sábado, 30 de octubre de 2010

HERIDO DE DESAMOR Y MUERTE [Textos Escogidos]



Aquella noche había bebido mucho. Mucho más de lo que aguantaba.
Mucho más de lo debido pero no me importaba porque ya, en realidad, nada me importaba.
Estaba celebrando, a mi manera, la muerte de mi hijo Israel.
También, cómo no, la muerte irrevocable del niño que una vez había sido.
También la del poeta y escritor que me atormentaban
y perseguían como una sombra.

Estaba celebrando mi propio hundimiento.
El hundimiento de una vida inútil, estéril y sin dirección.
Celebraba la agonía del desamor. La decepción.
La angustia del amor inconcluso. El fracaso permanente.
Los proyectos agotados.
Y lo celebraba ante un Dios impío y cruel que me odiaba y me olvidaba.

Salí del bar, por la parte de atrás,
a un oscuro y laberíntico callejón con las esperanzas rotas.
Miré calle abajo: amanecía.
El sol, como yo, se desangraba por los cuatro costados.
También, como yo, estaba herido de desamor y muerte.

                                                                       
                                                                                         


José Hernández Meseguer

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