viernes, 10 de julio de 2015

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | CENIZAS



¿De verdad creías, que tras saquear mi vida
y mi alma como un vulgar ladrón;
entrando, aniquilando, destrozando mi corazón,
haciéndome caer al foso donde se liberan los suicidas,
ibas, querida, a escapar sin heridas?

¿De verdad esperabas, que tras hundir mi dignidad en la desventura,
poniendo patas arriba
mis noches de soledad y mis sombras, también mis días;
la luz de mis poemas, mi cordura,
mi dramática ironía,
la sal de mis ojos, mi locura,
ibas, querida, a zafarte ilesa del odio que provoca la conjura?

¿De verdad calculabas, que tras abocarme a la tristeza más clamorosa,
al llanto más silencioso, letal y despiadado,
al pánico más lacerante, a la oscuridad más tenebrosa,
haciendo regresar a mi mente imágenes de antiguos naufragios,
podría perdonar, alma mía, la insolencia del agravio?

¿De verdad pensabas, que extraviando en tu cruel artificio
mi escasa sensatez,
empujándome de nuevo, empujándome otra vez,
al más absoluto y caótico delirio;
a caminar perdido por mi maltrecho equilibrio,
olvidaría tu estilo, tu comportamiento, tu proceder?

¿De verdad imaginabas, querida,
que tras robar el destello de mis emociones,
calcinando con tu impensada demencia cada una de mis ilusiones,
podrías evadirte sin heridas?
¿De verdad lo creías…?

¿De verdad suponías, que tras romperme por fuera y por dentro,
reventando sin piedad, uno a uno mis sueños,
mutilando sin miramientos mis sentimientos,
ibas a salir indemne de mi resentimiento?

¿Qué creías, que tras desangrarme en versos
que otrora fueran besos,
que tras destruirme en mil pedazos,
iba a olvidar el error, el autor y los hachazos?
La revancha, es cierto, tardó en llegar;
todo el tiempo que mi corazón tardó en reponerse. Sólo era cuestión
de esperar.

De esta sórdida manera, al final, los dos fuimos víctimas. Víctimas
y protagonistas
de esta guerra, de este duelo sin sentido,
de esta batalla de antemano perdida.
De esta estúpida encrucijada.

De esta llaga que sangra. De esta herida jamás redimida.
De este patético vodevil, de esta mascarada
que no nos condujo más que al desastre y al olvido.
Y donde habiendo sido todo, donde habiendo sido tanto, todo quedó en nada.

Dejando, a su paso, cenizas; sólo sombras y deshechos...
Pues, ahora tú, con la misma moneda pagada,
si no contentos, por encontrarnos destruidos,
sí al menos, ambos, nos sentimos en la vendetta cumplidos.
Cumplidos y satisfechos.

                                       
                                                                             
José Hdez. Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 7- 10/07/2015


2 comentarios:

  1. Me ha encantado! Lo considero muy profundo y directo. Saludos

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    1. Gracias, estimada amiga, por tus palabras. Saludos.

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