sábado, 24 de agosto de 2013

ÁLTER EGO | A DONDE YO VOY...



A donde yo voy nadie puede seguirme.
Nadie. Ni tú. A veces, ni yo mismo.
Resulta complicado explicar el sentimiento.
Como imposible resulta atrapar un sueño o, simplemente, el olvido.
Las palabras, entonces, mágicamente, se desgranan en intentos,
en vanos intentos. Las letras, en mi mente, se rompen en pedazos.
El ensayo, inútil y afilado, resulta casi siempre devastador y cruento.
Más tarde, la alquimia del tiempo,
los reduce a retazos...
Por eso, a donde yo voy, no hay más que silencio.

A donde yo voy sólo silva lento
un extraviado, extraño y derrotado viento
que mece con ironía retales; migajas de poemas solitarios.
Migajas que, la mayor parte de las veces,
ni vomito ni nacen,
únicamente subyacen
dentro de mí. Y sólo me limito a presenciar impasible
cómo, al igual que en ocasiones les doy volumen en un segundo,
al siguiente desaparecen, se deshacen
y permanecen
inertes, dormidos,
para ser túnica, abrigo,
tegumento, argumento de mi soledad... Después sólo olvido.
O tal vez, para siempre, para el letal recuerdo de mis heridas,
para la mortal evocación de mi pasado, lamento.
Por eso, a donde yo voy, no hay más que silencio.

No puedo, sé que no puedo seguir a mi deseo,
a mi propio deseo, a mi sueño.
Tampoco a mi angustia o a mi zozobra.
Mi bizarría, mi empeño,
mi talento, mi valentía de Teseo
quedó malherida, traspasada por el amargo puñal de la penumbra.
Tan sólo en este absurdo viaje, quedo yo; lo que soy.
Lo que fui...
Siempre enredado,
siempre envuelto y desconcertado
en las sombras de mí mismo.
Por eso, a donde yo voy, a donde camino,
hacia donde van mis palabras
solas, erráticas, sin rumbo, sin destino,
directas al abismo,
sólo hay silencios;
vestigios, acaso signos
de mí mismo.

¿Y me importa? Seguramente lo justo.
Y lo justo es casi nada. Porque, a donde yo voy, voy desnudo.
Desnudo. Persiguiendo...
Probablemente, a la vez huyendo
de senderos de tiempos pasados, confusos;
de amores de cartón piedra, de proyectos inconclusos...

Ahora, solo, bebo otra vez de este inagotable brebaje.
Ahora, solo, me arrojo a este largo y desconcertante viaje.
De nuevo, mochila al hombro, visto mis ojos de paisaje;
procuro olvidar la hiel de ayer y doblo esquinas.
Me voy, me alejo, mis sueños de vencejo, no arden con la bencina
de una traición.
... Aunque cada vez pese más esta maleta, este molesto equipaje.
Este abuso de emociones, este impagable peaje,
esta autopista al infierno de mí mismo, este hastío, esta ruina,
esta desazón...

Aquí me encuentro; dando guarida a mi corazón,
que es mi mar. Y a su intenso oleaje.
Buscando una atalaya, una mano donde asirme.
Un beso a tiempo en un tiempo incierto...
Y un puerto.
Un puerto donde guarecerme de los malditos ojos del pánico.
De los malditos ojos del silencio, insoportable y vesánico,
donde otros como yo, por mucho menos, ya han muerto.




José Hdez. Meseguer
Álter Ego