lunes, 29 de diciembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | LA CARTA QUE PETER PAN NO ESCRIBIÓ [A LOS REYES MAGOS]


Este crío siempre anciano, destrozado, vetusto;
maltrecho por su propia ansiedad. Por su olvido.
Por la frustración, la ambigüedad y el desamor combusto.
Superviviente, a pedazos, de su propio holocausto.
Víctima ineludible de su pavoroso destino infausto.

Que surcase su pasado con pretérito brío,
aunque concluyó naufragando en los mares de Ulises.
Este efebo triste, de cabellos grises. 
Este otro Odiseo sin Penélope, ni camino de regreso a Ítaca,
Este guerrero malherido por la vida;
por la aguja, por el clavo, por la estaca
que se empotra con encono en cada una de sus letras;
en el abismo oscuro de su mirada…

Este muchacho joven para resultar tan viejo, 
este impúber que soñó los sueños, los cielos carmesíes del vencejo,
nunca deseó crecer.
¿Quién, pues,
le preguntó a este desgastado Peter Pan
de anhelos de tela, de fantasías de tafetán,
de realidades de cemento y alquitrán,
qué quería ser?

El mundo, ahí afuera —siempre supo de su iniquidad—,
se desploma en cada verso,
a cada paso.
Camina ciego, deambula sin rumbo; camina calle abajo
de la mano incierta de la incierta oscuridad.
De la absurda mano de la cerrazón. De la mentira.
Se sujeta con ímpetu a la niebla de su propia locura.
Al horror. A la desventura.
A la ignominia, al rencor y al odio. El mundo, ahí afuera, gira y gira
en una excentricidad sin medida.
Y sin ni siquiera presentirlo, agónico, delira.

Queridos Reyes Magos, a este niño anciano no le gustó el regalo
de crecer.
Resultó ser una solemne putada, una ofrenda sin consulta.
Una dádiva injusta.
Un obsequio cruel.
Él necesitaba cualquier otra cosa; por ejemplo, un atardecer.
La caricia robada a la noche. Un sueño. Sólo un sueño
para no desfallecer;
únicamente un sueño en el que creer...
Él necesitaba los besos que el destino le negó,
aquellos que no dio;
el beso que, sin llegar a dar, en sus labios se incendió.

Él precisaba del tacto de la piel ardiente y trémula.
Del aroma que dejó olvidada la pasión dormida.
Del rescate del alma cautiva.
Del horizonte sereno. De la fábula
que imaginaron los bardos para sobrevivir. De la brújula
que equilibra a tiempo el tiempo de desatino y desconcierto.

Sí, precisó del acierto
oportuno en el instante en que todo fue incorrecto e inoportuno.
Del calor, de la intensidad de la complicidad; no de la  leve y fugitiva
felicidad; no de la pertinaz, evolutiva
y recalcitrante soledad en el tiempo…
Él sólo buscaba los versos que imaginó,
no los poemas que escribió.
Él sólo ansiaba morir algún día en besos,
no sucumbir anclado en los versos
que su angustia fabricó.

Y así, la vida, que continuó galopando
como un maleficio, al mismo tiempo le fue olvidando.
Le fue dejando atrás. Muy atrás…
Dejó de hacerle guiños, reflejos.
Y sus colores, sus sueños de gaviota, sus ilusiones de vencejo
también huyeron lejos.
Para siempre. Para no regresar.
Y el niño que fue, el niño que era;
el niño que había sido, se quedó dormido en sus quimeras,
contando en sus poemas días y noches frías, contando primaveras,
oteando en el horizonte el color imposible del mar.

Esperando, vencido, la cometa de sus proyectos.
Y ella, que probablemente jamás había visto la luz,
que jamás existió,
y que a la vez el tiempo fue envejeciendo
en algún lugar de su ínfimo universo,
en algún lugar de su mente; sencillamente fue muriendo.

Murió de soledad en sus propias manos,
en su propio llanto,
en su propia bruma,
en su propia pluma,
en sus propios versos,
en su propio pasado imperfecto.
Murió. Sí, murió. Murió sin llegar a saberlo.
Sin llegar a conocerlo.

Y en la penumbra,
este niño anciano sigue cuestionándose. Se hace preguntas,
aún hoy, que continúan aleteando sobre la orilla
de su razón.
Y como llamas en la tiniebla, cabriolan, relumbran,
le producen una hiriente quemazón...
¿Por qué, siempre, la misma carta?
¿Por qué, siempre, la misma astilla
desangrando letras sobre esta cuartilla?

¿Por qué, siempre, este tormento?
¿Por qué, siempre, el mismo argumento?
¿Por qué, siempre, el mismo poso; el mismo fermento
para mi desazón?
¿Por qué, siempre, esta desolación?
¿Por qué, siempre, el mismo infortunio?
¿Por qué, siempre, la misma manifestación?
                                                        
                                                       


José Hdez. Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 23/ 29 de diciembre de 2014


viernes, 17 de octubre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ME DIJO EL DESAMOR, NO QUIERO SER SÓLO RECUERDO...


No quiero ser sólo un recuerdo en tu vida.
No quiero ser sólo un recuerdo en tus recuerdos, no quiero ser…
No quiero ser olvido, tan sólo por lo que no llegó a suceder.
No quiero ser lágrima vertida,
derramada.
No quiero ser sólo pasado y silencio en tu almohada.

No quiero ser la herida
transferida
de una historia
de desamor eterna;
sé muy bien que la tristeza, en ocasiones, se cobija;
se afianza, se aloja, se fija
en los aleros de las ilusiones, devorándolas. Inverna,
se enquista como un tumor en el corazón.
No, no quiero ser sólo historia
en tu memoria
como único motivo, como única razón.

Ni quiero ser beso.
Ni siquiera la suave caricia
que propone con perfidia, con malicia,
la fragancia de la noche. No quiero ser eso…

No quiero ser atardecer en tu mirada
mientras el tiempo transita veloz, con prisa,
engulléndonos, asesinándonos,
esclavizándonos, sometiéndonos;
bordeando, ahora, los proyectos que la misma vida antes imaginaba;
burlando con vehemencia los deseos, agrietando la sonrisa. 
No. No quiero ser la encrucijada de nadie.
Ni dilema de nada.

No quiero ser sólo aire.
No quiero ser sólo poema.
No quiero ser sólo letras en tu cuaderno.
No quiero ser en tu vida sólo invierno.
No quiero ser sólo el verso que expire
cuando presientas que la pena
te invade. Cuando imagines que el universo conspire
para llevarte, calle abajo, de caminito a la tristeza…
No quiero ser sólo esa melancolía
que se almacena,
que se deposita en tu alma.
 
También quisiera ser calma.
Experiencia. Sabiduría.
El regreso, al fin, de tu largo y cansado viaje.
Sé que te hice sufrir.
Te hice, en ocasiones, a la fuerza subsistir.
Te hice fuerte en la desgracia, en la inclemencia;
te hice beber el amargo brebaje
que ofrece a unos pocos la supervivencia.

Así que aguarda un instante, no te rindas ahora, espera…
A esta vida embustera,
a este otoño, aún le quedan días de luz y primavera.



                                                                                      
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 17/10/14


viernes, 10 de octubre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | NO ESTABA EN MIS PLANES...



No estaba en mis planes ser escritor.
Tampoco, un excéntrico y anárquico poeta.
No estaba en mis planes contar historias que poco o nada importan,
ni que la vida jugase con mis emociones, con mi corazón;
que me reventase lenta y despiadadamente la ilusión
con sus espejismos,
con sus artificios,
con sus tretas;
como tampoco estaba en mis planes sangrar versos por desamor.

No estaba en mis planes que la vida, ante mis ojos, se deshojara;
que sus páginas, apenas leídas, tan pronto amarillearan.
Que sus flores, hasta entonces luminosas, enseguida envejecieran,
dejándome sólo hojas marchitas;
pétalos declinados,
sueños mutilados,
ilusiones muertas.  

No, no estaba en mis planes este sacrificio,
esta permanente invocación a las escenas que me ocasionaron dolor;
este absurdo peregrinaje a mi extravagante masoquismo interior.
A esta necia flagelación del espíritu, a este cruel maleficio,
a esta herida que me causaron las fauces del amor.

Tampoco estaba en mis planes vivir o morir por nadie; sólo al trasluz,
a la silueta de mi soledad, de la tarde y de mis letras,
fui comprendiendo que me equivocaba;
que la noche alargaba
con su mano negra tanto mis sombras,
que en mis mismas negras sombras me ahogaba.
No estaba en mis planes que, sin apenas vivir mi primavera,
se convirtiese, vertiginosa, en un otoño sin luz,
dejándome en la absoluta oscuridad, cercado por mis quimeras.

No estaba en mis propósitos, en mis planes, convertir
mis besos en versos, ni mis versos en besos,
para llegar moribundo y exhausto hasta esta playa,
hasta aquí,
hasta esta neblina de angustia y soledad, hasta esta atalaya
de despropósitos, donde las palabras van precipitándose al vacío
de mi propio hastío.
Al abismo
de mi propio fatalismo,
a la tragedia de mi propio suceso.

No estaba en mis planes vivir deprisa, morir despacio,
para no llegar a ninguna parte, a ningún sitio.
No, no estaba previsto que, en tanto espacio,
esta insultante soledad que se amontona,
no dejase lugar más que al rancio
aroma
del pasado. Pasado que se transforma
en mi memoria, regurgitando, una y otra vez, hipocondría;
pasado, que con irreverencia
se asoma
a mi desgastada existencia.
Que, con impertinencia,
me invade, me sumerge; me arrastra con frecuencia
a esta agonía,
a esta pena
que me encadena,
a este asesinato mental,
a esta caída espiritual,
a esta letanía.
                                                                                  



José I. Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 09/10/2014



martes, 30 de septiembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ¿A QUIÉN LE IMPORTA LA POESÍA?



Establecer el preámbulo preciso, íntimo. Construir la liturgia
necesaria
antes de comenzar a descender a los sentidos.
Insólita, extraña taumaturgia,
que transforma las simples letras de los escritos
en emisarias
dándole sentido a los garabatos prendidos en los manuscritos.

Ir hipnóticamente descendiendo, una y otra vez.
Y volver a descender
hasta llegar al centro del dolor;
allá donde se sitúan alineadas las sombras del propio ser;
aquellas que únicamente vomito de cara al espejo,
mientras suspiro sin aceptar cómo se escapa el tiempo.
Y, cómo, frustrado, me voy dando por vencido;
cómo, la levedad de mis pequeños sueños de vencejo
se van quedando atrás,
o se han ido tan lejos
que son imposibles de seguir, de alcanzar.
Es tarde. Se han ido para siempre. Para no regresar….

En tal soledad, en tal hundimiento sin límite, en tal agonía,
¿Quién necesita un poeta y su maldita poesía?

