada de angustia.
Y mi mente me abre sus llagas al desamor.

Es ahora cuando mis palabras se quiebran.
Es entonces cuando me tiembla otra vez la nostalgia,
y mi recuerdo y mi naufragio delirantes, se revuelven en su fosa
como cadáveres, como almas sin destino,
cuando huelo,
cuando noto,
cuando presiento la flor
mustia de aquel amor
ahora, y para siempre, enterrado y muerto.
Mi vida, entonces, también se paraliza como un reloj sin cuerda,
cuando siento que no me queda
más que un poso amargo de dolor,
y toda su traición. Su inmensa crueldad,
su perfidia, su felonía, su maldad.

Pero, al mismo tiempo, un extraño aleteo de emociones
sobrevuela mi mente
cuando, de repente,
se queda colgada en fogonazos de futuro,
de un futuro turbio y desconocido
que no sé cómo interpretar.
Un futuro inquieto que me susurra un desconocido canto de sirenas;
un futuro lleno de matices,
un mosaico de colores.
Un futuro lleno de pruebas.

Y vuelvo al pasillo y abro la puerta.
Y la angustia, de nuevo, me golpea.
… Es entonces, es ahora, cuando la tristeza
me muestra su oxidada cara de herrumbre y sus ojos vacíos
llenos de odio. La boca invadida de olvidos
y besos caídos.
De frases y palabras perdidas
…Y poemas muertos.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 14-15/ 3/ 2003

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