jueves, 22 de agosto de 2013

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | ¿POR QUÉ...? ¿PARA QUÉ...?



¿Por qué...? ¿Para qué vuelves...?
¿Por qué has vuelto...?
Ahora miro al mar y de nuevo te recuerdo.
¿Por qué te infiltras en mis sueños?
¿Por qué me llamas y me invitas
con tus cantos de sirena?
¿Por qué ese empeño?

¿Por qué continúas latiendo?
¿Por qué viviendo?
¿Por qué no dormitas?
¿Por qué?, si ya no te necesito...
¿Por qué?, si la primavera
ha muerto...

¿Por qué? ¿Para qué?
¿Por qué no te meces en los brazos infinitos
de la espera?
¿Por qué?, si mi primavera
son únicamente
sombras que se proyectan en mi mente...
Sólo sombras.
Sombras solamente.

Aunque atrape tu mano pequeña...
¿Por qué, aunque te vea?
¿Por qué, aunque te sienta
y sienta que hubo un antes y un después...?
¿Por qué, aunque camine
con pereza hacia el futuro...?
¿Por qué vuelas?
¿Por qué sigues volando?
¿Por qué vuelas en los aleros
de mis sueños?
¿Por qué te empeñas?
¿Por qué ese empeño?

¿Por qué esa continua falta de quietud,
siempre más allá de los límites de la desolación;
siempre más allá de la vida y la muerte;
siempre más allá del gozo o el dolor;
siempre más allá de la angustia del recuerdo...?

¿Por qué vuelas?
¿Por qué sigues volando?
¿Por qué vuelas en los aleros
de mis sueños?
¿Por qué? ¿Para qué?
¿Por qué te empeñas?
¿Por qué ese estúpido y cruel empeño...?



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | BREVES HISTORIAS DE UN NAUFRAGIO



Datos. Fechas. Días. Noches frías. Épocas pasadas.
Recuerdos que aúllan en el horizonte: a mis espaldas.
Noches rotas por la melancolía. Azotadas.
Días grises. Primaveras febriles y equivocadas.
Versos llorando en el cristal. Poesías desoladas.
Tristes poesías.
Historias de amor que caminan de puntillas
en mi alma.

Besos que nunca fueron.
Amores que en realidad no existieron.
Tristezas que asoman a mis ojos
con irreverencia. Con descaro.
Evocaciones. Amores pretéritos.
Amores marchitados.

Amores que se asoman a mi mente.
Que deambulan ajados.
Que pasean con soberbia, libremente;
castigando el pasado. Atornillando el presente;
haciéndome escribir versos con agonía... Trágicamente.
Breve, pero largo e interminable epitafio,
para un amor que se esconde en el tiempo.
Para un amor estúpido. Enterrado y muerto.
Para un amor de pelo lacio.
Son sus restos los que flotan despacio.
Son... los restos de aquel naufragio.




José Hernández Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | CUANDO MUERE EL DÍA



Una idea en la mente.
Un paseo bajo los árboles.
La calle mojada.
La mañana nublada.
La niebla indolente.

El pensamiento latiendo.
La idea surgiendo.
Paraguas bajo la lluvia.
Mi soledad naciendo.
El vaho de mi aliento.

Recuerdos que emergen.
Bramidos del silencio;
gritos de mi alma,
que a mi alma agrietada sumergen.
Soledad inquietante.
Soledad extraña.
Soledad que invade mi mente
y a mi corazón herido empaña.