Hurgar, palpar, tantear los miedos alojados en la mente;
miedos, que de repente,
cobran vida, adquieren forma, nombre; reciben datos, fechas.
Miedos que al instante me acechan.
Miedos que se elevan como sombras, como lanzas.
Miedos que en la noche cerrada se alzan;
miedos que siempre estuvieron ahí, agazapados, inmersos.
Que me trasladan en el tiempo para hacerme sangrar versos.
Que me transportan a noches sin luna, a callejones desiertos.
Oscuros. A pasos perdidos. A cielos opacos. A universos
sin estrellas.
Sin más huella
ni dedicatoria
que el dolor. Dolor, que a mi pesar, inalterable,
como una espina lacerante, como una daga, como un sable,
va firmando sin miramiento ni misericordia en la memoria…

En tal soledad, en tal hundimiento sin límite, en tal agonía,
¿Quién necesita un poeta y su maldita poesía?
                                                                             



José I. Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 26-30/09/2014




martes, 23 de septiembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | A MI PERRA “BRUMA”.



Me mira.
Sus ojos grandes, redondos y expresivos, me observan atentos;
son vivaces e inquietas antracitas abiertas al juego.
Es una mirada, casi humana, carente de la maldad propia de mi raza.
Su boca inmensa, intenta morderme sin morder. No es una amenaza.
Sólo quiere jugar. Sólo eso.
Sólo espera un movimiento por mi parte, para lanzarse sin más,
al abrazo que sabe que la espera, al abrazo que sabe que la abraza.

Mientras escribo se tumba a mi lado, su tranquilidad es mi sosiego.
Apenas protesta. Sólo, de cuando en cuando, acecha mis pasos;
vigila mis actos. Sigo dibujando letras que borro de nuevo.
Pienso. Se fugan mis ideas en este poema largo y complejo;
farragoso y asimétrico. Casi caótico.
Por muy poco no abandono y lo dejo.
Vuelvo a hacer tiempo.
La miro de soslayo, la acaricio, me distraigo, pellizco su hocico.

No se altera. No se enfada. Apenas se inmuta.
Su ladrido, ronco y opaco, no ha de llegar nunca a la luna.
Dios llenó su boca de silencios, para darle, a “Bruma”,
únicamente alma en la mirada. Una mirada que a menudo me calma.
Una mirada, que sin palabras me observa.
Una mirada, que sin palabras me habla.
                                                 
                                                                                      

José I. Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 23/09/14



lunes, 22 de septiembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | TAL ES EL DUELO. TAL ES EL TRANCE.



No pude evitarlo, intenté de forma inútil desgranar todos tus nombres;
los que creí recordar, los que creí que recordaba.
Intenté llamarte, evocarte despacio desde el silencio de mis versos,
a través del recuerdo que la tarde moribunda provocaba.
No pude, me extravié en un extraño sendero de vértices confusos,
de sabores amargos, de historias de sal, de aristas puntiagudas,
que me llevaron sin remedio de vuelta a la duda.
¿Cómo te nombraba? ¿Cómo te llamaba?

Imaginé, entonces, el color imposible de tus labios.
Delineé en mi mente un momento
el color imposible de tus ojos.
Me quedé suspendido en el recuerdo,
un segundo, un minuto, una hora. Mucho tiempo.

Mirando sin ver,
asomado únicamente al balcón de mi ayer,
al repaso indeleble que mi memoria transida proyectaba;
a la evocación, a la excusa, al motivo inmortal de mis poemas.
Y supe en un susurro de tristeza, mientras la tarde azul bostezaba,
que la grieta de mi espíritu, la fisura de mi alma inquieta
la causó, desde siempre, la búsqueda de mí mismo por ser
un contador de historias, quizá poeta.

También tu búsqueda, desde mis letras, tuvo la culpa.
Aunque el hecho de hilarte versos, tenga cada vez menos importancia.
El caso, es que anduve tras tus pasos como un penitente,
como un trashumante, como un lunático, como un fugitivo,
como el mismísimo Edmundo Dantés cautivo;
ingeniando, como la bruja Circe, toda suerte de hechizos y geomancias
hasta creerte cierta. Cierta y existente.  

Igualmente tuvo mucho que ver tu errática conducta;
siempre tan críptica, tan metafísica, tan inaccesible, tan adusta.
Y así, inventándonos, soñándonos, intuyéndonos, descubriéndonos,
anhelándonos, amándonos, odiándonos, huyéndonos, sufriéndonos
y, al fin, evocándonos,
fuimos, tú y yo, separadamente juntos.
Angostamente separados, como insólitos contrapuntos;
como antónimos semejantes,
como inevitables pero irreconciliables amantes,
contando años, historias y asuntos.

Para llegar hasta el presente. Y sin embargo, no saber;
ahora, en el quicio, en el mismo umbral de la madurez,
cuál fue, si es que la hubo alguna vez,
la auténtica verdad.
No fuimos capaces de precisar, de intuir, de distinguir,
si llegamos a hallarnos porque sin conocernos nos deseábamos.
O si, por hallarnos deseados en nuestro propio antagonismo,
llegamos sólo a odiarnos.  

Y ahora estoy aquí,
sentado en el escritorio. Al borde de la noche y de mí mismo,
contemplando aturdido el esotérico y contradictorio balance
que tú, Amor, me has hecho, y que la vida me hace.
Y permíteme que desde este vértice de locura, desde este paroxismo,
te odie tanto como te ame.
Que te rechace y, al tiempo, sin poder evitarlo, te abrace.
Pues, si de la zozobra y la soledad más insultantes emergieron
mis versos,
no puedo olvidar que de la pasión, del deseo y el amor, brotaron
también mis besos…
Tal es el duelo. Tal es la angustia. Tal es el trance.
                                                                              



José I. Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 19-22 /9/2014


jueves, 4 de septiembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | NUNCA LO SUPO



Nunca lo supo, pero sus ojos se volvieron duendes azules y huyeron
hacia la bruma.
También, de sus manos nacieron gaviotas que, vaporosas e ingrávidas,
fueron directamente a su mente.
Y mariposas que, ávidas, revolotearon un instante hacia el interior
del verso.
Nunca lo supo, pero la noche era tan oscura y tan intensa la luna,
que ésta, deshizo sus halos en el cosmos y anduvo detrás del hombre.
Nunca lo supo, pero sus silencios atrapados en la ambigüedad
de las palabras que no decía, se abocaron de igual modo al universo.

Entonces, el hombre que escribía,
sintió el dulce aroma; el espasmo, el dolor inmenso de la poesía.

Nunca lo supo del todo, pero sospechaba que las sombras del pasado
atravesaban su espíritu con la maldad del recuerdo;
lanzas, aristas, esquirlas de fuego
se esparcían con frecuencia sobre su página en blanco,
danzando miserables y vehementes para convertirse luego
en palabras que se alineaban despacio en el cruento juego.

De sus dedos comenzaron a escaparse letras y más letras,
que pronto se hicieron señales, tal vez a nadie, en la opaca
noche estrellada.
El acertijo, inconexo y asimétrico, iba moldeándose en extrañas formas
al tiempo que el texto, aún incompleto, al papel adentellaba.
El hombre, en su extrema ambigüedad, forcejeaba;
pero inasequible al desaliento,
a su propia sorpresa, al desconcierto,
seguía escribiendo su argumento
en silencio, y callaba.

Entonces, el hombre que había vuelto un instante de su hipocondría,
comenzó a transformarse, súbitamente, en alma, en verso,
en melancolía…
En el mismo poema que se encontraba escribiendo inmerso;
en la misma poesía que escribía.
                                                                                      



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio.
En memoria del periodista, escritor y poeta, D. Pedro Fuentes-Guío.
Murcia, 04/09/14



miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | SENCILLAMENTE USTED, AMADA MÍA…



Usted llegó a mi vida una tarde, sencillamente por casualidad.
Una tarde gris, en la que mi alma y mi vida
se debatían.
Mi vida, agotada, no quería vivir más; mi alma herida,
maltrecha por la propia vida, iba apagándose como una vela. Moría.
Sencillamente, usted, amada mía, no lo sabía.

¿Cómo iba a imaginar, usted, que había extraviado mis alas de halcón
revoloteando de esquina en esquina, de balcón en balcón?
¿Cómo iba a imaginar que había perdido la fe y las palabras de amor?
Sencillamente, usted, amada mía, no lo sabía.
Usted, sólo podía leer en mis ojos una ofensiva soledad; la ironía
en mis palabras al hablar. Pero, usted, no sabía nada; sólo lo intuía.
Y así era, amada mía.

Y llegó usted.

Y fue invadiendo de luz mi oscuridad, con caricias y besos.
Y fue arrancando, una a una, las hojas muertas de mi vida;
mi siniestro y patético calendario, mis versos caídos.
Y fui bebiendo poco a poco de su elixir,
mientras usted se posaba, sin saber, en los ángulos precisos
de mi alma. Con su mirada casi gatuna e indefinida; con sus hechizos,
e, incluso, con las palabras que no me supo decir.

Y así,
muy despacio, fui enamorándome; cuando todo lo daba por perdido.
Cuando ni me preocupaba encontrarle sentido
a las palabras; a los silencios, a mis poemas que, resentidos,
se habían transformado, se habían convertido
en sombras, en oscuros resentimientos; en un solitario ponasí,
que únicamente escupía besos de oropel, felonías, veneno y olvidos.
Sí.

Y llegó usted.

Y supo ir dibujándome de nuevo la sonrisa con sus actos.
Con la sutileza y la calma adecuadas. Con un soplo de su bondad.
Y, de nuevo, la luz de mis ojos cabrioló, echó a andar.
Y mis gaviotas, inquietas, comenzaron leves a volar.
Porque, antes de llegar usted, sólo había existido oscuridad
y mis letras, mis poemas, heridos y tumefactos,
sólo sangraban ayeres, dolor y versos putrefactos.

Y llegó usted.

Y decidimos caminar juntos. Y sabe muy bien, que no ha sido nada
fácil llegar hasta aquí.
Que las esquinas de nuestras vidas se poblaron enseguida de miradas
hostiles y rechazos.
Que han procurado en todo momento amputar nuestros lazos;
nuestra complicidad, nuestros sentimientos, nuestros besos, nuestros abrazos…
Que han intentado sabotear, intoxicar, taladrar con berbiquí
todos nuestros pasos…

Usted lo sabe, sí.

Aunque espero que también usted sepa, hoy, de mi amor.
Confío que usted sepa de mi gratitud.
Espero que sepa que usted fue, tal vez, el verso preciso que no supe escribir.
Porque no siempre el pasado me permitió ordenar, prescribir
mis emociones. A veces, lo reprimió mi actitud…
Y que, si no supe amarla mejor, sí estoy dispuesto a intentarlo
rompiendo, para ello, mis propias sombras; derribando
quimeras, adormeciendo pasados desdichados, abriendo
inmensas ventanas al futuro.

Pues, ahora, únicamente con usted
me imagino advirtiendo,
un día no muy lejano, a la orilla del mar, el atardecer;
cuando todo se torna solemne y sublime, mágico y oscuro,
el fastuoso declive del ocaso.
Solos. Pero siempre usted y yo.
La tarde, entretanto,
dibujando el crepúsculo, delineando...
Y usted y yo, cogidos de la mano, paseando.
                                                                                  



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 03/09/14


miércoles, 27 de agosto de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | CUANDO VENGAS



No sé cómo te miraré cuando vengas, cuando llegues;
aunque, en realidad,
no sé si llegaste.
No sé, si tal vez, sólo te soñé.
Tampoco sé si llegaste y fui incapaz
de reconocerte
entre la multitud.
Es difícil saberlo. En ocasiones, mi inquietud,
ha cegado mi pensamiento
justo en ese momento
en que debería haberme detenido y pensar.
¿Me equivoqué por haber tomado otras decisiones?
Es posible.
Quizás.

