jueves, 22 de agosto de 2013

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | LA IDEA Y EL CONCEPTO



Me gusta escribir. Es lo que más me gusta.
Y me gusta desarrollar ideas
para luego moldearlas sobre este torno.
Para esculpir lo que a menudo
deambula como un fantasma por mi mente.
Una idea. Una palabra. Una forma.
Es el desafío. El reto de la expresión.
El vértigo de la página en blanco.

¿Y luego, qué?
¿Seré capaz de explicar o contar otra cosa?
Ése es el duelo. Y la cuestión.
Y la tensión.
Es emocionante.
Siempre existe un motivo.
A veces violento.
Demasiado como para lanzarme al abismo indefinido
de un tema sin saber, en muchos casos,
por dónde debiera empezar.
Me doy vueltas y más vueltas
por esa neblina que flota en mi cerebro y no sé bien
qué pieza mover para no encontrarme, de repente,
“en jaque mate”.

¡Me ha sucedido! ¡Me ha sucedido…!
Por fin me ha sucedido;
estar semanas enteras hilvanando
una estrategia para darle forma y no morir en el intento.
Es preciso y necesario, en algunos momentos,
saltar. Saltar, aunque tenga la extraña sensación
de tener las manos atadas a la espalda.
Esa sensación de pánico va desapareciendo a medida
que voy adentrándome en la espesura de la página,
porque empiezo a encontrar caras y formas
sobre las que ir modelando el trabajo.
Es la maravilla de la creación puesta a mis pies.
Estoy pariendo el texto
y dando forma, calor y color a mi inquietud.

Subo o bajo
y me muevo en cualquier dirección, sin control.
A la derecha o a la izquierda,
no importa en qué sentido pueda ir.
Sé que voy; es lo único.
Me elevo y me hundo en este líquido efervescente
de la idea como concepto, en la idea que mágica flota en mi mente.
Y me impregno de su olor.
Me transformo mimetizándome,
camaleonizándome,
dentro de las palabras que aparecen a borbotones
como una tubería que reventase a mi paso.
Y las dejo atrás como las líneas blancas
que señalan una autopista.
Desde mi vehículo mental
todo es veloz y difuminado.

Ahora debo pararme. Pararme y pensar.
La idea está naciendo bajo mis dedos y la noto.
La siento.
A veces me duele.
Otras me hiere.
Pero es lo que amo tanto.
Lo que necesito.
Es la idea,
es la inspiración,
toda mi respiración.
Es la vida…



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio.
Murcia, 2002

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