Es sólo un minuto,
sólo unas palabras.
Es sólo un poema,
sólo unas líneas prendidas en esta pena.
Camino solo envuelto en la bruma.
Cristales que se rompen; melancolía.
Sal, suave sal de espuma
que me destroza,
que me hiere,
que me invade,
que me amarga,
pero que dejo atrás,
como un mal sueño,… cuando muere el día.
                                                                              

José Israel Hernández Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2003


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | YO PREGUNTO AL AMOR



¿Dónde estás, amor? ¿Viniste ya?
¿Llegaste ya? ¿Fue simplemente un sueño,
o un deseo de mi febrilidad?
¿Dónde estás, amor? ¿Qué haces ahora?
¿Hacia adónde vas?
¿Por dónde vienes, si es que vienes?
¿Por dónde estás, si es que estás?     
¿Subes paseando por las aceras de mi alma oscura y asimétrica?
¿O bajas, tembloroso y asustado, casi escondido,
al abismo de mi soledad?

¿Estás aquí?
¿O te quedaste junto a mí
aquella tarde de primavera en la Redonda?
¿Te quedaste allí junto a mi guitarra?
¿Te dormiste junto a mis sueños?
¿O, acaso, a ti también te soñé?

Qué difícil es evocarte,
qué difícil es decirte
que siempre te soñé como te necesitaba,
y no cómo te encontré.
No como viniste,
vestido de sombras,
cargado de angustia.

¿Dónde estás, amor? Seguramente soñé que soñaba.
Y si no es así ¿Cuándo extendiste tu mano blanca?
¿Cuándo besaste mi boca para darme la luz?
¿Cuándo iluminaste mis sentidos?
¿Cuándo, desde tu mano, mis manos temblaron?
¿Cuándo, desde tus ojos, mis ojos te vieron?
¿Cuándo, desde mi voz y mi guitarra, nacieron
mis poemas?

¿Por qué se quebraron de esa absurda manera?
¿Por qué me atormentaste? ¿Por qué destrozaste mi quimera?
¿Por dónde vienes, si es que vienes?
¿Por dónde estás, si es que estás?
¿Dónde estás, amor, que no te encuentro?
¿Estás fuera o dentro?
… Tan dentro de mí que no soy capaz…

Lo cierto es que, a veces, te presiento,
pero no sé, no estoy seguro.
A veces siento
tu mirada,
esa mirada redonda y limpia.
Otras, en cambio, no siento nada;
es como si nunca hubieses existido.
Tu desdén, entonces, me hiere y me desgarra.
Y porque al final, creo, que el amor como el olvido
son una misma cosa, una misma unidad.
Una verdad indivisible, amarga, letal, inmediata.
Todo se envuelve en un mismo y cruel sentimiento;
una me hiere,… la otra me mata.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 14-15/ 4/ 2003 


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | ES AHORA, ES ENTONCES...



Es ahora, cuando la tarde va cayendo en el sueño,
cuando las sombras acuchillan sin piedad lentamente la tarde.
Es ahora, cuando la soledad en mi alma crece,
cuando los sueños de niño desaparecen,
cuando el día bosteza, cuando la esperanza se adormece.
Es ahora, cuando todo parece que termina,
cuando la tarde ajada se difumina
ocultándose en los brazos de la melancolía,
cuando los recuerdos, en pie, me asedian, me espían.
Es entonces cuando llego vencido a mi refugio
y el silencio me atenaza y me muerde, me quema las entrañas.
Es ahora, cuando oigo con espanto los gritos del silencio
encaramarse por mi alma
y recorrer con burla las paredes de mi casa sola.
Es ahora, cuando me miro en el espejo de otros días.
De días pretéritos, repletos de sonidos,
y me precipito por el pasillo…

Y abro la habitación
y la soledad me abofetea
y se ríe de mí, mostrándome sus camas vacías.
No, no están, me digo,
con la mente confusa y el corazón encogido…
Y cierro de nuevo la puerta con desaliento, con cuidado,
como si estuvieran, ahí, durmiendo.
Es ahora, al recordarlo, cuando se electrifican mis sentidos.
Es entonces cuando el alma se me enloquece
y el rostro se me oscurece.
La sangre, inquieta y agitada, me golpea;
hierve indómita y torva,
y la vida deja de importarme, me da igual, incluso me estorba.
Es ahora cuando miro sin pasión por la ventana.
Con cansancio.
Y comprendo muy despacio
que la vida va y viene
pero nunca, jamás se detiene.