No sé con qué anhelante sonrisa te miraré,
o si te miré ya, y no adiviné quién eras.
No sé con qué ilusión detenida en mi mirada te observaré
y, si entonces, el color de mi mundo pueda cambiar.
Presiento que no. El tiempo vuela
y nunca mira atrás.
Y creo que, aunque ahora llegaras, aunque vinieras
sería tarde para soñar.

El caso, es que me he preguntado con frecuencia
a lo largo de mi vida cómo sería tu mirada.
Cuál el color de tus ojos…
Cuál el particular sabor de tus labios rojos.
Quizá, tu mirada, la tuve frente a mí y no supe reconocerla.
Quizá, pedía demasiado a los demás:
al mundo y a mí.
Y no supe verla.
No supe distinguirla.
Simplemente no la vi.
Sí, debió ser así…

Volé demasiado pronto, demasiado aprisa,
sorteando realidades, de cornisa en cornisa,
para surcar cielos de asfalto.
Demasiado bello, demasiado alto,
hacia lugares de hormigón y cemento que, hoy, apenas convoco;
si bien en mi memoria aún guardo, aún evoco,
cómo crepitaba en mi interior aquel maldito fuego interno
que exigía tanto de mí mismo.
Demasiado cómo para saber que bordeaba mi propio abismo
del amor que imaginaba eterno.

Me vine abajo detrás de amores amargos.
Amores imposibles de alcanzar.
Acudiendo como un cretino a este desconocido masoquismo;
a estos versos, a este bautismo
de soledad. A esta incomunicación. A este estúpido autismo,
sólo por verte una vez más…

Era aquella época confusa en que mi existencia correteaba indómita
en los alambres del patio donde extravié la niñez.
¿Qué fue de ella? ¿Qué fue de él?
¿O es que, tal vez, mis sensaciones de crío aún dormitan
en el niño aquel?
Quizá, todo se posó con insolencia en el hombre que hoy no deseo ser.
Tal vez, mi alma, se quedó prendida en aquellos cables
sin darme cuenta, sin saber,
y todo, desde entonces, es como es…          

No sé con qué anhelante sonrisa te miraré
o si te miré, pero ya no me acuerdo.

Sólo sé que, entonces, por verte una vez más, hubiese dado la vida.
Hubiese dejado abrir mis heridas
y casi me pierdo.

¿Pero, sabes qué…?
Ahora es tarde, no lo recuerdo.
                                                                                      



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 21/07/14

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | LA VIE EN ROSE



He tardado una vida en descubrir que el mundo no es de color azul.
Ni la vida de color rosa, como cantaba Edith Piaf.
He tardado una eternidad
en descubrir el histriónico instante.
La alquimia, el secreto, que propone la felicidad.
He desenmascarado su falso rostro. Casi irritante;
su verdad que no dice nada. Que miente.
Sus invenciones y deidades febricitantes
no son más que un maldito invento urdido por las multinacionales
empeñadas en meternos la farsa por los ojos.
Y así, mientras nos roba la inteligencia y la capacidad,
nos muestra la manzana prohibida, haciéndonos irracionales.

Así es también la vida: nos oculta ladina la verdadera esencia,
los elementos básicos, precisos, icásticos,
mostrándonos a cambio fascinantes sonrisas de esmalte y plástico.
Advirtiéndonos fugaz, sólo a quien quiera verlo,
sólo para el que pretenda descorrer el velo,
realmente descorrerlo,
que la única verdad es que todo es mentira.
Eso es todo: un espejismo en el abismo.

Los sueños, como el amor, como las buenas intenciones,
siempre se detienen irónicos en los aleros,
en las comisuras de los besos que no damos,
en las esquinas de los amores que, en realidad, no amamos.
En la lejanía de nuestras almas.
Sometidos a la complicidad que anhelamos
jaleados por la oscuridad,
por el delirio de la soledad
y el alba.
Siempre expectantes. Siempre silentes.
Siempre agazapados en el horizonte...

Todo forma parte de la entelequia, de la ilusión,
del juego impío, cruel y perfecto,
porque al final sólo soñamos que soñamos.
Y sólo soñamos que nos enamoramos.
Atravesamos la zozobra de la vida para no hallar a cambio gran cosa.
Surcamos desiertos de desventura
persiguiendo estrellas,
para llegar vencidos a océanos de vacío;
a acantilados, tal vez a la orilla,
de una playa blanca y desierta, donde el cansancio, el hastío,
nos descubre los deseos más delirantes y apasionados que poseíamos
convertidos en sombras, en cenizas,
en desengaños, en clamorosas derrotas.

El agua moja. Ciertos besos
incendian pero otros pueden helar.
El amor nunca fue eterno y mucho menos infinito
como aseguran en versos decimonónicos y marchitos
los poetas trasnochados y lacrimógenos,
sino amargo como el café, como la indiferencia.
Amargo como la misma tuera.
Amargo y cruel como un homicida.

Muy al contrario, la vida,
es una putada.
Una solemne putada disfrazada de furcia, de ramera;
la misma fulana que nos arrastra por los caminos más polvorientos.
La misma que nos zarandea sin piedad,
que nos da de hostias
cuando más abatidos nos encontramos.
La misma que nos regala angustia, incertidumbre y miedo.
La misma que se ríe, que se burla, que nos señala con el dedo,
sarcástica y mordaz, provocándonos el pánico.
Un pánico insultante…
Todo ello, hasta ahogarnos en la fosa más subterránea y horadada.
Aunque, a veces, sólo a veces, nos haga un guiño con su mirada
de sucia ramera, dispensándonos un buen instante.

¿Felicidad?
¡Qué gilipollez! ¿Quién ingenió tal palabra?
¿Quién sugirió tal majadería? ¿Quién tal desatino?
¿De dónde procede? ¿De la euforia que improvisa el vino?
¿Del pánico vesánico que inventa el destino?
¿De hiel de la soledad?
¿De la necesidad?
¿De la locura? ¿De la esperanza? ¿De la fatalidad?
¿O tal vez, únicamente, del intento de fuga que propone esta realidad?
                                                                                      



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 15/08/14


LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | MIENTRAS ESPERO...



Mientras espero tu visita, bebo.
Mientras espero tu veneno, bebo el veneno que me ofrece la vida;
bebo de mi angustia, de mi tristeza. Bebo de mis miedos.
Mientras te espero, bebo.
Sin prisa, sin prosa, sin poesía, sin valentía.
Sin huidas. Sin cobardía.
Sin ilusión. Sin alegría.
Mientras te espero, sigo bebiendo,
sigo viviendo,
sabiendo,
que mientras espero, voy lentamente muriendo.
Con toda la tristeza que me produce la vida. Con melancolía.
Con decepción. Con desazón. Sin ilusión. Con ironía. 
Incapaz de escapar de mi propia agonía.
Contando despacio, sin olvido, mis noches y mis días.
                                                                                      


José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 19/08/14

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | BAJO LA GARÚA...



Como lo haría el suicida en la calle más oscura. Más solitaria.
Desclavando a pedazos, uno a uno, los versos de la mente:
aquellos que le hicieron frágil, adoleciente.
Y sin piedad. Sin compasión. Enloquecido y vehemente,
en su vano intento por extirpar la boira,
la niebla que le asola, que le extenúa,
romper para siempre
las palabras de amor en su memoria...
Los besos difusos.
Las absurdas teorías,
los sueños, los proyectos inconclusos.
Tras el silencio, sólo quedan angustias.
Tras el silencio, sólo quedan silencios.

Y, así, maltrecho, bajo la garúa,
esperar, como espero yo. Como lo haría el pretendiente
que, desengañado en el amor, nada ni a nadie espera.
Bajo la lluvia, solo, huérfano, temeroso en el designio. Ambiguamente.
Avanzando hacia atrás, huyendo. Acudiendo con turbación hasta la mente,
otra vez hasta la pluma y de vuelta al presente.
Cayendo, una y otra vez, desesperadamente.
En la decisión que, sin tregua, le ofrece la vida;
una vida errada, indeseada, frustrada, dividida.
Bebiendo en ella un pretérito cada vez más ancho y confuso.
Cada vez más vasto y profuso.
Sobreviviendo en un pasado, en un presente,
en un futuro que le aliente.
                                                                                  


José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia 19-20/08/14



LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | AUN ASÍ...



No, no salgáis de mí. No salgáis ahí afuera;
sé bien, lo largo y frío que está siendo este eterno invierno
para vuestros inquietos gemidos silenciosos.
Sé que andáis siempre revoloteando a la espera
de que mi pluma temblorosa empuñe la angustia que se espesa
en los aleros de mi garganta para escapar de mi aliento presurosos.

Sé aún mejor, lo efímera que me supo la primavera
antes de mostrarme sus flores muertas, antes de que entreabriera
en mí esta melancolía, esta tristeza.
Y, al tiempo, sin pretenderlo, la percibo tan lejana…
Tan remota, que apenas presiento su aroma;
apenas su existencia.
Tan distante, que me pregunto si alguna vez existió
antes de que se alejase. Antes de que se fuera.

No, no deberíais escapar jamás de mis sombras.
De las sombras que, cada vez menos, ocultan mis ojos.
No deberíais intentar huir por los senderos que os llevan a mis venas
pese a aullar en las noches mi angustia, mis penas;
no llegaríais muy lejos antes de convertiros
en susurros olvidados, en palabras confusas,
en mensajes sin sentido, en despojos.
Entiendo, cómo no, vuestro torpe y absurdo propósito.
Aun sabiendo que otras veces me habéis protegido
y sanado. Sé que habéis sido,
no lo puedo negar, el suave bálsamo en mis heridas, el apósito
exacto. Preciso.

Aun así. En el fondo más abisal de mi alma, sé que nadie es capaz
de recuperar el desánimo que me enferma.
Porque, ésta, es una afilada soledad que crece y se enreda
de dentro hacia afuera.
A la sombra de mis sombras. A la sombra de mi quimera.
A la sombra del recuerdo indeleble, a la sombra de mi propia vida.
De mi noche sin estrellas.
De mi naufragio.
A la sombra de mi presentimiento, de mi presagio.
A la sombra de mi hoguera.
                                                                        

José Hernández Meseguer                                                                                 
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 25-29/07/14



martes, 26 de agosto de 2014

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | DILE, AMIGO...



Dile, amigo, si algún día la ves, que deje de sufrir.
Que el verano pasó. Que también se deslizó al otoño.
Que un cielo frío y rojo trajo el invierno. Que ha pasado un año.
Que, muerto el amor,...
¡Corta vida al rencor!
Toca sin más remedio vivir...

