lunes, 4 de mayo de 2015

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | EL RECUERDO. 010806 [Parte Primera].


Querido Ayer:

Llevo meses intentando hilvanar un documento
sin el convencimiento final de que éste llegase a su destino, a su puerto.
Quizá también tenga temor. Un extraño miedo.
Es un eclipse que aletea junto a mí, sin saber qué debo hacer al respecto.
Sólo sé que enreda su telaraña sobre mi existencia
y, sólo de vez en cuando, tengo la impresión,
intuyo, que hiciese sombras chinescas en la pared de mi alma
con atinada malevolencia…

Tengo un millón de sentimientos que contarte,
sin embargo, es inútil, tú no puedes oírme. No es el momento.
Tu alma, agrietada, se encuentra prisionera;
se siente atrapada, cautiva
en el pasado. Y, créeme, lo entiendo.
Sólo me cabe, en la distancia, llorar contigo tu dolor.
El injusto dolor de la ausencia.
Una ausencia cruel que detiene nuestros intentos
por avanzar, sin tener la certeza, de saber en qué dirección se quiere ir.
Y en el que, cuando das por hecho que has avanzado un paso,
de repente caes en la cuenta que has retrocedido diez, cien, tal vez, mil.

De repente, sin previo aviso,
aparece, vestido de dolor, como un asesino.
Es de nuevo el recuerdo que emerge castigando
cualquier iniciativa.
Es el cruel juego de la vida.
Y donde sabes, por cierto,
que en este maldito juego no se puede hacer trampas;
al menos, no por mucho tiempo.
Así que de nuevo, el intento,
escribe con letras de silencio
nuestros torpes movimientos
y selecciona sus víctimas.

Lo único cierto es lo que hemos vivido; el restante,
el tiempo que nos queda pendiente no se halla a nuestro alcance,
ni lo sospechamos.
Razón por la cual hacer planes es casi siempre el más absurdo
de los proyectos.
Sólo el pasado nos da la seguridad de haber llegado al presente.
Aunque el ayer, puede, en ocasiones,
convertirse en el peor de nuestros enemigos: ése es el recuerdo.

El recuerdo. El recuerdo. El recuerdo… Siempre el recuerdo.
Siempre zarandeándonos, moviéndonos a su antojo
como hojas muertas, como peleles. Siempre haciéndonos
mirar atrás. Siempre enviándonos, como un presagio,
a nuestra orilla su propia ansiedad: lo que fue, lo que hubo, lo que quedó;
los cadáveres, los restos del hombre, los restos del naufragio.

Siempre derribándonos los propósitos. Siempre atajándonos los sueños…
Los escritores vivimos en cierto modo sumergidos en ellos;
son, de alguna manera, nuestra biblioteca:
la librería de las almas perdidas.
De ese rincón del alma extraemos,
desde los mejores momentos de gozo, de humor o de ironía,
hasta las más infames horas de zozobra.
Personalmente recurro a ella con frecuencia;
la he convertido en mi cómplice a la puta fuerza…

Sólo supongo lo que estás pasando.
Has dejado en el aire miles de preguntas,
preguntas que se alejarán, que jamás tendrán respuesta;
miles de interrogantes que te acompañarán para siempre,
donde quiera que estés o con quién estés.
Dudas, que se convertirán en tu sombra,
y en el futuro caminarán e incluso dormirán contigo.
En ocasiones se pondrán de tu parte,
pero en otros casos se enfrentarán a ti, tratando de apalearte,
intentando a toda costa derrumbarte.

Una vez te dije que el tiempo no sabe mirar atrás,
que permanecer en tu isla no te salvaría de la angustia,
que terminarías siendo un ciego, un personaje gris, un ser inerte, sin luz…
¿Por qué no me hiciste caso? ¿Por qué te jugaste la vida a cara o cruz?
¿Por qué has naufragado en tu propia oscuridad? ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho tú?


José Hdez. Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 04/05/2015


2 comentarios:

  1. Haber hilvanado este relato y vencido en el camino a detractores, opositores y combatientes, intentando apalearte... El dolor y el recuerdo entrometidos, minando el cometido del objetivo, no puede hablarse de silencio.
    Aun así has seguido navegando... No has naufragado ni gris, ni ciego, peor inerte... Has vivido... Con el texto concluido y superados los presagios descritos, eres un escritor redimido.Todo está dicho... Y es un magnífico escrito!

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    1. Gracias por tus hermosas palabras, mi estimada amiga, Miriam Paz, me inundan de indescriptibles sensaciones. Merece la pena desangrar poemas en la soledad de un despacho sabiendo que existe gente que, como tú, captura perfectamente, sin fisuras, el alma del poema.También el alma de este humilde poeta. La segunda parte de este poema, 010806, será en tu honor. Gracias de nuevo por hacerme sentir, con tus divinas palabras, que un suave bálsamo acaricia mi espíritu y lo aquieta. Un fuerte abrazo, en las letras nos encontramos. Allí nos vemos...

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