jueves, 5 de enero de 2012

NUEVE CARTAS A PENÉLOPE | 6ª CARTA



I
Cuando te sientas sola
seré tu refugio,
tu mar,
la ola
de tu playa solitaria.
Cuando te encuentres triste
seré para ti, el aire,
la brisa …
El húmedo y cálido
aliento que se enrede
en tus labios.
Seré tu almohada.
Tu sombra.
Tu abrigo.
Tu amante por nada…
a cambio de nada,
tu mejor amigo.
El reloj de tus horas,
la luz de tus miedos.
–candil de tus tinieblas–
Caballo de tus sueños
cuando te sientas gaviota.
Hoguera
si me tiemblas;
gladiador en tus quimeras.
Diario de tus poemas.


II
Cuando te sientas sola
sabes que seré tu amante
y tu amigo.
Tu mejor secreto.
Tu mejor poema.
Y caminarás conmigo
y yo contigo.
Y si tienes ansias de volar
te llevaré en mis alas
porque ya no tendré miedo
de alzarme sobre el cielo
surcando el mar,
surcando la tarde…
Y te daré el más bello atardecer
que se rompa en el vientre
del horizonte
y el cielo más azul.
Y la noche más ardiente
mientras camino
tus caminos apasionadamente.
Mientras devoro,
pliegue a pliegue,
cada poro
de tu cuerpo
y se extingue en tu gruta
el fuego que me abrasa
la piel y la boca,
y las manos sedientas.
Cuando te sientas sola
seré tu cuerpo.
Tu cuerpo y el claro faro
que te guiará.
Y en las noches frías,
tu duende
y la magia
de tus grises días.


III
Cuando te encuentres triste,
mi vida,
cuando te sientas triste
seré el amargo color
que en tus ojos flotará mágico
y errante…
casi naufrago.
Y cuando llores
seré el sabor
salado y cristalino
de tus lágrimas furtivas…
casi fugitivas.
Cuando te encuentres así
sabes que seré tu refugio.
El suave color
que dará calor
a tus ojos claros.
Y cuando por las noches,
en tu habitación,
sientas miedo y vértigo
de la soledad,
no llores…
Sabes que estoy contigo
para ser calma en tu mirada
y quietud en tus sueños.
Y guardián
y compañero
y amante
y atalaya
y vigía en tu errante
vagar en el espacio
y en el tiempo
a través de las estrellas.


IV
Cuando te encuentres agotada
y cansada
seré tu apoyo. Tu posada
y tu camino blando.
La yerba que besará tus pies;
el tibio lecho
que acariciará tu cuerpo
y el tibio aliento.
Y seré el momento
en que seré sólo boca,
sólo manos,
sólo llama
que andará tus pechos.
Y cuando sientas
la inevitable necesidad
de caminar bajo la noche…
con la noche...
Entre las calles solitarias
y mojadas
por la llovizna breve,
recuérdame.
Recuérdame y seré
para ti la suave canción
que navegue en tu cabello
y la suave espuma
que flote en la atmósfera
como una quimera…
 Ausente
y presente.
Tan lejos
y tan cerca.
Recuérdame; seré esa espuma
vagabunda, imprecisa y náufraga.


V
Y cuando tengas
deseos de cantar,
seré tu voz.
Y si sientes ganas de gritar
seré tu eco.
Y si quieres saltar
seré tu vuelo.
Y si quieres, acaso,
olvidar,
seré consuelo.
Y tu copa de vino
y tu pañuelo
y tu silencio.
Y si pretendes ser niña
seré tu mimo,
tu carantoña.
Si prefieres reír
seré tu payaso,
tu bufón, tu arlequín.
Si quieres pensar y meditar
seré la voz del tiempo,
la amarga experiencia.
El eterno llorar,
el alma ajada
pero cargada de sabiduría.
el eterno saber. La vida.
Hipocondría.
La llaga en carne viva.


VI
Si quieres viajar sin rumbo
seré tu guía, tu capitán,
tu norte…
Y si quieres dejar volar
tu imaginación,
pero piensas en mí,
seré tu héroe,
tu quijote…
…Pero si alguna vez
sientes deseos de ser
tan sólo una MUJER
al fin,
ese maravilloso día,
seré solamente un hombre.
Tan sólo eso:
sencillamente… un HOMBRE.
                                                                          


José Hdez. Meseguer
Nueve Cartas a Penélope
Murcia, 14/ 2/ 1.982



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