Dile, que un viento gélido se fue llevando poco a poco
las heridas, los llantos, las milongas de este loco.
Los trozos, las tragedias, el recuerdo, los malos sorbos del pasado.
Que este mismo viento, golpea ahora con fuerza
la ventana de mi soledad, mi verso derrotado.
Que este mismo viento trajo, con paso lento, una inacabable tristeza.

Dile, que yo también me siento, a menudo, en el derrocadero.
En el abismo donde se liberan de golpe los cobardes, los suicidas,
los que han perdido la esperanza por culpa de sus heridas...
Que me siento tan agobiado como un pez en un maletero.
Tan indefenso como la oveja ante la mirada sádica del carnicero
en este inhumano atolladero que tanto me ha comido la cabeza.

Y que, únicamente, cuando llevo más de una cerveza
y su regusto amargo humedece mis ojos de patética plañidera;
o me gana la partida finalmente la melancolía,
o la euforia que me provoca hasta justifica con cantos su felonía,
la puñalada, la estocada, la traición de sus caderas...

Dile que me siento como un náufrago sin isla.
Que sólo me quedan pedazos, fragmentos, esquirlas
de lo que fue un corazón. Que me siento como un bombero
sin manguera en este frenético incendio.
Que, a veces, me consume. Y otras, consumiendo lo apago,
a tragos, mientras naufrago
perdido en mi propio vilipendio.

Dile, que en ocasiones, la he buscado en el fondo de los vasos,
creyendo que todo fue un mal sueño o una pesadilla.
Que he buscado su rostro, su imagen, en el alba, en el ocaso...
Pero que, enseguida, la realidad atroz, como una feroz cuchilla,
me devuelve veloz de nuevo a mi fracaso.

Pero dile, también, que ya no lloro como un idiota, como un gilipollas.
Que eso se acabó, que no me quedan lágrimas para ella.
Que ya no me aboco al abismo de mi angustia ni persigo su huella.
Que he encerrado mi corazón en un oscuro calabozo.
Que he tirado la llave al fondo de la indiferencia, al pozo.
Al océano de la rutina. Que he calcinado mis emociones a lo bonzo.

Que he amurallado de una vez mis sentimientos.
Que me he vacunado contra esa necia fiebre.
Que he circuncidado con la maestría y la destreza de un orfebre
esta estúpida víscera, si puedo, desde ahora, hasta siempre...

Que ahora sólo sobrevivo como un "Rambo" en el día a día.
Sin preguntas en esta jungla de asfalto, en esta jaula de locos.
Sin ocuparme ni preocuparme de esta sociedad, de esta cofradía.
De este lienzo falso y deslucido. De este pañuelo lleno de mocos.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
22 de febrero de 2008



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | ESTE FOLLETÍN DE CINCUENTA Y UN AÑOS Y UN DÍA



A esta ley tan bien trazada de soledad no le cabe recurso.
Tampoco a esta falta de ilusión.
A esta afonía de sueños, a este desgastado discurso,
a esta vieja canción que tan bien se sabe en mi corazón.
A esta mascarada, a este baile de disfraces, a este concurso
de estupidez que permanentemente me invade
y que de memoria mi memoria sabe;
se descojona de mí y me advierte,
que me persigue, como el Cobrador de Frac, la mala suerte...

A esa mirada sin vida de Polifemo.
A este barco sin rumbo, rumbo al desastre.
A este traje mal hecho, a este maldito sastre
con psicótica vocación de carnicero.
A esta anarquía interior que con frecuencia me asesina.
A este estúpido otear. A este inútil parasemo
donde cada día, vencido, me entrego.
A esta aplastante e inservible verdad.
A este líquido seroso que se hacina
en mi alma y en mis ojos.
A estos renglones, a estos versos, a estos despojos...
A esta pegajosa purpurina
que rezuma en silencio mi soledad...

A esta tierra de secano mental.
A esta parábola de fracasado tahúr.
A esta ausencia de esencia. A esta falta de glamour.
A esta curva que no acaba, que no tiene final.
A esta melodía sin letra ni dios que la cante. A esta geometría
que no sé cómo encajar. A esta sanguinaria rueca
de Penélope que deshila mis proyectos, que altera, que trueca
sin descanso mis propósitos, mis metas.
A esta falta de armonía.
A esta desatinada, perversa y asimétrica asimetría.
A este folletín que dura cincuenta y un años y un día...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
8 de marzo de 2008


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | HACE AÑOS PREGUNTÉ AL AMOR UNA TONTERÍA [2]



Hace años pregunté al amor si había llegado ya.
Únicamente el silencio respondió.
Subí al vértice más alto de mi universo, a mi atalaya.
Pero sólo la soledad callada se manifestó.
Busqué entre los restos de mi naufragio: en mis poemas.
Examiné mis pasiones, mis errores. Bajé a mi playa.
Exploré en su extraña marea, que es el tiempo; elemento
que, sin duda, nos devuelve siempre a la orilla los restos
de tiempos pasados, de experiencias, de amores siniestros...
Y, una vez más, sólo el silencio respondió con voz de silencio...

De eso, claro, hace ya algunos años.
Ahora sé que fue una tontería.
Lo fue, porque entonces, aún soñaba, aún pretendía.
Lo fue, porque entonces, ingenuo de mí, aún concebía
con ansia la espera; la llegada del amor a mi isla, a mi vida.
Una vida en erupción que mantenía incandescente la llamarada.
Pero mi alma, incauta, en su loco afán por amar, no sabía nada.
Aún no había sido suficientemente traspasada.
Aún no había sido víctima suficiente de la felonía y el desengaño.
De eso, claro, hace algunos años.

Todo eso, sin embargo, quedó muy atrás; latiendo si tú quieres,
pero de forma imperceptible. Adormecida.
Pasó. Pasó como pasa la fiebre, la calentura.
Pasó como pasa casi todo aquello que pretendemos olvidar.
Como pasan, fugaces y breves,
los buenos instantes.
También la larga sombra de la desventura...
Ahora... ahora sólo quedan rescoldos.
Invocaciones del pasado. Sólo evocaciones. Cenizas.

Fantasías, ilusiones, reflejos falsos de las tardes cobrizas.
De las tardes de juventud que ardían como un volcán dentro de mí,
en las tardes en las que ambicionaba creer en ti...
Pedazos de sueños convertidos en remiendos, en jirones.
Pequeños trozos transformados en poemas, en canciones.
En recuerdos. A veces indelebles. A veces insoportables.
Intangibles. Fatalmente indestructibles...

Ahora que sé que sólo me queda este día a día,
hasta la llegada del ocaso
y toda mi memoria. Ahora que más sabio que ingenuo repaso.
Ahora que creo que mi vida sólo ha sido una dolorosa utopía,
me dirijo a ti sin odio, sin rencor, sin tristeza ni melancolía.
Más, también, sin amor ni sangre en las venas.
Me enfrento a ti, sí, te invoco sin miedo apenas.
Me rindo sereno, aunque triste, a la realidad.
Con la mochila repleta, llena
de historias que contarme y que contar...

Os presento: aquí, mis sueños convertidos,
mis delirios desmedidos,
mis angustias más obstinadas e irreverentes: mis Poemas.
Aquí, mi Verdad...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
13/15 de enero de 2008

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | ASÍ, BAJO ESTE SOL...



Así camino bajo esta infernal bola de fuego.
Mientras me tienta de cerca el cansancio y la flaqueza...
Ya verás, Nicolás, si no acabo por tomarme una cerveza
en aquel chiringuito
repleto de extranjeras, marisco fresco y 'pescaíto' frito;
saludo a la tribuna...
¡Ocho cañas, mejor que una...!
Y termino diciendo, "Hasta luego...".

... Porque me siento más sediento y exhausto que un picapedrero
en una cantera.
Dando, en este pueblo, más vueltas que un taxi en Barcelona.
Haciendo más gimnasia que aquella "guiri" sebosa y gordinflona.
Andando más que una furcia de carretera.

Yendo, de un lugar a otro, como una carta sin remite;
de ninguna parte a ningún sitio. Buscando de paso un escondite
que me ampare y me cobije. No necesito justamente ahora el envite
de este Sol filibustero.
De este Sol altanero y vanidoso de febrero.

En el fondo,
este astro es un cachondo.
Un Sol pirata y embustero
que prepara a escondidas, por sorpresa, su aguacero.
Que camina por la playa, vacilando, con aires de cuatrero.
¿Qué se cree este Sol de medio pelo?
¿Esta ascua de brasero...?

No me engañas un segundo, Sol de decorado y oropel.
Sé que ocultas, astuto, tras esas nubes de tafetán, el agua a granel.
¡Ah...! Pero yo me piro
como dijo el vampiro.
¡Ahí te quedas,
a mí no me la pegas!
Sólo eres un Sol de baratija, de pacotilla...

Aunque estés radiante como una novia en la capilla
y brilles intenso y redondo, amarillo como una tortilla;
por mucho que lo intentes,
por mucho que quieras.
Aunque aparentes
y seas más chulo que el "Punteras",
no eres más que un Sol de invierno, en esta apresurada primavera...



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
1/2 de marzo de 2008


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | COLGADO DE UN BARRANCO, DECÍA LA CANCIÓN...



Este pueblo está colgado, pero no es precisamente de un barranco.
Sino de la caterva de tarugos y babancos
que pululan sin más destino que tomar vinos en los bares.
Este pueblo tampoco es blanco,
ni derrama lágrima alguna
por no ver el mar.
Aquí, en estas latitudes, en estos lares,
en este criadero de lerdos, en esta laguna
de gañanes, en esta fauna de patanes,
el ansia de curro se calma, enseguida, mirando al bar.

Por sus callejas de polvo y piedra, no sé si pasó guerra o cruzada.
Yo creo, que ni el mismo olvido se acordó de pasar por aquí.
Pero los pastores de hoy, eso sí,
conducen unos BMW que te cagas...
Al cura no lo conozco, no voy por su casa, no me va el protocolo.
Al cabo, tampoco, menos mal...
Pero al sacristán, a ese que echaron por hincarse la mistela del altar,
le veo cada tarde, cuando me sirve los cubatas, en casa de Manolo.

De la siega a la siembra. Y de siembra a la siega.
Los días, henchidos de tedio, se calcan cansinos,
del Casino al parque, del parque al Casino.
Al atardecer, emerge el verbo más ácido; la crítica, la venganza
soterrada. Reunión de zorras, asamblea de lenguas viperinas;
comienza la matanza,
perdición de gallinas...
Lenguas erguidas, dispuestas, afiladas como lanzas.
Ha llegado la hora
sin demora.
Escupir veneno
se hace ameno.
Se inicia el desmadre
de las comadres.
Se desata
el látigo de tabas.
La sátira de espino.
A unas les arrancan la piel.
A otras les morderían, si pudieran, la hiel.
Y a otras las meterían, sin más mención, en un traje de pino.
Llega el holocausto pedáneo, el desastre local, la escabechina.
No dejan títere con cabeza entre Aljucer y China.
Sólo se respira, tras el aire, envidia. Puta envidia y adrenalina.

También llega devastador, como una bomba de neutrones,
como el filo de una navaja, con la insensibilidad de un reptil;
frívolo como un vodevil,
servil y homicida como un proyectil,
la hora del escalofrío.
"¿Te acuerdas de mi primo, Fulano de Tal...?
Pues no, no es mi primo (ríe lasciva), se llama Pascual...
A ver —justifica—, de alguna forma he de llevar este hastío..."