Es ahora, cuando el viento arrecia en las calles solitarias
y la oscuridad se cuelga en los aleros,
cuando la mirada se me agrieta en los ojos y en la noche
buscando un solo motivo para seguir caminando, sin desfallecer.
Es ahora, cuando la soledad vomita soledad
y los semáforos me guiñan sus colores,
cuando tiemblo y siento frío. Y miedo.
Es ahora, en un temblor de desesperanza,
cuando el calendario mágicamente se despliega
inmenso como un océano ante mí
y me muestra su catálogo gris.
Me arranca, me arrastra, me captura
y me devuelve, a empujones, a las confusas bóvedas del pasado.
Me secuestra de un presente en el que apenas sobrevivo
para zarandearme con violencia.
Me enseña con irreverencia
sus días preñados de miedo y vértigo,
me hurga con descaro en las heridas
de mi noche poblada de angustia.
Y mi mente me abre sus llagas al desamor.

Es ahora cuando mis palabras se quiebran.
Es entonces cuando me tiembla otra vez la nostalgia,
y mi recuerdo y mi naufragio delirantes, se revuelven en su fosa
como cadáveres, como almas sin destino,
cuando huelo,
cuando noto,
cuando presiento la flor
mustia de aquel amor
ahora, y para siempre, enterrado y muerto.
Mi vida, entonces, también se paraliza como un reloj sin cuerda,
cuando siento que no me queda
más que un poso amargo de dolor,
y toda su traición. Su inmensa crueldad,
su perfidia, su felonía, su maldad.

Pero, al mismo tiempo, un extraño aleteo de emociones
sobrevuela mi mente
cuando, de repente,
se queda colgada en fogonazos de futuro,
de un futuro turbio y desconocido
que no sé cómo interpretar.
Un futuro inquieto que me susurra un desconocido canto de sirenas;
un futuro lleno de matices,
un mosaico de colores.
Un futuro lleno de pruebas.

Y vuelvo al pasillo y abro la puerta.
Y la angustia, de nuevo, me golpea.
… Es entonces, es ahora, cuando la tristeza
me muestra su oxidada cara de herrumbre y sus ojos vacíos
llenos de odio. La boca invadida de olvidos
y besos caídos.
De frases y palabras perdidas
…Y poemas muertos.



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 14-15/ 3/ 2003

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | OJALÁ MAÑANA...



Hoy busco desesperadamente un poema
y sólo me nacen silencios, de nuevo…
Hoy busco un poema
y sólo me nace angustia.
Una angustia implacable y feroz que se mezcla
con la misteriosa música de Enigma,
y me transporta a callejones oscuros
donde mi mente,
sin pretenderlo, se pierde.

Hoy busco un poema
y sólo me nace angustia.
Una angustia oscura
porque ella, desde sus sombras,
me produce sombras…

Porque ella, desde su agonía,
me produce agonía.
Hoy busco a toda costa un poema
para evadirme,
para fugarme
de esta cárcel de angustia,
pero sólo me nacen palabras huecas
que perforan mi ánimo reventado.
Porque me siento solo y abrumado,
agotado.
Porque me siento incapaz
de sobreponerme a esta lacerante situación
de desamparo.

La música se va enredando en la habitación
como un perfume fatal y extraño.
El silencio se rompe en manojos.
La tarde, lenta y opaca, cae ante mis ojos.
Melancolía.
El teléfono no suena.
Mi alma, de nuevo, se vacía
en cada renglón.

Y sigo, sigo desesperadamente escribiendo,
buscando un camino,
un sentido,
un rumbo que seguramente no existe,
porque no existe lo que jamás existió,
lo que jamás hubo;
mi corazón solitario, al parecer, nunca tuvo
ese derecho.

Y sólo me queda a cambio esta soledad
que llena mi copa, una vez más, de soledad…
Y de nuevo la música invade
mis recuerdos
y a la tarde que, oscura y mustia,
se deshace temblorosa e inquieta
en los brazos de mi angustia.

