martes, 12 de mayo de 2015

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ATAVIADA DE NOCHE, SILENCIO Y SOMBRA



Y al cabo, sin que mis palabras suenen a indiferencia
o sepan a distancia, no menoscabo casi nunca su ausencia.
Ya no. Aunque de su esencia
permanezca en mis labios, insignificante, una suave brisa.
Su levedad, como el susurro de una caricia,
quedó anclado, detenido, mágico en el reverso
del tiempo. En ocasiones, me aquieta;
es un bálsamo en mi herida denegrida.
Otras, sin embargo, me incita y aprisa,
se descuelga huraño por mi alma, arañando el verso.

Son sombras que se mecen etéreas en mis manos.
Sólo sombras que pasean por mi casa, silentes, sombrías.
A diario.
Mientras repujo con mi memoria y mis dedos;
mientras modelo,
mientras evoco,
mientras convoco,
mientras convierto la soledad que me abraza, que me hastía;
la insoportable soledad que me habita, en la poesía
de mis propias locuras siempre turbias, siempre umbrías.

De ahí, de tal encrucijada, sólo queda la herida.
Sólo la llaga en carne viva.
Sólo el eco,
que entumecido vive.
Sólo, de tal encuentro, resiste acurrucada en el hueco
que la caridad de mi pluma permite.

Sólo, de tal peripecia, queda el poema que en pie lucha; que sobrevive.
Sin que, por esa razón, la misma sombra que me persigue,
mitigue en mi mente un convulso y afilado temblor.
Al descubrir, sin asombro,
cómo mi vida va cayendo en un foso,
en un fondo de oscuro rencor.

Y, con ella, cuesta abajo, imparables,
todas mis verdades,
mis quimeras, mis miserias,
mis fuliginosas vanidades,
todas mis vehemencias;
mis deseos, mis anhelos,
mis desgastados sueños,
la tenue luz de mis poemas,
mi ocaso, mis recuerdos, mis penas.
La tiniebla que invade, que apresa mi corazón;
mi llanto escondido,
el niño perdido
que soy, que fui. Mi níveo y tembloroso albor,
mi impaciencia, mi rastro de elocuencia
que de nuevo se desmorona, se desintegra,
ataviada de noche, silencio y sombra,
de camino al más lacerante dolor.

                                                                                     
                                                                                     
José Hdez. Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 12/13/05/15



5 comentarios:

  1. Un niño perdido y herido en sinsabores... Que convoca, un encuentro multitudinario de ávidos lectores.
    Muy intensa impaciencia y mucha elocuencia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un placer para mí tenerte en la crítica. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  2. Que carga de melancolía...
    Pero que bonito en su amargura sostenida.

    ResponderEliminar
  3. Que carga de melancolía...
    Pero que bonito en su amargura sostenida.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, Sergio Biosca, por tu amable comentario. Un saludo cordial.

    ResponderEliminar