En este pueblo, de verdad, todo es mentira;
los enanos llevan zancos.
Los loteros, pantalón corto, zapatos negros y calcetines blancos.
La desdentada, también vende cupones de cuando en cuando.
Mientras ejerce en secreto, o no tanto,
sus favores de yira.
La Sagrada Orden de los Colombófilos, en otra esquina,
se reúne esotéricamente para salvar al mundo.
Zafia y groseramente se despiojan infacundos.
Y Abundio,
el más listo de todos, vende el coche para comprar gasolina.

Las urracas, ocultas tras las cortinas,
se retuercen en sus nidos; van colocando a la gente etiquetas.
Así, entre la horqueta de su crítica y sus chismes a la vinagreta,
no queda, desde el jardín a la replaceta,
alma alguna que no pase de una u otra forma por su guillotina.

Los gitanos con sus guitarras
y los macarras con sus motocicletas,
desde el parque desgarran
cada tarde, sin piedad, la quietud y la calma.
La hacen trizas.
Cuando por fin concluye la locura y la farra,
de madrugada, el silencio, hecho cenizas,
suplica tregua... también mi torturada alma.

Escapad de Aljucer,
no esperes mañana lo que no te dio ayer;
aquí el precio de los pisos está por las nubes. Los bobos sin paga
se multiplican, deambulan como zombis, son una plaga.
Los colombófilos, en clausura, como frailes en cofradía,
veneran a San Palomo Torcaz. Las urracas, entre letanía y letanía,
se devoran unas a otras como lobas en jauría;
se destrozan, se encarnizan arrancándose la piel...
Y yo, entre todos, como un gilipollas; aturdido como un cabo furriel
en día de permiso, sentadito en el andén,
con mi bolso de piel marrón, sigo esperando a mi Penélope, aunque sé
que no vendrá. Cuando supo dónde vivía, dijo: ¡Anda y que te den...!

Y si me toca llorar,
a falta de pan lo hago,
ya que no puedo tomar las de Villadiego,
poniéndome ciego,
en cualquier bar.
Porque ésta es tierra de secano mental.
Imperio del vilipendio.
Seminario de ordinarios.
Reducto de necios sin oficio.
Escribas de la santa diatriba.
Lugar de santos sin grial...

Misa de domingo. Niños. Tedio en el parque. Ruido de motos.
Monotonía.
Un día, por fin, cierra otro día.
Sueños rotos...
... Pero al llegar el crepúsculo, se activa el corpúsculo;
los homúnculos, lejos del fóculo, en grupúsculos,
se reúnen sin falta para ver el partido de fútbol, en un ángulo
del bar de Manolo, en el Triángulo.

Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas
sin que se enterasen los colombófilos estos,
¡Joder si me iría...! A veces no resisto este lugar, lo detesto.
Pero los poetas, aunque no estemos del todo muertos,
sí estamos un poco, o mucho, en cautiverio:
A mi masoquista soledad le divierte este perturbado monasterio.
Así que, mientras se depila con mis poemas,
se enjuaga las penas;
se mofa, sin disimulo, de esta farisaica comunidad nazarena.
Y, entre vituperio y vituperio,
se lava el chichi con sus patrañas, en este ridículo baptisterio.




José Hdez. Meseguer
A Joan Manuel Serrat
Álter Ego
17 de mayo de 2008


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | CARTA A MI PRIMO



Cuando la conocí pensé en darle un cheque en blanco
tan sólo por el azul intenso de su sonrisa.
O, como poco, un pagaré...
"Mira, no sé si podré o si sabré",
le dije. Pero eso a ella le importó un pijo.
Y yo, que me conozco bien, suspiré y acaté;
no debía romper, en ese instante, la magia de su regocijo
y callé.

Pero ya sabes, primo, aquello de los problemas; entresijos
que van surgiendo del querer sin querer.
Y que tampoco está tan fácil que uno vuelva a nacer...

Al final, a mi pesar, sin pensar, cedí. Nos fuimos juntos.
Esgrimiendo, hacia afuera, una sonrisa de "signal".
Maldiciendo, para adentro, mi esperpéntica señal.

Los pajaritos cantaron no sé qué.
Las nubes se levantaron, no sé a cuento de qué.
Y los cristales de la Estación se lavaron de marrón glasé.
Una estúpida cohorte de violines alados sonó desde los tejados.
Y un grupo de ecuatorianos, que bailaban reggaeton,
nos hicieron palmas al vernos tan postizamente enamorados.

No me importó mucho, hasta hace poco,
compartir con ella, cama, mesa y mantel.
Y dos niñas que mantener, si era menester.
Y por aquello de que por ahí viene el coco
de la madurez, un sitio digno dónde envejecer...

Pero es imposible, primo:
a mujer que me acerco, a hembra que me arrimo,
la cago sin remedio. Y todo, porque puede que sea yo el cretino...
Créetelo de veras, primo, es muy serio lo que te digo.
Y lo mismo que no se hizo la rama de laurel para el pico de la corneja,
sino para el de la paloma; así, del mismo modo, me siento yo en pareja:

Igual que un pingüino haciendo surf en Lanzarote.
Lo mismo que un teatro de guiñol sin monigotes.
Perdido como un pueblerino en Nueva York.
Incómodo y aturdido como una morsa en una bañera.
Ridículo como un cura bailando rock.
Impropio como la risa de una plañidera.

Tan fuera de sitio como un piano en un funeral.
Tan ilógico como un burro en misa.
Tan falso como la falsa moral.
Tan absurdo como un gorila en una cornisa.
Tan dañino como el "fuego amigo".
Tan necio como el poema que te escribo.
Tan majadero como el verso que persigo...

Que sí, primo, que sé que soy un desastre. Un botarate.
Un mentecato. Un torpe. Mis intenciones, un completo disparate.
Me marcho, he de irme, se me hace tarde para este acto,
para este réquiem. Para esta matanza de esperanza,
para este holocausto de desaciertos.

Para esta espina que me apuñala,
que me hace escribir. Y, curiosamente, a la vida me apuntala.
He de seguir con este nuevo desconcierto.
He de seguir con estas exequias, he de asistir a este entierro.
Así que aquí lo dejo. Apago el ordenador y cierro...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
11/12 de enero de 2008

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | TÚ MÁS QUE NADIE SUPO DE MI...



Es ahora, también, cuando me aboco
como un suicida,
como un enfermo de melancolía,
como un loco,
como un borracho hipocondríaco,
a la calle; bajo esta bóveda de ecos.
Bajo esta bóveda de antracita,
que escupe, que vomita
recuerdos indelebles de tiempos que no existen...

Y corro. Y huyo de mí. De mí mismo, como un asesino,
envuelto en palabras de sangre y odio;
como un fugitivo.
Perseguido por serpientes de ámbar
que asedian mi memoria
y se subleban en mi sueño.

Y me siento acorralado por los aullidos del silencio;
por silencios que estallan a mi alrededor en esquirlas
de miedo y me transportan a empujones, como un fardo,
al tenebroso cementerio de los amores perdidos.
Al adverso lugar de los amores muertos.
Al preciso e inquietante momento,
al vértice exacto donde florecen como flores mustias
todas mis sombras.
Entonces, la angustia,
adquiere forma y se transmuta en letra...

Y camino calle abajo
o calle arriba... Sin rumbo apenas.
Pero tú, siempre serena,
te vas quedando atrás, como dormida; esperando de nuevo mi retorno.
Aceptando con tu afonía, cómo, mis pasos,
se disuelven en el eco de la noche y se alejan de ti.
Consintiendo cómo te desnudo de luz y te visto de velado gris.

Mis relojes se detuvieron hace tiempo,
una tibia pero fría tarde,
en un ángulo oscuro. Y tú, más que nadie,
supo de mi tragedia. De mi hundimiento.
Tú, con tus ojos de pintura blanca, supiste de mi llanto.
De mi lamento.

Tú, con tus ojos de madera y tu intensa esencia de teca
supiste darme, en cada rincón, un pañuelo para mi tristeza...
Por eso no me voy. Por eso vengo a verte. Por eso no te dejo.
Por eso, aunque me vaya, aunque esté lejos, no me alejo.
Porque entre tus brazos, cuando me pierdo, me encuentro.
Porque tu silencio es un beso:
mi calma.
Y tu calma, siempre, el motivo de mi regreso.

Eres mi Refugio; lo único que me dejaron. Lo único que tengo.
Lo único que me queda: tú, y esta ambigua soledad que viene y va.
Que se burla, que se divierte
haciendo garabatos en mis Poemas de desamor y muerte.
Que entra y sale. Que viene y pasa...
Eres lo único que del mundo exterior me protege.
Tú lo eres todo... Eres mi casa.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | NO SÉ...



No sé, me repito con frecuencia, si voy directo al matadero
o me estoy metiendo sin darme cuenta
en este callejón sin salida.
Pero como cantaba el cantarero,
en esta lucha de poder que mantengo con mi parienta
sólo cabe la huida...

No sé si me equivoco mucho o poco. Lo cierto es que poco a poco,
esta soga que me cerca,
la advierto más cerca y me desboco; me siento como un cura loco
en una discoteca.

No sé si en este juego, vengo o voy. Si voy o vengo ¡Maldita suerte...!
No sé, si al final, la bruja que me echó las cartas,
en realidad me las tiró a la cara; era ya la decimocuarta
que buscaba. Y más que leerme el futuro,
por cierto, marrón oscuro,
me leyó, como si fuera un delincuente, mi sentencia de muerte.

No sé si mi estrella es ésta o aquella.
Estoy hecho un lío, siento cómo el nudo me aprieta.
No debería ser razón suficiente que sepa endurecerme la bragueta
para envolverme... Pero se muestra tan dulce, tan gentil, tan bella
cuando ella quiere, cuando quiere ella...

Cuanto más saboreo sus labios
más puertas al ayer cierro, más olvido el pasado, más me embriaga.
Tal vez
me equivoco otra vez.
Tal vez no es de sabios,
pero cuanto más me busca, más me halla.
Cuanto más bebo de su licor, más claro, desde mi pedo, lo veo.
Lo cierto es que entre la euforia y la jindama
que por dentro siento, acabo siempre rindiendo armas en su cama.

Esta confusión, este laberinto sin límite, este crucigrama.
Este caos mental se cuelga de mi sueño. Me traga. Me devora.
Y mientras decido y dilucido mi historia de amor con esta abductora,
me distraigo. Trepo como un duende, como un ladrón hasta su lecho,
hasta su colchón.
Me resbalo con sabiduría hasta su vientre, subo a sus pechos.
Me deslizo como una serpiente por su edredón.
Navego por el túnel de sus piernas como un gato de Angora...
Entre sus brazos. Entre su fauna y su flora.
La hago temblar, vibrar, sentir... ¡Le pongo las pilas a mil por hora!

La vida, entretanto, pasea calle arriba, calle abajo.
A su marcha. A su ritmo. A su paso.
Sin detenerse en nadie. En nada. Sin prisa. Sin pausa.
Con motivos. Sin motivos. Pero sin excusa...