Y sigo escribiendo, sigo escribiendo
como un suicida, no me detengo…
Como si no pasara nada,
como si a mi alma machacada
no le importara este duelo.
Como si las sombras no subiesen
y trepasen
por mi mente desesperada
y atribulada.
Como si no creciesen como cipreses mirando al cielo…

Y busco un poema, lo busco…
Pero sólo encuentro llagas
y gaviotas muertas…
Me siento angustiado,
atrapado,
en este callejón de la vida
que sólo me brinda desamor,
que se burla a cada paso
de mi puerca existencia.

No me queda nada,
sólo unos versos y toda la melancolía,
una melancolía que se enreda
y me abraza.
Sólo estas líneas hartas…
Hartas de decir ¡Ojalá!…
¡Ojalá, mañana, muriese!
¡Ojalá, mañana, no despertara!



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | VUELVO AL MAR... [PENÉLOPE HA MUERTO]



Vuelvo al mar.
Me alejo de tu playa.
Hoy es mi último día en tu orilla.
Hoy es mi último día en tu vida.
Vuelvo al mar.
Solo. Para siempre. Para no regresar.
Y quiero escribir,
antes de partir,
porque deseo recordar siempre este momento
que tanto afecta a mi sensibilidad.
Deseo imprimir en mi alma toda la melancolía que me invade.
El adiós es un instante.
El olvido puede ser eterno, no sé si lo sabes.
Pero he de partir, he de volver al mar.
Solo. Para siempre. Para no regresar.

Cuando llegué a tu vida,
a tu playa,
el naufragio de mi mundo interior
me aplastaba. Me mordía.
Llegué vencido.
Hundido.
Cuando toqué puerto en tu vida,
la mía, era sólo una sombra.
Una bruma.
Entonces, por ti, mi cielo recuperó su color
y la luz su calor
y los poemas brotaron intensos y suaves
desde mi pluma.
Y mi bruma
se diluyó en el pasado.
Y el pasado en el olvido.
Tu vida, tu playa, tu mirada azul, tu juventud, me atraparon.
Caí herido de amor. Mi barco encalló en tu cuerpo.
En tu puerto.

Había vuelto a Ítaca. Tú eras mi Penélope.
Y mi mundo y mi vida, que hasta entonces había sido
un estúpido periplo alrededor de la angustia, se detuvo.
El pulso recuperó su equilibrio.
Y la noche sus estrellas.
Y la luna boquiabierta su intensidad.
Y el olor su fragancia.
Y la pasión se aceleró.
Y mis besos tuvieron sentido.
Y mis manos deseo.
Y anduvieron los caminos de tu cuerpo
y las sendas de tu alma.
Y juntos, muy juntos, emprendimos el camino;
el camino de la vida
que nos regaló, a su paso,
dos hermosos hijos
que dieron sentido a un futuro
que se cernía sobre mí, en silencio,
sin sentirlo,
como una serpiente lenta de cansancio
y hastío.

Y hoy, después de veintiún años,
el cielo azul que siempre imaginé contigo
se desploma para dejarme tu olvido.
Por eso me marcho;
no quiero seguir siendo un estorbo.
Sé que no soportas mi presencia.
Te enerva.
Te irrita.
El agotamiento,
tu desaliento,
tu desilusión hacia a mí
se han convertido en mi peor enemigo.
Tu querer vivir,
tu querer descubrir sin mí,
en tu mejor aliado.
Por eso vuelvo al mar.
Solo. Para siempre. Para no regresar.

Izaré velas de nuevo,... me alejaré.
Navegaré...
¿Naufragaré?
No lo sé. Ahora no sé
lo que me espera en cada esquina,
en cada ola, en cada tormenta.
En cada alborada.
Sólo sé que vuelvo a estar solo.
Solo para vivir y luchar.
Solo para emprender un nuevo destino
que empieza hoy, sin ti.
Solo para mirar mis estrellas
y mi luna pálida y boquiabierta.
Solo para escribir nuevas soledades.
Solo para sentirme solo entre las gentes.
Solo para llorar nuevos poemas.
Solo para sangrar nuevas melancolías.

