miércoles, 27 de agosto de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | AUN ASÍ...



No, no salgáis de mí. No salgáis ahí afuera;
sé bien, lo largo y frío que está siendo este eterno invierno
para vuestros inquietos gemidos silenciosos.
Sé que andáis siempre revoloteando a la espera
de que mi pluma temblorosa empuñe la angustia que se espesa
en los aleros de mi garganta para escapar de mi aliento presurosos.

Sé aún mejor, lo efímera que me supo la primavera
antes de mostrarme sus flores muertas, antes de que entreabriera
en mí esta melancolía, esta tristeza.
Y, al tiempo, sin pretenderlo, la percibo tan lejana…
Tan remota, que apenas presiento su aroma;
apenas su existencia.
Tan distante, que me pregunto si alguna vez existió
antes de que se alejase. Antes de que se fuera.

No, no deberíais escapar jamás de mis sombras.
De las sombras que, cada vez menos, ocultan mis ojos.
No deberíais intentar huir por los senderos que os llevan a mis venas
pese a aullar en las noches mi angustia, mis penas;
no llegaríais muy lejos antes de convertiros
en susurros olvidados, en palabras confusas,
en mensajes sin sentido, en despojos.
Entiendo, cómo no, vuestro torpe y absurdo propósito.
Aun sabiendo que otras veces me habéis protegido
y sanado. Sé que habéis sido,
no lo puedo negar, el suave bálsamo en mis heridas, el apósito
exacto. Preciso.

Aun así. En el fondo más abisal de mi alma, sé que nadie es capaz
de recuperar el desánimo que me enferma.
Porque, ésta, es una afilada soledad que crece y se enreda
de dentro hacia afuera.
A la sombra de mis sombras. A la sombra de mi quimera.
A la sombra del recuerdo indeleble, a la sombra de mi propia vida.
De mi noche sin estrellas.
De mi naufragio.
A la sombra de mi presentimiento, de mi presagio.
A la sombra de mi hoguera.
                                                                        

José Hernández Meseguer                                                                                 
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 25-29/07/14



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