No sé si el amor es para mí o es tan sólo un traje de arpillera
que jamás me sentará bien. Aún no lo sé.
Intento no equivocarme por lo que ya me equivoqué.
Sólo sé que su lazo me atrapa, me apresa.
Me envuelve, me seduce, me quema. A veces me embelesa.
Que es muy fácil quererla. Que es muy fácil que la quiera...



José Hdez. Meseguer
A Isabel
Álter Ego
22 de febrero de 2008


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | LA MIRADA DEL ESPEJO [EL MOTIVO].



Tengo un espejo oculto entre la multitud
que aúlla en silencio afónicas palabras de angustia
a la sombra de mi sombra.
A la sombra de mi Sol, a la sombra de mi luz.

Un espejo de ojos ocultos para los demás. Miradas de sal.
De llamadas antiguas que se asoman a mi pluma.
De miradas heridas que caminan de puntillas en mi bruma.
Un espejo que destella como el filo de una navaja en la oscuridad.
Que galopa como un alazán de crines níveas en la serenidad.
Que se aquieta en la revuelta y se subleva irónico en la debilidad.

Un espejo inalcanzable para la gente superficial y anodina
que nace, vive y muere sin más. Gente gris que camina
por el mundo a lomos rucios de su propia estupidez,
enfundada en el insoportable traje de su memez.
Sin nada que transferir.
sin nada que aportar, sin nada que añadir.

Tengo un espejo que me mira y se burla. Que arranca
pedazos de mi alma y los tiende sobre hojas blancas
en una peregrina liturgia de agonía y danza.
Un espejo que se rompe gritando silencios y sangra
poemas malheridos en este naufragio sin apenas esperanza.

Un espejo que devora sin clemencia mi sosiego, mi calma.
Un espejo suicida
que me asesina, que me arrebata la vida.
Que mata
al hombre que soy para hacer emerger desde la tiniebla al poeta.

Tengo un espejo que se agrieta en mi mirada
cuando ya no queda nada.
Un espejo absurdo que me advierte
del vértigo, de la inquietante soledad que me produce la gente.

Un espejo que me persigue,
que me hostiga,
que languidece,
que se retuerce bajo mis dedos.
Que se divierte
con mis heridas,
mientras gotea despacio, sin prisa,
desde el fondo más hondo de mis entrañas,
un imparable exceso
de melancolía.
Un espejo que me araña
versos,
mecido en los hipocondríacos brazos de la hipocondría.

Que brota silente en la noche como un ladrón.
Que trepa suave hasta el balcón
de mi recuerdo herido y maltrecho. Que se desliza
ante mí, sobre mí, con piel de seda y corazón de hiena,
en un vuelo de tristeza.
Y yo, casi siempre, cautivo de mi torpeza,
me dejo llevar, me dejo ir.
Es así, como preso de mí,
comienzo a crear, hermano mío, comienzo a escribir...



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
Diciembre 2007




RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | DESDE AQUÍ...



Desde aquí. Desde este embarcadero
de Águilas, te vuelvo a evocar, mar. Triste pero sereno.
De nuevo, una vez más, te sueño.
Desde este otero luminoso, solitario, marrón, roqueño,
diviso el espejo añil de tus ojos y, absorto, te venero.

Desde aquí, desde este muelle, a ti también te invoco.
Y lentamente, poco a poco,
abrazo, toco,
uno a uno, mis recuerdos. Tal vez te echo de menos.
O quizá no. Lo que echo en falta es mi sonrisa.
Hace un año, más o menos,
la vi por aquí, correteando por las dunas, aupada en la cornisa
de estas mismas rocas. De esta misma playa...

Aquí, desde esta misma atalaya,
desentierro versos, historias que tuve que haber enterrado,
olvidando datos que nunca debí haber olvidado.
Me repito, entonces, sin pensarlo apenas,
entre labios, el Poema 20 de Neruda:
"... Puedo escribir los versos más tristes...".

...Y aunque sé que sigues ahí, aunque sé que existes,
algo me lo impide, estoy olvidando... Ya no puedo.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
Águilas, Murcia, 1 de marzo de 2008



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | PALOMITA, PALOMERA...



Ibas, Palomita, palomera,
de rama en rama, organizando líos.
Creando fama. Buscando tíos.
De enredadera en enredadera.

Pero siempre como una perra, detrás de un traje y una posición.
Obsesionada, malhumorada, como un drogadicto sin cocaína.
Dispuesta, como un exhibicionista sin gabardina,
hasta conseguir tu meta: engañar al bufón.

No te importó, para ello, aniquilar a tu adversario,
desenvainar la espada, tirarle a degüello.
Entre lágrima y lágrima, cortarle de paso el cuello
y rezar a su salud, en el hospital, un rosario...

Tu objetivo estaba claro: más claro que el clarete de Rioja.
Y no era precisamente ni el amor ni su polla.
Sino encandilar al barrio, sacar la panza; eres algo puta, pero no tonta ni coja;
te fascina tomar cubatas, beber cerveza, comer centolla...

Has previsto tu futuro con todo detalle.
Sin embargo, lo presiento oscuro, por si no lo sabes.
En cualquier esquina, en cualquier calle,
siempre habrá otra cintura, otro talle
que trabajarse y que trabajar; otra copa que tomar.
Una rayita a tiempo que esnifar...

Siempre habrá una zorra más zorra que tú. Y más astuta.
Unas tetas que mostrar, un baboso hipnotizado... ¡Qué más da!
A tu payaso sólo le gustan o las débiles o las putas.



José Hdez. Meseguer
A Paloma. Por su maquiavélico "savoir faire"...
Álter Ego
Murcia, 2008


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | LUCES DE SEPTIEMBRE



He estado paseando mi vida y mi pretérito imperfecto
como un errático vagabundo, entre sendas y huertos.
Y un alazán encendido de ayer y recuerdos
ha recorrido mi alma sola y mi mundo ciego, mudo y yerto.

Me ha devuelto,
sin procurarlo, al vértigo inexplicable.
Al vértice probablemente inaceptable.
Al suspiro. Al matemático instante.
A la fiebre delirante.
Al momento preciso. Al preciso momento.
Al justo y mágico soplo de cuando fui un crío sin serlo,
y creció, sin querer crecer, antes de tiempo.

Y me ha capturado, me ha envuelto...
Me ha devuelto en un extraño y misterioso billete de ida y vuelta;
súbitamente ha revuelto
de nuevo mi cabello de rizos
y fragancia.
Y en un insólito hechizo,
reservado sólo a los poetas,
a lomos de un lánguido suspiro del pasado,
me ha secuestrado hasta llegar de nuevo a mi infancia.

Y hoy, más de cuarenta años después,
con la mochila de los sueños marchitada y vencida,
por un segundo casi inmortal me he sentido preso, anclado, varado,
moribundo; precipitado a un ayer de luces de septiembre.
De garabatos y escuela de verano. De tardes de huerto.
De temblores. De mal de amores.
De primeros, de lacrimógenos versos.
De días de colegio.
De tardes encendidas...

Y me he dejado arrastrar como un idiota
por el momento, fugaz y eterno,
de mi pasado. Sin apenas pretenderlo. Sin apenas intentarlo.
Me he mecido en el recuerdo. En el denso perfume de la memoria.
En el indestructible aroma de los granados y los limoneros.
En el inagotable verde de los cipreses y los olivos.
Y casi adormecido, cautivo,
he galopado otra vez hasta mi niñez, atrapado en la boria
de los años, para llegar a los días de lluvia.
Otra vez a los días de invierno...


José Hdez. Meseguer
Invierno de 2007
Álter Ego

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | HOLA, VIDA



Hola, vida,
te llevaste la ilusión.
A cambio me dejaste la herida.
Hola, vida,
me robase los besos
que anhelaba.
A cambio me dejaste los versos
que soñaba.
Sólo versos de desamor.
Por eso, vida, ahora que me robas la vida...
Ahora que nada fue lo que me prometías,
que nada se hizo como yo imaginaba, ni siquiera como yo quería.
Ahora que me usas,
que me atacas, que abusas
de mi melancolía.
Que me partes el alma con esta realidad
tan cruel, tan inhumana, tan fría...

Ahora que al fin has destrozado mi barco,
y el color zarco
de este inmenso océano me ciega;
quisiera, en este solitario islote, hundir mi vida, mis ojos...
También en su horizonte de tonos verdes, amarillos y rojos.

Y, en el eterno naufragio que me queda,
sosegar lo que aún permanece oculto en mi alma.
Poder rescatar sin miedo, al menos,
los restos hundidos de mis sueños;
mi experiencia, mi memoria, mis despojos...


José Hdez. Meseguer
Enero de 2008
Álter Ego



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | OTRO AÑO



Se desliza suave ante mi ventana y me saluda.
Yo también le miro.
Esgrime un extraño guiño que aún no comprendo.
Un gesto que iré vislumbrando con el paso de los días.
Con el paso del tiempo.
Silente y taimado me observa.
Cauto como un gato en los aleros.
Eventual e imprevisible lo presiento.
Insolente como un guerrero.
Herido y maltrecho lo admito.

Su desafiante y fría mirada me inquieta, posada en la mía.
Agazapado me acecha.
Sospecho lo que sin decir sospecha.
Sus diminutos ojos, de minutos y horas, me turban.
¿Cuántos enigmas detrás de ese rostro sin rostro se ocultan?
Me pregunto con cierta sensación de inquietud, qué me señala.
¿Qué quiere de mí? ¿Qué pretende decirme? El misterio me angustia.
Y qué, desde su secreta llamada, me ofrece.
¿Podrá evitar lo que a mi alma languidece?
¿Qué obstáculos tendré que brincar en esta carrera sin sentido?
Así sobrevivo, permanentemente cautivo
entre ambos cauces:
Entre un presente agónico que se desvanece mientras escribo
y un futuro que comienza inexorable y voraz a renglón seguido.

Es un devenir colmado de anhelada esperanza.
A él preciso abrazarme. Y a él me abrazo. Lo necesito.
Es un devenir repleto de sucesos que nadie podrá evitar.
Un devenir de objetivos. De planes, de desafíos, de retos.
De sueños, de angustias, de logros, de alegrías, de penas.
De ir y venir, de luces y sombras, a la sombra de mis poemas.
De traiciones, de amores, de odios, de olvidos, de secretos.
De frustraciones y cansancios en este críptico alfabeto.

Aquí estoy.
Hacia a ti voy.
Sin pausa, sin prisa.
Viviendo despacio. Muriendo deprisa.
Viviendo sin vivir. Muriendo sin morir.
Tratando de luchar. Intentando huir.
Sin rumbo navegando.
Casi siempre naufragando.
Expectante, ansioso, apasionado, inquieto, decaído.
Alarmado, impasible, temeroso, ensombrecido...
Oteando, delirante y exhausto, desde este cruel parasemo.
Aquí estoy. Aquí te espero. Aquí te sueño. Aquí te temo.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
7 de enero de 2008



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | MIGUEL ÁNGEL, EL DEPREDADOR



Detrás de ti, de tu aparente imagen de hombre de negocios.
Detrás de ese afilado perfil de hombre bien,
se hospeda como un tumor, la maldad que escondes tan bien.
Encubres tu corrupta moral. Y, cómo no, a tus socios:
"Blanquita", "Passport" y "Enderezol":
Viagra, cocaína y alcohol.