No te preocupes, no te aflijas, no tengas pena;
sigue tu vida, es también mi última lágrima en este poema.
Zarpo. Es mi último día sobre tu arena.
No me da miedo el rumbo.
No me da miedo la soledad.
No me da miedo el destino.
No me da miedo la angustia
que ahora ahorca mis sentidos.
Me voy destrozado,
extenuado,
triste,
con los esquemas partidos
y los sueños incumplidos.
Con un futuro incierto
que me observa burlón.
Con un pasado que se amontona en mi mente.
Con un pasado que me devuelve a la angustia.
Con un pasado que se divierte
viéndome herido de amor y muerte.

Me marcho invadido por el desarraigo,
me marcho agotado por el intento,
me marcho hablando de ti,
de mí, de nuestro ayer;
de un ayer que no ha de volver.
Me marcho conversando con el viento.
Me marcho triste, sí, pero tranquilo.
Aun sabiendo que, seguramente,
no he sabido quererte
como tú necesitabas.

Quizá no llegue a querer a nadie como éste necesita,
seguramente mi egoísmo me lo impida.
Pero la sensación que también a mí me habita
es que nadie ha sabido quererme como yo necesitaba.
Por esa razón me marcho. Por eso me alejo.
Mi vida, mis silencios, mis soledades,
mis sueños de vencejo
me apartan de tu vida.
Me arrastran hacia otras playas,
hacia otros amaneceres,
hacia otros atardeceres,
hacia otras olas.

No me verás llorar, no,
no me verás alejarme;
lo haré de madrugada, en silencio.
En el silencio de la mañana.
Pero también me iré sin mirar atrás,
pensando en que te amé lo mejor que supe.
Pensando en que di lo mejor de mí.
Pensando en que, si no me amas,
qué hago yo aquí.
Por eso no volveré la vista.
Por eso mi conciencia se encuentra a salvo.
Por eso está serena mi alma.
Por eso tengo calma...

Tú ya no eres mi mar,
ni mi arena,
ni mi playa,
ni la persona que amé,
ni el beso que di,
ni las cartas de amor que escribí,
ni el deseo que sentí,
ni las lágrimas que vertí...

Por todo eso, porque Penélope ha muerto,
y yace sólo en mi recuerdo,
te digo adiós.
Y porque en la lejanía, quizá, me aguarde otra estrella que amar...
Por todo eso, regreso al mar. Me hago a la mar.
Solo. Sin prisa. Para siempre. Para no regresar.
                                                              



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Alicante, 1 de agosto, 2002


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | BEBO DE MIS MIEDOS...



...Y la busco sin querer, en cualquier lugar, sin pretenderlo.
Aunque sepa que ella no está. Que ya no me ama. Que no existe.
Miro con pánico el foso en el que me encuentro sumergido.
Camino como un fantasma y agonizo.

No puedo evitarlo.
Lloro como un niño perdido.
Bebo de mis miedos en cualquier bar hasta que reviento.
Hasta que la noche y el alcohol nublan mis pensamientos.
Mis sentimientos.

Y quiero morirme de una maldita vez.
De una puta vez.
No puedo soportar por más tiempo la idea.
Esta maldita idea que tanto daño me hace.
Que tanto me hiere.
No puedo soportar que ya no me quiera...
No puedo soportar que ya no me quiere.
                                                              


José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, junio, 2002


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | CUANDO EL AMOR ACABA



El amor acaba. Lo sé. Ahora lo sé, aunque siempre lo supe.
He visto la sombra del odio posándose sobre mí.
Dejándome abierta esta herida. Esta honda herida.
He notado, con espanto, la enorme tragedia
que ha calcinado mi vida
hasta perder su valor.

