miércoles, 27 de agosto de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | CUANDO VENGAS



No sé cómo te miraré cuando vengas, cuando llegues;
aunque, en realidad,
no sé si llegaste.
No sé, si tal vez, sólo te soñé.
Tampoco sé si llegaste y fui incapaz
de reconocerte
entre la multitud.
Es difícil saberlo. En ocasiones, mi inquietud,
ha cegado mi pensamiento
justo en ese momento
en que debería haberme detenido y pensar.
¿Me equivoqué por haber tomado otras decisiones?
Es posible.
Quizás.

No sé con qué anhelante sonrisa te miraré,
o si te miré ya, y no adiviné quién eras.
No sé con qué ilusión detenida en mi mirada te observaré
y, si entonces, el color de mi mundo pueda cambiar.
Presiento que no. El tiempo vuela
y nunca mira atrás.
Y creo que, aunque ahora llegaras, aunque vinieras
sería tarde para soñar.

El caso, es que me he preguntado con frecuencia
a lo largo de mi vida cómo sería tu mirada.
Cuál el color de tus ojos…
Cuál el particular sabor de tus labios rojos.
Quizá, tu mirada, la tuve frente a mí y no supe reconocerla.
Quizá, pedía demasiado a los demás:
al mundo y a mí.
Y no supe verla.
No supe distinguirla.
Simplemente no la vi.
Sí, debió ser así…

Volé demasiado pronto, demasiado aprisa,
sorteando realidades, de cornisa en cornisa,
para surcar cielos de asfalto.
Demasiado bello, demasiado alto,
hacia lugares de hormigón y cemento que, hoy, apenas convoco;
si bien en mi memoria aún guardo, aún evoco,
cómo crepitaba en mi interior aquel maldito fuego interno
que exigía tanto de mí mismo.
Demasiado cómo para saber que bordeaba mi propio abismo
del amor que imaginaba eterno.

Me vine abajo detrás de amores amargos.
Amores imposibles de alcanzar.
Acudiendo como un cretino a este desconocido masoquismo;
a estos versos, a este bautismo
de soledad. A esta incomunicación. A este estúpido autismo,
sólo por verte una vez más…

Era aquella época confusa en que mi existencia correteaba indómita
en los alambres del patio donde extravié la niñez.
¿Qué fue de ella? ¿Qué fue de él?
¿O es que, tal vez, mis sensaciones de crío aún dormitan
en el niño aquel?
Quizá, todo se posó con insolencia en el hombre que hoy no deseo ser.
Tal vez, mi alma, se quedó prendida en aquellos cables
sin darme cuenta, sin saber,
y todo, desde entonces, es como es…          

No sé con qué anhelante sonrisa te miraré
o si te miré, pero ya no me acuerdo.

Sólo sé que, entonces, por verte una vez más, hubiese dado la vida.
Hubiese dejado abrir mis heridas
y casi me pierdo.

¿Pero, sabes qué…?
Ahora es tarde, no lo recuerdo.
                                                                                      



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 21/07/14

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | LA VIE EN ROSE



He tardado una vida en descubrir que el mundo no es de color azul.
Ni la vida de color rosa, como cantaba Edith Piaf.
He tardado una eternidad
en descubrir el histriónico instante.
La alquimia, el secreto, que propone la felicidad.
He desenmascarado su falso rostro. Casi irritante;
su verdad que no dice nada. Que miente.
Sus invenciones y deidades febricitantes
no son más que un maldito invento urdido por las multinacionales
empeñadas en meternos la farsa por los ojos.
Y así, mientras nos roba la inteligencia y la capacidad,
nos muestra la manzana prohibida, haciéndonos irracionales.

Así es también la vida: nos oculta ladina la verdadera esencia,
los elementos básicos, precisos, icásticos,
mostrándonos a cambio fascinantes sonrisas de esmalte y plástico.
Advirtiéndonos fugaz, sólo a quien quiera verlo,
sólo para el que pretenda descorrer el velo,
realmente descorrerlo,
que la única verdad es que todo es mentira.
Eso es todo: un espejismo en el abismo.

Los sueños, como el amor, como las buenas intenciones,
siempre se detienen irónicos en los aleros,
en las comisuras de los besos que no damos,
en las esquinas de los amores que, en realidad, no amamos.
En la lejanía de nuestras almas.
Sometidos a la complicidad que anhelamos
jaleados por la oscuridad,
por el delirio de la soledad
y el alba.
Siempre expectantes. Siempre silentes.
Siempre agazapados en el horizonte...

Todo forma parte de la entelequia, de la ilusión,
del juego impío, cruel y perfecto,
porque al final sólo soñamos que soñamos.
Y sólo soñamos que nos enamoramos.
Atravesamos la zozobra de la vida para no hallar a cambio gran cosa.
Surcamos desiertos de desventura
persiguiendo estrellas,
para llegar vencidos a océanos de vacío;
a acantilados, tal vez a la orilla,
de una playa blanca y desierta, donde el cansancio, el hastío,
nos descubre los deseos más delirantes y apasionados que poseíamos
convertidos en sombras, en cenizas,
en desengaños, en clamorosas derrotas.

El agua moja. Ciertos besos
incendian pero otros pueden helar.
El amor nunca fue eterno y mucho menos infinito
como aseguran en versos decimonónicos y marchitos
los poetas trasnochados y lacrimógenos,
sino amargo como el café, como la indiferencia.
Amargo como la misma tuera.
Amargo y cruel como un homicida.