Te tenía por una persona normal. ¡Qué tonto fui! ¡Qué idiota...!
Mientras yo, ingenuamente, cantaba por Serrat en el mostrador
de aquel bar, tú, con la habilidad de lo que eres, un depredador,
ya te habías puesto las botas...

Detrás de esa fachada se oculta un bufón, un mediocre actor.
Sin embargo, a solas, cuando te miras al espejo
de la persona que fuiste, sólo queda un vago e inútil reflejo.
Ahora, sólo habita en ti el monstruo insaciable
en el que te has convertido; un ser repugnante y miserable.
Un nauseabundo buitre de carroña: un filibustero, un malhechor.

Detrás de esa fingida apariencia de hombre de negocios,
detrás de ese hipócrita y estúpido rol
que intentas mantener, al final, sin tus colegas, sin tus socios,
"Blanquita", "Passport" y "Enderezol",
no serías nadie. Tus continuas correrías por el vicio y el exceso,
tu bisexualidad,
tu peligrosa ambigüedad,
te han vaciado definitivamente el alma, la honestidad y los sesos.




José Hdez. Meseguer.
Álter Ego


A Miguel Ángel, el depredador. Por su repugnante y vil actuación.
Con cariño asesino. Murcia, 2008.




RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | AHORA...



Ahora que estoy solo. Ahora que sé que no te veré.
Ahora que la sombra de la tarde crece.
Ahora que el día, lento, en mis brazos se desvanece.
Ahora que estoy sin ti...

Ahora que el silencio, en silencio grita.
Ahora que los minutos muy despacio se marchitan,
que desfilan ante mí y se detienen para recordarme que sigo sin ti...
Ahora que te amo más porque no te tengo.
Ahora que te siento muy adentro,
aunque no oiga tu voz...
Ahora que sigo oliendo a ti,
en mi cama, en mis dedos, en mí...

Ahora que adivino tu inquieta presencia
en las esquinas de mi casa hablándome de tu ausencia.
Ahora que necesito decirte cuánto te amo.
Ahora que reviso las horas que faltan para que estés conmigo.
Ahora que cuento los segundos para que estés aquí...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
22 de julio de 2007

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | DOLOR PROVISIONAL



Hoy no debería escribir. Sin embargo,
gracias a mi solemne estupidez, sobre este ordenador descargo,
traduzco en letras, este revés emocional.
Esta patada en los cojones por encargo
del destino. Este abrazo cruel. Este beso envilecido; largo
y amargo, que me provoca heridas de dolor provisional.

Hoy no debería escribir un solo renglón, me siento triste.
Especialmente triste. Hoy, de nuevo, mi mente huye, galopa...
Hoy, mi aspecto mustio y niste,
sólo resistiría con bravura, hasta olvidar la cordura,
la picadura, la quemadura; el talle asesino y helado, la cintura...
El rejón de castigo, directo y traslúcido;
frenético y estúpido, anodino y enfebrecido,
enloquecido y siniestro de unas copas.
Porque, hoy, de nuevo, mi mente huye, galopa...

Hoy sólo permito y admito la mano enjuta y adversa del demonio.
El color, gélido y turbio, de un cubata.
El sabor del silencio. Esta afligida melodía, esta serenata
de hipocondría que adivinan mis versos, que me delata;
que se insinúa silente entre las calles de este maldito pandemonio.

Hoy sólo siento no poder sentir.
Hoy sólo siento su dolor.
Hoy sólo siento tenerme que ir.
Hoy sólo siento, a su pesar, el desamor...



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
28 de marzo de 2008



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | NUNCA FUISTE NADA



Nunca fuiste nada, excepto un payaso.
Una caricatura grotesca y mal hecha.
Un impresentable que supo aprovecharse;
abrir brecha,
encender la mecha
y calcinar, junto a mis sueños, mis naves.

El camino es largo y lo sabes.
Esperaré agazapado en un rincón oscuro
tu caída, no tengo prisa.
He de ver cómo, algún día, pierdes tu porcina sonrisa...
La vida te hará pagar; cada cerdo tiene su propio verdugo.

Me venciste por la espalda, sicario, en un duelo imprevisto.
Te benefició su desequilibrio, mi ausencia y mi ceguera,
para extender sobre ella, sin piedad, la red, la enredadera,
de tus infames y depravados propósitos.

Rezo cada día para que el destino te conceda el doble
de lo que supuso tu traición. Mi dolor pasó.
Aunque la herida de mi recuerdo permaneció.
Sin embargo, una cosa es cierta: ambos sois historia.
Pero particularmente tú, saco de mierda, patética escoria,
no dejarás de ser mientras vivas un borracho despreciable.


José Hdez. Meseguer.
A "Mani", por su despreciable ejercicio de traición.
Álter Ego.


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | SERÁ PORQUE...



Será porque la noche oscura te acerca a mí.
Será porque la noche ardiente me acerca a ti.
Será porque tu comprensión no puede hacerme peor de lo que soy.
Será porque ya no planteo nada. Y sólo voy...

Será porque sigues a mi lado, evitando mi caída.
Será porque con tu luz iluminas
mis calles más oscuras, mis vacíos, mi amargura, mis esquinas.
Será porque recoges una a una mis ilusiones desvaídas.
Será porque mi oscuridad, anhelante y angustiosa, se aproxima.

Será porque soportas sin un mal gesto mi genio y mi mal humor.
Será porque toleras mis altibajos en silencio, sumisa.
Será porque maquillas mis más hondas tristezas con tu risa.
Será porque pintas mi paisaje gris de color...

Será porque me entregas tu alma sin pedir a cambio nada.
Será porque aquietas la tormenta que a veces me produce vivir.
Será porque aunque ya no crea en la felicidad, estás ahí...
Será porque, si existe un bálsamo para mis llagas, esa es tu mirada
de mujer enamorada...


José Hdez. Meseguer
A Isabel
Álter Ego
30 de diciembre de 2007



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | SIN EMBARGO, TU ÚLTIMA FUNCIÓN...



Resultó lamentable tu último acto. Tú sabes porqué...
Ahora lo que no necesito es que vengas rasgándote las vestiduras.
Ni siquiera que argumentes, que supongas, que traces conjeturas,
acerca de lo que haré.
No te creo. Y te lo aclaro: nunca te creeré.
Tu estertórea actuación ha resultado patética.
Una escena obscena, de esperpéntica ética.
Y de paso, ya te aviso, esta es la última función a la que asistiré.

Ahora tu inconsistente explicación, tu desafinada verborrea.
Antes, sin embargo, tu oculta, tu insana y torpe odisea.
Nada te disculpa. Lo presentí. Hace tiempo que lo intuí.
Has sabido posar tus garras. Tu ardid
tapizado de amistad no era más que una burda patraña;
un plan, una milonga, que ya no me engaña.
Tu soledad tiene un fuerte tufo.
Has pretendido burlarla. Pero tu pufo
no ha sido elegante. Has metido la "gamba";
tu procedimiento de reptil, de mamba,
dice muy poco en tu favor, tartufo.

Te consideré mi amigo, cuestión que ahora lamento.
Pero no, no me duele, no tengo lágrimas para llorar tu amistad.
No tengo tiempo. Dios y mi canto, como dice Serrat,
saben por qué sello este muro. Y por qué con este cemento.
Ambos saben por qué ejecuto esta sentencia, este juramento...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | SIN PRESUPUESTO EMOCIONAL



No he puesto,
ni tengo presupuesto
emocional para la rueda de repuesto
que pretende mi alma, por supuesto.
No tengo aguja de coser ni hilo con qué remendar este roto,
esta tronera que a borbotones se me abre.
No me quedan sueños que enviarme, ni versos, ni lacre
con qué cerrar este sobre, esta masacre,
este íntimo terremoto.
Esta carta marcada.
Este disparate.

No llevo ropa ni zapatos.
Este intento, este conato,
esta hostia de campeonato
me ha dejado en los huesos;
desnudo, buscando la medalla.
Este recuerdo canalla
me aprieta, me brota, me agarrota,
me devora, me aplasta, me derrota.

Este error, esta falla
que se abre en mi interior,
me tortura, me diseca, me deja al Sol.
Este pensamiento, este guisado de morralla,
este agotamiento,
este matamiento lúgubre y harapiento
de sentimientos, estas ganas de nada...

Este estar con todos en ningún sitio.
Este poema antidepresivo de litio.
Este cubata que se alza.
Este malestar, esta desazón, este ahoguío
silencioso y sereno que por mi mente se desliza, se desplaza.
Este brebaje amargo de sal, de pócima preconcebida.
Esta bandera raída, caída
en manos enemigas.
Este ir con nadie a ninguna parte.
Este estandarte rasgado, este baluarte
vencido. Este encarte de hastío
en mi melancolía.
Esta veneración a la soledad, este culto, esta idolatría
a la incomunicación deliberada. Esta maldita hipocondría...

Este Poema, estas letras que gotean, este aislamiento.
Esos besos furtivos. Esos mensajes ocultos.
Ese trampolín al pasado. Ese pasado inulto.
Este pecado que me corrompe. Este estigma irredento.
Este deseo vehemente. Este velado enajenamiento...



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
20 de marzo de 2008

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | CABALLERO SIN DINERO...



A ese caballero sin peto ni espaldar,
como en su día escribiese León Felipe.
A ese vetusto hidalgo a la vieja usanza,
donde a veces le habita una triste desesperanza
de tiempos pretéritos de bonanza,
que presto disuelve a largos tragos
de vino blanco y frío en la panza.

A ese decimonónico galán de cine trasnochado,
al que apenas nadie se le parece; sólo lo pretenden,
sólo lo imitan.
Que no duerme bien;
más bien dormita
entre letra y letra. Entre cheque y cheque. Entre pago y pago...
Es, yo lo sé, aunque él no siempre lo diga,
su pesadilla; un taladro infame en mitad de la frente,
una espina de pescado en la garganta, una estaca en la sien.
A ese caballero que, aunque templado y bragado,
un poco acojonado, repasa, una y otra vez sin descanso
sus cuentas: ¿Cómo, si ayer tenía mil, hoy tengo menos de cien...?

A ese eterno caballero, a pesar de lo que reza el refrán popular,
que "Don sin Din, cojones en latín..."
y eso le importe, y no le de igual,
a su forma sobrevive erguido como una vela, entre el bien y el mal.
Caballero de batallas perdidas. Caballero de postín.
Caballero Impenitente de la Sagrada Orden del Mendicante.
Presidente por méritos propios del "Club de los Pringaos",
donde ambos hemos llorado mano a mano
y reído como idiotas,
como las almas rotas,
como enanos,
por ser tan desgraciaos...

Alma inquieta, atormentada. Corazón nómada, beduino.
De media luna. De desierto. De arena.
Espíritu guerrero, numantino.
Esencia sarracena.
Mirada de nicotina y alquitrán. Intuitiva. Analítica y sagaz;
espectral. Del Más Allá. Astuta. Ladina. Serena.
El muy cabrón, sin embargo, incombustible y mordaz;
encantador de serpientes y embaucador, no se rinde jamás.
Nunca dice, "No". Siempre existe una oportunidad.
Siempre queda sitio para la penúltima. Para una más.