He sentido cómo la angustia atravesaba, sin compasión, mi alma.
Pero, tú, también me lo has dicho.
Me lo has dicho con tu silencio.
Me has hablado con esa mirada azul
que, en otras ocasiones, tanto me dijo.
Que, en otras ocasiones, me llenase con su luz.
Ahora, fría, gélida e indiferente.
Distante, autosuficiente. Indolente.
Me lo has dicho. Me lo has repetido, una y otra vez, con tu olvido
que se encuentra situado
en otro mundo. En otra dimensión.
En un lugar desconocido
y extraño, donde sólo habita tu invariable decisión
mucho más allá del intento.

Ahora debería ser yo.
Ahora deberían ser mis apaleados sentimientos
los que tendrían que participar de lleno en el cruel
y despiadado juego del desamor.
Ahora debería ser yo el que quisiera dejar de amarte,
pero no puedo garantizártelo aunque lo intente
y fracase de nuevo con la misma fuerza.
Ahora debería ser yo el que tuviese la fortaleza
para salir.
Para dejar de latir.
Para mirarte y no sentir.
Para huir...
Para rechazar tu boca...
Para volar en silencio, desde tu vida
hasta mi soledad que se ha vuelto loca.

Ahora sé que debería,
al menos, intentar escapar de toda la angustia que me atenaza,
que me consume y se enreda en mi alma con ironía.
Tendría que ser capaz, lo sé, conozco la teoría.
Tendría que, al igual que tú, vestirme de silencio.
De olvido.
Tendría que, al igual que tú, tensar hasta el límite la invisible
e irascible
cuerda de los celos.
De esos celos que, por tu meditada indiferencia,
me han hecho ser un perdedor.
Tendría que ser capaz de ignorar tu dolor
después del fracaso.
Tendría que ignorar que sigues viviendo en mi corazón.
Tendría que ignorar todo eso...

Pero me siento incapaz.
Estoy tan dañado que no puedo pensar.
Me siento atrapado en esta oscuridad.
Estoy atrancado, sin poder evitarlo,
en esta indeseable esquina de mi existencia.
Se me han borrado las aceras.
Se me han cerrado las ventanas
y las puertas.
De repente, ha anochecido en mi vida,
de repente...
De repente, me siento solo en la calle, en los bares, entre la gente.
                                                                    



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia 2002

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | INFINITO ACANTILADO


He de volver,
mientras al alma se me agota
y mis versos, gota a gota,
van dejando languidez.

He de volver,
en esta noche amarga y cenicienta
que de ayeres se alimenta,
lenta, lenta,
y van destrozando mi ser.

He de volver,
porque tú ya no me quieres,
porque tu olvido me hiere
y yo no sé qué puedo hacer.

Regresaré a mis quimeras
y aunque tú me lo pidieras,
regresaré.

Regresaré otra vez a las preguntas,
a mis poemas, a mis angustias
y de nuevo a comenzar.

Iré más allá
de lo escrito y calculado;
al infinito acantilado
del amor que dejo atrás.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002



MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | CRISIS



No lo sé con seguridad, pero creo que estoy en crisis.
Me siento en crisis. En una crisis que me envuelve.
Me siento en el ojo de un huracán, fulminante y devastador.
Sé que me rodea, que me abraza, que me muerde.
Que me atormenta en la soledad…
Y siento dolor…

Después, cuando todo haya pasado,
hecho un trapo,
me arrojará
burlona a la orilla
en una ola sin aliento ni destino...
En una moribunda y solitaria ola.
En una ola a una playa...
A la playa de la vida.
A la vida que rápida y lenta se acaba.
A la vida que rápida y lenta termina.
Después sólo quedará un suave rumor de caracolas
cuando nos hayamos ido.
Cuando sólo seamos un profundo y eterno olvido.

