jueves, 4 de septiembre de 2014

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | NUNCA LO SUPO



Nunca lo supo, pero sus ojos se volvieron duendes azules y huyeron
hacia la bruma.
También, de sus manos nacieron gaviotas que, vaporosas e ingrávidas,
fueron directamente a su mente.
Y mariposas que, ávidas, revolotearon un instante hacia el interior
del verso.
Nunca lo supo, pero la noche era tan oscura y tan intensa la luna,
que ésta, deshizo sus halos en el cosmos y anduvo detrás del hombre.
Nunca lo supo, pero sus silencios atrapados en la ambigüedad
de las palabras que no decía, se abocaron de igual modo al universo.

Entonces, el hombre que escribía,
sintió el dulce aroma; el espasmo, el dolor inmenso de la poesía.

Nunca lo supo del todo, pero sospechaba que las sombras del pasado
atravesaban su espíritu con la maldad del recuerdo;
lanzas, aristas, esquirlas de fuego
se esparcían con frecuencia sobre su página en blanco,
danzando miserables y vehementes para convertirse luego
en palabras que se alineaban despacio en el cruento juego.

De sus dedos comenzaron a escaparse letras y más letras,
que pronto se hicieron señales, tal vez a nadie, en la opaca
noche estrellada.
El acertijo, inconexo y asimétrico, iba moldeándose en extrañas formas
al tiempo que el texto, aún incompleto, al papel adentellaba.
El hombre, en su extrema ambigüedad, forcejeaba;
pero inasequible al desaliento,
a su propia sorpresa, al desconcierto,
seguía escribiendo su argumento
en silencio, y callaba.

Entonces, el hombre que había vuelto un instante de su hipocondría,
comenzó a transformarse, súbitamente, en alma, en verso,
en melancolía…
En el mismo poema que se encontraba escribiendo inmerso;
en la misma poesía que escribía.
                                                                                      



José Hernández Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio.
En memoria del periodista, escritor y poeta, D. Pedro Fuentes-Guío.
Murcia, 04/09/14