Siempre nos queda un minuto, un momento, una esquina, un lugar,
para conversar de lo humano y lo divino.
De lo profano y lo espiritual.
Y, en un duelo intelectual,
en un duelo de vinos,
echar unos párrafos, en el Teodoro, el del bar...




José Hdez. Meseguer
A mi amigo Justo Rodríguez
Álter Ego
Murcia, 2 de febrero de 2008



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | ASÍ, CIERTOS BESOS...



Con el mismo temblor de dedos
que invade al pintor el desafío de sus primeros esbozos.
O al poeta delirante el delirio de sus versos.
Con la misma impiedad del asesino
en un encargo... Así, ciertos besos,
sólo tuvieron sabor de desatino.

Con el mismo espejismo, con la misma locura
de D. Quijote, ante los molinos, en la llanura.
Con la misma falta de juicio, de cordura,
del suicida.
Con la misma cobardía del cobarde en la huida.
Con la misma premonición de profeta en la profecía...
Así, ciertos besos, sólo supieron a traición y melancolía.

Como la ironía del idiota.
Como la estúpida risa del payaso.
Como el cataclismo que ocasiona el fracaso
o la lujuria que me levanta aquella rubia que, mientras esto escribo,
me provoca...

Como el guiño estrábico del destino
o la falsedad de una plañidera...
Con la vehemencia de saber el tiempo que he perdido.
Con la desdicha de saber el tiempo que me queda.
Con la satisfacción de aprender lo que he aprendido.
Con el desconsuelo de saber que el tiempo se me escapa.
Con el presentimiento de un futuro incierto
que ciertamente me amenaza.
Con el tremendo dolor de cabeza
que todavía, a estas horas, me produce esta resaca.

Como la pluma que, hundida en estos versos,
sólo lloriquea palabras gastadas,
mientras el alma a trozos
se deshace, se desbarata...
Así, ciertos besos, que yo creía que eran todo,
luego resultaron ser nada.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
16 de diciembre de 2007




RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | EL BESO DE JUDAS



Podría llamarte de cualquier manera.
Si tuviera ganas, si me apeteciese, si quisiera.
Pero sólo te llamaré Judas. Judas, como poco.
Recuerda sin miedo, si tienes agallas, si tu mente transida
lo permite, cómo ibas por la vida
pasándolas putas, atravesando miseria,
desayunándote los mocos...

Y mientras fijo la pupila en aquella sórdida historia
voy pensando qué mala suerte tengo.
Difícilmente consigo reprimir, apenas retengo,
el vómito que me produce la gente como tú;
te ofrecí la mano olvidando que eras un redomado gandul.
Un desagradecido parásito, con mala memoria.
En ese instante no caí que, sólo por interés, aceptabas mi ayuda.
Aunque ni eso, ni nada, frenó tu traición: tu infecto beso de Judas.

Hace tiempo que afortunadamente te taché de mi vida.
En el libro de mis aliados no tienes entrada, no tienes cabida.
Por tu exceso de peso.
Por tu felonía.
Por tu falacia. Por tu decepcionante palabrería.
Por tu abrazo postizo, por tu falso beso.

Y porque si tuviera la inmensa desgracia de tenerte como amigo,
habría que eliminar del diccionario la palabra enemigo...
Para eso, ya estás tú... Ya te digo.



José Hdez. Meseguer
A quien corresponde...
Álter Ego
19 de marzo de 2008


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | QUISE DIBUJARTE UN DÍA



Como el náufrago a su isla,
como el escritor a su pluma,
como la esquirla
de mi alma cuando todo acabó.
Como la noche a la bruma,
como la tinta sucia que se derrama
desde mi corazón.
Como el verso que no termina;
como la neblina
que amenaza,
que traza
heridas de alquitrán...
Como el beso al recuerdo,
como al alba al cielo de cian.

Como el caminante al camino,
como el hombre a su destino,
como el fuego al leño,
como la frustración a mis sueños.
Como la agonía a la esperanza,
como la muerte a la vida,
como el poeta a la poesía...
Así, en un momento de flaqueza, quise dibujarte un día.

En este lienzo, en esta hoja, en este pliego.
Así. Aquí, desde mi soledad, hasta mi álter ego.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego


RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | QUERIDO ENEMIGO



Nunca pude suponerme,
con la imaginación que tengo
y los metros cuadrados de cabeza que tú tienes,
que sólo tuvieras dentro
una neurona, pero siempre de vacaciones.

Los dos sabemos, para tu desgracia,  que cuando Dios hizo reparto
de cerebros
no te convocó a ti. En ese fallo, en ese desatino, en ese descalabro,
en ese fiasco,
se le olvidó rellenarte el envase, dejándote sólo el casco.

Para ser sincero del todo, ahora que nos odiamos tanto,
debo decirte, querido enemigo, que te hizo un flaco favor.
Ya que, pretendiendo remendar la falta de inteligencia,
erró. Erró, regalándote exceso de cinismo, hipocresía, vagancia,
mala baba, odio, veneno y rencor.

Yo no iré al cielo; allí no hay marcha, no venden copas.
Debe ser celestialmente tedioso y aburrido...
Pero si ése es tu Dios, con menos motivo;
prefiero consumirme eternamente
en un infierno de almas inteligentes,
a tropezarme de nuevo contigo,
en un paraíso de idiotas.



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
15 de marzo de 2008

RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | LA VERDAD, ES QUE...



La verdad es que, a veces, me siento solo. Solo como la una.
Solo como la misma soledad.
Dudoso, ambiguo como la misma ambigüedad.
Solo como la Luna.

La verdad es que sigo enfrentándome sin esperanza
a este canto sin música. A esta orquesta sin músicos.
A esta condena de galera.
A este sarpullido mental, a esta piojera.
A este bobático y diabólico
momento, atornillado como un reo a esta pesada y metálica branza.
A este océano. A este mar interior que late. A esta laguna
que me abruma. A esta patética burla. A esta malaventuranza,
que me muestra en la noche sus cadáveres de forma inoportuna...

La verdad es que este amor nunca tuvo futuro.
Tuvo menos ocasión de salvación que un terrorista en el Vaticano.
Fue más absurdo e inadecuado que un vino de somontano
en un botellón. Tuvo menos azúcar que el cloruro.

Este amor nació de la miseria. Del exceso de soledad. Muerto.
Con las heridas abiertas. Todavía sangrando.
Vomitando pasado. Con la resaca y la angustia aún bullendo.
Sin corazón ni sentido. Sin ojos. Si acaso, alguna vez, tuerto.

La verdad es que debería ir pensando en escaparme
de este desconcertante escenario.
Dejar arrinconadas para siempre las reliquias, los vestidos.
Mis trajes, mis corbatas, mis ropas de abrigo.
Olvidar, calcinar en un ataque de vehemencia el relicario
donde he ido amontonando proyectos, sueños...
Me niego a seguir bajando peldaños.

Y dejar esto para otros. Pensar seriamente en retirarme.
Dejar esto para los que siguen creyendo en los gnomos.
Dejarme fluir.
Dejar de intuir.
Dejar de hacerle guiños, momos
al amor. Dejar ya, de una puta vez, de desafiarme.



José Hdez. Meseguer
Álter Ego
8 de marzo de 2008



RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | MADRE, SIGUES SIENDO...



Sigues siendo mi referencia,
madre,
en esta tormenta de desatinos. En la irreverencia,
en la insolencia de este caminar a ninguna parte...
Sigues siendo, madre, la luz clara en la noche que me abraza,
en la agonía que con frecuencia me domina,
en la desesperanza que a menudo me atenaza.

Sigues siendo, madre, a pesar de mis errores, lo mejor que tengo;
un beso a tiempo en tiempos de locura.
En tiempos de zozobra, angustia y desacierto.
Sigues siendo, madre, un soplo de aire fresco,
en esos momentos en los que sólo camino
sumergido, ahogado en mis propios lamentos.
Y que, como una carta sin dirección, sin destino,
vago perdido en mi desconcierto...

Ya no creo en casi nada, madre; he perdido, con los años,
la fe en la gente.
Porque, madre, nadie mejor que tú sabe
que todo es una trampa, una quimera, un engaño...
Por eso, madre, aunque nunca te lo diga;
aunque tú creas que no me acuerdo, que se me olvida.
Aunque las heridas de mi tristeza casi siempre me lo impidan,
sigues siendo única y mágica. Eres lo mejor de mi vida.


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
A mi madre. Navidades de 2007




RAPSODIA PARA MI ÁLTER EGO | PERDONA, SI AHORA ME ENTROMETO...



Perdona si me entrometo, si no reprimo el gesto al saber lo que sé.
Perdona si me quedo como una estatua de sal.
Perdona, si al saber que has tirado el carro por el pedregal,
me quedo de una pieza. ¡Quién te ha visto y quién te ve...!

Perdona, si al saber de tus nuevas compañías, me acojono,
me quedo paralizado, me petrifico,
me quedo más tieso que la pata de Perico.
Y si me descuido,
hasta me cago, si no me siento a tiempo en el trono...

¿Cómo iba yo a suponer, con lo señora que tú has sido en el barrio,
que ibas a ir de taberna en taberna y de bodorrio en bodorrio,
desde las nueve de la mañana, borracha, de la mano de un bodrio...?

¿Cómo iba a pensar, con lo que yo creía que sabías de la vida,
que ibas a meter la cabeza de un golpe en ese callejón sin salida...?
Jamás lo hubiese imaginado.
Nunca, ni jurándomelo por Santa Visa, lo hubiese sospechado...
Y, aún menos, con ese individuo; el rey de los desheredados,
el roedor más despreciable y vomitivo, el capitán de los tarados.

Sinceramente, querida, pensaba que te querías.
Estaba convencido. Creía que querías para ti, más y mejor suerte,
que saberte, por lo que me cuentan cada día,
coqueteando sin miedo ni disimulo con la muerte.

¿Cómo has podido, sin sentir terror, engancharte a ese menda?
¿A ese deshecho, a esa escoria, al príncipe de la droga?
Tú sola te has colocado, sin darte cuenta, el nudo, la soga
que te ha de consumir. El lazo
que te hará trizas, que destruirá tus pasos, que te hará pedazos.
Que devorará tus pocas oportunidades, al ir del brazo
de ese payaso de leyenda...

Créeme, así de claro debo decírtelo. Y así de claro te lo digo:
¡Qué pena, qué angustia, qué mierda de barrio, qué desgracia!
¡Sal corriendo de ese infierno, sal aprisa de Santa María de Gracia...!

Más posibilidades de salvarte tendrías saltando desde la quilla
de cualquier barco pirata,
en un mar de tiburones, que un solo día al lado de esa rata.
Al abrigo
de tu amante enemigo:
el ejecutivo de la jeringuilla...


José Hdez. Meseguer
Álter Ego
Para Silvia. Para la persona que probablemente sin querer dejó de serlo...
2 de febrero de 2008