No sé qué hacer. Captura y retiene mis ideas.
Las palabras en mi mente
suenan mediocres
y huecas: marchitadas.
Ajadas.
Deshabitadas.
Sin valor.
Sólo mienten.
Estoy en crisis, lo presiento.
Lo noto en mí. Me acecha una desidia: un mal viento.
Tengo un pálpito,
un mal presentimiento.
Implacable.
Inacabable.
Insondable.

¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me atornillas?
¿Por qué te esparces,
te creces,
te retuerces
dentro de mí, como una bestia infame y diabólica?
No lo sé con seguridad, pero creo que estoy en crisis.
En una crisis extensa, negra y demoledora que destruye mis ideas
para dejar sólo paso al silencio.
Sólo a la tarde que languidece bajo mi mirada.
Sólo a mis ojos que ya no miran nada.
Sólo a mi vida solitaria y derramada.
Sólo... a mi vieja alma herida y derrotada.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia 2002

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | EL ENEMIGO EMBOSCADO



Eres extraño. Oculto.
Poliédrico. Camaleónico.
Bestial. Infame. Cruel.
Despiadado con los hipocondríacos.
Aliado de los gilipollas como yo.
Comparsa del juego.
Cómplice de la bobada.
De la farándula.
De la estupidez sin fundamento.
De la sombra sin recuerdo.
De la lágrima inoportuna.
Del llanto sin remedio.
Del olvido sin fondo.
De la oscuridad del alma.
De los necios metafísicos.
De los idiotas que vivimos a contraluz de los sueños.
De los poetas rotos.
De los escritores que vivimos invadidos
por los fantasmas que pueblan el recuerdo.
De los seres solos porque solamente éste es nuestro destino:
la soledad.
La soledad, porque ella es nuestra musa inalterable
y porque ella misma llena nuestro vaso de soledad.


Eres socio de nuestros fracasos.
Espectador mudo de nuestras historias de desamor.
Biógrafo silente de nuestros naufragios.
Compañero de viaje imprevisto y desconocido.
Tan absolutamente falso
como una moneda de madera.
Tan absolutamente disfrazado de amigo
como la serpiente del Paraíso.
Tan estúpidamente necesario
que me da miedo pensarlo cuando me encuentro solo.
Cuando estoy solo.
Cuando me siento solo.
Entonces, emboscado, mimetizado,
me miras entre las sombras.
Me abocas al vértigo.
A la autocompasión.
Me acechas. Me espías
y casi siempre me traicionas.
Me observas en el más hondo de los silencios.
Esperas a que caiga.
A que me encuentre, una vez más, en tu punto de mira
hecho pedazos
o por el recuerdo,
o por el olvido.
Para, entonces, recogerme como un trapo.
O como un fardo.
O como el despojo de un perro
atropellado en la carretera.


Eres frío.
Agazapado
esperas mi caída.
Casi siempre me encuentras
en el camino hecho una mierda.
Y, entonces, me aplastas sin piedad.
Pero sucede que también, a veces,
vestido de humo; de luces
azules y amarillas,
cuando estoy solo y me siento mi propia isla,
cuando dibujo mi propia soledad,
apareces entre mis brumas y me llamas,
...y me atrapas.
Te vistes de amigo y me invitas.
Después me asesinas sin pudor. Lo sé.
Más tarde, cuando todo ha pasado,
mis recuerdos y mis miedos continúan; siguen flotando.
Yo, sigo estando solo y tengo una enorme resaca.
Y tú, tú te has marchado a buscar a otro imbécil
tan triste y acabado como yo...




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | LA IDEA Y EL CONCEPTO



Me gusta escribir. Es lo que más me gusta.
Y me gusta desarrollar ideas
para luego moldearlas sobre este torno.
Para esculpir lo que a menudo
deambula como un fantasma por mi mente.
Una idea. Una palabra. Una forma.
Es el desafío. El reto de la expresión.
El vértigo de la página en blanco.