Muy al contrario, la vida,
es una putada.
Una solemne putada disfrazada de furcia, de ramera;
la misma fulana que nos arrastra por los caminos más polvorientos.
La misma que nos zarandea sin piedad,
que nos da de hostias
cuando más abatidos nos encontramos.
La misma que nos regala angustia, incertidumbre y miedo.
La misma que se ríe, que se burla, que nos señala con el dedo,
sarcástica y mordaz, provocándonos el pánico.
Un pánico insultante…
Todo ello, hasta ahogarnos en la fosa más subterránea y horadada.
Aunque, a veces, sólo a veces, nos haga un guiño con su mirada
de sucia ramera, dispensándonos un buen instante.

¿Felicidad?
¡Qué gilipollez! ¿Quién ingenió tal palabra?
¿Quién sugirió tal majadería? ¿Quién tal desatino?
¿De dónde procede? ¿De la euforia que improvisa el vino?
¿Del pánico vesánico que inventa el destino?
¿De hiel de la soledad?
¿De la necesidad?
¿De la locura? ¿De la esperanza? ¿De la fatalidad?
¿O tal vez, únicamente, del intento de fuga que propone esta realidad?
                                                                                      



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 15/08/14


LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | MIENTRAS ESPERO...



Mientras espero tu visita, bebo.
Mientras espero tu veneno, bebo el veneno que me ofrece la vida;
bebo de mi angustia, de mi tristeza. Bebo de mis miedos.
Mientras te espero, bebo.
Sin prisa, sin prosa, sin poesía, sin valentía.
Sin huidas. Sin cobardía.
Sin ilusión. Sin alegría.
Mientras te espero, sigo bebiendo,
sigo viviendo,
sabiendo,
que mientras espero, voy lentamente muriendo.
Con toda la tristeza que me produce la vida. Con melancolía.
Con decepción. Con desazón. Sin ilusión. Con ironía. 
Incapaz de escapar de mi propia agonía.
Contando despacio, sin olvido, mis noches y mis días.
                                                                                      


José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 19/08/14

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | BAJO LA GARÚA...



Como lo haría el suicida en la calle más oscura. Más solitaria.
Desclavando a pedazos, uno a uno, los versos de la mente:
aquellos que le hicieron frágil, adoleciente.
Y sin piedad. Sin compasión. Enloquecido y vehemente,
en su vano intento por extirpar la boira,
la niebla que le asola, que le extenúa,
romper para siempre
las palabras de amor en su memoria...
Los besos difusos.
Las absurdas teorías,
los sueños, los proyectos inconclusos.
Tras el silencio, sólo quedan angustias.
Tras el silencio, sólo quedan silencios.

Y, así, maltrecho, bajo la garúa,
esperar, como espero yo. Como lo haría el pretendiente
que, desengañado en el amor, nada ni a nadie espera.
Bajo la lluvia, solo, huérfano, temeroso en el designio. Ambiguamente.
Avanzando hacia atrás, huyendo. Acudiendo con turbación hasta la mente,
otra vez hasta la pluma y de vuelta al presente.
Cayendo, una y otra vez, desesperadamente.
En la decisión que, sin tregua, le ofrece la vida;
una vida errada, indeseada, frustrada, dividida.
Bebiendo en ella un pretérito cada vez más ancho y confuso.
Cada vez más vasto y profuso.
Sobreviviendo en un pasado, en un presente,
en un futuro que le aliente.
                                                                                  


José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia 19-20/08/14



LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | AUN ASÍ...



No, no salgáis de mí. No salgáis ahí afuera;
sé bien, lo largo y frío que está siendo este eterno invierno
para vuestros inquietos gemidos silenciosos.
Sé que andáis siempre revoloteando a la espera
de que mi pluma temblorosa empuñe la angustia que se espesa
en los aleros de mi garganta para escapar de mi aliento presurosos.

Sé aún mejor, lo efímera que me supo la primavera
antes de mostrarme sus flores muertas, antes de que entreabriera
en mí esta melancolía, esta tristeza.
Y, al tiempo, sin pretenderlo, la percibo tan lejana…
Tan remota, que apenas presiento su aroma;
apenas su existencia.
Tan distante, que me pregunto si alguna vez existió
antes de que se alejase. Antes de que se fuera.

No, no deberíais escapar jamás de mis sombras.
De las sombras que, cada vez menos, ocultan mis ojos.
No deberíais intentar huir por los senderos que os llevan a mis venas
pese a aullar en las noches mi angustia, mis penas;
no llegaríais muy lejos antes de convertiros
en susurros olvidados, en palabras confusas,
en mensajes sin sentido, en despojos.
Entiendo, cómo no, vuestro torpe y absurdo propósito.
Aun sabiendo que otras veces me habéis protegido
y sanado. Sé que habéis sido,
no lo puedo negar, el suave bálsamo en mis heridas, el apósito
exacto. Preciso.

Aun así. En el fondo más abisal de mi alma, sé que nadie es capaz
de recuperar el desánimo que me enferma.
Porque, ésta, es una afilada soledad que crece y se enreda
de dentro hacia afuera.
A la sombra de mis sombras. A la sombra de mi quimera.
A la sombra del recuerdo indeleble, a la sombra de mi propia vida.
De mi noche sin estrellas.
De mi naufragio.
A la sombra de mi presentimiento, de mi presagio.
A la sombra de mi hoguera.
                                                                        

José Hernández Meseguer                                                                                 
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 25-29/07/14