¿Y luego, qué?
¿Seré capaz de explicar o contar otra cosa?
Ése es el duelo. Y la cuestión.
Y la tensión.
Es emocionante.
Siempre existe un motivo.
A veces violento.
Demasiado como para lanzarme al abismo indefinido
de un tema sin saber, en muchos casos,
por dónde debiera empezar.
Me doy vueltas y más vueltas
por esa neblina que flota en mi cerebro y no sé bien
qué pieza mover para no encontrarme, de repente,
“en jaque mate”.

¡Me ha sucedido! ¡Me ha sucedido…!
Por fin me ha sucedido;
estar semanas enteras hilvanando
una estrategia para darle forma y no morir en el intento.
Es preciso y necesario, en algunos momentos,
saltar. Saltar, aunque tenga la extraña sensación
de tener las manos atadas a la espalda.
Esa sensación de pánico va desapareciendo a medida
que voy adentrándome en la espesura de la página,
porque empiezo a encontrar caras y formas
sobre las que ir modelando el trabajo.
Es la maravilla de la creación puesta a mis pies.
Estoy pariendo el texto
y dando forma, calor y color a mi inquietud.

Subo o bajo
y me muevo en cualquier dirección, sin control.
A la derecha o a la izquierda,
no importa en qué sentido pueda ir.
Sé que voy; es lo único.
Me elevo y me hundo en este líquido efervescente
de la idea como concepto, en la idea que mágica flota en mi mente.
Y me impregno de su olor.
Me transformo mimetizándome,
camaleonizándome,
dentro de las palabras que aparecen a borbotones
como una tubería que reventase a mi paso.
Y las dejo atrás como las líneas blancas
que señalan una autopista.
Desde mi vehículo mental
todo es veloz y difuminado.

Ahora debo pararme. Pararme y pensar.
La idea está naciendo bajo mis dedos y la noto.
La siento.
A veces me duele.
Otras me hiere.
Pero es lo que amo tanto.
Lo que necesito.
Es la idea,
es la inspiración,
toda mi respiración.
Es la vida…



José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio.
Murcia, 2002

MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | BÚSCAME EN EL SUR...



Búscame en el sur de tu vida.
Búscame en el sur de tus sueños;
donde la esperanza nace herida
para ser sólo herida en los sueños.
Búscame en la noche poblada de angustia,
en el amargo sabor de un verso,
en la lágrima perdida
de un adiós sin beso.

Búscame entre la noche y el alba,
entre la realidad y el deseo,
entre el miedo y la calma,
entre la claridad y la bruma;
en la penumbra del alma.

Porque allí me encuentro yo.
Escondido.
Escondido como un niño asustado;
como un niño perdido,
intentando sobrevivir a toda costa
en esta marabunta humana
que me produce tanta soledad.

Búscame en la frontera
entre el Bien y el Mal,
achicando los vaivenes que da la vida
aún más allá de la lógica
o el buen criterio.
Siguiendo siempre caminos de barro
en tiempos interminables
de guerra... en tiempos de naufragio.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002


MEMORIAS DE UN NAUFRAGIO | LA VIDA EN LA VENTANA



La vida pasa. Solamente eso. Pasa.
Sin más porque no hay más; pasa deprisa y lenta.
Y, sólo a veces, se detiene un instante y me muestra su cara.
Yo, desde mi ventana,
la veo pasar cada mañana
arañando la aurora incierta
que crece dejando atrás la noche habitada
por los miedos y los fantasmas...
Habitada por las miserias del hombre, por las miserias del alma.

Recojo y arrastro desde mis ojos
hasta mi pluma
los restos del hombre. Del naufragio.
Como un marino superviviente; como un marino viejo
y cansado. Vencido. Hastiado.
Sin esperanza. Ahorcado en bruma.
Sin fe. Sin aliento.

Así camino;
enredado en sueños peregrinos.
En mis sueños imposibles.
En mis sueños sin destino.




José Hdez. Meseguer
Memorias de un Naufragio
Murcia, 2002